La pelvis de un neandertal revela por qué estamos especializados en caminar largas distancias

La pelvis de un neandertal que vivió hace 55.000 años pone de relieve una sorprendente innovación del Homo sapiens: un mecanismo capaz de amortiguar cada paso y recuperar energía. Una adaptación que ayuda a entender por qué nos convertimos en la especie peregrina.

Por Enrique Coperías, periodista científico

Recreación artística de un neandertal y un Homo sapiens durante un desplazamiento por un paisaje del Pleistoceno.

Recreación artística de un neandertal y un Homo sapiens durante un desplazamiento por un paisaje del Pleistoceno. Un nuevo estudio propone que la pelvis masculina de nuestra especie desarrolló un mecanismo capaz de amortiguar cada paso y recuperar energía, una posible ventaja para recorrer largas distancias. Crédito: IA-Gemini / RexMolón Producciones

El esqueleto de Kebara 2, un neandertal (Homo neanderthalensis)que recorrió hace unos 55.000 años las laderas del monte Carmelo, una famosa cordillera costera situada en Israel, junto al mar Mediterráneo, conserva una de las pelvis más completas conocidas de esta especie. Su anatomía, comparada con la de otros fósiles y con casi un centenar de pelvis actuales, ha permitido identificar una sorprendente especialización evolutiva.

Pero no se encuentra en los neandertales, sino en los varones de Homo sapiens: una estructura pélvica que podría amortiguar el impacto de cada paso y recuperar parte de la energía empleada al caminar.

El estudio, aceptado para su publicación en la revista Scientific Reports, ha sido realizado por Yoel Rak, Juan Luis Arsuaga, Assaf Marom, Eli Geffen, Alon Barashy Ella Been, investigadores de instituciones de Israel, España y Estados Unidos. Su conclusión invierte la forma habitual de contemplar la pelvis neandertal.

Durante décadas, sus rasgos peculiares se interpretaron como especializaciones de aquellos humanos robustos. Los autores sostienen ahora que esa morfología representa, en gran medida, la condición ancestral. La verdadera innovación habría aparecido más tarde en la pelvis masculina de nuestra especie.

➡️ «Homo sapiens es diferente de neandertales y de Homo erectus: nuestro cuerpo está adaptado a recorrer largas distancias con poco gasto energético. ¡Somos la especie peregrina!», ha resumido el paleoantropólogo Arsuaga, director del Centro UCM-ISCIII de Evolución y Comportamiento Humanos, en Madrid, en la red social X.

¿Qué tiene de especial la pelvis del neandertal de Kebara?

La historia comienza en 1983, cuando las excavaciones de la cueva de Kebara, en Israel, sacaron a la luz el esqueleto parcial de un neandertal adulto. El individuo, conocido como Kebara 2, probablemente era un varón. Su pelvis mostraba un conducto superior relativamente amplio y una rama superior del pubis muy larga, delgada y aplanada.

Estos dos rasgos ya se habían observado en fragmentos de otros neandertales, pero nunca con suficiente integridad como para comprender cómo se relacionaban entre sí.

Lo desconcertante es que esa pelvis masculina se parece, en varios aspectos biomecánicamente relevantes, más a la de una mujer actual que a la de un hombre actual. Esto no significa que Kebara 2 tuviera una pelvis femenina, ni pone en duda su sexo. La forma general y otros caracteres siguen siendo masculinos.

La semejanza aparece en determinados componentes relacionados con la posición de las articulaciones de la cadera y la geometría del anillo pélvico.

Reconstrucción del esqueleto de Kebara 2, un neandertal masculino que vivió hace unos 55.000 años en la región del monte Carmelo, en Israel.

Reconstrucción del esqueleto de Kebara 2, un neandertal masculino que vivió hace unos 55.000 años en la región del monte Carmelo, en Israel. Su pelvis, una de las más completas conocidas de esta especie, ha permitido investigar las diferencias locomotoras entre los neandertales y Homo sapiens. Cortesía: David Brill/Michigan State University.

