Cuando los rostros hablan idiomas distintos: cómo el autismo cambia la forma de expresar las emociones
Un estudio publicado en la revista Autism Research revela que las personas autistas y no autistas expresan emociones como la ira, la felicidad o la tristeza con patrones faciales diferentes. Estas diferencias, lejos de ser un déficit, podrían explicar los malentendidos emocionales entre ambos grupos.
Por Enrique Coperías, periodista científico
Un estudio muestra que las personas autistas y no autistas expresan emociones como la ira, la felicidad o la tristeza con patrones faciales distintos. Estas diferencias podrían explicar muchos de los malentendidos emocionales entre ambos grupos y cuestionan la idea de un déficit unilateral. Cortesía: Connor Keating, 2026
La ciencia ha dado por sentado que las dificultades de las personas autistas para reconocer emociones ajenas residen, sobre todo, en la percepción: una supuesta incapacidad para leer correctamente los gestos del otro. Pero ¿y si el problema no estuviera solo en los ojos que miran, sino también en los rostros que expresan?
Un nuevo estudio científico internacional sugiere que los adultos autistas y no autistas no solo interpretan de forma distinta las emociones, sino que literalmente las expresan con un idioma facial diferente.
La investigación, publicada en la revista Autism Research, ha analizado con una precisión sin precedentes cómo se mueven los rostros cuando expresan emociones básicas como la ira, la felicidad o la tristeza. Sus conclusiones apuntan a un desencuentro bidireccional: los rostros autistas y no autistas no utilizan exactamente los mismos acentos musculares, ni las mismas combinaciones de gestos, lo que podría explicar por qué ambos grupos se malinterpretan mutuamente en la vida cotidiana.
🗣️ «La diferencia no está solo en cómo se ven las expresiones faciales, sino en cómo se forman —explica Connor Keating, investigador de la Universidad de Oxford, en el Reino Unido, y primer autor del estudio. Y añade—: Nuestros hallazgos sugieren que las personas autistas y no autistas difieren no solo en el aspecto de sus expresiones faciales, sino también en la fluidez con la que se forman esas expresiones. Estos desajustes en las expresiones faciales pueden ayudar a explicar por qué las personas autistas tienen dificultades para reconocer las expresiones no autistas y viceversa».
Más allá del tópico del «rostro inexpresivo»
La idea de que las personas autistas tienen expresiones faciales pobres o planas está muy extendida en la cultura popular y, durante años, también en parte de la literatura científica. Sin embargo, los datos acumulados en las últimas décadas han sido contradictorios. Algunos estudios describían expresiones menos intensas; otros, más exageradas; y otros, ninguna diferencia apreciable.
El problema, según los autores del nuevo trabajo, es que la mayoría de investigaciones anteriores se apoyaban en valoraciones subjetivas , como qué le parecía a un observador una expresión concreta, o en técnicas poco sensibles, incapaces de captar la complejidad del movimiento facial.
Para superar esas limitaciones, el equipo liderado por Keating recurrió a una tecnología habitual en la animación digital y los videojuegos: la captura de movimiento facial en tres dimensiones. El estudio registró más de 4.800 expresiones faciales de adultos autistas y no autistas mientras representaban emociones de forma deliberada, tanto en silencio como hablando. En total, se analizaron más de 265 millones de datos sobre cómo se activaban y desplazaban decenas de puntos del rostro a lo largo del tiempo.
SUTILEZA EN LAS EXPRESIONES
En este vídeo, se aprecian las diferencias en las expresiones faciales entre personas autistas y no autistas. Las dificultades para reconocer emociones no serían un déficit individual, sino el resultado de un desajuste comunicativo entre personas con distintos perfiles neurológicos. Cortesía: Connor Keating, 2026
Eliminar el ruido para ver el gesto
Uno de los grandes retos al comparar expresiones faciales es que no todas las caras son iguales. La forma de la mandíbula, la anchura de la boca o la estructura de los pómulos influyen en cómo se ve una emoción, aunque el movimiento sea el mismo.
Para evitar este sesgo, los investigadores trasladaron todas las expresiones a un rostro digital neutro, como si todos los participantes compartieran la misma cara. De ese modo, cualquier diferencia observada no podía atribuirse a la anatomía facial, sino al movimiento en sí.
También tuvieron en cuenta otro factor clave: la alexitimia, una condición caracterizada por la dificultad para identificar y describir emociones, muy frecuente en la población autista. Durante años, algunos científicos han defendido que muchos problemas emocionales atribuidos al autismo se explican mejor por la alexitimia. El nuevo estudio controla estadísticamente este rasgo para separar qué corresponde a uno y qué al otro.
La ira se dice con la boca, no con las cejas
Los resultados muestran diferencias claras y consistentes entre ambos grupos. Cuando expresaban enfado, las personas no autistas tendían a utilizar con más fuerza los músculos asociados al fruncimiento de las cejas, un rasgo clásico de la ira.
Las personas autistas, en cambio, recurrían menos a las cejas y más a la boca: labios tensos, gestos de desaprobación y movimientos más bruscos en la zona inferior del rostro.
En términos técnicos, sus expresiones de enfado eran más entrecortadas, con cambios más rápidos de aceleración en los movimientos faciales, especialmente alrededor de la boca. No se trataba de que expresaran menos ira, sino de que la codificaban de otra manera.
