La pira funeraria más antigua de África replantea la complejidad social y ritual de los cazadores-recolectores prehistóricos

Hace 9.500 años, una comunidad de cazadores-recolectores del norte de Malaui invirtió un esfuerzo colectivo extraordinario en incinerar a una mujer en una pira construida con esmero. El hallazgo, el más antiguo de su tipo en África, obliga a revisar ideas muy arraigadas sobre el origen del ritual, la memoria y la cooperación social humana.

Por Enrique Coperías

Recreación de la pira funeraria de Hora 1, en el norte de Malaui, donde hace unos 9.500 años una comunidad de cazadores-recolectores llevó a cabo la cremación intencional más antigua conocida de África

Recreación de la pira funeraria de Hora 1, en el norte de Malaui, donde hace unos 9.500 años una comunidad de cazadores-recolectores llevó a cabo la cremación intencional más antigua conocida de África, en un ritual colectivo asociado al monte Hora, un destacado hito del paisaje y lugar de memoria ancestral. Crédito: IA-DALL-E-©RexMolón Producciones

Desde que los Homo erectus controlaron su uso hace alrededor de un millón de años, el fuego ha sido una herramienta ambigua para la humanidad: fuente de vida y de destrucción, de calor y de muerte.

Ahora, un descubrimiento arqueológico en el norte de Malaui nos descubre que, hace unos 9.500 años, el fuego también fue un instrumento de memoria colectiva, ritual y comunidad. Así es, un equipo internacional de investigadores ha documentado la pira funeraria intencional más antigua conocida en África, y una de las más antiguas del mundo, asociada a un grupo de cazadores-recolectores del inicio del Holoceno.

El hallazgo obliga a replantear ideas profundamente arraigadas sobre la complejidad social y simbólica de las primeras sociedades humanas del continente.

Un descubrimiento único en la arqueología africana

El escenario del descubrimiento es el abrigo rocoso de Hora 1, situado al pie del monte Hora, un imponente inselberg o monte isla de granito que se eleva como un hito natural sobre el paisaje del norte de Malaui. Desde allí se domina el valle del río Kasitu, una región ocupada intermitentemente por comunidades humanas desde hace más de 21.000 años.

No es un lugar cualquiera: durante al menos ocho milenios, este abrigo fue reutilizado una y otra vez como espacio funerario, lo que sugiere que su significado trascendía a la simple funcionalidad.

En el centro del hallazgo se encuentra una gran estructura de cenizas cementadas, formada por múltiples episodios de combustión. En su núcleo, los arqueólogos localizaron los restos calcinados de un único individuo adulto, identificado como Hora 3. Las dataciones por radiocarbono sitúan la cremación entre hace 9.540 y 9.454 años, lo que convierte esta pira no solo en la más antigua de África, sino en la pira funeraria intacta más antigua del mundo asociada a un adulto.

Una pira funeraria construida con esfuerzo colectivo

Hasta ahora, los arqueólogos consideraban la cremación intencional un fenómeno tardío en África, ligado a sociedades pastoriles o agrícolas mucho más recientes. La práctica se creía excepcional —cuando no inexistente— entre los cazadores-recolectores.

Este descubrimiento desmonta esa narrativa. La evidencia es inequívoca: no se trata de restos parcialmente quemados ni de una hoguera doméstica reutilizada, sino de una cremación deliberada, cuidadosamente construida y mantenida, que requirió un notable esfuerzo colectivo.

🗣️ «La cremación es muy rara entre los cazadores-recolectores antiguos y actuales, al menos en parte porque las piras funerarias requieren una enorme cantidad de trabajo, tiempo y combustible para transformar un cuerpo en huesos fragmentados y calcinados y cenizas», explica Jessica Cerezo-Román, investigadora del Departamento de Antropología en la Universidad de Oklahoma y autora principal del estudio.

