Un nuevo «músculo» en el rostro de los dinosaurios: el descubrimiento del exoparia y su impacto en la reconstrucción anatómica
El hallazgo de una estructura anatómica desconocida en dinosaurios, denominada exoparia, pone en jaque el conocimiento actual sobre su anatomía y evidencia las limitaciones de basar su reconstrucción exclusivamente en sus parientes modernos, como aves y cocodrilos.
Por Enrique Coperías
Aunque los paleontólogos no pueden determinar con certeza si se trataba de un músculo o de un ligamento, las evidencias apuntan a que la función del exoparia estaba relacionada con la estabilización mandibular o la masticación. Foto: Henry Sharpe
Durante más de un siglo, los paleontólogos han intentado reconstruir cómo eran en vida los dinosaurios. Sabemos mucho sobre sus huesos, sus tamaños colosales y sus posturas; pero los tejidos blandos, como los músculos y los ligamentos, rara vez se conservan en el registro fósil. Y sin ellos, buena parte del rompecabezas anatómico sigue incompleto.
Ahora, un equipo internacional liderado por el investigador canadiense Henry Sharpe ha arrojado nueva luz sobre esta cuestión. En un estudio publicado en el Journal of Anatomy, describe una estructura de tejido blando nunca antes reconocida en la región de la mejilla de muchos dinosaurios.
La ha bautizado como exoparia, y su descubrimiento podría transformar la forma en que entendemos cómo comían, se movían y evolucionaron estos lagartos prehistóricos.
El origen del descubrimiento: una pista en el cráneo de «Edmontosaurus»
Todo comenzó con una observación curiosa en el cráneo de un dinosaurio Edmontosaurus —apodado Gary— durante el trabajo habitual de Sharpe como paleoartista, profesional que reconstruye visualmente a los dinosaurios con base en la anatomía y la evidencia fósil.
Al examinar la región de la mejilla, Sharpe notó una gran estructura ósea en forma de reborde o saliente. En un mamífero, esta morfología sería una pista clara de la inserción de un músculo de la mejilla, como el masetero. Pero en reptiles —y por extensión en los dinosaurios—, se supone que tales músculos no existen.
«Había unas partes del cráneo de Edmontosaurus muy corrugadas. Si estuviéramos viendo un cráneo de mamífero, diríamos: “Ahí va el músculo de la mejilla”. Pero los reptiles no deberían tener eso —relata Sharpe. Y añade—: Ahí empezamos a preguntarnos: ¿y si aquí hay algo que desafía el modelo tradicional de los músculos de los dinosaurios?»
Un saliente óseo que se repite en numerosos dinos
Entonces Sharpe y su equipo se remangaron las mangas de las camisas para emprender una minuciosa investigación. Analizaron decenas de cráneos de dinosaurios pertenecientes a especímenes de una gran variedad de linajes, desde hadrosaurios y ceratópsidos hasta tiranosaurios, en busca de señales de estructuras similares.
La sorpresa fue que este saliente óseo, siempre ubicado en la misma región de la mejilla, aparecía en múltiples especies. Y en cada caso, apuntaba hacia la mandíbula inferior, como si hubiese servido de anclaje para algún tipo de tejido conectivo. Este es un tipo de tejido del cuerpo que sirve para sostener, unir y proteger otros tejidos y órganos. Incluye estructuras como ligamentos, tendones, cartílagos, huesos y grasa, y está formado por células y fibras, como el colágeno, inmersas en una sustancia intercelular.
«Siempre estaba en el mismo lugar, lo que nos indicó que probablemente era una única estructura: un músculo o un ligamento», dice Sharpe en un comunicado de la Universidad de Alberta.
Reconstrucción del exoparia en (a) ceratópsidos (Centrosaurus apertus); en (b) hadrosáuridos (Brachylophosaurus canadensis); y en (c) tiranosáuridos (Tyrannosauridae sp.). Cortesía: Henry S. Sharpe et al
Huesos rebanados en finas lonchas
Para verificar su hipótesis, los científicos recurrieron a una técnica histológica: cortaron secciones ultrafinas de los huesos y las examinaron bajo luz polarizada. Este método permite observar fibras de colágeno remanentes, los vestigios microscópicos que deja la conexión de un músculo o ligamento al hueso.
