Astrónomos miden por primera vez la masa y la distancia de un planeta errante
Un mundo del tamaño de Saturno, sin estrella y vagando en soledad por la galaxia, acaba de dejar de ser invisible. Gracias a una alineación cósmica excepcional y a la colaboración entre telescopios terrestres y espaciales, los astrónomos han logrado por primera vez pesar y situar con precisión a un planeta errante.
Por Enrique Coperías
Recreación artística de un planeta errante: por primera vez, los astrónomos han logrado medir tanto su masa como su distancia, un avance clave que permite empezar a comprender el origen y la abundancia de estos mundos solitarios que vagan por la galaxia. Crédito: IA-Copilot-RexMolón Producciones
Es un secreto a voces que la Vía Láctea está poblada por planetas errantes, mundos que no orbitan ninguna estrella y vagan en soledad por el espacio interestelar.
Los astrónomos sospechan que muchos de ellos, también conocidos como planetas interestelares, planetas huérfanos o planetas vagabundos, nacieron en sistemas planetarios normales y fueron expulsados por interacciones gravitatorias violentas. Sin embargo, estudiar estos objetos ha sido siempre una tarea casi imposible. Hasta ahora.
Un estudio publicado en la revista Science marca un antes y un después: por primera vez, un equipo internacional de investigadores ha logrado medir tanto la masa como la distancia de un planeta errante. El hallazgo no solo resuelve un problema técnico que llevaba años bloqueando el campo, sino que abre la puerta a comprender el origen y la abundancia de estos mundos solitarios.
Por qué son difíciles de detectar los planetas errantes
La mayor parte de los más de 5.000 exoplanetas conocidos hasta hoy se han detectado gracias a su relación con una estrella. Algunos se descubren porque oscurecen ligeramente la luz de su astro al pasar por delante (el método del tránsito); otros, porque provocan un pequeño bamboleo en la estrella al orbitarla (velocidad radial). Pero un planeta errante no ofrece ninguna de esas pistas.
Además, estos objetos no emiten luz propia, como hacen las estrellas. En términos prácticos, son casi invisibles.
La única técnica capaz de delatarlos es el microlente gravitatoria: cuando un objeto masivo pasa por delante de una estrella lejana, su gravedad actúa como una lupa cósmica que amplifica brevemente la luz de fondo. El resultado es un aumento temporal del brillo de la estrella, que puede durar desde horas hasta unos pocos días.
El método funciona, pero tiene una trampa conocida como degeneración masa-distancia. La misma señal puede deberse a un planeta pequeño y cercano… o a uno más masivo y lejano. Sin conocer la distancia, la masa es solo una conjetura. Y sin la masa, el planeta sigue siendo un misterio.
Dos puntos de vista para romper el enigma
Ese obstáculo se rompió el 3 de mayo de 2024, casi por casualidad. Ese día, una red internacional de telescopios terrestres, entre ellos el Korea Microlensing Telescope Network (KMTNet) y el proyecto OGLE, detectó un evento de microlente en la densa región del bulbo galáctico, la región central y más densa de la Vía Láctea.
Al mismo tiempo, el telescopio espacial Gaia, situado a casi 1,5 millones de kilómetros de la Tierra, observó el mismo fenómeno desde una posición distinta. Esa diferencia de perspectiva permitió aplicar una técnica clave: el paralaje estelar.
La señal del evento llegó a Gaia con un ligero retraso temporal —del orden de un par de horas— respecto a las observaciones terrestres. Ese pequeño desfase fue suficiente para calcular la distancia real del objeto y, con ella, su masa exacta. «Es como la visión en profundidad de nuestros propios ojos», explican los autores del estudio.
La geometría fue extraordinariamente favorable. El evento, denominado KMT-2024-BLG-0792 (también OGLE-2024-BLG-0516), se produjo casi perpendicular al eje de precesión de Gaia, lo que permitió que el telescopio espacial lo registrara seis veces en apenas dieciséis horas, justo cerca del máximo de brillo.
Ilustración artística de un planeta errante similar a Júpiter, flotando en soledad en el vacío del espacio. En un estudio reciente, los astrónomos lograron medir por primera vez la masa y la distancia de un planeta sin estrella comparable. Crédito: NASA
Un mundo del tamaño de Saturno, a casi 10.000 años luz
Los resultados del estudio son claros: el planeta tiene una masa equivalente al 22 % de la de Júpiter, muy similar a la de Saturno, y se encuentra a unos 3.000 pársecs, es decir, casi 9.800 años luz de la Tierra. La estrella de fondo cuya luz amplificó es una gigante roja, situada aún más lejos.
La masa medida descarta que se trate de un objeto formado como una estrella fallida o una enana marrón. Todo apunta a que nació en un disco protoplanetario alrededor de una estrella y fue expulsado más tarde por procesos dinámicos extremos.
🗣️ Como resumen los autores en el artículo, «los procesos dinámicos violentos modelan tanto los sistemas planetarios que permanecen ligados a sus estrellas como los que son expulsados para convertirse en planetas errante».
Para los expertos, el valor del hallazgo va más allá de este objeto concreto. «Lo realmente fantástico de este trabajo y lo que realmente merece la pena destacar es que es la primera vez que obtenemos una masa para estos objetos —afirma Gavin Coleman, investigador postdoctoral de la Universidad Queen Mary de Londres, autor de un comentario relacionado también publicado en Science, pero que no participó en el estudio. Y añde—: Esto se debió únicamente a que los autores disponían tanto de observaciones terrestres como de Gaia, lo que les permitió examinar observaciones desde dos lugares diferentes».
El comienzo de una nueva era
Este descubrimiento llega en un momento clave. En los próximos años, la búsqueda de planetas errantes dará un salto cualitativo con el lanzamiento del telescopio espacial Nancy Grace Roman, previsto para 2027. Gracias a su enorme campo de visión y su sensibilidad, Roman podría detectar cientos o incluso miles de eventos de microlente producidos por planetas sin estrella.
La diferencia ahora es que los astrónomos ya saben cómo medir su masa si cuentan con observaciones coordinadas desde la Tierra y el espacio.
«Se abre así la puerta al estudio de una población completamente nueva de planetas», resume el investigador de la Universidad de Pekín Subo Dong, líder del trabajo. Mundos que vagan en silencio por la galaxia y que, por primera vez, empiezan a dejar de ser sombras estadísticas para convertirse en objetos con masa, distancia… y una historia que contar.▪️
Fuente: Gavin A. L. Coleman. Two views of a rogue planet. Science (2026). DOI:10.1126/science.aed5209

