Un fármaco epigenético logra proteger los vasos sanguíneos dañados por la obesidad y la diabetes de tipo 2
La grasa que rodea las arterias puede convertirse en una amenaza silenciosa para millones de personas con obesidad y diabetes. Ahora, un equipo de científicos ha descubierto que un fármaco capaz de reprogramar la lectura de los genes reduce la inflamación vascular y devuelve parte de su función protectora a los vasos sanguíneos.
Por Enrique Coperías, periodista científico
Ilustración que muestra la comunicación química entre la grasa perivascular (amarillo) y la pared de un vaso sanguíneo (rojo). Las proteínas que regulan la lectura de los genes (morado) y las señales moleculares intercambiadas entre ambos tejidos desempeñan un papel clave en la inflamación vascular asociada a la obesidad y la diabetes de tipo 2. Cortesía: Francesco Paneni (Universidad de Zúrich) / IA
La obesidad y la diabetes de tipo 2 no solo alteran el metabolismode quienes las padecen. También van dejando una huella silenciosa en los vasos sanguíneos que, con el paso de los años, incrementa el riesgo de infarto, ictus, insuficiencia cardiaca y otras enfermedades cardiovasculares.
Ahora, un equipo internacional liderado por investigadores de la Universidad de Zúrich, en Suiza, ha identificado un mecanismo biológico que parece desempeñar un papel clave en ese proceso y, lo que es más importante, ha demostrado que puede revertirse mediante un fármaco epigenético. En líneas generales, este es un medicamento que no modifica los genes, sino la forma en que las células los leen y utilizan.
El estudio, publicado en la revista Cell Reports, revela que una familia de proteínas capaces de interpretar señales epigenéticas —conocidas como proteínas BET— actúa como un auténtico interruptor molecular que favorece la inflamación y el deterioro vascular en personas con enfermedades cardiometabólicas. Al bloquear estas proteínas, los científicos lograron reducir la inflamación, restaurar el funcionamiento normal de los vasos sanguíneos y mejorar el estado del tejido graso que los rodea, tanto en modelos animales como en muestras de tejido humano.
La investigación aporta una nueva perspectiva sobre una cuestión que preocupa cada vez más a los médicos: cómo evitar que la obesidad, la hipertensión y la diabetes terminen desembocando en complicaciones cardiovasculares graves.
La grasa perivascular: el tejido que puede proteger o perjudicar las arterias
Tradicionalmente, la grasa corporal se consideraba un simple almacén de energía. Sin embargo, durante las últimas décadas los científicos han descubierto que el tejido adiposo es un órgano metabólicamente muy activo que está formado principalmente por asociaciones de adipocitos —las células que almacenan lípidos— y que produce hormonas, moléculas inflamatorias y señales químicas capaces de influir en numerosos órganos.
Una de las formas menos conocidas de grasa es la llamada grasa perivascular, una fina capa de tejido adiposo que envuelve a las arterias y las venas. En condiciones normales, esta grasa ayuda a mantener la salud vascular y favorece la relajación de los vasos sanguíneos.
➡️ Pero cuando aparecen la obesidad, la resistencia a la insulina o la hipertensión, su comportamiento cambia radicalmente. «Entonces, la grasa perivascular deja de ser protectora y se convierte en una fuente de señales inflamatorias que dañan directamente a los vasos sanguíneos», explica Francesco Paneni, cardiólogo de la Universidad de Zúrich y uno de los autores principales del estudio.
Los investigadores sospechaban desde hacía tiempo que esa comunicación entre grasa y vasos sanguíneos desempeñaba un papel importante en la enfermedad cardiovascular, pero los mecanismos concretos seguían siendo poco conocidos. «En lugar de dirigirnos a una única molécula situada al final de la cadena de acontecimientos, nuestro objetivo fue reajustar todo el programa de actividad genética de la grasa perivascular», explica Paneni.
Epigenética y enfermedad cardiovascular: la conexión oculta
El nuevo trabajo se centra en un fenómeno conocido como epigenética. Aunque todas las células contienen esencialmente el mismo ADN, no todos los genes están activos al mismo tiempo. La epigenética regula qué genes se activan y cuáles permanecen silenciados mediante una serie de modificaciones epigenéticas que actúan como marcas o instrucciones de lectura.
Las proteínas BET forman parte de ese sistema. Su función consiste en reconocer determinadas marcas epigenéticas y facilitar que ciertos genes se exprese, esto es, que fabriquen la proteína a partir de la información que portan.
«Las proteínas BET funcionan como lectores del genoma. No modifican el ADN, pero deciden qué instrucciones se ejecutan y cuáles permanecen ocultas», señala Alessandro Mengozzi, internista del Departamento de Medicina Clínica y Experimental, en la Universidad de Pisa (Italia), y primer autor del trabajo.
