Descubren ADN humano antiguo en una pintura rupestre por primera vez: el hallazgo podría identificar a los primeros artistas de la prehistoria
Un equipo internacional de investigadores logra recuperar ADN humano antiguo de una pintura rupestre y de las paredes de varias cuevas prehistóricas de España y Portugal. El descubrimiento abre la posibilidad de identificar algún día a los autores del arte paleolítico y podría aportar nuevas pruebas sobre el papel de los neandertales en el origen del arte.
Por Enrique Coperías, periodista científico
Un investigador toma una muestra microscópica de pigmento en una figura claviforme de la cueva del Tebellín (Asturias). Este muestreo permitió analizar si las paredes del arte rupestre conservan ADN humano antiguo, una técnica que podría revolucionar el estudio de los primeros artistas de la prehistoria. Cortesía: Alberto Martínez Villa; from: Bossoms Mesa et al., Nature Communications (2026)
Las paredes de las cuevas paleolíticas han sido contempladas por arqueólogos y paleoantropólogos como una inmensa galería de arte cuyos autores permanecían condenados al anonimato. Los arqueólogos podían fechar las pinturas, estudiar los pigmentos o reconstruir las técnicas utilizadas para crearlas, pero responder a una pregunta aparentemente sencilla seguía siendo imposible: ¿quién pintó realmente aquellas figuras?
Ahora, un hallazgo inesperado podría acercarnos a esa respuesta. Por primera vez, un equipo internacional de investigadores ha conseguido recuperar ADN humano antiguo directamente de las paredes de varias cuevas prehistóricas de la península ibérica, incluida una superficie con pigmento, y demostrar que la roca puede conservar durante milenios el rastro biológico de quienes la tocaron.
El descubrimiento, publicado en la revista Nature Communications, supone un avance que podría llevar por una nueva senda a la arqueogenética, la disciplina científica que combina la arqueología y la genética para estudiar el ADN de restos antiguos y reconstruir el origen, la evolución, las migraciones y las relaciones, en este caso, de las poblaciones humanas del pasado.
Por qué este descubrimiento es tan importante
Hasta ahora, los científicos obtenían ADN antiguo principalmente de huesos, dientes, sedimentos o algunos objetos fabricados por nuestros ancestros. Sin embargo, las manifestaciones de arte rupestre permanecían prácticamente fuera del alcance de estas técnicas, lo que impedía relacionarlas con poblaciones humanas concretas y alimentaba uno de los debates más apasionantes de la prehistoria: determinar con certeza quién realizó las primeras obras de arte conocidas.
El estudio forma parte del proyecto internacional First Art, que está liderado por investigadores españoles y portugueses junto con especialistas del Instituto Max Planck de Antropología Evolutiva de Leipzig, en Alemania, y otras instituciones de Europa y Asia. El objetivo inicial del proyecto era estudiar la cronología y la composición química del arte rupestre paleolítico.
Sin embargo, el espectacular desarrollo de las técnicas de secuenciación genética llevó al equipo a plantearse una idea que hace apenas unos años parecía poco menos que imposible: buscar ADN directamente sobre las paredes donde pintaron nuestros antepasados.
Vista del techo policromado de la cueva de Altamira, una de las mayores obras maestras del arte paleolítico. Los investigadores analizaron pequeñas muestras de pigmento desprendidas de forma natural para buscar restos de ADN humano antiguo sin alterar las pinturas originales. Cortesía: Matthias Meyer
Soplaban los pigmentos con la boca o con ayuda de huesos huecos
«Sabemos que parte del arte rupestre se aplicó soplando el pigmento sobre la pared o frotándolo directamente contra la roca — explica Hipólito Collado Giraldo, arqueólogo especialista en arte rupestre de la Junta de Extremadura y coordinador del proyecto First Art. Y añade—: Dada la enorme sensibilidad que han alcanzado las técnicas actuales de análisis de ADN antiguo, queríamos comprobar si ese tipo de contacto podía haber dejado restos genéticos que permitieran obtener el perfil biológico de quienes realizaron las pinturas».
