La vida puede saltar de planeta en planeta incrustada en las rocas lanzadas por el impacto de grandes asteroides
Un experimento demuestra que algunas bacterias pueden sobrevivir a las presiones extremas generadas cuando un asteroide golpea Marte y lanza fragmentos de roca al espacio. El hallazgo refuerza la idea de que la vida podría viajar entre planetas incrustada en meteoritos.
Por Enrique Coperías, periodista científico
Ilustración conceptual de un asteroide impactando la superficie de Marte y expulsando fragmentos de roca al espacio. Algunos de estos restos podrían transportar microorganismos capaces de sobrevivir al impacto y viajar entre planetas. Crédito: IA-DALL-E-RexMolón Producciones
Un equipo de ingenieros y microbiólogos de la Universidad Johns Hopkins, en Estados Unidos, ha logrado algo que hasta hace poco pertenecía más al terreno de la especulación que al de la evidencia experimental: demostrar que un microorganismo extremófilo —un ser vivo microscópico capaz de sobrevivir y reproducirse en condiciones extremas, como temperaturas muy altas o bajas, radiación intensa, gran presión o ausencia de agua— puede sobrevivir a las presiones brutales asociadas a la eyección de rocas desde Marte tras el impacto de un gran asteroide.
El hallazgo refuerza, con datos medidos en laboratorio, una de las hipótesis más sugerentes de la astrobiología: que la vida puede viajar de un planeta a otro a lomos de fragmentos de roca arrancados por impactos cósmicos.
El estudio, publicado en la revista PNAS Nexus, aborda una pregunta clave para la ciencia planetaria y la protección de los planetas: ¿pueden los microorganismos soportar las condiciones extremas generadas en el instante en que un impacto lanza al espacio material rocoso desde la superficie de un planeta?
Qué es la litopanspermia y por qué importa
La cuestión no es menor. Sabemos que existen meteoritos marcianos en la Tierra, lo que implica que fragmentos de Marte han sido expulsados al espacio y han acabado cayendo aquí. Si en esas rocas hubiera habido microbios, ¿habrían resistido al choque inicial,al viaje interplanetario y al posterior impacto contra otro mundo?
Esa posibilidad constituye el núcleo de la hipótesis de la litopanspermia: la idea de que la vida puede dispersarse entre planetas incrustada en rocas.
Hasta ahora, los experimentos disponibles ofrecían resultados desalentadores. Diversos estudios con bacterias comunes, como la Escherichia coli y la Shewanella oneidensis, mostraban que la supervivencia caía en picado al aumentar la presión. En el rango de presiones entre 0 y 5 gigapascales (GPa) —el necesario para expulsar rocas desde Marte al espacio— la supervivencia de los microorganismos se desplomaba con aumentos relativamente pequeños de presión.
El experimento: cómo simular un impacto desde Marte
El problema, además, era metodológico. Muchos de los experimentos previos no controlaban con precisión la presión real sufrida por las muestras biológicas ni recuperaban todo el material tras el impacto. Las presiones se estimaban indirectamente a partir de la velocidad del proyectil y de cálculos simplificados de física de choques.
La heterogeneidad de los resultados dificultaba extraer conclusiones sólidas, algo que incluso informes oficiales habían señalado como insuficiente para orientar políticas de protección planetaria.
El nuevo trabajo opta por un enfoque distinto. En lugar de un impacto caótico contra un blanco irregular, los investigadores utilizaron un sistema de impacto de placas presión–cizalla, una técnica desarrollada en ciencia de materiales que permite aplicar presiones controladas y medibles durante microsegundos. En este dispositivo, una placa proyectil impacta contra un conjunto de placas de acero entre las que se sitúa la muestra biológica, en una suerte de sándwich cuidadosamente diseñado. Mediante interferometría láser, los científicos pueden medir en tiempo real la evolución de la presión ejercida sobre la muestra.
El microorganismo elegido: «Deinococcus radiodurans»
Para la prueba eligieron un candidato poco convencional pero bien conocido por su resistencia: la Deinococcus radiodurans, una bacteria célebre por soportar niveles extremos de radiación, desecación y frío. Este extremófilo, apodado en ocasiones la bacteria más resistente del mundo, ya había demostrado sobrevivir a condiciones similares a las del espacio.
🗣️ Faltaba saber cómo respondería a las presiones súbitas asociadas a un gran impacto. «Aún no sabemos si hay vida en Marte, pero si la hubiera es probable que tenga capacidades similares», explica Kaliat (K. T.) Ramesh, autor sénior del estudio, en un comunicado de la Johns Hopkins.
Los resultados sorprendieron incluso a los autores:
✅ A 1,4 GPa —la presión más baja que pudieron aplicar con precisión en su sistema— la supervivencia media fue del 95%. Es decir, prácticamente todas las bacterias conservaron su capacidad de formar colonias tras el impacto.
✅ A 1,9 GPa, la supervivencia rondaba el 90%.
✅ Incluso a 2,4 GPa, una presión superior al módulo volumétrico del agua (2,16 GPa), el 60% de las células seguía siendo viable.
La caída de la supervivencia con la presión se ajusta a una ley potencial: por debajo de 1 GPa, la supervivencia es prácticamente total; a partir de ahí, disminuye progresivamente. Una extrapolación sugiere que la tasa de supervivencia descendería por debajo de 10⁻⁶ en torno a 3,1 GPa. En un experimento adicional a 2,9 GPa, aunque la estimación fue menos precisa, la supervivencia fue inferior al 10%, en línea con esa tendencia.