«Lo que vemos es como si alguien hubiese arañado la superficie del hueso con un cúter —explica Sharpe—. Esos rasguños son los rastros de las fibras que anclaban el tejido blando al hueso»
El patrón era consistente: las fibras del hueso del pómulo apuntaban hacia la mandíbula, y viceversa. Esto confirmaba que existía una estructura —llámese músculo o ligamento— que unía ambas partes. Para estudiar mejor su orientación, el equipo desarrolló una innovadora técnica a la que llamaron THLEEP (Three-dimensional HistoLogical Enthesis Entry-angle Prediction). Esta permite reconstruir en 3D la dirección de las fibras y, por ende, inferir cómo se conectaban los tejidos blandos.
¿Qué es el exoparia y por qué es un hallazgo revolucionario?
Los investigadores nombraron esta estructura como exoparia, del griego exo, fuera; y pareia, mejilla, haciendo referencia a su posición externa en la región bucal. Aunque no pueden determinar con certeza si se trataba de un músculo o de un ligamento, las evidencias apuntan a que su función estaba relacionada con la estabilización mandibular o la masticación.
Y hay más: el tamaño y la orientación del exoparia variaba entre especies, lo cual sugiere que era una estructura especializada, adaptada a diferentes formas de procesar alimentos.
«No sabemos exactamente para qué servía, pero está claro que era importante en la forma en que estos dinosaurios masticaban —no adelanta Sharpe—. La están modificando de maneras distintas, lo cual indica que tenía una función precisa».
Una pieza que los cocodrilos y aves no tienen
Desde los años 90, el estándar para reconstruir los tejidos blandos de dinosaurios ha sido el método del bracket filogenético, que compara a los dinosaurios con sus parientes vivos más cercanos: aves y cocodrilos. Si ambos tienen una estructura, se asume que el ancestro común —y por tanto el dinosaurio— también la poseía.
Este método es útil, pero tiene una gran limitación, señala Sharpe: «Solo puedes reconstruir músculos que estén en cocodrilos o aves. ¿Y si los dinosaurios tenían sus propios músculos, que no estaban presentes en los ancestros de las aves, o que las aves perdieron o transformaron?».
El exoparia podría ser un ejemplo perfecto de eso: una innovación anatómica exclusiva de los dinosaurios no conservada en sus descendientes modernos, esto es, las aves.
Un Tyrannosaurus rex ataca a un anquilosaurio. El exoparia podría haber mejorado la estabilidad de la mandíbula de este depredador durante la caza de su presa. Imagen generada con Gemini
Las comparaciones (a veces) son odiosas
Para Sharpe, este hallazgo es un recordatorio de que debemos ir más allá del presente para entender el pasado. «Hay muchísima diversidad en los dinosaurios que nos estamos perdiendo por tratar de explicarlos solo basándonos en lo que vemos hoy».
Por eso, en su estudio, él y su equipo no solo documentaron el exoparia, sino que además compartieron todas las imágenes, secciones histológicas y la metodología utilizada, con la esperanza de que otros científicos continúen esta línea de investigación.
«Esperamos que nuestro estudio sirva como una advertencia sobre cuánto podemos asumir —y cuánto necesitamos verificar o cuestionar nuestras suposiciones cuando no encajan con la evidencia”, concluye Sharpe.
Relevancia del descubrimiento para la paleontología moderna
Este paleoartista se pregunta si podría haber más estructuras como el exoparia esperando a ser descubiertas. Él cree que sí. A medida que se combinan técnicas histológicas modernas, reconstrucciones digitales y una mentalidad más abierta sobre la anatomía de los dinosaurios podrían revelarse nuevas sorpresas ocultas en los fósiles.
Mientras tanto, este descubrimiento pone en evidencia que los dinosaurios, una vez más, eran más complejos y fascinantes de lo que habíamos imaginado.
Aunque sus músculos ya no existan, sus huesos todavía tienen mucho que contarnos. Y como demuestra el caso del exoparia, lo que alguna vez estuvo blando… puede dejar una huella muy dura de borrar. ▪️
Información facilitada por la Universidad de Alberta
Fuente: Henry S. Sharpe, Yan-yin Wang, Thomas W. Dudgeon, Mark J. Powers, S. Amber Whitebone, Colton C. Coppock, Aaron D. Dyer, Corwin Sullivan. Skull morphology and histology indicate the presence of an unexpected buccal soft tissue structure in dinosaurs. Journal of Anatomy (2025). DOI: https://doi.org/10.1111/joa.14242