La dieta cetogénica se muestra prometedora para tratar la anorexia nerviosa: tres de cada cuatro pacientes mejoran
Una dieta rica en grasas para combatir uno de los trastornos alimentarios más graves parece una contradicción. Sin embargo, un ensayo clínico revela que la dieta cetogénica podría reducir los síntomas de la anorexia nerviosa sin provocar pérdida de peso y ayudar a la recuperación de la mayoría de los pacientes.
Por Enrique Coperías, periodista científico
En el ensayo clínico, el 72% de los participantes alcanzó puntuaciones dentro del rango normal para los síntomas de anorexia y depresión tras catorce semanas siguiendo una dieta cetogénica supervisada por especialistas. Crédito: IA-DALL-E-RexMolón Producciones
La anorexia nerviosa es uno de los trastornos psiquiátricos más difíciles de tratar. Aunque muchos pacientes consiguen recuperar peso gracias a programas especializados, los síntomas más profundos de la enfermedad, como el miedo intenso a engordar, la obsesión por la comida y la insatisfacción corporal, suelen persistir durante años. Esa es una de las razones por las que las recaídas son tan frecuentes.
Ahora, un pequeño ensayo clínico realizado en Estados Unidos plantea una posibilidad inesperada: que una dieta cetogénica o keto, rica en grasas saludables (carne, pescado, huevos, queso, aceites, aguacate, frutos secos y verduras bajas en carbohidratos, como las de hoja verde; y muy baja en carbohidratos (pan, pasta, arroz, patatas o dulces), pueda ayudar a reducir precisamente esos síntomas psicológicos que mantienen vivo este trastorno de la alimentación.
Los resultados, publicados en la revista Communications Medicine, muestran que cerca de tres de cada cuatro participantes alcanzaron niveles considerados normales en las escalas clínicas que evalúan la gravedad de la anorexia tras seguir este régimen alimentario durante catorce semanas.
Qué es una dieta cetogénica
La propuesta resulta, a primera vista, paradójica. La dieta cetogénica suele asociarse al tratamiento de la epilepsia resistente a fármacos o a determinadas estrategias de pérdida de peso, no a un trastorno caracterizado precisamente por la restricción alimentaria.
Sin embargo, los investigadores creen que el hallazgo podría abrir una nueva vía terapéutica basada no tanto en las calorías consumidas como en la forma en que el cerebro obtiene energía. Recodemos que el objetivo de la dieta cetogénica es, en lugar de contar calorías sin más, provocar un cambio metabólico drástico en el organismo. Al reducir al mínimo los carbohidratos, el cuerpo se queda sin su combustible principal: la glucosa. Al cabo de unos días, el hígado empieza a descomponer las grasas y a producir unas moléculas llamadas cetonas, que se convierten en la nueva fuente de energía del cerebro y los músculos. Este estado se llama cetosis.
🗣️ «La restauración del peso por sí sola no suele resolver los síntomas emocionales y cognitivos de la anorexia —explica el psiquiatra Guido Frank, de la Universidad de California en San Diego (Estados Unidos) y autor principal del estudio. Según recuerda él y su equipo, muchas personas continúan experimentando un miedo intenso a comer o a ganar peso incluso después de haber recuperado una masa corporal saludable. Esa persistencia psicológica es uno de los principales motores de las recaídas.
Por qué una dieta cetogénica podría ayudar a tratar la anorexia
Tradicionalmente, la anorexia nerviosa, que afecta en torno al 4 % de las mujeres y al 0,3 % de los hombres, se ha considerado una enfermedad eminentemente psicológica. Sin embargo, durante los últimos años ha ganado fuerza una hipótesis distinta: la posibilidad de que existan alteraciones metabólicas subyacentes que contribuyan a mantener el trastorno.
Diversos estudios genéticos han encontrado asociaciones entre la anorexia y mecanismos relacionados con el metabolismo de la glucosa y las grasas. Además, se han identificado alteraciones en la función mitocondrial —las centrales energéticas de las células—, así como signos de inflamación y estrés oxidativo.
Partiendo de estas observaciones, Frank y sus colegas plantean que algunas personas con anorexia podrían tener dificultades para utilizar la glucosa de forma eficiente en determinadas regiones cerebrales. En ese contexto, las citadas cetonas —moléculas producidas por el organismo cuando utiliza grasa como fuente principal de energía— podrían actuar como un combustible alternativo más eficaz para el cerebro.
