La masacre de Gomolava: un estudio desvela que mujeres y niños fueron el objetivo de una matanza en la Edad del Hierro
Un enterramiento de hace 2.800 años en Serbia oculta una de las mayores matanzas prehistóricas de Europa y un patrón de violencia inesperado: las principales víctimas fueron mujeres y niños. El análisis genético y forense de 77 cuerpos sugiere una acción planificada para desarticular comunidades enteras en plena Edad del Hierro.
Por Enrique Coperías, periodista científico
Recreación artística de la masacre de Gomolava, en la actual Serbia, donde un estudio bioarqueológico ha documentado el asesinato selectivo de mujeres y niños durante la Edad del Hierro, hace unos 2.800 años. Crédito: IA-DAÑÑ-E-RexMolón Producciones
Hace unos 2.800 años, en una llanura del norte de la actual Serbia, alguien excavó una fosa poco profunda y depositó en ella decenas de cuerpos. Durante décadas, aquel enterramiento colectivo de Gomolava fue interpretado como el resultado de una epidemia o de un episodio mal definido de violencia antigua.
Hoy, una nueva investigación internacional ha reconstruido con detalle lo ocurrido y ha revelado una historia mucho más inquietante: una matanza selectiva en la que las principales víctimas fueron mujeres y niños.
El estudio, publicado en la revista Nature Human Behaviour, analiza uno de los mayores asesinatos en masa prehistóricos documentados en Europa, y ofrece una visión inusualmente precisa de la violencia organizada en la Edad del Hierro temprana. El equipo, integrado por especialistas en bioarqueología, genética antigua y análisis isotópico, ha examinado los restos de 77 personas enterradas en una sola fosa del yacimiento de Gomolava, en la cuenca de los Cárpatos.
Sus conclusiones apuntan a una matanza deliberada y selectiva que pudo formar parte de un conflicto regional de gran escala.
¿Qué era Gomolava y por qué importa?
El enterramiento, fechado hacia el siglo IX antes de nuestra era, fue excavado en un lugar con una larga historia de ocupación humana. Gomolava era un asentamiento con miles de años de memoria acumulada: un montículo habitado desde el Neolítico y reutilizado por generaciones sucesivas como punto de referencia en el paisaje.
En la Edad del Hierro, se situaba en una zona de contacto entre distintas tradiciones culturales y redes económicas. Ese cruce de caminos, sugieren los investigadores, lo convertía en un escenario propicio para tensiones y enfrentamientos.
La fosa en la que aparecieron los cuerpos era relativamente pequeña, pues apenas tiene tres metros de diámetro, pero contenía un conjunto extraordinario de evidencias. Junto a los restos humanos se depositaron objetos personales de bronce, vasijas de cerámica, restos de animales sacrificados y alimentos.
La mayoría de las víctimas eran mujeres y niños: un patrón excepcional en la prehistoria europea
Todo los indicios apuntan a que el enterramiento fue planificado y cuidadosamente organizado. No se trató de cuerpos abandonados apresuradamente tras una catástrofe, sino de un acto funerario deliberado y simbólico.
La mayoría de las víctimas eran mujeres y niños: un patrón excepcional en la prehistoria europea
Sin embargo, lo que más ha llamado la atención del equipo no es la tumba en sí, sino quiénes estaban dentro. El análisis bioarqueológico revela una distribución demográfica inusual: más de la mitad de los individuos eran menores de entre uno y doce años, y cerca del 71% de los cuerpos identificables pertenecían a mujeres. Los hombres adultos eran escasos en todos los grupos de edad.
En otras palabras, la fosa no contenía una población equilibrada ni el resultado de un combate entre guerreros. Era, sobre todo, una tumba de mujeres y niños. Este sesgo demográfico, señalan los autores, es excepcional en la Europa prehistórica y sugiere que las víctimas fueron seleccionadas.
