Planeta con océano de magma: astrónomos descubren L 98-59, un mundo rico en azufre que podría representar una nueva clase de explaneta
Astrónomos han identificado en el sistema L 98-59 un exoplaneta con un posible océano global de magma y una atmósfera rica en gases de azufre, una combinación nunca observada hasta ahora. El hallazgo sugiere la existencia de una nueva clase de planeta, muy distinta de los mundos rocosos o acuáticos conocidos.
Por Enrique Coperías, periodista científico
Recreación artística de L 98-59 d, un exoplaneta posiblemente cubierto por un océano global de magma, orbitando una enana roja y envuelto en una atmósfera rica en compuestos de azufre. Crédito: IA-DALL-E-RexMolón Producciones
En los últimos treinta años, la astronomía ha descubierto miles de planetas alrededor de otras estrellas distintas al Sol. Muchos de estos mundos extrasolares o exoplanetas se parecen poco a los mundos de nuestro sistema solar. Ahora, un nuevo estudio sugiere que algunos de esos objetos cósmicos podrían pertenecer a una categoría completamente distinta: mundos cubiertos por océanos de magma permanente que almacenan enormes cantidades de azufre en su interior.
El trabajo, publicado en la revista Nature Astronomy, se centra en el planeta L 98-59 d, una supertierra situada a unos 35 años luz de la Tierra. Los investigadores proponen que este mundo no es ni un planeta rocoso típico ni un mundo oceánico dominado por agua, como se había sugerido para algunos exoplanetas. En cambio, podría tratarse de un planeta fundido con una atmósfera rica en compuestos de azufre y un océano global de magma que ha permanecido activo durante miles de millones de años.
La idea apunta a la existencia de una nueva clase de planeta que no tiene equivalente en nuestro vecindario cósmico.
Qué es L 98-59 d
L 98-59 d forma parte de un sistema planetario que gira alrededor de L 98-59, una estrella pequeña y fría, una enana roja. Se conocen al menos tres planetas que transitan por delante de la estrella desde nuestra perspectiva, lo que permite estudiar su tamaño y su atmósfera.
El planeta en cuestión tiene aproximadamente 1,6 veces el radio de la Tierra y una masa de alrededor de 1,6 masas terrestres, lo que lo sitúa en la categoría de las llamadas supertierra. Pero hay algo peculiar: su densidad es demasiado baja para ser simplemente un mundo rocoso como el nuestro.
Durante años, los científicos han debatido sobre qué tipo de planeta podría explicar esas características. Dos hipótesis dominaban el debate:
✅ Una sugería que se trataba de un enano gaseoso, con un interior rocoso rodeado por una atmósfera ligera de hidrógeno y helio.
✅ Otra lo interpretaba como un mundo oceánico, donde grandes cantidades de agua formarían capas profundas de hielo o líquido.
El nuevo estudio descarta ambas ideas.
Con un corazón en gran parte fundido
Según los autores, la combinación de su densidad y de los datos obtenidos recientemente por el telescopio espacial James Webb encaja mejor con un escenario diferente: un planeta nacido con grandes cantidades de hidrógeno y azufre, cuyo interior permanece en gran parte fundido.
En palabras del autor principal del estudio, Harrison Nicholls, astrónomo del Departamento de Física de la Universidad de Oxford:
🗣️«Este descubrimiento sugiere que las categorías que los astrónomos utilizan actualmente para describir los planetas pequeños pueden ser demasiado simples. Aunque es poco probable que este planeta fundido pueda albergar vida, refleja la enorme diversidad de mundos que existen más allá del Sistema Solar. Entonces podemos preguntarnos: ¿qué otros tipos de planetas están esperando a ser descubiertos?»
Un planeta con océano de magma
La clave del estudio es un modelo que simula la evolución conjunta del interior y la atmósfera del planeta a lo largo de miles de millones de años.
En sus primeras etapas, muchos planetas rocosos están cubiertos por océanos de magma. Es algo que tal vez ocurrió también en la Tierra durante su formación, hace unos 4.600 millones de años. Pero esos mares de roca fundida suelen solidificarse relativamente rápido, a escala geológica.
En el caso de L 98-59 d, los investigadores creen que no ha ocurrido así.
El planeta recibe una intensa radiación de su estrella y es muy probable que experimente un calentamiento por fuerzas de marea: diferencias en la gravedad que un cuerpo celeste ejerce sobre otro. Estas dos fuentes de energía, combinadas con el efecto invernadero de una atmósfera densa, podrían haber mantenido su interior parcialmente fundido durante casi 5.000 millones de años.
El resultado sería un mundo con una superficie dominada por magma, donde aproximadamente la mitad del manto permanece líquido.
En ese entorno extremo, el interior del planeta actuaría como un gigantesco reservorio de gases.
Evolución de la densidad y temperatura de L 98-59 d: el color de las líneas indica la cantidad inicial de hidrógeno en el manto, mientras que las zonas sombreadas muestran densidades de referencia para planetas de masa similar. Las líneas negras marcan los límites del “valle de radios” y la barra azul el rango compatible con la densidad observada; en el panel b se representa la evolución de la temperatura superficial y del flujo de radiación estelar XUV, para un caso con relación S/H = 8. Cortesía: Nicholls, H., Lichtenberg, T., Chatterjee, R.D. et al.
El papel del azufre en su atmósfera
Uno de los aspectos más llamativos del estudio es el protagonismo del azufre.
Las observaciones del telescopio James Webb han detectado señales de dióxido de azufre (SO₂) en la atmósfera del planeta. Ese compuesto es familiar en el Sistema Solar: es uno de los gases más abundantes en la atmósfera de Venus y también aparece en las plumas volcánicas de la luna Ío, que orbita alrededor de Júpiter.
