Los caballos pueden oler el miedo humano, según la ciencia

El sudor humano no solo delata esfuerzo o nervios: también transmite emociones. Un estudio científico demuestra que los caballos detectan el miedo humano a través del olfato y modifican su comportamiento y sus reacciones físicas en consecuencia.

Por Enrique Coperías, periodista científico

Un ensayo científico demuestra que los caballos detectan el miedo humano a través del sudor y modifican su comportamiento y fisiología.

Un ensayo científico demuestra que los caballos detectan el miedo humano a través del sudor y modifican su comportamiento y fisiología. Foto: Lukasz Szramuk

El sudor humano como portador de emociones

El sudor humano no solo delata esfuerzo físico o falta de desodorante. También transporta información emocional. Desde hace años se sabe que, cuando sentimos miedo o alegría, nuestro cuerpo libera compuestos químicos específicos a través del sudor, capaces de influir en otras personas.

Lo que ahora confirma un estudio científico publicado en la revista PLOS One es que esos mensajes invisibles no se quedan solo entre nosotros: los caballos también los perciben y reaccionan ante ellos. Y lo hacen modificando su comportamiento animal y su fisiología cuando huelen el miedo humano.

La investigación, realizada por un equipo francés del Instituto Nacional de Investigación para la Agricultura, la Alimentación y el Medio Ambiente (INRAE) y del Instituto Francés del Caballo y la Equitación, aporta una pieza más a un campo emergente de la ciencia: la comunicación emocional entre especies a través del olfato. Y sus conclusiones no son menores.

Cuando los caballos olfatean el sudor de personas asustadas, se vuelven más temerosos, más reactivos y menos dispuestos a interactuar con los humanos.

Un experimento científico con caballos

El experimento, coordinado por Plotine Jardat, del Institut Français du Cheval et de l’Equitation, y Léa Lansade, de la Universidad François-Rabelais, se diseñó con un rigor poco habitual fuera del laboratorio. Los investigadores recolectaron sudor de las axilas de voluntarios humanos mientras estos veían vídeos diseñados para provocar miedo —fragmentos de películas de terror— o alegría —escenas cómicas y musicales—.

Las muestras se conservaron en frío extremo para preservar sus propiedades químicas. Posteriormente, se expusieron a 43 yeguas de raza Welsh o poni galés, acostumbradas al trato humano, mediante un ingenioso sistema: una especie de bozal de licra con discos de algodón colocados justo delante de los orificios nasales.

Las yeguas fueron sometidas a distintas pruebas estandarizadas que evalúan la reacción al miedo y la relación con las personas: desde la aparición súbita de un objeto inesperado, como un paraguas que se abre de golpe, hasta situaciones de interacción directa, como permitir que un humano se acerque o las acaricie. Todo ello mientras olían sudor humano asociado al miedo, a la alegría o, en el grupo de control, algodón sin olor humano.

El miedo como emoción universal

En palabras de Jardat y Lansade, el resultado no deja lugar a dudas. Las yeguas expuestas al olor del miedo humano se sobresaltaron más ante estímulos inesperados, fijaron más la mirada en objetos nuevos —una señal clásica de alerta— y evitaron el contacto con las personas.

En la prueba de aproximación humana, tocaron menos al experimentador que los animales de los otros grupos. Además, en las situaciones más estresantes, su frecuencia cardiaca máxima se disparó significativamente más que en las yeguas que olían sudor asociado a la alegría o algodón limpio.

En otras palabras: el miedo humano se les contagió.

Este concepto, el de contagio emocional, es clave para interpretar el hallazgo. En biología del comportamiento se habla de contagio emocional cuando el estado emocional de un individuo induce un estado similar en otro, sin necesidad de aprendizaje consciente.

Bozal de licra utilizado en el experimento, con discos de algodón colocados frente a los orificios nasales del caballo para exponerlo a los olores humanos.

Bozal de licra utilizado en el experimento, con discos de algodón colocados frente a los orificios nasales del caballo para exponerlo a los olores humanos. Cortesía: Plotine Jardat / PLOS On

Contagio emocional entre especies

En nosotros, este fenómeno está bien documentado: basta entrar en una habitación donde alguien está muy nervioso para sentir cómo se acelera el pulso. Lo sorprendente es comprobar que este mecanismo puede operar también entre especies, y que el canal sea el olfato.

El miedo es quizá la emoción más antigua y universal del reino animal. Sirve para detectar peligro y activar respuestas rápidas de huida o defensa. Desde un punto de vista evolutivo, tiene sentido que los animales presten atención a señales químicas asociadas al miedo, incluso si proceden de otra especie. Si alguien cerca huele a miedo, algo malo puede estar ocurriendo.

