La serpiente que podría ayudarnos a comer menos: un hallazgo inesperado en la sangre de las pitones abre nuevas vías contra la obesidad

Un compuesto descubierto en la sangre de las pitones reduce el apetito sin causar náuseas ni efectos secundarios, según un nuevo estudio. El descubrimiento apunta a una nueva generación de tratamientos contra la obesidad inspirados en los mecanismos naturales del metabolismo.

Por Enrique Coperías, periodista científico

Recreación visual: varias pitones humanizadas comparten un banquete desmesurado, una metáfora del comportamiento alimentario extremo de estas serpientes, capaces de ingerir presas de gran tamaño tras largos periodos de ayuno.

Recreación visual: varias pitones humanizadas comparten un banquete desmesurado, una metáfora del comportamiento alimentario extremo de estas serpientes, capaces de ingerir presas de gran tamaño tras largos periodos de ayuno. Crédito: IA-DALL-E-RexMolón Producciones

Una pitón puede no probar bocado durante semanas y, en casos extremos, sobrevivir un año sin comer absolutamente nada. Pero cuando lo hace, el banquete puede ser descomunal: es capaz de ingerir una presa de su propio tamaño.

Esta capacidad extraordinaria se explica, en gran parte, por su anatomía. A diferencia de los seres humanos y otros mamíferos, los huesos de la mandíbula inferior de las pitones no están fusionados, sino unidos por un ligamento elástico que les permite abrir la boca de forma extrema. Este mecanismo, analizado a fondo en la revista Reptiles & Amphibians, les permite engullir presas mucho mayores de lo que se creía, como ciervos e incluso caimanes.

En el caso de la pitón birmana (Python bivittatus), que puede superar los seis metros de longitud y los 90 kilos de peso, esta capacidad alcanza niveles sorprendentes: en Florida se documentó un ejemplar que llegó a tragarse un ciervo de 35 kilos, equivalente a casi dos tercios de su propia masa corporal.

Este patrón alimentario extremo, que parece más propio de la ficción que de la biología, ha convertido a estos reptiles en un laboratorio viviente para entender cómo el cuerpo regula el hambre. Ahora, un estudio publicado en la revista Nature Metabolism sugiere que en la sangre de estas serpientes podría esconderse una clave para perder peso de forma más eficaz y sin efectos secundarios digestivos.

El hallazgo gira en torno a una molécula poco conocida: el para-tiramina-O-sulfato (pTOS). Tras una comida, los niveles de este compuesto en las pitones se disparan más de mil veces. Y lo más llamativo es lo que hace después: actúa sobre el cerebro para reducir el apetito.

Por qué las pitones son clave para este descubrimiento

Para entender la relevancia del descubrimiento hay que empezar por comprender el régimen alimenticio de estos animales. A diferencia de los mamíferos —incluida nuestra especie—, que comemos pequeñas cantidades varias veces al día, las pitones viven en ciclos extremos de ayuno y sobrealimentación. Como ya hemos adelantado, pueden pasar entre doce y dieciocho meses sin comer y, cuando finalmente lo hacen, su metabolismo se transforma de manera radical.

Tras una comida pantagruélica, su gasto energético se multiplica, sus órganos aumentan de tamaño y su fisiología entera entra en una especie de modo digestivo intensivo. Todo ello es reversible: una vez terminada la digestión, el organismo vuelve a un estado de reposo casi absoluto.

Ese comportamiento extremo ha fascinado durante años a la bióloga Leslie Leinwand, que lleva dos décadas estudiando pitones:

🗣️ «Este es un ejemplo perfecto de biología inspirada en la naturaleza. Observas animales extraordinarios que pueden hacer cosas que tú, yo y otros mamíferos no podemos hacer, e intentas aprovechar eso para desarrollar intervenciones terapéuticas».

Skip Maas, estudiante de posgrado en Biología Molecular, Celular y del Desarrollo, y la profesora Leslie Leinwand observan a las pitones Gaius y Agrippina, que Maas mantiene como mascotas y también estudia en laboratorio para investigar su metabolismo. Cortesía: Patrick Campbell / University of Colorado Boulder

Qué es el pTOS y por qué es importante

Leinwand, que es profesora de Biología Molecular, Celular y del Desarrollo, en la Universidad de Colorado en Boulder, y sus colegas aplicaron técnicas de metabolómica —una especie de escáner químico del organismo— para identificar qué sustancias aumentaban tras la ingesta. Entre cientos de compuestos, uno destacó de forma abrumadora: el pTOS.

Mientras otros metabolitos se incrementaban entre cuatro y veinte veces, el pTOS lo hacía en ¡más de mil!