La posición del acetábulo, clave para entender la diferencia

El acetábulo es la cavidad en la que encaja la cabeza del fémur para formar la articulación de la cadera. En los varones de Homo sapiens, los acetábulos ocupan una posición más adelantada que en los neandertales y que en las mujeres actuales. Ese desplazamiento reduce la distancia entre la articulación y la sínfisis púbica, la unión situada en la parte anterior de la pelvis.

De ahí que la rama superior del pubis sea más corta y gruesa en los hombres modernos.

En los neandertales sucede lo contrario. Los acetábulos están más retrasados y la rama púbica que los conecta con la parte frontal de la pelvis, la estructura ósea situada en la base del tronco que conecta la columna vertebral con las piernas, es larga, estrecha y sorprendentemente fina. La misma organización básica, aunque menos extrema, se mantiene en las mujeres de nuestra especie.

➡️ «Los datos indican que la pelvis del varón neandertal ocupa el extremo del espacio morfológico que comparte con las mujeres modernas, mientras que la pelvis masculina de Homo sapiens forma un grupo claramente distinto», explican los investigadores en Scientific Reports.

Un análisis estadístico basado en nueve variables clasificó las pelvis de Kebara y de la Sima de los Huesos, en Atapuerca (España), como femeninas actuales con una probabilidad superior al 99 %, pese a que ambas pertenecieron a individuos masculinos. El resultado se refiere exclusivamente a los rasgos funcionales seleccionados para el análisis, no al conjunto completo de la anatomía.

Qué fósiles y pelvis se compararon

La muestra incluye 63 pelvis de hombres modernos, 28 de mujeres y dos pelvis fósiles masculinas relativamente completas: Kebara 2 y Pelvis 1 de la Sima de los Huesos. Los investigadores también obtuvieron algunas medidas del neandertal de La Ferrassie 1.

Es una base fósil reducida, como suele ocurrir en paleoantropología, pero otros restos fragmentarios de Shanidar, Amud, Krapina y La Chapelle-aux-Saints presentan caracteres compatibles con el mismo patrón.

Para comprender su posible importancia hay que imaginar la pelvis de perfil.

Reconstrucciones digitales en vista superior de la Pelvis 1 de la Sima de los Huesos, en Atapuerca (izquierda), y de un varón de Homo sapiens actual con un tamaño articular semejante (derecha).

Reconstrucciones digitales en vista superior de la Pelvis 1 de la Sima de los Huesos, en Atapuerca (izquierda), y de un varón de Homo sapiens actual con un tamaño articular semejante (derecha). Cortesía: PNAS

La pelvis masculina como amortiguador de cada paso

En efecto, cuando una persona está erguida, la fuerza que asciende desde el suelo a través del fémur y la línea por la que desciende el peso del cuerpo no siempre coinciden. En los varones modernos, la posición adelantada del acetábulo aumenta la separación horizontal entre ambas. Según los cálculos del estudio, si la pelvis neandertal se escala al tamaño de una pelvis masculina actual, su acetábulo quedaría unos 2,6 centímetros más atrás.

Esta diferencia aparentemente pequeña podría cambiar la manera en que la pelvis responde al apoyo del talón. Los autores proponen que, en los hombres modernos, la disposición adelantada de las caderas favorece una ligera basculación posterior de la pelvis en cada paso. Los músculos aductores y flexores del muslo, junto con sus tendones, se tensarían entonces como un sistema de muelles. Primero amortiguarían el descenso del centro de masas y después devolverían una parte de la energía almacenada, lo que ayuda a elevar de nuevo el cuerpo.

➡️ «La pelvis masculina de Homo sapiens funcionaría como un dispositivo de absorción de impactos —plantean los autores—. Reduciría los efectos del golpeteo cíclico sobre las articulaciones y almacenaría energía potencial en los músculos flexores, que podría recuperarse durante el paso siguiente».

¿Por qué favorecería las caminatas de larga distancia?

