La psilocibina, combinada con psicoterapia, abre una nueva vía terapéutica contra la anorexia nerviosa

Un pequeño ensayo clínico con mujeres que llevaban años conviviendo con la anorexia ha encontrado menos síntomas y una mayor motivación para recuperarse tras combinar psilocibina con psicoterapia intensiva. Los resultados son prometedores, aunque los investigadores advierten de que todavía es pronto para atribuir las mejoras al psicodélico.

Por Enrique Coperías, periodista científico

La anorexia nerviosa es un trastorno de la conducta alimentaria caracterizado por una fuerte restricción de la ingesta, miedo a ganar peso y alteraciones en la percepción del propio cuerpo.

La anorexia nerviosa es un trastorno de la conducta alimentaria caracterizado por una fuerte restricción de la ingesta, miedo a ganar peso y alteraciones en la percepción del propio cuerpo. Foto de Vladimir Fedotov en Unsplash

La anorexia nerviosa sigue siendo uno de los trastornos psiquiátricos más difíciles de tratar. No solo altera profundamente la relación con la comida, el peso y la propia imagen corporal: en muchos pacientes termina entrelazándose con la identidad hasta el punto de que aquello que desde fuera se percibe como enfermedad puede ser vivido como una parte valiosa o necesaria de uno mismo.

Esta característica de la anorexia ayuda a explicar por qué algunos tratamientos fracasan y por qué conseguir que una persona quiera revertir la situación constituye, en sí mismo, uno de los grandes retos terapéuticos.

Un pequeño ensayo clínico, liderado por Hannah M. Douglass y realizado con mujeres adultas que llevaban años conviviendo con la enfermedad apunta ahora hacia una estrategia poco convencional: combinar psicoterapia intensiva con psilocibina, el compuesto psicodélico presente en determinadas especies de hongos. Los resultados no permiten afirmar que la psilocibina cure la anorexia, ni mucho menos. Pero sugieren que un protocolo cuidadosamente controlado que incorpora este psicodélico puede reducir algunos síntomas del trastorno y, algo quizá especialmente relevante, aumentar la disposición de las pacientes a cambiar.

¿Por qué es tan difícil tratar la anorexia nerviosa?

El trabajo, publicado en The British Journal of Psychiatry, ha sido realizado por investigadores del Centre for Psychedelic Research del Imperial College de Londres, en el Reino Unido, y otras instituciones. Se trata de un estudio piloto con solo veintiúna mujeres, por lo que sus conclusiones deben interpretarse con prudencia. Aun así, los resultados justifican, según sus autores, realizar ensayos más grandes y rigurosos para comprobar si esta aproximación puede convertirse algún día en una herramienta terapéutica útil.

El interés no es menor. Según datos recientes, en Europa hasta un 4% de las mujeres y el 0,3% de los hombres podrían sufrir anorexia nerviosa, y, a fecha de hoy, no existe ningún tratamiento farmacológico aprobado específicamente para combatirla. Las terapias conversacionales, esto es, los tratamientos psicológicos basados en el diálogo entre el paciente y un profesional, constituyen la primera línea de intervención, mientras que los antidepresivos y los antipsicóticos atípicos pueden utilizarse para tratar síntomas psiquiátricos asociados.

Pese a ello, aproximadamente entre un 20 % y un 30 % de las personas diagnosticadas desarrollan una forma crónica y persistente de la enfermedad, que además presenta una de las tasas de mortalidad más elevadas entre los trastornos psiquiátricos.

El experimento: tres sesiones con psilocibina durante seis semanas

Los investigadores reclutaron a veintiúna mujeres de entre 23 y 52 años. No eran pacientes recién diagnosticadas. La enfermedad les acompañaban entre cuatro y veintidós años —una media de 10,8 años—, y las participantes no habían conseguido alcanzar la remisión pese a haber recibido tratamientos anteriores. Su índice de masa corporal (IMC) medio al comenzar el ensayo era de 16,4, claramente dentro del rango de bajo peso; un IMC normal para adultos está entre 18,5 y 24,9, valores que se calculan al dividir el peso, en kilogramos, entre la altura, en metros, al cuadrado (kg/m²).

El protocolo duró seis semanas e incluyó tres sesiones de administración de psilocibina, también conocida como 4-PO-DMT o 4-fosforiloxi-N,N-dimetiltriptamina, separadas por dos semanas. En la primera se utilizó una dosis de apenas 1 miligramo, seguida de dos sesiones de 25 miligramos. La sustancia empleada fue COMP360, una formulación sintética de psilocibina de grado farmacéutico.

Pero reducir el experimento a tres dosis de un psicodélico sería engañoso. La psilocibina formaba parte de una intervención mucho más amplia. Cada administración estaba precedida por una sesión de preparación y seguida al día siguiente por otra de integración psicológica. Las pacientes recibieron alrededor de cincuenta horas de sensiones terapéuticas durante las seis semanas y continuaron paralelamente con su tratamiento habitual.

