Los adolescentes cuyos padres usan demasiado el móvil se sienten más inseguros, según un estudio
Mientras padres e hijos comparten el mismo sofá, muchos adolescentes sienten que compiten contra una pantalla por conseguir atención. Ahora, un estudio advierte de que cuando los progenitores están demasiado pendientes del móvil, sus hijos tienden a desarrollar vínculos emocionales más inseguros, un factor relacionado con la ansiedad, la depresión y dificultades en las relaciones futuras.
Por Enrique Coperías, periodista científico
El estudio halló que los adolescentes que perciben a sus padres distraídos por el teléfono móvil muestran niveles más elevados de apego inseguro, una forma de vinculación asociada con ansiedad y dificultades en las relaciones personales. Crédito: IA-Copilot-RexMolón-Producciones
Una escena aparentemente trivial puede esconder una herida emocional profunda. Una madre responde un mensaje mientras su hijo le cuenta cómo le ha ido el día. Un padre revisa las redes sociales durante un partido de fútbol escolar. Una adolescente intenta iniciar una conversación importante y recibe como respuesta un distraído «ajá» sin que la mirada abandone la pantalla.
Son situaciones cotidianas en millones de hogares, pero una nueva investigación sugiere que podrían tener consecuencias más importantes de lo que imaginamos: los adolescentes cuyos padres están frecuentemente distraídos con sus dispositivos electrónicos tienden a sentirse más inseguros en su vínculo afectivo con ellos.
La idea que dio origen al estudio surgió precisamente de una experiencia personal que impactó profundamente a uno de sus autores. «Una colega psicóloga clínica, que además es una madre fantástica y conocía mi trabajo sobre el comportamiento relacionado con los dispositivos, me contó hace varios años que su hija le había preguntado si quería más a su teléfono que a ella. Mi brillante colega se quedó completamente atónita y devastada», recuerda Don Grant, sociólogo del Centro de Investigación e Innovación de Newport Healthcare, en Nashville (Estados Unidos).
¿Qué es el apego inseguro?
El estudio, publicado en la revista Frontiers in Psychology, analizó las respuestas de seiscientos adolescentes estadounidenses de entre doce y diecisiete años y encontró una relación consistente entre la percepción de que sus cuidadores están demasiado pendientes del móvil y mayores niveles de apego inseguro, tanto con figuras maternas como paternas.
➡️ Recordemos que el apego inseguro es un patrón de relación que se desarrolla cuando una persona percibe, en especial durante la infancia y la adolescencia, que sus figuras de referencia no siempre están disponibles emocionalmente, responden de forma inconsistente a sus necesidades o generan incertidumbre afectiva.
Como consecuencia, el individuo puede crecer con dificultades para confiar en los demás y en sí mismo, mostrando una necesidad excesiva de aprobación y miedo al abandono (apego ansioso) o, por el contrario, evitando la intimidad emocional para protegerse del rechazo (apego evitativo). Diversos estudios han relacionado el apego inseguro con una mayor vulnerabilidad a la ansiedad, la depresión, la baja autoestima y los problemas en las relaciones personales, aunque también subrayan que estos patrones pueden modificarse y mejorar a lo largo de la vida mediante experiencias afectivas seguras y relaciones saludables.
A pesar de que la nueva investigación no demuestra que el uso del móvil cause directamente problemas emocionales, sí aporta nuevas evidencias sobre un fenómeno cada vez más estudiado por los psicólogos: la sensación de abandono que puede generar la atención fragmentada en la era digital.
El móvil como nueva fuente de desconexión emocional
Los investigadores utilizan términos como technoference —una combinación de las palabras tecnología e interferencia— y phubbing —formado a partir de phone (teléfono) y snubbing (desairar)— para describir esas situaciones en las que una persona interrumpe o degrada una interacción social debido a la atención que presta a un dispositivo electrónico.