La hipótesis no era descabellada. El ADN tiene una notable capacidad para adherirse a determinadas superficies minerales, especialmente cuando queda protegido por finas capas de calcita.
Si, además, los artistas paleolíticos soplaban el pigmento utilizando la boca —o mediante pequeños huesos huecos que actuaban como aerógrafos—, era razonable pensar que diminutas cantidades de saliva, sudor o células epiteliales hubieran podido quedar atrapadas en la roca y conservarse durante miles de años.
El análisis de muestras obtenidas de once cuevas con arte rupestre
Para comprobarlo, los investigadores diseñaron uno de los estudios más ambiciosos realizados hasta la fecha sobre arte rupestre. Analizaron 120 muestras procedentes de once cuevas de España y Portugal, entre ellas Altamira, Maltravieso, Cudón, Covarón, Escoural, El Higuerón, El Toro y Les Pedroses.
Las muestras incluían pinturas, costras calcíticas, fragmentos de roca sin pigmento, sedimentos arqueológicos, restos óseos e incluso un singular instrumento prehistórico hallado en Altamira: un hueso de ave utilizado como aerógrafo para pulverizar ocre rojo sobre las paredes de la cueva.
Cómo se buscó ADN en las pinturas rupestres
El procedimiento fue extraordinariamente delicado. Los científicos retiraron cantidades ínfimas de material utilizando bisturís esterilizados y pequeños taladros odontológicos, además de recoger diminutos fragmentos minerales desprendidos de forma natural.
Después aplicaron las técnicas más avanzadas de extracción y secuenciación de ADN antiguo, capaces de recuperar moléculas extremadamente degradadas y distinguirlas de posibles contaminaciones modernas.
Los resultados sorprendieron incluso a los propios investigadores.
La gran sorpresa apareció en las paredes sin pintar
Entre las 120 muestras analizadas, cinco conservaron ADN humano antiguo auténtico. La más llamativa procedía de la cueva portuguesa del Escoural, localizada en el municipio alentejano de Montemor-o-Novo: una costra de calcita que cubría una superficie pintada. Allí apareció ADN mitocondrial y ADN nuclear humano con claras señales de antigüedad, un hallazgo sin precedentes en el estudio del arte rupestre.
Pero la sorpresa fue todavía mayor cuando comenzaron a analizar las muestras que, en teoría, debían servir solo como controles negativos. Varias zonas de roca aparentemente desnuda, sin ningún resto visible de pigmento, también contenían ADN humano antiguo. Dos procedían igualmente del Escoural y otras dos de la cueva de El Covarón, que está situada en las cercanías de la localidad asturiana de Parres, en el concejo de Llanes.
«Aunque todavía no podemos relacionar directamente el ADN humano que hemos encontrado con la realización del arte rupestre, esta es la primera demostración de que el ADN humano puede conservarse en las paredes de las cuevas durante miles de años —comenta Alba Bossoms Mesa, investigadora doctoral del Instituto Max Planck y primera autora del trabajo. Y continúa—: Resulta emocionante pensar que quizá hayamos descubierto una nueva forma de estudiar la presencia humana en la prehistoria».
Fragmento de calcita procedente de la cueva de Escoural (Portugal), con restos de pigmento en su cara inferior. Esta diminuta muestra permitió recuperar por primera vez ADN humano antiguo asociado a una superficie con arte rupestre, un hallazgo que abre nuevas vías para investigar la identidad de los primeros artistas prehistóricos. Cortesía: Alba Bossoms Mesa
ADN humano, pero no ADN animal
El detalle más revelador apareció al comparar el ADN humano con el ADN de otros animales presentes en las mismas muestras. En dos de ellas —la costra pigmentada de Escoural y una zona sin pigmento de la misma cueva— no apareció ningún rastro de ADN de fauna. Esa ausencia resulta extraordinariamente significativa.