El estudio refuerza esta idea al mostrar que los caballos no solo distinguen entre distintos olores humanos, sino que ajustan su conducta de manera coherente con el significado emocional de esos olores. No se trata de una simple curiosidad sensorial: el animal cambia su estado interno.

¿Y que pasa con la alegría?

Curiosamente, el sudor asociado a la alegría no produjo diferencias claras frente al grupo de control. Las yeguas no mostraron más calma ni mayor interés por los humanos cuando olían alegría que cuando no olían nada humano. Los autores sugieren varias explicaciones:

✅ Por un lado, las señales químicas negativas suelen ser más potentes y urgentes que las positivas.

✅ Por otro, emociones como la alegría pueden ser más complejas o menos relevantes desde un punto de vista adaptativo para una especie distinta.

También es posible que, en un entorno experimental relativamente breve, los efectos positivos necesiten más tiempo o contextos distintos para manifestarse. En nuestra especie, por ejemplo, el olor de la felicidad se ha relacionado con expresiones faciales más positivas o con una percepción más amable del entorno, pero sus efectos son más sutiles que los del miedo.

Si el miedo, el estrés o la ansiedad humana se transmiten al caballo a través del olor, pueden afectar directamente a la seguridad, el bienestar animal y la eficacia del entrenamiento.

Si el miedo, el estrés o la ansiedad humana se transmiten al caballo a través del olor, pueden afectar directamente a la seguridad, el bienestar animal y la eficacia del entrenamiento. Foto de alvin matthews en Unsplash‍ ‍

Implicaciones para el bienestar animal

Desde el punto de vista fisiológico, el estudio encontró un aumento significativo de la frecuencia cardiaca máxima en los caballos que olían miedo durante la prueba más estresante, aunque no se detectaron cambios claros en los niveles de cortisol en saliva, una hormona relacionada con el estrés.

Jardat y Lansade señalan que este parámetro puede variar mucho según el momento del día y que tal vez no sea lo bastante sensible en pruebas cortas. Aun así, el aumento del ritmo cardiaco refuerza la idea de una respuesta emocional genuina.

Más allá del laboratorio, los resultados tienen implicaciones prácticas evidentes. La equitación, el manejo veterinario, la doma, las terapias asistidas con caballos o incluso el simple cuidado diario implican una interacción constante entre humanos y equinos.

Si el miedo, el estrés o la ansiedad de una persona pueden transmitirse al caballo a través del olor, esto podría influir en la seguridad, el bienestar animal y la eficacia del entrenamiento.

Un jinete nervioso antes de una competición, un veterinario tenso durante una intervención o un cuidador estresado en un entorno ruidoso podrían, sin saberlo, aumentar la reactividad del animal. Reconocer este canal invisible de comunicación abre la puerta a nuevas estrategias de manejo basadas no solo en la técnica, sino también en la regulación emocional humana.

Qué nos dice este hallazgo sobre la domesticación

El estudio también plantea preguntas más amplias sobre la domesticación. Perros, gatos, caballos, vacas o cabras han mostrado en investigaciones recientes una notable capacidad para interpretar señales emocionales humanas, ya sean visuales, auditivas u olfativas. ¿Es esta sensibilidad un producto de miles de años de convivencia con nuestra especie o una herencia evolutiva más antigua compartida entre mamíferos?

Los autores no descartan que existan receptores olfativos comunes capaces de detectar moléculas presentes en el sudor de distintas especies. Tampoco que la selección durante la domesticación haya favorecido individuos más atentos a las señales humanas, incluidos los olores emocionales.

Como todo trabajo pionero, el estudio tiene limitaciones. Solo participaron yeguas adultas de una misma raza, y los experimentos se realizaron en un entorno controlado. Futuros estudios deberán explorar si estos efectos se repiten en otras razas, edades, sexos y contextos, y si los caballos pueden aprender a modular su respuesta con la experiencia. También será clave identificar con precisión qué compuestos químicos del sudor transmiten la información emocional, afirman Jardat y Lansade.

Aun así, el mensaje es claro: los caballos nos huelen más de lo que creemos. No solo reconocen nuestra voz, nuestro rostro o nuestra postura corporal. También perciben lo que sentimos, incluso cuando intentamos ocultarlo. En silencio, a través del aire, nuestras emociones viajan de una especie a otra, recordándonos que la comunicación animal no siempre necesita palabras.▪️

  • Fuente: Plotine Jardat, Alexandra Destrez, Fabrice Damon, Noa Tanguy-Guillo, Anne-Lyse Lainé, Céline Parias, Fabrice Reigner, Vitor H. B. Ferreira, Ludovic Calandreau, Léa Lansade. Human emotional odours influence horses’ behaviour and physiology. PLOS One (2026). DOI: https://doi.org/10.1371/journal.pone.0337948

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