Ese salto tan espectacular llevó a los científicos a sospechar que no se trataba de un simple subproducto de la digestión, sino de una señal biológica con una función específica.

Para Jonathan Long, coautor del estudio que trabaja en el Departamento de Patología de la Facultad de Medicina en la Universidad de Stanford, este tipo de descubrimientos requiere mirar más allá de los modelos habituales:

🗣️ «Si realmente queremos entender el metabolismo, necesitamos ir más allá de estudiar ratones y personas, y observar los extremos metabólicos más extraordinarios que ofrece la naturaleza».

Cómo funciona el mecanismo del apetito

El origen del pTOS es tan interesante como su efecto. La molécula se genera a partir de la tirosina, un aminoácido presente en la dieta. Primero, bacterias del intestino transforman la tirosina en tiramina. Después, en el hígado, esa tiramina se convierte en pTOS mediante un proceso químico llamado sulfatación.

Es decir, el pTOS surge de una colaboración entre la microbiota intestinal y el metabolismo del organismo, lo que refuerza la idea de que el intestino juega un papel clave en la regulación del apetito.

Una vez en circulación, el compuesto llega al cerebro y activa neuronas en el hipotálamo ventromedial, una región crucial en el control del hambre.

Una pareja de pitones reales (Python regius), un modelo clave para estudiar el metabolismo extremo de estos reptiles, cuya sangre contiene un metabolito capaz de reducir el apetito tras grandes ingestas.

Una pareja de pitones reales (Python regius), un modelo clave para estudiar el metabolismo extremo de estos reptiles, cuya sangre contiene un metabolito capaz de reducir el apetito tras grandes ingestas. Imagen de hartono subagio en Pixabay

Menos hambre y sin malestar

Para comprobar si este efecto era relevante más allá de las serpientes, los investigadores administraron pTOS a ratones. El resultado fue claro: los animales comieron menos y, a largo plazo, perdieron peso.

Pero lo más llamativo fue la ausencia de efectos secundarios. A diferencia de algunos tratamientos contra la obesidad, el pTOS no provocó náuseas, rechazo a la comida ni alteraciones en la actividad o el metabolismo general.

«Básicamente hemos descubierto un supresor del apetito que funciona en ratones sin algunos de los efectos secundarios que tienen los fármacos basados en GLP-1», señala Leinwand, en referencia a medicamentos como Ozempic o Wegovy.

Recordemos que los fármacos basados en el GLP-1 son medicamentos que imitan la acción de la hormona intestinal conocida como péptido similar al glucagón de tipo 1 (GLP-1), que reduce el apetito, retrasa el vaciado del estómago y ayuda a controlar el azúcar en sangre. Se usan para tratar la diabetes tipo 2 y, más recientemente, la obesidad. En esta familia farmacológica cabe citar el Ozempic (semaglutida), el Wegovy (semaglutida, para pérdida de peso) y la Saxenda (liraglutida).

¿Existe este mecanismo en el ser humano?

El pTOS no es exclusivo de las serpientes. También está presente en los seres humanos, aunque en niveles mucho más bajos. Aun así, los datos muestran que su concentración aumenta tras las comidas, generalmente entre dos y cinco veces.

Este patrón no aparece en todos los casos: en personas con diabetes de tipo 2 u otras alteraciones del metabolismo, ese aumento puede estar ausente, lo que abre nuevas preguntas sobre su papel en la salud metabólica.

Durante años, la investigación del apetito se ha centrado en hormonas como el GLP-1, base de algunos de los tratamientos más populares contra la obesidad. Pero estos medicamentos no están exentos de problemas: una parte significativa de los pacientes los abandona en el primer año.

«Creemos que todavía hay margen para el desarrollo terapéutico en este mercado», apunta Leinwand.

El descubrimiento del pTOS sugiere que existen vías alternativas, basadas en metabolitos naturales, para regular el hambre sin efectos adversos.

Aplicaciones futuras: de la biología a los medicamentos

El equipo ya ha comenzado a explorar aplicaciones prácticas. Leinwand y sus colaboradores han fundado una empresa biotecnológica con el objetivo de desarrollar compuestos inspirados en los metabolitos de las pitones.

La idea es diseñar versiones sintéticas que reproduzcan sus efectos en humanos, no solo para la pérdida de peso, sino también para otros problemas como la pérdida de masa muscular asociada al envejecimiento.

Aun así, los investigadores insisten en que este es solo el comienzo. El pTOS es uno entre cientos de metabolitos que cambian tras la alimentación en las pitones, algunos de ellos con incrementos de hasta 800%.

«No nos vamos a quedar solo con este metabolito. Queda mucho más por aprender», concluye Leinwand.▪️(20-marzo-2026)

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