La NASA desarrolla las baterías resistentes al frío que impulsarán el regreso de la humanidad a la Luna
En los cráteres de la Luna donde nunca llega el Sol, quedarse sin energía puede poner fin a una misión. Unas pequeñas baterías experimentales podrían despejar esas sombras a la exploración lunar y ayudar a sostener futuras bases en nuestro satélite natural.
Por Enrique Coperías, periodista científico
Yi Lin, responsable de investigación y ensayos de SPEARS en el centro Langley de la NASA, muestra una de las pequeñas baterías de botón tras las pruebas de vacío térmico. Crortesía: NASA / Ryan Hill
Un vehículo de exploración desciende hacia el interior de un cráter lunar. Conforme avanza, pierde la luz del Sol y entra en un lugar donde el frío puede arruinar su electrónica y dejarlo inmóvil. La escena es hipotética, pero resume una dificultad muy real del regreso humano a la Luna: llegar a los lugares más interesantes exige llevar energía hasta ellos.
Cerca del polo sur de nuestro satélite natural, algunas regiones permanecen siempre en sombra y pueden rondar los −200 °C. Allí, una batería es también una condición necesaria para poder regresar.
La NASA acaba de presentar los avances de SPEARS, un proyecto dirigido desde su centro Glenn, en Ohio, que desarrolla baterías con electrolitos sólidos cerámicos o poliméricos. Sus posibles destinos incluyen herramientas, vehículos e instrumentos científicos lunares. La investigación intenta resolver un problema decisivo para Artemis: disponer de electricidad portátil en condiciones extremas.
Qué es Artemis
Recordemos que Artemis es el programa de exploración con el que la agencia espacial estadounidense y sus socios internacionales buscan devolver astronautas a la superficie lunar y establecer una presencia duradera. El camino ya ha comenzado: Artemis I probó sin tripulación la nave Orion en 2022 y Artemis II llevó a cuatro astronautas alrededor de la Luna en abril de 2026.
La NASA sitúa el primer alunizaje del programa en 2028, con Artemis IV. A más largo plazo, pretende desarrollar las instalaciones, los vehículos y los suministros necesarios para prolongar las expediciones.
La Luna servirá también como campo de pruebas para aprender a vivir y trabajar lejos de la Tierra, con las futuras misiones humanas a Marte en el horizonte.
La NASA prevé el primer alunizaje de Artemis para comienzos de 2028, con Artemis IV. La tripulación viajará en Orion y utilizará un módulo comercial para descender a la superficie y regresar a la nave en órbita lunar. Cortesía: NASA
Qué es una batería de estado sólido y cómo funciona
Sin energía, nada de esto será posible. La aportación de la nueva batería de la NASA está en su interior. En una batería convencional, los iones —átomos o moléculas con carga eléctrica— se desplazan entre dos electrodos a través de un material llamado electrolito. Muchas baterías recargables habituales emplean electrolitos líquidos.
En cambio, para transportar iones entre sus electrodos, las baterías de estado sólido utilizan materiales que permiten ese movimiento sin recurrir a una solución líquida. La diferencia puede disminuir problemas de fugas y mejorar la seguridad. El interés está en conseguir una fuente de alimentación que soporte condiciones exigentes, como el frío extremo, sin añadir una protección excesivamente pesada.
Esta familia tecnológica ya se investigaba para volar sobre la Tierra. En 2022, la NASA comunicó avances nada desdeñables en SABERS, una iniciativa orientada a la aviación eléctrica que buscaba combinar ligereza, capacidad y seguridad. Sus requisitos ayudan a entender las necesidades de cualquier vehículo de exploración:
✅ Energía almacenada: determina durante cuánto tiempo puede trabajar un equipo con un consumo determinado.
✅ Potencia disponible: indica con qué rapidez puede entregar esa energía, por ejemplo, al arrancar un motor.
✅ Masa del sistema: incluye la batería y los componentes necesarios para utilizarla.
Un instrumento que mide lentamente durante semanas y un motor que debe arrancar exigen prestaciones diferentes. Una gran reserva energética, por sí sola, no garantiza que pueda mover un vehículo.
Qué temperaturas han soportado las baterías SPEARS
Los resultados de las baterías con electrolitos sólidos anunciados por la NASA proceden de pequeñas celdas ensayadas en cámaras de vacío térmico en Langley (Virginia). Funcionaron entre −60 y 80 °C con buen rendimiento; y hasta −80 °C con cierto descenso del rendimiento. Además, soportaron exposiciones de −170 ºC a 100 °C sin sufrir daños, según la agencia.
Es esencial distinguir ambas cosas: sobrevivir al frío y suministrar electricidad mientras se está sumergido en él son capacidades diferentes.
Nike Lin, técnico del equipo de vacío térmico, pesa las baterías tras los ensayos que evalúan su resistencia a condiciones térmicas extremas. Cortesía: NASA / Ryan Hill
Sobrevivir al frío y funcionar son capacidades distintas
A −170 °C estas baterías tampoco funcionan: necesitan calentadores para recuperar su temperatura operativa. La ventaja potencial consiste en calentarlas cuando hagan falta, en vez de mantenerlas calientes de manera continuam. Eso podría reducir el peso del control térmico, un detalle a tener muy en cuenta, porque obliga a mirar el conjunto.
En efecto, una batería ligera puede perder parte de su ventaja si necesita una protección pesada; una batería resistente puede resultar más útil aunque no bata récords de capacidad. En una misión, además, la energía gastada en mantener un componente a la temperatura adecuada deja de estar disponible para desplazarse, transmitir datos o recoger muestras.
El balance relevante incluye el almacenamiento, los calentadores y todos los equipos que hacen posible utilizarlo.