En los sedimentos arqueológicos suele encontrarse una mezcla de ADN procedente de numerosos animales que habitaron o pasaron por la cavidad. Que solo aparezca ADN humano apunta a que este fue depositado de forma directa por personas, quizá mediante saliva, sudor o el simple contacto de las manos sobre la roca.
En cambio, otras tres muestras sí contenían ADN humano y ADN animal, lo que sugiere un origen diferente. En esos casos, los investigadores creen que el material genético pudo llegar a las paredes transportado de forma accidental por sedimentos, barro o agua que circuló por el interior de las cuevas durante miles de años.
Esa diferencia resulta crucial, porque demuestra que no todo el ADN encontrado sobre una pared tiene necesariamente relación con quienes realizaron las pinturas. Es por ello por lo que los investigadores insisten en que todavía es demasiado pronto para afirmar que han encontrado el ADN de los artistas paleolíticos. Pero el simple hecho de demostrar que ese ADN puede sobrevivir durante milenios cambia por completo el panorama de la investigación prehistórica.
ADN de mujeres y hombres
Hasta ahora, las paredes de las cuevas eran consideradas poco más que un soporte mineral para las pinturas. A partir de este trabajo empiezan a contemplarse como auténticos archivos biológicos, capaces de conservar la huella genética de quienes las recorrieron, las tocaron... y quizá también de quienes las convirtieron en algunas de las primeras galerías de arte de la humanidad.
Lo más llamativo del estudio es que el ADN recuperado no solo permite confirmar la presencia de seres humanos en estas cavidades, sino que empieza a ofrecer información sobre quiénes eran.
El análisis genético reveló que el ADN recuperado en tres de las muestras procedía mayoritariamente de mujeres, mientras que otra pertenecía principalmente a un hombre; una quinta muestra no pudo atribuirse con seguridad a ninguno de los dos sexos.
Material genético de cazadores-recolectores occidentales
En el caso de dos fragmentos de pared de la cueva asturiana de El Covarón, el ADN nuclear permitió incluso situar genéticamente a sus propietarios dentro del grupo de los cazadores-recolectores occidentales, la población que ocupó buena parte de Europa tras el final de la última glaciación.
El resultado coincide con lo que ya se conocía de otros antiguos habitantes de la península ibérica, y demuestra que estas paredes pueden conservar mucha más información de la que se sospechaba.
Las imágenes muestran algunas de las once cuevas paleolíticas de España y Portugal analizadas en el estudio y las distintas técnicas de muestreo utilizadas para recoger cantidades microscópicas de pigmento y calcita. Estos procedimientos, diseñados para minimizar el impacto sobre el arte rupestre, permitieron investigar por primera vez si las paredes de las cuevas conservan ADN humano antiguo. Cortesía: Nature Communications
¿Qué antigüedad tiene el ADN rescatado?
Los investigadores también intentaron determinar la antigüedad de ese ADN. No resulta sencillo fechar de forma directa unas pocas moléculas extremadamente degradadas, pero las señales químicas que deja el paso del tiempo sobre el ADN permiten establecer estimaciones mínimas.
Los análisis indican que las muestras recuperadas tienen, al menos, unos 2.000 años de antigüedad y probablemente sean mucho más antiguas.
En la cueva portuguesa de Escoural, además, la historia geológica del yacimiento aporta una pista adicional: la cavidad quedó sellada tras el Calcolítico y no volvió a abrirse hasta 1963 como consecuencia de trabajos de cantera. Eso significa que el ADN conservado en sus paredes tiene, como mínimo, entre 4.000 y 5.000 años, aunque perfectamente podría remontarse al Paleolítico Superior, cuando se realizaron muchas de las pinturas de la cueva.