El mecanismo recuerda, de forma simplificada, al funcionamiento de un saltador de muelle. No convierte la marcha en un movimiento sin coste, pero podría reducir la energía necesaria para sostenerla durante mucho tiempo.

La ventaja habría sido especialmente relevante para una especie caracterizada por sus grandes desplazamientos. Los primeros Homo sapiens se expandieron por África y, más tarde, por Asia, Europa, Australia y América, atravesando ecosistemas muy diferentes.

Esta capacidad de recorrer largas distancias no depende solo de la pelvis. También intervienen la longitud de las piernas, el pie, el tendón de Aquiles, los músculos, la regulación de la temperatura corporal y el control neurológico de la marcha. El nuevo estudio añade la posición de las articulaciones de la cadera a ese conjunto de adaptaciones.

Ilustración artística: comparación entre la pelvis masculina reconstruida del neandertal de Kebara 2 (arriba) y la de un varón de Homo sapiens actual (abajo).

Ilustración artística: comparación entre la pelvis masculina reconstruida del neandertal de Kebara 2 (arriba) y la de un varón de Homo sapiens actual (abajo). Las líneas amarillas señalan el contorno de la entrada pélvica y las flechas rojas, la longitud de la rama superior del pubis, más larga y delgada en el neandertal y más corta y robusta en el humano moderno. Crédito: IA-DALL-E / RexMolón Producciones

Los neandertales no caminaban peor, sino de otra manera

La pelvis neandertal parece haber funcionado de otra manera. Al encontrarse el acetábulo más cerca de la línea de gravedad, habría existido un mayor equilibrio del tronco sobre los fémures, pero una menor capacidad para generar el mecanismo elástico descrito.

Los neandertales eran caminantes plenamente bípedos, capaces de recorrer sus territorios y soportar una intensa actividad física.

➡️ El trabajo no afirma que caminaran mal o que fueran menos eficaces en cualquier circunstancia, sino que su aparato locomotor respondía a una arquitectura diferente.

Una adaptación con costes anatómicos

La modificación moderna también tiene un coste. Al adelantarse las articulaciones, aumenta el momento de fuerza que debe compensarse en la parte anterior de la pelvis. La rama púbica masculina se acortó y engrosó, y el marco óseo que rodea el agujero obturador —una gran abertura en el hueso coxal o de la cader y que se encuentra justo por debajo del acetábulo— se hizo más alto. Esas transformaciones aportarían la resistencia necesaria para soportar la tracción muscular y las fuerzas de flexión generadas durante la marcha.

➡️ «Los distintos caracteres no son cambios aislados —señalan los investigadores—. La rama superior del pubis corta y robusta, la mayor altura del marco isquiopúbico y la posición del acetábulo convergen en una única entidad funcional».

Esa coincidencia anatómica constituye uno de los principales argumentos a favor de su hipótesis.

El parto ha condicionado profundamente la evolución de la pelvis femenina. Según los investigadores, la necesidad de conservar un canal obstétrico adecuado impidió que adoptara plenamente las modificaciones locomotoras presentes en los varones de Homo sapiens. Cortesía: Frank Alarcon

El parto limitó la transformación de la pelvis femenina

Pero, ¿por qué las mujeres actuales no desarrollaron esta configuración en el mismo grado? La respuesta propuesta se encuentra en el parto. El desplazamiento de los acetábulos, el estrechamiento del anillo pélvico y la profundización de la pelvis menor podrían comprometer las dimensiones y la forma del canal obstétrico.

La selección natural habría tenido, por tanto, un margen mayor para remodelar la pelvis masculina.

Desde esta perspectiva, no fue la pelvis femenina la que se ensanchó a partir de un modelo masculino. La pelvis de las mujeres habría conservado en mayor medida una organización ancestral, también presente en los neandertales de ambos sexos y posiblemente en nuestros antepasados. La pelvis masculina de Homo sapiens sería la que se estrechó y se transformó tras la separación evolutiva entre nuestra especie y los neandertales.

Una especialización reciente en la evolución humana

Los fósiles atribuidos a humanos del Pleistoceno medio y a Homo erectus respaldan indirectamente esta interpretación.