La psicoterapia incorporaba elementos de terapia familiar centrada en las emociones, terapia centrada en la compasión y terapia sistémica. No se realizó, sin embargo, una intervención nutricional específica ni se centró el programa en recuperar peso. El énfasis estuvo puesto en la autocompasión, el procesamiento psicológico y la participación de familiares o personas cercanas como apoyo.

Este detalle resulta esencial: el estudio no prueba qué ocurre cuando alguien simplemente toma psilocibina. Evalúa un protocolo de terapia asistida con psilocibina dentro de un entorno clínico muy controlado.

La psilocibina, sustancia psicodélica presente en determinadas especies de hongos, actúa principalmente sobre los receptores de serotonina 5-HT2A.

La psilocibina, sustancia psicodélica presente en determinadas especies de hongos, actúa principalmente sobre los receptores de serotonina 5-HT2A. En el ensayo, las participantes recibieron tres dosis de psilocibina —1 mg, 25 mg y 25 mg— combinadas con un intenso programa de apoyo psicoterapéutico.

Los síntomas de anorexia disminuyeron después del tratamiento

Los investigadores utilizaron, entre otras herramientas, el Eating Disorder Examination (EDE), una entrevista clínica estandarizada que permite cuantificar la gravedad de los síntomas de un trastorno alimentario.

La puntuación media era de 3,2 antes de comenzar el tratamiento. Había descendido a 2,2 al finalizar el periodo de intervención, a 2,0 tres meses después y se situaba en 2,1 a los seis meses. La reducción fue estadísticamente significativa y mostró un tamaño del efecto elevado.

Los cambios afectaron a distintas dimensiones de la anorexia: disminuyeron la restricción alimentaria, la preocupación por la comida, la preocupación por la forma corporal y, inicialmente, la relacionada con el peso, aunque esta última mejoría no se mantuvo con claridad a los seis meses.

Los investigadores destacan especialmente que las mayores mejoras aparecieron en la restricción alimentaria y la preocupación por comer. Dicho de otro modo, disminuyeron los pensamientos relacionados con las reglas rígidas sobre la comida y la limitación de calorías, así como la preocupación y la culpa asociadas a comer.

El efecto, sin embargo, estuvo lejos de ser uniforme. Al terminar las seis semanas, seis participantes se encontraban dentro del rango que los investigadores utilizaron como referencia de normalidad comunitaria; a los tres meses eran diez y a los seis meses, ocho. Dos de ellas ya se encontraban dentro de ese intervalo al inicio del estudio. Los propios autores recalcan que hubo una enorme variabilidad individual: algunas mujeres mantuvieron las mejoras durante meses y otras no.

Uno de los resultados más interesantes: aumentó la motivación para recuperarse

Uno de los resultados de mayor calado puede que no tenga que ver directamente con la comida ni con el peso, sino con algo más difícil de medir: la motivación para abandonar la enfermedad.

En la anorexia existe un fenómeno conocido como egosintonía. Determinados pensamientos y comportamientos asociados al trastorno pueden percibirse como coherentes con la propia identidad y los valores personales. La restricción, el control del peso o determinadas reglas alimentarias no siempre son experimentados como algo ajeno que deba eliminarse. Esa circunstancia puede generar resistencia al tratamiento.

Para analizar esta dimensión, los científicos utilizaron el Readiness and Motivation Questionnaire. Los resultados mostraron una reducción significativa de la denominada precontemplación, un estado en el que la persona tiene dificultades para reconocer plenamente el problema o todavía no está preparada para modificar su comportamiento. La mejoría apareció después de la primera dosis de 25 miligramos y, en conjunto, se mantuvo durante el seguimiento de doce meses.

Los autores interpretan este resultado como una transición hacia una fase de mayor contemplación: las participantes parecían estar más capacitadas para reconocer la gravedad de su trastorno, mostraban un mayor deseo de cambiar y una mayor motivación para emprender las acciones necesarias para recuperarse.

Esto podría ser particularmente importante en una enfermedad en la que la motivación previa al tratamiento se relaciona con mejores resultados posteriores. La hipótesis que dejan abierta los investigadores es que la terapia psicodélica quizá no actúe simplemente reduciendo determinados síntomas, sino facilitando una modificación de la relación psicológica que la persona mantiene con ellos.

La terapia asistida con psilocibina se asoció con una reducción de algunos síntomas de la anorexia y una mayor motivación para recuperarse.

La terapia asistida con psilocibina se asoció con una reducción de algunos síntomas de la anorexia y una mayor motivación para recuperarse. El estudio es todavía preliminar y no permite saber qué parte de la mejoría se debió al psicodélico y cuál a la psicoterapia y al resto del protocolo. Cortesía: Cottonbro Studio

¿Fue realmente la psilocibina la responsable de la mejoría?

Aquí aparece la principal cautela del estudio. No existió un verdadero grupo de control formado por pacientes comparables que recibieran psicoterapia sin psilocibina. Además, todas las participantes recibieron las dosis en el mismo orden: 1, 25 y 25 miligramos.

Los científicos esperaban encontrar mayores mejoras después de las dosis altas, pero no fue así. Los cambios a corto plazo observados tras las diferentes administraciones no mostraron diferencias estadísticamente significativas.