La dieta cetogénica busca precisamente inducir ese estado metabólico. Para lograrlo, los participantes en el ensayo piloto siguieron una alimentación compuesta aproximadamente por un 70% de grasas, un 20% de proteínas y apenas un 10% de carbohidratos. El objetivo no era perder peso, sino mantenerlo estable mientras el organismo entraba en cetosis nutricional, un estado en el que comienza a producir cuerpos cetónicos, en concreto, beta-hidroxibutirato (BHB), acetoacetato y acetona como fuente energética principal.
Alimentos ricos en grasas saludables y proteínas, como huevos, aguacate, quesos o pescado, forman parte de la dieta cetogénica, que obliga al organismo a utilizar cuerpos cetónicos en lugar de glucosa como principal fuente de energía. Foto: Dara Hashenko
Los resultados sorprendieron a los investigadores
El estudio reclutó a veintidós mujeres de entre 18 y 45 años con antecedentes de anorexia nerviosa. Algunas mantenían un peso normal y otras presentaban un ligero infrapeso, pero ninguna se encontraba en una fase de desnutrición grave.
De las veintidós participantes, dieciocho completaron las catorce semanas de intervención, una tasa de finalización del 82%, relativamente alta para este tipo de ensayos. Durante el seguimiento, las pacientes recibieron supervisión médica, apoyo nutricional y controles periódicos para asegurar que mantenían la cetosis y que no aparecían complicaciones.
Los resultados sorprendieron incluso a los propios investigadores.
Las puntuaciones relacionadas con la restricción alimentaria, la preocupación por la comida, la obsesión por el peso y la insatisfacción corporal descendieron de forma significativa a lo largo del estudio. También mejoraron los síntomas depresivos. Al finalizar el ensayo, el 72% de las participantes presentaba puntuaciones dentro de los rangos considerados normales tanto para los síntomas de anorexia como para la depresión.
Uno de los aspectos más llamativos del experimento es la rapidez de la mejoría. Según destacan los autores, la puntuación global media en los cuestionarios específicos de anorexia pasó de niveles compatibles con enfermedad grave a situarse por debajo del umbral clínico en apenas tres meses. «Este nivel de mejoría en un periodo relativamente corto no suele observarse en los tratamientos convencionales de la anorexia», señalan los investigadores.
Terapias contra la anorexia
Hay que decir que los tratamientos convencionales de la anorexia nerviosa se basan principalmente en la restauración del peso y en la intervención psicológica.
Las terapias más utilizadas incluyen la terapia cognitivo-conductual mejorada (TCC-E), orientada a modificar los pensamientos y comportamientos relacionados con la alimentación y la imagen corporal; la terapia familiar, especialmente eficaz en adolescentes; y el seguimiento médico y nutricional para corregir la desnutrición y prevenir complicaciones físicas. En los casos más graves puede ser necesaria la hospitalización o el ingreso en centros especializados.
Sin embargo, aunque estos enfoques logran con frecuencia recuperar el peso perdido, muchos pacientes continúan experimentando miedo a engordar, ansiedad ante la comida e insatisfacción corporal, síntomas que favorecen las recaídas y para los que aún no existen tratamientos biológicos específicamente aprobados.
…y sin pérdida de peso
Quizá el dato que más interesará a los especialistas es que la dieta no provocó una reducción significativa del peso corporal.
Una de las principales preocupaciones al plantear una intervención basada en restricciones alimentarias es que pudiera reforzar conductas patológicas o desencadenar una recaída. Sin embargo, los investigadores no observaron empeoramiento clínico ni pérdidas de peso relevantes durante el ensayo. El índice de masa corporal permaneció estable durante todo el seguimiento.
Tampoco se registraron efectos adversos importantes. Los síntomas descritos fueron generalmente leves y transitorios, principalmente náuseas, estreñimiento o deshidratación durante las primeras semanas de adaptación. Hacia el final del estudio, los efectos secundarios prácticamente habían desaparecido.
Los mecanismos cerebrales que podrían explicar la mejoría
Los autores creen que la respuesta de las voluntarias en el estudio podría estar relacionada con varios mecanismos biológicos que ya se han observado en otras enfermedades neurológicas.
Las cetonas no solo sirven como combustible alternativo. También parecen influir sobre neurotransmisores implicados en la regulación emocional. Uno de ellos es el GABA, el principal neurotransmisor inhibidor del cerebro, relacionado con la reducción de la ansiedad.