Para averiguar si estas proteínas participaban en el daño vascular asociado a la obesidad y la diabetes, los científicos analizaron pequeñas arterias obtenidas de pacientes con obesidad grave e hipertensión, así como modelos experimentales de enfermedad cardiometabólica.
Los resultados mostraron que los vasos sanguíneos de estos pacientes presentaban una marcada inflamación, elevados niveles de estrés oxidativo y una pérdida significativa de su capacidad para relajarse correctamente, una alteración considerada uno de los primeros signos de enfermedad vascular.
La obesidad no solo implica un exceso de grasa corporal. Según el estudio, también altera el comportamiento de la grasa que rodea los vasos sanguíneos, favoreciendo la inflamación y aumentando el riesgo de enfermedades cardiovasculares. Foto de Towfiqu Barbhuiya
Un fármaco epigenético capaz de revertir el daño
La siguiente pregunta era si el bloqueo de las proteínas BET podría corregir estos problemas.
Para ello, los científicos utilizaron RVX-208, un inhibidor selectivo de esta familia de proteínas. El compuesto ya había despertado interés por sus posibles aplicaciones cardiovasculares, pero nunca se había estudiado con tanto detalle en la interfaz entre la grasa y los vasos sanguíneos.
Los resultados sorprendieron incluso a los investigadores.
Tras exponer los vasos sanguíneos al fármaco, observaron una mejora significativa de la función endotelial —la capacidad del revestimiento interno de los vasos para regular el flujo sanguíneo—, una reducción del estrés oxidativo y una disminución de diversos marcadores inflamatorios.
Lo más llamativo del asunto fue que estos efectos resultaron incluso más intensos que los obtenidos mediante algunas terapias antiinflamatorias ya utilizadas clínicamente, dirigidas contra moléculas como la interleucina-1β, la interleucina-6 y el TNF-alfa.
Pero el hallazgo más importante llegó cuando los investigadores analizaron qué estaba ocurriendo en la grasa perivascular.
HK2, la enzima que impulsa la inflamación vascular
Mediante análisis genéticos y metabólicos, el equipo descubrió que las proteínas BET activaban de forma anómala un gen llamado HK2, responsable de producir una enzima denominada hexoquinasa 2.
Esta enzima participa en la glucólisis, el proceso mediante el cual las células transforman glucosa en energía. Sin embargo, cuando su actividad se dispara, también puede favorecer la acumulación de grasa, el estrés metabólico y la inflamación.
Los investigadores observaron que la inhibición de las proteínas BET reducía de forma drástica la actividad del HK2 en la grasa perivascular. Como consecuencia, disminuía la inflamación, mejoraba el funcionamiento de las mitocondrias —las centrales energéticas de la célula— y se restauraba un perfil metabólico mucho más saludable.
🗣️«Reducir la actividad de esta enzima, ya sea de forma indirecta modificando los lectores epigenéticos que controlan su gen o actuando directamente sobre la propia enzima, disminuyó el comportamiento inflamatorio de la grasa y restauró la función normal de los vasos sanguíneos en las muestras que estudiamos», señala Paneni.
Los análisis metabolómicos mostraron además una profunda reorganización de las rutas metabólicas. La grasa perivascular comenzó a consumir los lípidos de forma más eficiente, acumuló menos triglicéridos y produjo menos señales inflamatorias.
«HK2 apareció como uno de los principales nodos de control de todo el proceso. Cuando reducimos su actividad, el tejido adiposo recupera muchas de sus funciones protectoras», afirma Mengozzi.
La confirmación en el tejido humano
Para comprobar si este mecanismo también funcionaba en células humanas, los investigadores realizaron experimentos con adipocitos obtenidos de pacientes.
Cuando aumentaron artificialmente la producción de HK2, las células grasas adoptaron rápidamente un perfil inflamatorio y comenzaron a liberar sustancias capaces de dañar células endoteliales humanas.
En cambio, cuando silenciaron el gen o bloquearon farmacológicamente la enzima, la inflamación disminuyó de forma notable.
Además, la inhibición directa de HK2 mejoró la función vascular en muestras procedentes de pacientes con enfermedad cardiometabólica, reforzando la idea de que esta enzima constituye una posible diana terapéutica.
Las personas con diabetes de tipo 2 presentan un mayor riesgo de daño vascular. Los investigadores descubrieron que actuar sobre mecanismos epigenéticos puede ayudar a reducir la inflamación y mejorar la función de los vasos sanguíneos. Foto de Artem Podrez
Más allá del ADN
Uno de los aspectos más interesantes del estudio es que pone de relieve hasta qué punto las enfermedades cardiometabólicas dependen no solo de los genes heredados, sino también de cómo se interpretan.
La obesidad, la hipertensión y la diabetes generan un entorno biológico capaz de reprogramar el funcionamiento celular mediante mecanismos epigenéticos. Esa reprogramación altera la actividad de cientos de genes y favorece estados inflamatorios persistentes que acaban dañando los tejidos.