«Cuando nos encontramos con fosas comunes prehistóricas con este tipo de perfil demográfico, podríamos esperar que se tratara de familias de una aldea que fue atacada —explica Barry Molloy, coautor principal del estudio de la Facultad de Arqueología, en el University College Dublin (Irlanda)—. Y añade—: Gomolava realmente nos sorprendió cuando nuestro análisis genético mostró que la mayoría de las personas estudiadas no solo no estaban emparentadas, sino que ni siquiera sus tatarabuelos lo estaban. Esto era muy inusual para una fosa común prehistórica y no es lo que esperaríamos encontrar si todos hubieran vivido juntos en una misma aldea».
Plano de enterramiento y fotografía de la fosa común de Gomolava (Serbia), donde se documentaron los restos de decenas de víctimas de una matanza de la Edad del Hierro; la imagen original del yacimiento, conservada en el Museo de Vojvodina, fue tomada sin escala. Cortesía: Fibiger, L., Iraeta-Orbegozo, M., Koledin, J. et al.
Los análisis genéticos muestran que los muertos no pertenecían a una sola comunidad
Durante años, algunos investigadores habían sugerido que los muertos de Gomolava podían haber sucumbido a una epidemia. Pero el nuevo estudio descarta esa hipótesis. Los análisis de ADN no han encontrado rastros de gentes patógenos infecciosos capaces de explicar una mortalidad masiva. En cambio, los esqueletos muestran signos claros de violencia.
Al menos uno de cada cinco individuos presenta lesiones relacionadas con agresiones. La mayoría de los golpes se concentran en el cráneo y fueron infligidos en el momento de la muerte.
Se trata, en muchos casos, de traumatismos por impacto contundente, compatibles con armas como mazas, palos o proyectiles lanzados a corta distancia.
Golpes en la cabeza, armas y huida: las evidencias de una matanza planificada
También se han identificado heridas de armas punzantes y defensivas, lo que indica que algunas víctimas intentaron protegerse o huir.
La distribución de los impactos sugiere escenas de violencia caótica y desigual. Muchos golpes se localizaron en la parte posterior o superior del cráneo, lo que apunta a ataques por la espalda o desde posiciones elevadas, posiblemente a caballo. No parece haber habido un enfrentamiento cara a cara entre combatientes equivalentes, sino una agresión rápida y eficaz contra personas en situación de vulnerabilidad.
Otro hallazgo clave es la relación —o más bien la falta de ella— entre las víctimas. El análisis genético de veinticinco individuos muestra que la mayoría no estaban emparentados entre sí. Solo se ha identificado con certeza un pequeño núcleo familiar: una mujer adulta y sus dos hijas. En conjunto, la ausencia de parentesco cercano indica que los muertos no pertenecían a una sola familia ni a un único asentamiento.
Esto sugiere que la matanza afectó a un grupo heterogéneo procedente de una población regional más amplia. Las pruebas isotópicas refuerzan esa idea: alrededor del 35% de las personas analizadas crecieron en lugares situados a decenas de kilómetros o más de Gomolava. Sus dietas y patrones de movilidad también eran diversos.
Un conflicto territorial en la cuenca de los Cárpatos tras el colapso de la Edad del Bronce
En conjunto, los datos apuntan a que las víctimas fueron reunidas desde distintos asentamientos o comunidades conectadas entre sí. No se trató de la destrucción de un único poblado, sino de un episodio de violencia que afectó a una red regional.
Según los investigadores, el tamaño de la población de la que procedían podría haber alcanzado decenas de miles de personas en la llanura del sur de Panonia.
El contexto histórico ayuda a entender ese escenario. En el siglo IX a. C., la región atravesaba una fase de reorganización social tras el colapso de grandes centros fortificados de la Edad del Bronce. Nuevos grupos, algunos de origen estepario, se desplazaban por el territorio. Las comunidades sedentarias y móviles competían por recursos, rutas y tierras. En ese entorno de cambios, las tensiones pudieron escalar hasta episodios de violencia organizada.
La matanza de Gomolava parece encajar en ese marco. Para los autores del estudio, el patrón observado —un gran número de mujeres y niños, escasos hombres adultos y ausencia de parentesco estrecho— no se explica por una simple incursión o saqueo. Apunta a una acción deliberada destinada a desarticular comunidades enteras y alterar equilibrios de poder.