En las relaciones de pareja, este fenómeno ya se había asociado con una menor satisfacción sentimental, más conflictos y una peor calidad de la relación. Sin embargo, solo recientemente los científicos han comenzado a preguntarse qué ocurre cuando la persona ignorada no es una pareja, sino un hijo.
La preocupación no parece exagerada. En una encuesta del Pew Research Center realizada en 2024, el 46% de los adolescentes afirmó que al menos uno de sus padres se distrae con frecuencia mirando el teléfono durante las conversaciones. Cuatro años antes, un 68% de los propios padres reconocía que, al menos ocasionalmente, el smartphone les distraía cuando estaban con sus hijos.
➡️ Para los autores, estos datos reflejan una realidad cada vez más común: la atención de los adultos compite constantemente con las notificaciones, mensajes, vídeos y redes sociales que habitan en sus teléfonos.
Grant asegura que comenzó a detectar esta situación hace años en su práctica clínica. «Hace más o menos una década empecé a observar algunos comportamientos preocupantes relacionados con el uso de dispositivos electrónicos por parte de los cuidadores principales. Además, mis pacientes adolescentes comenzaron a compartir sus sentimientos negativos sobre esas mismas conductas. También surgían con frecuencia durante las sesiones de terapia familiar».
La inseguridad afectiva durante la adolescencia se ha relacionado con problemas de autoestima, depresión, dificultades para regular las emociones y una mayor sensación de aislamiento social. Foto de Fernando @cferdophotography en Unsplash
Un vínculo construido sobre la atención
La investigación se apoya en una de las teorías más influyentes de la psicología moderna: la teoría del apego, desarrollada en 1958 por el psiquiatra británico John Bowlby.
Según esta teoría, los niños necesitan que sus cuidadores estén disponibles física y emocionalmente para desarrollar una sensación de seguridad. A través de miles de interacciones cotidianas, aprenden si sus necesidades serán escuchadas, si pueden confiar en los demás y si son importantes para quienes les rodean.
Cuando los padres responden de forma consistente y sensible, suele desarrollarse un apego seguro. Por el contrario, la imprevisibilidad, la falta de atención o la ausencia emocional pueden, como ya se ha avanzado, favorecer formas de apego inseguro.
Los estudios previos han relacionado este tipo de inseguridad afectiva con problemas de autoestima, ansiedad, depresión, dificultades para regular las emociones, problemas de confianza interpersonal e incluso conductas de riesgo durante la adolescencia y la vida adulta.
La gran pregunta era si las interrupciones constantes provocadas por los dispositivos electrónicos podrían estar convirtiéndose en un nuevo factor de riesgo dentro de esta ecuación.
🗣️ «El apego es moldeable. Por tanto, incluso cuando existe un vínculo de apego seguro con un hijo, este puede transformarse en un apego inseguro, incluso durante la adolescencia —advierte Grant—. Evidentemente, esto no es algo que ningún padre desearía para su hijo».
«Cuando quiero hablar, no deja el móvil»
Para responder a esa cuestión, los investigadores diseñaron una herramienta específica llamada DAIS (Device Attachment Interference Scale), una escala destinada a medir cómo perciben los adolescentes la disponibilidad emocional de sus cuidadores cuando utilizan el smartphone, la tableta u otros dispositivos electrónicos.
Las preguntas no se limitaban a contabilizar cuánto tiempo pasan los padres mirando la pantalla. También exploraban cómo interpretan los jóvenes esas conductas y qué emociones les generan.
Entre las afirmaciones incluidas figuraban frases como estas:
✅ «Mi cuidador principal me ignora cuando está usando un dispositivo».
✅ «Pasa demasiado tiempo con el móvil».
✅ «Su uso del teléfono afecta negativamente a nuestra relación».
✅ «Cuando necesito su atención y no deja el dispositivo, me hace sentir poco importante».
En otras palabras, el estudio no medía solo el comportamiento de los padres, sino también el significado emocional que los adolescentes atribuyen a ese comportamiento.