Qué falta para utilizar estas baterías en una misión lunar
El estado sólido también plantea dificultades propias. Proyectos de investigación financiados por el Departamento de Energía estadounidense identifican entre sus desafíos el rendimiento a bajas temperaturas, la conductividad del electrolito y el contacto entre materiales.
Cambiar el líquido por un sólido abre nuevas posibilidades, pero exige resolver cómo circulan las cargas y cómo evolucionan las uniones internas al cargar y descargar. La resistencia ambiental debe ir acompañada de durabilidad y de una fabricación reproducible.
SPEARS sigue en desarrollo. El anuncio describe ensayos terrestres y no aporta cifras de autonomía ni de ciclos de recarga que permitan valorar su utilidad en una misión concreta.
El polo sur lunar alberga regiones en sombra permanente donde se conserva hielo de agua. Explorar estos lugares exige baterías y equipos capaces de soportar un frío extremo.
Por qué el polo sur de la Luna exige nuevas soluciones energéticas
El interés por estas baterías aumenta al mirar a cuál será el destino. El polo sur lunar reúne zonas de iluminación prolongada y fondos de cráter donde nunca llega el Sol. La ausencia de una atmósfera apreciable impide redistribuir el calor como ocurre en la Tierra. No existe, por tanto, una única temperatura que describa toda la región: la orientación, la altura y el relieve crean entornos muy diferentes.
El mismo paisaje que ofrece emplazamientos favorables para captar energía solar contiene rincones especialmente difíciles de explorar.
En esas sombras se conserva parte del atractivo científico de la Luna. En 2018, un equipo identificó hielo superficial mediante datos del instrumento estadounidense Moon Mineralogy Mapper, que viajó en la sonda india Chandrayaan-1. Los depósitos están distribuidos de forma irregular.
Su estudio puede aportar pistas sobre el agua del Sistema Solar y ayudar a evaluar posibles recursos para futuras expediciones. Sin embargo, detectar hielo no equivale a disponer de una mina utilizable: todavía hay que caracterizarlo, acceder a él y determinar cómo extraerlo.
Otros proyectos para abastecer a las futuras bases lunares
Las baterías almacenan energía, pero necesitan una fuente para recargarse. Una infraestructura lunar debe combinar producción, almacenamiento y suministro según la ubicación y la duración de cada operación.
Paneles solares verticales: captar luz sobre las sombras
Una de las propuestas de la NASA en esta dirección son los paneles solares verticales del proyecto VSAT, concebidos para elevarse unos diez metros sobre el suelo. Cerca de los polos, donde el Sol permanece bajo en el horizonte, esa altura ayuda a evitar las sombras del terreno.
Los diseños deben poder desplegarse, resistir el polvo abrasivo y mantenerse estables sobre superficies inclinadas. Su utilidad dependerá tanto de los paneles como del emplazamiento y de la capacidad de abastecer equipos cuando falte iluminación.
Pilas de combustible regenerativas: almacenar energía en gases
Para almacenar cantidades mayores durante periodos prolongados, el centro Glenn también desarrolla pilas de combustible regenerativas. El principio consiste en combinar hidrógeno y oxígeno para obtener agua, electricidad y calor. Después, un aporte externo de energía permite separar de nuevo el agua y recuperar los gases.
En mayo de 2026, la NASA describió los preparativos para ensayar su sistema completo, tras pruebas iniciales realizadas en 2025. La Agencia Espacial Europea (ESA) también ha demostrado en tierra un circuito cerrado de este tipo. Reciclar los reactivos reduce la dependencia de suministros, aunque no elimina la necesidad de recargar.
Ilustración de un reactor de fisión de Antares en la superficie lunar. Esta tecnología podría suministrar electricidad a futuras bases incluso durante los periodos de oscuridad. Cortesía: Antares.
Lunar Reactor-1: electricidad durante la oscuridad
Otra vía es la fisión nuclear. El 8 de octubre, la NASA y el Departamento de Energía estadounidense reforzaron su colaboración para desarrollar tecnologías nucleares espaciales. Entre sus objetivos figura disponer de un reactor lunar listo para su lanzamiento en 2030. El proyecto Lunar Reactor-1 busca abastecer una futura base durante los periodos de oscuridad.
Es una meta que exige completar el desarrollo, las autorizaciones y la integración para el vuelo. La generación continua y el almacenamiento portátil atenderían necesidades complementarias: una central y una batería resuelven problemas distintos.
Recursos locales: oxígeno y materiales para electrónica
El consumo crecería si las expediciones empezaran a fabricar parte de sus suministros. Un proyecto europeo anunciado este abril estudia convertir residuos metálicos de la extracción de oxígeno del regolito en materiales para imprimir componentes electrónicos. El proceso de extracción utiliza sales fundidas a entre 800 ºC y 1.000 °C.
Sigue siendo una prueba de concepto con materiales simulados, pero muestra la dimensión del desafío: aprovechar recursos locales requiere instalaciones y energía, además de materias primas. La autonomía se construye con una cadena de tecnologías que deben funcionar juntas.
Hablar de establecerse en la Luna obliga a bajar de los grandes anuncios a decisiones concretas: cuánto puede alejarse un vehículo, cuántas horas trabaja un instrumento o qué ocurre cuando falla el suministro. Las nuevas baterías deberán demostrar su valor en esas situaciones. Antes de imaginar una base capaz de crecer y abastecerse parcialmente por sí misma, habrá que asegurar algo mucho más cotidiano: que sus máquinas puedan encenderse cuando se las necesite.▪️(15-octubre-2026)
EXPLORACIÓN LUNAR
Información facilitada por la NASA
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