Estudios previos en animales habían mostrado que el aumento de los niveles de cetonas puede disminuir comportamientos asociados al estrés y la ansiedad. Además, la cetosis se ha vinculado con una reducción de la inflamación y del estrés oxidativo, dos procesos que también parecen alterados en personas con anorexia.
Los investigadores proponen incluso una hipótesis provocadora. Según su modelo teórico, el ayuno extremo característico de la anorexia podría representar un intento inconsciente del organismo de alcanzar un estado metabólico que proporcione al cerebro una fuente de energía alternativa. El problema es que esa estrategia natural conduce a la desnutrición y pone en peligro la vida. La dieta keto permitiría reproducir parte de ese estado metabólico sin necesidad de restringir calorías.
Prudencia antes de sacar conclusiones
A pesar del entusiasmo que generan los resultados, los propios autores insisten en que todavía es pronto para considerar la dieta cetogénica como un tratamiento establecido para la anorexia nerviosa.
El ensayo carece de grupo de control y el número de participantes es reducido. Además, todas las participantes eran mujeres y estaban relativamente estabilizadas desde el punto de vista nutricional. Por tanto, los resultados no pueden extrapolarse a pacientes con anorexia grave o en fases agudas de la enfermedad.
Los investigadores reconocen que serán necesarios estudios más amplios y aleatorizados para confirmar los beneficios observados y determinar qué pacientes podrían beneficiarse más de esta estrategia. También será necesario evaluar los efectos a largo plazo.
El miedo intenso a comer, la preocupación constante por el peso y la insatisfacción corporal suelen persistir incluso después de recuperar peso, aumentando el riesgo de recaída en la anorexia nerviosa. Foto: Cottonbro Studio
Siempre bajo supervisión psiquiátrica
Sahib Khalsa, psiquiatra de la Universidad de California en Los Ángeles, que investiga y trata los trastornos alimentarios, hace un llamamiento a la precaución para cualquiera que esté considerando probar una dieta cetogénica para la anorexia. Esto es lo que ha declarado a la revista New Scientist:
«Es importante distinguir entre la estrecha supervisión de un psiquiatra especializado en trastornos alimentarios, un dietista y un equipo de tratamiento, y el intento de hacerlo de forma independiente».
Teniendo en cuenta este detalle nada baladí, el trabajo aporta una pista prometedora en un campo donde los avances terapéuticos han sido escasos. Actualmente no existe ningún tratamiento biológico aprobado específicamente para la anorexia nerviosa y las opciones farmacológicas disponibles ofrecen beneficios limitados.
Tres meses después de finalizar el estudio, algunos participantes seguían manteniendo la dieta. Entre quienes la abandonaron, los síntomas tendieron a reaparecer con mayor frecuencia, aunque los autores subrayan que estos datos son todavía preliminares.
La investigación abre así una pregunta fascinante: ¿y si parte de la anorexia nerviosa no fuera únicamente una enfermedad de la mente, sino también del metabolismo cerebral? La respuesta todavía está lejos, pero los resultados sugieren que comprender cómo obtiene energía el cerebro podría convertirse en una pieza clave para combatir uno de los trastornos psiquiátricos más devastadores y mortales que existen.▪️(3-junio-2026)
PREGUNTAS & RESPUESTAS: Dieta Cetogénica y Anorexia
🥙 ¿La dieta cetogénica o keto cura la anorexia nerviosa?
No. Este estudio sugiere una posible mejoría de los síntomas, pero no demuestra una curación definitiva.
🥙 ¿Los participantes perdieron peso?
No. El peso corporal permaneció estable durante el ensayo.
🥙 ¿Es segura la dieta cetogénica para personas con anorexia?
En este estudio fue bien tolerada y no provocó efectos adversos graves, aunque debe realizarse siempre bajo supervisión médica especializada.
🥙 ¿Cuántas personas mejoraron?
Aproximadamente tres de cada cuatro participantes alcanzaron puntuaciones normales en las escalas clínicas utilizadas.
🥙 ¿Se necesita más investigación?
Sí, sin duda alguna. Los autores consideran imprescindible realizar estudios más grandes y controlados antes de recomendar este enfoque de forma generalizada.
BIENESTAR Y SALUD
Fuente: Frank, G. K. W., Scolnick, B., Beckwith, C. et al.Symptom impact and safety of ketogenic therapy in adults with anorexia nervosa: a feasibility trial.Communications Medicine (2026). DOI: https://doi.org/10.1038/s43856-026-01644-0