Los investigadores recuerdan que la disponibilidad emocional de los padres sigue siendo fundamental durante la adolescencia, incluso cuando los jóvenes buscan más independencia y autonomía. Foto de Baylee Gramling en Unsplash
Cuanto mayor es la distracción, mayor es la inseguridad
Los resultados fueron claros. Los adolescentes que obtenían puntuaciones más altas en la escala DAIS —es decir, aquellos que percibían una mayor interferencia del móvil en la relación con sus cuidadores— mostraban también niveles más elevados de apego inseguro.
La asociación apareció tanto en las relaciones con figuras maternas como paternas y se observó en dos formas distintas de inseguridad emocional.
Por un lado, algunos adolescentes manifestaban rasgos de apego ansioso: preocupación por el rechazo, necesidad constante de reafirmación afectiva y miedo a no ser suficientemente importantes para sus padres. Por otro, aparecía el apego evitativo, caracterizado por una mayor distancia emocional y una tendencia a no confiar plenamente en los demás.
Los autores interpretan estos resultados como una señal de que la disponibilidad emocional percibida sigue siendo fundamental durante la adolescencia, una etapa en la que los jóvenes buscan más independencia pero continúan necesitando el apoyo y la validación de sus figuras de referencia.
«El hecho de que nuestros resultados fueran tan significativos en todos los análisis indica que este problema parece ser mucho más frecuente de lo que yo mismo imaginaba», afirma Grant.
Por qué la atención de los padres sigue siendo crucial en la adolescencia
Uno de los aspectos más interesantes del estudio es que desplaza el foco desde la cantidad de tiempo que los padres utilizan el móvil hacia el contexto en que lo hacen.
No es necesariamente problemático que un adulto consulte mensajes o responda correos electrónicos. Lo relevante parece ser cuándo ocurre y cómo es percibido por el adolescente.
Una interrupción puntual probablemente tenga poca importancia. Sin embargo, cuando las respuestas tardan en llegar, las conversaciones quedan suspendidas o la atención se desvía sistemáticamente hacia la pantalla, el mensaje implícito puede ser muy diferente.
Los investigadores sugieren que, desde la perspectiva del adolescente, estas pequeñas interrupciones repetidas podrían interpretarse como señales de indisponibilidad emocional. Y, acumuladas a lo largo de meses o años, acabar influyendo en la percepción de la relación.
Grant considera que existe una generación especialmente expuesta a este riesgo:
🗣️ «Creo que, en especial, los milenials o generación Y necesitan conocer esta investigación. Considerados por muchos como la primera generación de auténticos nativos digitales, podrían haber sido más vulnerables a desarrollar una dependencia de los dispositivos. Ahora están convirtiéndose en padres. Realmente quiero que conozcan este estudio para ayudarles a evitar posibles consecuencias negativas de sus hábitos digitales sobre la seguridad del apego de sus hijos».
Lo que el estudio NO demuestra
Los propios autores insisten en que los resultados deben interpretarse con cautela.
La investigación es correlacional, lo que significa que no permite determinar qué ocurre primero. Es posible que la distracción parental contribuya a generar inseguridad emocional, pero también que los adolescentes con estilos de apego inseguro sean especialmente sensibles a cualquier señal de falta de atención y perciban el uso del móvil de forma más negativa.
Además, toda la información procede de cuestionarios respondidos por los propios adolescentes, sin observaciones directas ni evaluaciones independientes de las conductas familiares.
Para aclarar la dirección de la relación, los investigadores proponen futuros estudios longitudinales e incluso grabaciones de interacciones familiares reales que permitan observar cómo reaccionan padres e hijos cuando los dispositivos están presentes.
Los psicólogos denominan technoference a las interrupciones que provocan los dispositivos electrónicos en las relaciones humanas, una forma de distracción que puede afectar a la calidad de la interacción entre padres e hijos. Crédito: IA-Nano Banana-RexMolón Producciones
Qué recomiendan los expertos
La historia que inspiró esta investigación comenzó, como comentamos al inicio de la noticia, con una pregunta aparentemente inocente. Una niña preguntó a su madre si quería más a su teléfono que a ella. Aquella frase, recogida por uno de los autores del estudio durante su práctica clínica, terminó convirtiéndose en el título del trabajo científico.