Esto impide separar las piezas del puzle. ¿Cuánto de la mejoría correspondió a la psilocibina? ¿Cuánto a las cincuenta horas de contacto terapéutico? ¿Cuánto al apoyo familiar, a las expectativas de las participantes, al seguimiento médico intensivo o a la combinación de todos estos elementos?

Los propios investigadores son explícitos al respecto: las mejoras clínicas no pueden atribuirse con seguridad a una intervención concreta del estudio, sino al protocolo terapéutico en su conjunto. Para demostrar que la psilocibina aporta un beneficio específico será necesario enfrentarla a un placebo o comparar directamente grupos de pacientes mediante ensayos clínicos aleatorizados.

También resulta reveladora la comparación con las terapias convencionales. Los autores señalan que algunos tratamientos establecidos para la anorexia han conseguido reducciones inmediatas de los síntomas mayores que las observadas aquí, aunque el mantenimiento de la mejoría a los seis meses resulta comparable. Hay una diferencia importante: las mujeres de este ensayo llevaban años enfermas y habían tenido dificultades para mantener la remisión con tratamientos anteriores.

Por qué todavía no puede hablarse de un tratamiento contra la anorexia

La tolerabilidad fue en general favorable, aunque no estuvo exenta de efectos adversos. Las veintiún participantes comunicaron alguno durante el seguimiento. Los más frecuentes fueron dolor de cabeza y náuseas, generalmente leves o moderados. Ninguna necesitó lorazepam para controlar la experiencia psicodélica.

El estudio también recoge un dato que obliga a evitar cualquier triunfalismo: una participante realizó dos intentos de suicidio, aproximadamente siete y nueve meses después de la última visita del ensayo. Fueron considerados acontecimientos adversos graves; los investigadores los clasificaron como poco probablemente relacionados con la psilocibina.

A ello se añaden las limitaciones metodológicas. La muestra era diminuta, estaba formada exclusivamente por mujeres, predominaban las participantes blancas y con un elevado nivel educativo y los criterios de selección fueron muy estrictos. Además, el estudio era exploratorio y no aplicó correcciones estadísticas por comparaciones múltiples. Sus autores reconocen expresamente que no pueden extraerse conclusiones definitivas ni extrapolar los resultados a la población general con anorexia nerviosa.

Pero el experimento deja una señal que merece ser investigada. En pacientes con una enfermedad de larga evolución y escasas alternativas farmacológicas, un tratamiento intensivo que combina apoyo psicológico y psilocibina estuvo acompañado de una reducción sostenida de determinados síntomas y de un aumento de la motivación para cambiar.

No demuestra todavía que la psilocibina funcione contra la anorexia. Demuestra algo anterior, pero necesario: que esta estrategia puede aplicarse en un entorno clínico, que merece ser sometida a ensayos mucho mayores y que quizá exista una nueva puerta terapéutica donde durante décadas ha habido muy pocas. Los autores concluyen precisamente que, ante la escasez de tratamientos eficaces, estos resultados justifican seguir investigando la terapia psicodélica como posible estrategia para la anorexia nerviosa y otros trastornos relacionados.▪️(10-agosto-2026)

LO MÁS IMPORTANTE DEL ESTUDIO, EN 30 SEGUNDOS

  • ¿Qué han descubierto los investigadores? Un pequeño ensayo piloto sugiere que combinar psilocibina con psicoterapia intensiva puede reducir algunos síntomas de la anorexia nerviosa y aumentar la motivación para recuperarse.
  • ¿Cómo se hizo el estudio? Participaron 21 mujeres de entre 23 y 52 años con anorexia de larga evolución. Durante seis semanas recibieron tres dosis de psilocibina —1 mg, 25 mg y 25 mg— acompañadas de aproximadamente 50 horas de apoyo terapéutico.
  • ¿Qué mejoró? Las participantes mostraron menos restricciones con la comida, menor preocupación y culpa al comer y menos preocupación por la forma corporal. También aumentó su disposición a reconocer la enfermedad y cambiar.
  • ¿Duraron los efectos? Algunas mejoras se mantuvieron durante meses. A los tres meses, 10 de las 21 participantes (47,6%) se encontraban dentro del rango utilizado por los investigadores como indicador aproximado de remisión, aunque dos ya estaban en ese rango al inicio.
  • ¿Significa que la psilocibina funciona contra la anorexia? Todavía no. El estudio es pequeño y carece de un verdadero grupo de control, por lo que no permite saber cuánto de la mejoría se debió a la psilocibina y cuánto a la psicoterapia y al resto del protocolo.
  • ¿Cuál es la conclusión? Los resultados justifican realizar ensayos clínicos más grandes y rigurosos para comprobar si la terapia asistida con psilocibina puede convertirse en una nueva herramienta contra la anorexia nerviosa.
  • Fuente: Douglass H. M., Spriggs M. J., Godfrey K., et al. Psilocybin therapy for adult females with anorexia nervosa: pilot study. The British Journal of Psychiatry (2026). DOI: 10.1192/bjp.2026.10687

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