Aunque muchos son incompletos, presentan ramas púbicas finas, escotaduras ciáticas estrechas y otras señales de que los acetábulos se situaban en una posición retrasada.

La especialización amortiguadora sería, por consiguiente, relativamente reciente y exclusiva de los hombres anatómicamente modernos.

Qué puede afirmar el estudio y qué falta por demostrar

El estudio plantea una hipótesis biomecánica, no una demostración definitiva del gasto energético de neandertales y Homo sapiens. Los propios autores reconocen que el supuesto beneficio neto para la marcha de larga distancia debe comprobarse experimentalmente. Serán necesarios modelos musculoesqueléticos, simulaciones y estudios de personas vivas que midan el movimiento de la pelvis, las fuerzas de reacción del suelo y el consumo de energía.

Aun con esa cautela, el trabajo ofrece una nueva explicación para una parte poco conocida del dimorfismo sexual humano. Las diferencias entre las pelvis masculina y femenina no dependerían únicamente de las exigencias del parto. También reflejarían la aparición, en los hombres, de una solución locomotora específica.

Kebara 2 no poseía esa solución. Precisamente por eso ha permitido reconocerla. Su pelvis ancestral actúa como un espejo evolutivo: al mostrar cómo estaban organizadas las caderas antes de la aparición de nuestra especie, hace visible la transformación que convirtió al varón de Homo sapiens en un caminante especializado. Un cambio anatómico discreto que encaja con la historia de un linaje hecho para avanzar, explorar y, como dice Arsuaga, peregrinar.▪️(15-agosto-2026)

LO MÁS IMPORTANTE DEL ESTUDIO, EN 30 SEGUNDOS

  • La pelvis de los neandertales varones se parece, en varios rasgos funcionales, más a la de las mujeres actuales que a la de los hombres modernos.
  • Los varones de Homo sapiens desarrollaron una pelvis especializada que podría amortiguar cada paso y recuperar parte de su energía.
  • Esta adaptación habría favorecido las caminatas de larga distancia, mientras que las exigencias del parto limitaron su aparición en las mujeres.
  • La hipótesis biomecánica es prometedora, pero todavía necesita comprobación experimental.

PREGUNTAS & RESPUESTAS: Pelvis y Neandertales

💀 ¿Qué revela la pelvis de Kebara 2?

Revela que los neandertales masculinos conservaban una configuración pélvica ancestral, con los acetábulos situados más atrás y una rama superior del pubis larga y delgada. Esta anatomía se diferencia de la pelvis de los hombres modernos.

💀¿Por qué la pelvis neandertal se parece a la de las mujeres actuales?

Ambas comparten varios rasgos funcionales, como la posición posterior de los acetábulos y un anillo pélvico relativamente amplio. La semejanza no implica que los neandertales masculinos tuvieran una pelvis femenina, sino que conservaron una organización evolutiva ancestral.

💀¿Qué tiene de especial la pelvis masculina de Homo sapiens?

Sus articulaciones de la cadera están más adelantadas. Según el estudio, esta disposición podría amortiguar el impacto de cada paso, tensar músculos y tendones como muelles y recuperar parte de la energía durante la marcha.

💀¿Los neandertales caminaban peor que los humanos modernos?

No. Eran bípedos eficientes y capaces de desplazarse por territorios extensos. El estudio propone que caminaban con una arquitectura pélvica diferente, no necesariamente inferior.

💀¿Esta adaptación explica que Homo sapiens recorra largas distancias?

Podría ser una de las adaptaciones que favorecieron la marcha prolongada, junto con las piernas largas, la anatomía del pie, los tendones y la capacidad de regular la temperatura. Su ventaja energética exacta todavía debe comprobarse experimentalmente.

💀¿Por qué las mujeres modernas no tienen la misma pelvis especializada?

Los autores proponen que las exigencias del parto limitaron el estrechamiento y la profundización de la pelvis femenina. Por ello, las mujeres habrían conservado en mayor medida la configuración ancestral.

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