Nadie cree que los padres amen más a sus dispositivos que a sus hijos. Pero la psicología lleva décadas mostrando que el afecto no solo se expresa mediante grandes gestos, sino también a través de miles de señales cotidianas: una mirada, una respuesta atenta, una conversación sin interrupciones.
En una época en la que los teléfonos inteligentes nos acompañan casi cada minuto del día, la investigación plantea una cuestión incómoda pero necesaria. Quizá el problema no sea cuánto usamos nuestros dispositivos, sino qué dejamos de ver mientras los usamos.
Porque, para un adolescente que busca atención, comprensión o simplemente sentirse escuchado, unos segundos de contacto visual pueden significar mucho más que cualquier notificación pendiente.
Una cuestión de atención, no de tecnología
Y eso no significa que los padres deban abandonar de manera inmediata todo lo que estén haciendo cada vez que sus hijos pidan ser escuchados.
🗣️«No estamos diciendo que cada vez que un hijo reclame atención un padre tenga que dejar inmediatamente todo lo que está haciendo, incluido lo que esté haciendo con sus dispositivos, para responderle —aclara Grant—. Lo que recomendamos es que, cuando esas demandas de atención se produzcan, los padres las reconozcan y respondan de alguna manera».
Nadie cree que los padres quieran más a sus teléfonos que a sus hijos. Sin embargo, la investigación insiste en que los adolescentes interpretan las señales de disponibilidad emocional de forma muy sensible. A veces, una simple mirada puede ser suficiente para que un adolescente se sienta visto. Y en términos emocionales, eso puede marcar toda la diferencia.▪️ (18-junio-2026)
PREGUNTAS & RESPUESTAS: Teléfono Móvil y Apego Inseguro
📲 ¿Puede el uso del móvil por parte de los padres afectar a la salud mental de los hijos?
Este estudio encontró una asociación entre la distracción parental por dispositivos electrónicos y mayores niveles de apego inseguro en adolescentes. El apego inseguro se relaciona con ansiedad, depresión y dificultades relacionales.
📲 ¿Qué es el apego inseguro?
Es un patrón de relación caracterizado por miedo al rechazo, necesidad excesiva de aprobación o dificultades para confiar emocionalmente en otras personas.
📲 ¿Qué significa phubbing?
Es el comportamiento de ignorar a una persona para prestar atención al teléfono móvil.
📲 ¿Los padres deben dejar el móvil cada vez que sus hijos les hablan?
No necesariamente. Los investigadores recomiendan reconocer las demandas de atención de los hijos y responder de forma consciente, aunque sea brevemente.
📲 ¿La adolescencia sigue siendo una etapa importante para el apego?
Sí. Aunque los adolescentes buscan independencia, continúan necesitando apoyo emocional, validación y disponibilidad por parte de sus padres.
LO MÁS IMPORTANTE DEL ESTUDIO, EN 30 SEGUNDOS
Los adolescentes cuyos padres están frecuentemente pendientes del móvil muestran niveles más altos de apego inseguro.
El estudio analizó a 600 adolescentes de entre doce y diecisiete años en Estados Unidos.
La asociación apareció tanto con figuras maternas como paternas.
El apego inseguro se relaciona con ansiedad, depresión, baja autoestima y problemas en las relaciones interpersonales.
Los investigadores advierten de que el estudio muestra una correlación, no una relación causal demostrada.
TECNOLOGÍA Y ADICCIONES
Información facilitada por Frontiers
Fuente: Grant D., Winston-Lindeboom P., Ruan-Iu L., Shackleford K. E., Nosal B. and Roeske M. Mommy, do you love your phone more than me?”: Parental device use and the adolescent-caregiver attachment bond. Frontiers in Psychology (2026). DOI: https://doi.org/10.3389/fpsyg.2026.1766665