La buena noticia es que, a diferencia de las mutaciones genéticas, las modificaciones epigenéticas son potencialmente reversibles.
«Estamos observando que muchas de las alteraciones que conducen al daño vascular pueden corregirse actuando sobre los mecanismos epigenéticos que las mantienen activas —señala Paneni—. Eso abre una oportunidad terapéutica completamente nueva».
Una posible estrategia preventiva
Los autores subrayan que todavía queda camino por recorrer antes de que este enfoque llegue a la práctica clínica habitual. Aunque los resultados obtenidos en tejido humano y modelos animales son prometedores, serán necesarios ensayos clínicos específicos para confirmar su eficacia y seguridad en pacientes.
Sin embargo, el trabajo aporta una prueba de concepto especialmente relevante: intervenir tempranamente sobre los mecanismos epigenéticos podría evitar que los cambios metabólicos asociados a la obesidad y la diabetes desencadenen daños cardiovasculares irreversibles.
🗣️ Para Paneni, este enfoque supone un cambio de paradigma respecto a las estrategias tradicionales: «En lugar de limitarse a tratar factores de riesgo que aparecen más adelante, como la hipertensión, el colesterol elevado o el exceso de azúcar en sangre cuando el daño ya ha comenzado, las terapias epigenéticas pretenden reprogramar los procesos tisulares que contribuyen al deterioro vascular».
En un mundo donde más de mil millones de personas viven con obesidad y la diabetes de tipo 2 sigue aumentando a un ritmo alarmante, encontrar formas de proteger el sistema vascular se ha convertido en una prioridad médica.
La investigación de la Universidad de Zúrich sugiere que la solución podría encontrarse en un lugar inesperado: no en cambiar los genes, sino en reescribir la forma en que el organismo los lee.▪️(18-junio-2026)
PREGUNTAS & RESPUESTAS: Fármaco Epigenético y Obesidad
🫀 ¿Pueden los fármacos epigenéticos prevenir infartos e ictus?
Todavía es pronto para afirmarlo. Los resultados obtenidos en modelos animales y tejidos humanos son prometedores, pero se necesitan ensayos clínicos específicos para confirmar su eficacia en pacientes.
🫀 ¿Qué relación existe entre obesidad y daño vascular?
La obesidad favorece la inflamación crónica de bajo grado, altera el metabolismo y modifica el comportamiento de la grasa que rodea los vasos sanguíneos. Todo ello contribuye al deterioro progresivo de la función vascular.
🫀 ¿Por qué es importante este descubrimiento?
Porque identifica mecanismos biológicos que actúan antes de que aparezcan complicaciones cardiovasculares graves, lo que abre la puerta a estrategias preventivas más eficaces.
🫀 ¿Qué ventaja tienen las terapias epigenéticas?
A diferencia de muchos tratamientos actuales, que actúan sobre consecuencias de la enfermedad como la hipertensión o el colesterol elevado, las terapias epigenéticas intentan corregir procesos celulares implicados en el origen del daño vascular.
🫀 ¿Cuándo podrían llegar estos tratamientos a los pacientes?
Aún se encuentran en fase de investigación. Los expertos consideran que serán necesarios nuevos estudios clínicos para determinar su seguridad y eficacia a largo plazo.
LO MÁS IMPORTANTE DEL ESTUDIO, EN 30 SEGUNDOS
Investigadores de la Universidad de Zúrich han identificado un mecanismo que contribuye al daño de los vasos sanguíneos en personas con obesidad y diabetes de tipo 2.
El problema se origina en la grasa perivascular, el tejido adiposo que rodea arterias y venas y que, en estas enfermedades, se vuelve inflamatorio.
Los científicos utilizaron un fármaco epigenético que bloquea las llamadas proteínas BET, encargadas de regular la actividad de numerosos genes.
El tratamiento redujo la inflamación vascular, mejoró la función de los vasos sanguíneos y restauró parcialmente el comportamiento saludable de la grasa perivascular.
El estudio identificó además a la enzima HK2 (hexoquinasa 2) como una pieza clave en el proceso inflamatorio.
Los resultados se observaron tanto en ratones como en tejidos humanos, lo que refuerza su relevancia clínica.
El hallazgo abre la puerta a nuevas terapias epigenéticas destinadas a prevenir infartos, ictus y otras complicaciones cardiovasculares antes de que aparezcan daños irreversibles.
Información facilitada por la Universidad de Zúrich
Fuente: Alessandro Mengozzi, …, Francesco Paneni. BET-induced metabolic reprogramming fuels inflammation at the vascular-fat interface in mice and patients with cardiometabolic disease. Cell Reports (2026). DOI: 10.1016/j.celrep.2026.117365