El caso de Altamira
Sin embargo, el estudio también deja claro que aún queda mucho camino por recorrer antes de poder poner nombre —o, al menos, identidad genética— a los artistas prehistóricos. Los propios autores son extraordinariamente prudentes. Aunque el ADN apareció precisamente bajo una costra calcítica pigmentada, todavía no existe ninguna prueba definitiva de que perteneciera a la persona que pintó aquella figura.
Es posible que ambas huellas, la pintura y el ADN, se depositaran con miles de años de diferencia.
Esa cautela se debe, en parte, a que la conservación del ADN resultó ser mucho más irregular de lo esperado. De los veinticuatro paneles de arte rupestre estudiados, solo uno proporcionó ADN humano antiguo asociado a una superficie con pigmento. Los demás paneles no conservaron suficiente material genético para poder analizarlo.
Tampoco dio resultado uno de los experimentos más prometedores del proyecto: el análisis de un pequeño hueso de ave descubierto en Altamira que, según todos los indicios arqueológicos, fue utilizado hace miles de años como un aerógrafo para proyectar ocre rojo sobre las paredes.
El célebre bisonte policromo de Altamira, una de las grandes obras maestras del arte magdaleniense. Cortesía: Museo de Altamira y D. Rodríguez
Qué información revela ese ADN
Los investigadores esperaban encontrar restos de saliva en su interior. Al fin y al cabo, el artista habría soplado repetidamente a través del hueso para pulverizar el pigmento. Sin embargo, el análisis no recuperó ADN antiguo. La explicación más probable es que el objeto ha sido manipulado durante décadas por investigadores y conservadores, y ha acumulado una elevada contaminación moderna que enmascara cualquier resto genético paleolítico.
Lejos de considerarlo un fracaso, el equipo cree que este resultado pone de manifiesto la enorme fragilidad del ADN antiguo y la necesidad de seguir perfeccionando las técnicas de muestreo.
🗣️ «La conservación del ADN humano en las paredes de las cuevas es muy variable —dice Bossoms Mesa. Y añade—: Pero cuando sobrevive, cuenta una historia extraordinaria. Estos primeros resultados son prometedores, aunque ahora nuestra prioridad debe ser perfeccionar los métodos y comprender en qué condiciones podemos esperar mayores probabilidades de éxito».
¿Podrá identificarse algún día al artista de una pintura?
Precisamente esa mejora metodológica podría tener consecuencias espectaculares en los próximos años. Si futuras investigaciones consiguen recuperar cantidades mayores de ADN procedente de un único individuo, sería posible determinar con mucha más precisión su sexo, su parentesco con otras poblaciones prehistóricas e incluso estimar la antigüedad del propio ADN mediante técnicas genéticas.
Combinado con las dataciones por uranio-torio de las costras calcíticas que cubren muchas pinturas, el método podría permitir saber si una determinada huella genética fue depositada durante la elaboración de la obra o en un momento posterior.
Las implicaciones trascienden incluso el propio estudio del arte rupestre. Las paredes de las cuevas podrían convertirse en una nueva fuente de información para reconstruir la vida de poblaciones humanas de las que nunca se han encontrado esqueletos. Allí donde no existan huesos, herramientas o sedimentos bien conservados, bastaría con analizar pequeñas muestras de roca para averiguar quiénes ocuparon la cavidad, de qué linaje procedían, hasta dónde se internaban en sus galerías o si determinados espacios eran utilizados preferentemente por hombres o por mujeres.
🗣️ «Este estudio cambia por completo nuestra forma de pensar sobre los lugares donde puede conservarse el ADN antiguo —afirma Matthias Meyer, paleogenetista del Instituto Max Planck de Antropología Evolutiva y codirector del trabajo. Y añade—: Nos sorprendió comprobar que el ADN antiguo podía recuperarse no solo en muestras con pigmento, sino también en paredes aparentemente desnudas, sin ninguna evidencia visible de actividad humana. Ahora podemos empezar a formular preguntas completamente nuevas: ¿quién tocó esta pared?, ¿era un hombre o una mujer?, ¿a qué población pertenecía?, ¿hasta dónde se adentraban los humanos en las cuevas?».