Gráficos y mapas de calor muestran cómo se activan las expresiones faciales de ira, felicidad y tristeza en personas autistas y no autistas: las diferencias entre grupos y el papel de la alexitimia revelan patrones emocionales distintos. Cortesía: Connor Keating, 2026
Sonrisas que no llegan a los ojos
Las diferencias eran aún más llamativas al analizar la felicidad. Las personas autistas tendían a mostrar sonrisas menos exageradas y, sobre todo, con menor participación de los músculos que rodean los ojos.
Es decir, sonrisas que no activaban tanto el clásico gesto que, en la cultura popular, se asocia con la alegría genuina.
Al mismo tiempo, aparecían configuraciones alternativas de la boca y las mejillas, con gestos menos estereotipados. Desde fuera, estas expresiones faciales pueden resultar más difíciles de interpretar para un observador no autista acostumbrado a ciertos patrones faciales normativos.
En el caso de la tristeza, las diferencias fueron más sutiles, pero igualmente reveladoras. Las personas autistas tendían a producir expresiones con un mayor levantamiento del labio superior, un gesto menos típico en los modelos clásicos de tristeza, que suelen centrarse en la caída de las comisuras y la mirada baja. De nuevo, no es que la emoción fuera menor o confusa, sino que se expresaba con un estilo propio.
Rostros más individuales, menos estandarizados
Uno de los hallazgos más interesantes del estudio es que las expresiones faciales de las personas autistas eran más individualizadas. Dicho de otro modo, había más variabilidad entre unas personas y otras a la hora de expresar la misma emoción.
Mientras que los participantes no autistas tendían a converger en patrones más similares, los autistas mostraban estilos más personales y menos homogéneos.
Esta mayor singularidad podría ser una fortaleza expresiva en contextos donde existe familiaridad, pero también un obstáculo en interacciones sociales rápidas con desconocidos, donde se espera una gramática emocional compartida.
El desencuentro emocional es mutuo
La investigación también analizó si la forma en que una persona expresa emociones se relaciona con su capacidad para reconocerlas en los demás. Entre los participantes no autistas, aquellos que producían expresiones más claras y diferenciadas tendían a reconocer mejor las emociones ajenas. En el grupo autista, en cambio, esta relación no apareció.
Para los autores, este resultado refuerza una idea cada vez más presente en la investigación sobre autismo: el problema no es un déficit unilateral, sino una falta de sintonía entre estilos comunicativos.
🗣️ «Las personas autistas y no autistas pueden expresar las emociones de maneras diferentes pero igualmente significativas, casi como si hablaran idiomas distinto —señala Jennifer Cook, profesora de la Universidad de Birmingham, en el Reino Unido, y autora senior del trabajo. Y continúa—: Lo que en ocasiones se ha interpretado como dificultades propias de las personas autistas podría reflejar, en realidad, un desafío bidireccional para comprender las expresiones emocionales del otro».
El desafío no pasa por normalizar la expresión emocional autista, sino por reconocer y comprender la diversidad de formas humanas de expresar las emociones, según Jennifer Cook, profesora de la Universidad de Birmingham, en el Reino Unido, y autora senior del trabajo. Foto: Hiki App
Repensar la idea de déficit
Las conclusiones del estudio invitan a revisar una noción profundamente arraigada: que las personas autistas tienen un fallo interno en el reconocimiento emocional. En lugar de eso, los datos sugieren que muchas de las dificultades surgen en las interacciones entre personas con distintos perfiles neurológicos.
Desde esta perspectiva, el reto no sería corregir la expresión facial autista para que se ajuste a un estándar, sino ampliar nuestra comprensión de la diversidad emocional humana. «Actualmente estamos investigando esta idea, así que habrá novedades próximamente», concluye Cook.
Al fin y al cabo, quizá no se trate de aprender a leer mejor, sino de aceptar que hay más de un idioma emocional para decir lo que sentimos.▪️
PREGUNTAS & RESPUESTAS: Expresiones y autismo
🤔 ¿Las personas autistas tienen dificultades para expresar emociones?
No necesariamente. La investigación sugiere que expresan las emociones de forma diferente, no peor, utilizando patrones faciales distintos.
🤔 ¿Por qué las personas autistas y no autistas se malinterpretan emocionalmente?
Porque utilizan idiomas faciales diferentes al expresar emociones como la ira o la felicidad.
🤔 ¿Qué es la alexitimia y qué relación tiene con el autismo?
Es una dificultad para identificar y describir las propias emociones, frecuente en el autismo, y puede influir en cómo se expresan las emociones.
🤔 ¿Este estudio demuestra un déficit emocional en el autismo?
No. Los autores defienden que se trata de una diferencia bidireccional en la comunicación emocional.
Información facilitada por la Universidad de Birmingham
Fuente: Connor T. Keating, Sophie Sowden-Carvalho, Holly O′Donoghue, Jennifer L. Cook. Mismatching Expressions: Spatiotemporal and Kinematic Differences in Autistic and Non-Autistic Facial Expressions. Autism Research (2026). DOI: https://doi.org/10.1002/aur.70157Digital Object Identifier (DOI)