Treinta kilos de leña para alimentar la pira

El análisis microscópico de los sedimentos arqueológicos revela capas finamente laminadas de ceniza de madera, compactadas y sinterizadas por el calor, o sea, que las cenizas y partículas se calentaron tanto que se compactaron y soldaron entre sí, formando una capa dura, sin llegar a fundirse del todo. Esto indica que el fuego fue alimentado de forma continuada, con múltiples reavivados, utilizando grandes cantidades de leña recolectada expresamente para el ritual.

Los investigadores estiman que se emplearon al menos 30 kilos de combustible, una cifra considerable para una comunidad móvil. La pira no fue un gesto improvisado: fue una obra comunal.

«No solo se trata de la cremación más antigua conocida en África, sino que fue un acontecimiento tan espectacular que nos obliga a replantearnos cómo entendemos el trabajo colectivo y el ritual en estas antiguas comunidades de cazadores-recolectores», añade Jessica Thompson, autora senior del estudio que trabaja en eel Departamento de Antropología de la Universidad Yale.

Reconstrucción del ritual de cremación en el yacimiento de Hora 1, donde una comunidad prehistórica levantó una pira con gran cantidad de madera y mantuvo el fuego a altas temperaturas mediante un esfuerzo colectivo continuado.

Reconstrucción del ritual de cremación en el yacimiento de Hora 1, donde una comunidad prehistórica levantó una pira con gran cantidad de madera y mantuvo el fuego a altas temperaturas mediante un esfuerzo colectivo continuado. Las huellas de corte en los huesos, la manipulación del cuerpo durante la quema y la ausencia del cráneo apuntan a prácticas rituales complejas, vinculadas a la memoria y al tratamiento simbólico de los restos. El lugar fue reutilizado durante generaciones, con nuevos fuegos encendidos sobre la pira original, convirtiendo este enclave natural en un espacio persistente de significado ritual. Cortesía: Jessica I. Cerezo-Román et al

La ausencia del cráneo y la memoria ancestral

Los huesos humanos cuentan su propia historia. Los investigadores han recuperado 170 fragmentos, la mayoría pertenecientes a huesos largos de brazos y piernas. El patrón de fracturas y la coloración térmica —que va del negro al blanco azulado— indican que el cuerpo fue quemado cuando aún conservaba tejidos blandos, quizá pocos días después de la muerte.

Algunas partes alcanzaron temperaturas superiores a los 500 ºC, mientras que otras quedaron menos expuestas, lo que sugiere una combustión desigual típica de las piras abiertas.

Pero hay algo más inquietante: varios huesos presentan marcas claras de herramientas de piedra, compatibles con procesos de desarticulación y descarnado. No se trata de señales de violencia ni de canibalismo, sino de gestos rituales. El cuerpo fue manipulado antes y durante la cremación. Algunas articulaciones estaban aún intactas cuando los restos fueron finalmente depositados, lo que indica una secuencia compleja de acciones, cuidadosamente coreografiadas.

La ausencia casi total del cráneo y de los dientes añade un elemento clave al relato. En cremaciones completas, estas partes suelen conservarse incluso en estados muy fragmentarios. Aquí, prácticamente no están.

«Nos sorprendió que no hubiera fragmentos de dientes ni de huesos del cráneo en la pira. Como esas partes suelen conservarse en las cremaciones, creemos que la cabeza pudo haber sido retirada antes de la quema», señala Elizabeth Sawchuk, bioarqueóloga del equipo.

Los autores del estudio consideran altamente probable que la cabeza fuera retirada intencionadamente antes del ritual, quizás para ser conservada o reutilizada en prácticas de memoria ancestral. Este tipo de tratamiento secundario del cuerpo —la circulación de reliquias humanas— está documentado en sociedades africanas históricas, pero nunca hasta ahora con una antigüedad tan remota.

Una intervención en los retos óseos nada macabra

La identidad biológica del individuo también aporta matices. Los análisis osteológicos indican que se trataba probablemente de una mujer adulta, de complexión pequeña, con una estatura en torno a metro y medio. Sus huesos sugieren una movilidad relativamente baja para una cazadora-recolectora, pero un uso intensivo de los brazos, lo que podría reflejar tareas manuales especializadas.