Investigadores del proyecto FIRST ART trabajan en la cueva de Maltravieso (Cáceres), donde se identificaron algunas de las representaciones rupestres más antiguas de Europa. Cortesía: Junta de Extremadura
Qué significa este descubrimiento para los neandertales
Collado Giraldo coincide en que el potencial del hallazgo va mucho más allá de la autoría de las pinturas: «Esto no trata únicamente del arte rupestre. Se trata de comprender cómo utilizaban las cuevas nuestros antepasados y en qué lugares dejaron su huella».
Quizá la consecuencia más sugerente del descubrimiento sea precisamente esa. Durante más de un siglo, el debate sobre la capacidad artística de los neandertales ha dependido casi exclusivamente de la datación de las pinturas y del contexto arqueológico donde aparecían. Si algún día fuera posible recuperar ADN directamente asociado al proceso de creación de una obra, la discusión podría abandonar definitivamente el terreno de las hipótesis para entrar en el de la evidencia genética.
Los propios investigadores son conscientes de que todavía están muy lejos de alcanzar ese objetivo. Quieren analizar muchas más cuevas, ampliar el estudio a plantillas de manos, figuras de animales y otros estilos pictóricos, además de seguir refinando unas técnicas que apenas empiezan a demostrar su potencial.
🗣️ «Esto no ha hecho más que empeza —sostiene Meyer. Y concluye—: Ahora sabemos que las paredes de las cuevas son auténticos archivos genéticos de la presencia humana. El siguiente paso será estudiar más yacimientos, más estilos artísticos y más técnicas pictóricas. Con el tiempo quizá podamos descubrir quiénes fueron los autores de, al menos, algunas de las grandes obras del arte paleolítico y poner, si no un rostro, al menos una identidad genética a los primeros artistas de nuestra especie».
Sería una revolución silenciosa. Después de decenas de miles de años contemplando bisontes, caballos o manos impresas sobre la roca, quizá estemos empezando a encontrar también la huella más íntima de quienes sostuvieron el pigmento entre sus dedos.▪️(28-junio-2026)
PREGUNTAS & RESPUESTAS: ADN y Paleoarte
🧬 ¿Qué es el ADN antiguo?
Es el material genético conservado durante miles de años en restos biológicos o superficies arqueológicas y que puede analizarse mediante técnicas de secuenciación.
🧬 ¿Dónde apareció el ADN?
En una costra calcítica asociada a una pintura rupestre de la cueva portuguesa de Escoural y en varias paredes de las cuevas de Escoural y Covarón.
🧬 ¿Se ha identificado ya al artista?
No. Los investigadores insisten en que todavía no es posible demostrar que el ADN pertenezca a quien realizó la pintura.
🧬 ¿Podría resolverse el debate sobre los neandertales?
Todavía no. Pero el descubrimiento abre una vía completamente nueva para intentar averiguar quién creó algunas manifestaciones del arte paleolítico.
LO MÁS IMPORTANTE DEL ESTUDIO, EN 30 SEGUNDOS
Por primera vez se ha encontrado ADN humano antiguo en una pintura rupestre.
El ADN también apareció en paredes de cuevas sin pigmento, demostrando que la roca puede conservar material genético durante milenios.
El estudio analizó 120 muestras de once cuevas de España y Portugal, entre ellas Altamira.
Los investigadores creen que las cuevas pueden convertirse en archivos genéticos de la actividad humana prehistórica.
En el futuro podría ser posible identificar a los artistas que realizaron algunas pinturas paleolíticas.
Información facilitada por el Instituto Max Planck de Antropología Evolutiva de Leipzig
Fuente: Bossoms Mesa, A., Essel, E., Jáuregui, L. et al. Investigating ancient human DNA preservation on cave walls and in rock art.Nature Communications (2026). DOI: https://doi.org/10.1038/s41467-026-74234-2