La selección de mujeres y menores buscaba desarticular redes sociales y familiares
La selección de mujeres y menores habría tenido un impacto social profundo. En sociedades donde los vínculos familiares y las alianzas entre grupos eran esenciales, eliminar a quienes representaban la continuidad demográfica y las conexiones entre comunidades equivalía a romper redes sociales y genealógicas.
Los investigadores sugieren que la matanza pudo buscar precisamente esa fragmentación.
Además, el hecho de que los cuerpos fueran enterrados de forma organizada y con ofrendas indica que el episodio no terminó con la violencia.
Distribución y ejemplos de traumatismos craneales documentados en la fosa de Gomolava: varios individuos presentan graves lesiones perimortem en el cráneo, con impactos contundentes que dejaron zonas de hueso ausente y fracturas radiantes, evidencia directa de la violencia que causó su muerte. Cortesía: Fibiger, L., Iraeta-Orbegozo, M., Koledin, J. et al.
El enterramiento ritual sugiere memoria colectiva y demostración de poder
El enterramiento colectivo se convirtió en un lugar de memoria. Para las comunidades afectadas, la fosa debió de simbolizar una pérdida compartida; para quienes la perpetraron o dominaron el territorio después, pudo funcionar como una afirmación de poder y control sobre el paisaje.
🗣️ «Es habitual que en las fosas comunes prehistóricas las víctimas sean enterradas apresuradamente juntas en una fosa, quizá por los supervivientes o incluso por sus propios asesinos —señala Molloy. Y añade—: En Gomolava, las víctimas fueron enterradas con rapidez en una casa semisubterránea en desuso, pero de manera singular, no solo no se despojó a los cuerpos de sus objetos de valor, sino que además se realizaron ofrendas en lo que debió de ser un ritual respetuoso».
La investigación también cuestiona ideas simplificadas sobre el papel de las mujeres en las sociedades prehistóricas. Su presencia mayoritaria entre las víctimas no implica que fueran marginales. Al contrario, su importancia económica, social y simbólica las convertía en objetivos estratégicos.
En muchos contextos históricos, las mujeres han sido consideradas recursos valiosos —como fuerza de trabajo, reproductoras o vínculos entre grupos—, lo que hace aún más significativa su eliminación deliberada en este caso.
«Los asesinatos brutales y la posterior conmemoración del acontecimiento pueden interpretarse ambos como un poderoso intento de reequilibrar las relaciones de poder y afirmar el dominio sobre la tierra y los recursos», explica Linda Fibiger, coautora principal del estudio y osteopatóloga de la Universidad de Edimburgo (Reino Unido).
Gomolava redefine la violencia organizada en la Europa de la Edad del Hierro
Gomolava no es el único enterramiento masivo prehistórico conocido en Europa, pero sí uno de los más reveladores. Otros yacimientos han documentado episodios de violencia indiscriminada en los que murieron hombres, mujeres y niños por igual. Aquí, en cambio, el sesgo demográfico es claro. Los autores consideran que este caso muestra una forma de violencia estratégica y selectiva, vinculada a cambios en las relaciones de poder y en la organización social.
«Nuestro equipo ha estado investigando el colapso de la Edad del Bronce y sus consecuencias en Europa. Lo que encontramos en Gomolava nos indica que, cuando esta región comenzó a recuperarse al entrar en la Edad del Hierro, la reafirmación del control sobre los paisajes podía incluir episodios generalizados y extremadamente violentos entre grupos en competencia», concluye Molloy.
Casi tres milenios después, la fosa de Gomolava ofrece una ventana excepcional a la dimensión humana de los conflictos antiguos. Lejos de la imagen de enfrentamientos entre guerreros, revela un tipo de violencia dirigida contra la base misma de las comunidades. Un recordatorio de que, incluso en la prehistoria, la guerra podía ser planificada, simbólica y profundamente social.▪️(24-febrero-2026)