Aunque no se ha podido extraer ADN antiguo, el perfil encaja con el de otras poblaciones locales de la época, genéticamente estables durante miles de años.

🗣️ «Estas manipulaciones directas —cortar la carne de los huesos y retirar el cráneo— pueden sonar muy macabras, pero existen muchas razones por las que se pudo hacer esto, relacionadas con el recuerdo, la memoria social y la veneración de los antepasados —subraya Cerezo-Román. Y añade—: Hay cada vez más pruebas entre los antiguos cazadores-recolectores de Malaui de rituales funerarios que incluyen la extracción post mortem, la conservación y el enterramiento secundario de partes del cuerpo, quizá como objetos simbólicos».

Inventario esquelético y alteraciones térmicas de los restos humanos, que muestran cómo el color de los huesos varía según la temperatura y la exposición directa al fuego durante la cremación.

Inventario esquelético y alteraciones térmicas de los restos humanos, que muestran cómo el color de los huesos varía según la temperatura y la exposición directa al fuego durante la cremación. La predominancia de huesos largos y la ausencia de gran parte del esqueleto reflejan una quema intencional y selectiva, con el cuerpo aún conservando tejidos blandos. Estos cambios cromáticos y de fragmentación permiten reconstruir con detalle la dinámica del fuego y la manipulación del cuerpo en la pira funeraria. Cortesía: Cortesía: Jessica I. Cerezo-Román et al

Un paisaje convertido en monumento

El ritual no terminó con la cremación. Durante los siglos siguientes, el mismo punto fue reutilizado para encender grandes hogueras, aunque sin nuevos cuerpos. La reiteración del fuego en el mismo lugar sugiere que la pira se convirtió en un marcador de memoria, un punto del paisaje ritual cargado de significado, reconocido por generaciones sucesivas.

En ausencia de monumentos de piedra o arquitectura duradera, estas comunidades transformaron el propio suelo en un archivo de cenizas y recuerdos.

Este hallazgo se suma a una creciente evidencia que cuestiona la visión tradicional de los cazadores-recolectores africanos como sociedades simples y homogéneas. Lejos de ello, el registro arqueológico revela una rica diversidad de prácticas rituales, una relación simbólica profunda con el territorio y una capacidad notable para la cooperación social a gran escala.

Mantener una pira funeraria abierta durante horas —o incluso días— exige coordinación, planificación y una comunidad dispuesta a invertir recursos en honor a uno de sus miembros.

Qué nos dice este hallazgo sobre los orígenes del ritual humano

La cremación, además, no es un simple método de eliminación del cuerpo. Es una transformación radical: del individuo reconocible a un conjunto de fragmentos, cenizas y humo. Es un proceso sensorial, visible, olfativo, compartido. En este caso, todo apunta a que fue una experiencia colectiva destinada a reforzar vínculos sociales, redefinir la ausencia y fijar la memoria del difunto en un lugar concreto del paisaje.

Hace 9.500 años, al pie de una montaña en lo que hoy es Malaui, un grupo humano encendió un fuego que no solo consumió un cuerpo, sino que fundó un lugar. Un lugar al que se volvió una y otra vez, un punto de anclaje entre los vivos y los muertos, entre el pasado y el presente. Ese fuego, cuidadosamente alimentado, sigue ardiendo hoy en la forma de cenizas, huesos y preguntas que obligan a reescribir la historia profunda de África y de la humanidad.

«¿Por qué esta mujer fue incinerada cuando los demás enterramientos del yacimiento no recibieron ese tratamiento? Debía de haber algo específico en ella que justificara un trato especial», concluye Thompson.▪️

  • Fuente: Jessica I. Cerezo-Román et al. Earliest evidence for intentional cremation of human remains in Africa. Science Advances (2026). DOI:10.1126/sciadv.adz9554

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