Experimento en el que los investigadores sometieron bacterias a presiones extremas similares a las generadas por impactos de asteroides. Los microbios sobrevivieron a casi todas las pruebas a 1,4 gigapascales y alrededor del 60% siguió vivo a 2,4 gigapascales, aunque a estas presiones más altas se observaron daños en membranas celulares y estructuras internas. Cortesía: Johns Hopkins University.
Qué ocurre dentro de la célula tras el impacto
Comparados con los datos disponibles para otras bacterias en el mismo rango de presiones, los resultados de Deinococcus radiodurans son órdenes de magnitud superiores. Mientras que la Escherichia coli y la Shewanella oneidensiss mostraban supervivencias de entre el 0,01% y el 1% alrededor de 1,4 GPa, el extremófilo mantenía cifras cercanas al 100%. Incluso frente a Thermus thermophilus, otra bacteria resistente, los datos de la Deinococcu en fase exponencial resultan notablemente mejores.
🗣️ «Esperábamos que estuviera muerta con esa primera presión. Empezamos a dispararle cada vez más rápido. Seguíamos intentando matarla, pero era realmente difícil de eliminar», relata la autora principal, Lily Zhao.
No todo fue inmunidad. Las imágenes obtenidas mediante microscopía electrónica de transmisión revelaron que, a 2,4 GPa, algunas células presentaban membranas rotas y daños internos, coherentes con la disminución de la supervivencia. A 1,4 GPa, en cambio, la morfología típica en tétradas —cuatro células agrupadas— se mantenía intacta.
El principal daño es mecánico, no químico
El equipo fue más allá, y analizó la respuesta molecular de las bacterias tras el impacto mediante la secuenciación de ARN. Es la primera vez que se estudia la respuesta transcriptómica de un microorganismo sometido a presiones dinámicas tan elevadas. Tras impactos de 2,4 GPa, se observó una activación de genes implicados en la reparación del ADN, la recombinación genética y los mecanismos de defensa, mientras que rutas asociadas al crecimiento y la síntesis de componentes celulares aparecían reprimidas.
Es decir, las células priorizaban reparar daños antes que dividirse.
Llamativamente, no se detectó una fuerte activación de sistemas clásicos de respuesta al estrés oxidativo, lo que sugiere que el daño principal no fue químico sino mecánico. Los investigadores proponen que la rotura celular no se produce durante la compresión máxima, sino en la fase de descarga rápida de la presión, cuando la energía elástica acumulada en la envoltura celular se libera bruscamente.
La clave de la colonización extraterrestre: la carga microbiana
Para explorar esta idea, desarrollaron un modelo simplificado que trata la bacteria como una esfera llena de fluido —aproximando su contenido al comportamiento del agua— rodeada por una envoltura elástica. Según este modelo, existe una presión crítica a partir de la cual, durante la descompresión, la pared celular puede romperse.
Con parámetros razonables para el grosor y el radio de Deinococcus radiodurans, la presión crítica estimada ronda 1 GPa, una cifra coherente con el umbral a partir del cual empieza a disminuir la supervivencia en los experimentos.
En un escenario real, la situación sería aún más compleja. Las rocas eyectadas por un impacto presentan heterogeneidades, porosidades y gradientes de presión. No todas las bacterias experimentarían la misma carga mecánica. En poblaciones grandes, incluso tasas de supervivencia bajas podrían traducirse en miles o millones de células viables si la carga microbiana inicial fuera alta.
Implicaciones para el origen de la vida
Las implicaciones son múltiples. Para la hipótesis de la litopanspermia, el trabajo aporta una pieza experimental crucial: al menos algunos microorganismos podrían sobrevivir a la fase de eyección desde Marte. Si además soportan el frío, la radiación y el vacío del espacio —algo ya demostrado para Deinococcus radiodurans en otras investigaciones— y el impacto final en otro planeta, la transferencia natural de vida deja de ser una mera conjetura.
🗣️ «Hemos demostrado que es posible que la vida sobreviva a un impacto a gran escala y a la eyección. Lo que eso significa es que la vida podría potencialmente moverse entre planetas. ¡Quizá seamos marcianos!», afirma Zhao.
Para la protección planetaria, los resultados obligan a extremar la cautela. Si microbios terrestres pudieran sobrevivir a impactos y viajar en fragmentos de roca, la contaminación cruzada entre mundos no es un escenario trivial. Las misiones de retorno de muestras o las exploraciones de lunas y planetas potencialmente habitables deberán considerar estos límites ampliados de la resiliencia biológica.
«La vida podría, de hecho, sobrevivir a ser expulsada de un planeta y trasladarse a otro. Esto es realmente algo muy importante que cambia la manera en que piensas sobre la cuestión de cómo empieza la vida y cómo comenzó la vida en la Tierra», subraya Ramesh. Y añade una advertencia con implicaciones prácticas: «Puede que tengamos que ser muy cuidadosos con qué planetas visitamos».
Y, en un plano más filosófico, el estudio invita a reconsiderar la fragilidad aparente de la vida. En un universo bombardeado durante miles de millones de años por asteroides y cometas, quizá la vida no solo resiste los impactos: puede utilizarlos como vehículo.▪️(4-marzo-2026)
Información facilitada por la Universidad Johns Hopkins
Fuente: Lily Zhao, Cesar A Perez-Fernandez, Jocelyne DiRuggiero, K. T. Ramesh. Extremophile survives the transient pressures associated with impact-induced ejection from Mars. PNAS Nexus (2026). DOI: https://doi.org/10.1093/pnasnexus/pgag018