Pero en L 98-59 d podría tener un origen diferente.
Según los modelos, gran parte del azufre del planeta estaría disuelto en el magma de su interior. A medida que el océano de magma evoluciona lentamente, parte de ese azufre se libera hacia la atmósfera.
Como una gaseosa que pierde gas
El proceso se parece a lo que ocurre cuando una botella de gaseosa pierde presión y libera gas, aunque en este caso se trata de roca fundida y gases volcánicos a temperaturas de miles de grados.
Además, el estudio sugiere que el dióxido de azufre detectado no procede directamente del interior. En cambio, se formaría en la atmósfera mediante reacciones fotoquímicas desencadenadas por la radiación de la estrella.
Sobre la capacidad de los modelos para reconstruir la historia del planeta, el coautor Raymond Pierrehumbert, también de la Universidad de Oxford, explica lo siguiente:
🗣️«Lo emocionante del asunto es que podemos usar modelos informáticos para revelar el interior oculto de un planeta que nunca visitaremos. Aunque los astrónomos solo pueden medir a distancia el tamaño, la masa y la composición atmosférica de un planeta, esta investigación demuestra que es posible reconstruir el pasado profundo de estos mundos alienígenas y descubrir tipos de planetas que no tienen equivalente en nuestro propio sistema solar».
El modelo reconstruye también cómo pudo cambiar el planeta a lo largo del tiempo. En sus primeros millones de años, L 98-59 d probablemente tenía un radio mucho mayor y se parecía más a un planeta de tipo subneptuno. Con el paso del tiempo, la pérdida de gases impulsada por la radiación estelar fue reduciendo su atmósfera.
Al mismo tiempo, el planeta se enfriaba de forma lenta y su atmósfera se contraía.
Este doble proceso —contracción térmica y escape atmosférico— habría reducido gradualmente su tamaño observable hasta el valor actual.
El estudio calcula que el planeta ha perdido alrededor de una cuarta parte de su inventario inicial de gases, aunque aún conserva una atmósfera muy densa con presiones superficiales que podrían alcanzar decenas de miles de veces la presión atmosférica de la Tierra.
Un planeta entre dos categorías
L 98-59 d se encuentra cerca de una región intrigante del catálogo de exoplanetas conocida como el valle de radios.
Las observaciones del telescopio Kepler revelaron hace años que hay relativamente pocos planetas con tamaños intermedios entre supertierra y subneptunos. Los astrónomos creen que ese vacío se debe a procesos evolutivos que transforman unos planetas en otros.
El nuevo trabajo sugiere que L 98-59 d podría representar precisamente ese tipo de transición planetaria.
👉 Si lo hubiéramos observado hace unos mil millones de años, tal vez habría sido clasificado como un sub-Neptuno. Con el tiempo, la pérdida de gases lo ha llevado a adquirir un tamaño más cercano al de las supertierra.
Esto implica que algunos planetas que hoy parecen rocosos podrían haber tenido historias evolutivas mucho más complejas.
ASTRONOMÍA Y ESPACIO
Detectan por primera vez una atmósfera en un exoplaneta rocoso cubierto por un océano de magma
Una pista para identificar océanos de magma
Más allá de este planeta concreto, los investigadores creen que el estudio abre una nueva forma de escudriñar el interior de mundos lejanos.
Normalmente, la composición interna de un exoplaneta es muy difícil de determinar. Pero si existe un intercambio continuo de gases entre el magma y la atmósfera, esa química planetaria podría dejar huellas observables.
En otras palabras, analizar la atmósfera de un planeta podría revelar si esconde un océano global de magma bajo su superficie. Si la idea se confirma, los telescopios actuales y futuros podrían detectar muchos más ejemplos de este tipo de mundo.
🗣️ «Nuestros modelos informáticos simulan distintos procesos planetarios, lo que en la práctica nos permite retroceder en el tiempo y entender cómo evolucionó este inusual exoplaneta rocoso, L 98-59 d —dice Richard Chatterjee, investigador de la Universidad de Leeds y la Universidad de Oxford. Y añade—: El gas sulfuro de hidrógeno, responsable del olor a huevos podridos, parece desempeñar allí un papel protagonista. Pero, como siempre, se necesitan más observaciones astronómicas para comprender mejor este planeta y otros similares. Es posible que investigaciones futuras revelen que los planetas con olores tan penetrantes son sorprendentemente comunes».
Una nueva clase de mundo
El descubrimiento subraya hasta qué punto el universo planetario es diverso.
En nuestro sistema solar, los planetas rocosos tienen superficies sólidas y atmósferas relativamente delgadas. Pero en otros sistemas estelares pueden existir mundos donde el interior del planeta y la atmósfera están íntimamente conectados por mares de roca fundida.
L 98-59 d podría ser uno de esos lugares: un planeta donde el magma nunca se enfría del todo y donde el azufre, atrapado durante miles de millones de años en un océano de lava, sigue escapando lentamente hacia el cielo.
Si futuras observaciones astronómicas confirman este escenario, los astrónomos habrán identificado no solo un planeta extraño, sino una nueva clase de mundo.
Un tipo de planeta que, hasta hace poco, ni siquiera sabíamos que podía existir.▪️(17-marzo-2026)
Información facilitada por la Universidad de Oxford
Fuente: Nicholls, H., Lichtenberg, T., Chatterjee, R.D. et al. Volatile-rich evolution of molten super-Earth L 98-59 d. Nature Astronomy (2026). DOI: https://doi.org/10.1038/s41550-026-02815-8

