Por qué cada persona responde de forma distinta a las vacunas
La respuesta a una vacuna empieza mucho antes del pinchazo: nuestra sangre conserva la huella de antiguas infecciones y vacunaciones. Un estudio pone de manifiesto que ese pasado inmunitario podría anticipar quién desarrollará una defensa más potente contra una agente patógeno.
Por Enrique Coperías, periodista científico
La intensidad de la respuesta inmunitaria varía de una persona a otra y podría estar condicionada por la huella que dejaron anteriores infecciones y vacunaciones. Foto de Nataliya Vaitkevich
Antes de recibir una vacuna, la sangre ya podría contener pistas sobre la intensidad con la que reaccionará el sistema inmunitario al preparado de antígenos. Un amplio estudio con más de 4.000 personas ha identificado una serie de anticuerpos frente a microbios comunes que funcionan como indicadores de la capacidad del organismo para fabricar nuevas defensas.
Recordemos que las vacunas presentan a nuestras defensas un antígeno —una sustancia que el sistema inmunitario reconoce como extraña y frente a la que activa una respuesta defensiva—o las instrucciones para fabricarlo con el objetivo de que aprenda a reconocer un agente patógeno o cuerpo extraño. Después de la vacunación, el organismo activa diferentes mecanismos de defensa; entre ellos, la producción de anticuerpos —proteínas que reconocen y neutralizan antígenos— y la generación de células de memoria, que recuerdan un agente patógeno y permiten responder con mayor rapidez si vuelve a aparecer.
Ahora bien, la experiencia confirma que una vacuna no produce exactamente el mismo efecto en todas las personas. En algunas, desencadena una respuesta de anticuerpos intensa y duradera; en otras, la reacción resulta más débil o desaparece en un pispás. La edad, el sexo, la genética, las enfermedades previas y determinados tratamientos terapéuticos explican parte de esas diferencias, pero no todas. Incluso entre individuos aparentemente sanos pueden aparecer respuestas sorprendentemente pobres.
Una radiografía de más de 4.000 sistemas inmunitarios
Un estudio dirigido por investigadores de la Universidad Estatal de Arizona (ASU), en Estados Unidos, propone ahora una nueva forma de abordar este problema: observar no solo los anticuerpos generados después de la vacunación, sino también el paisaje inmunitario que ya existía antes de recibirla.
Esa especie de archivo biológico, construido durante años de infecciones, vacunaciones y contactos con microorganismos, podría revelar hasta qué punto una persona está preparada para responder a una nueva amenaza.
El trabajo, publicado en la revista Cell Press Blue, analizó 8.687 muestras de sangre pertenecientes a 4.089 participantes y recogidas antes y después de la pauta inicial o de la dosis de refuerzo contra la covid-19. La mayoría de los participantes recibió vacunas de ARN mensajero de Pfizer-BioNTech o Moderna; menos del 5% recibió la vacuna de adenovirus de Johnson & Johnson.
De ellos, 2.445 eran personas sanas y 1.644 presentaban enfermedades o recibían tratamientos relacionados con algún grado de inmunosupresión. En este último grupo había pacientes con VIH, mieloma múltiple, tumores sólidos, enfermedades autoinmunes, enfermedad inflamatoria intestinal y trasplantes de órganos sólidos.
Qué midieron los investigadores
Los científicos midieron de manera simultánea los anticuerpos dirigidos contra 185 antígenos, es decir, moléculas que el sistema inmunitario puede reconocer como objetivos. El panel incluía tres antígenos del SARS-CoV-2, proteínas de virus y bacterias comunes y veinticinco autoantígenos vinculados a enfermedades autoinmunes. En conjunto, el experimento generó alrededor de dos millones de datos inmunológicos.
El objetivo no era averiguar únicamente si los participantes habían estado expuestos a un microbio concreto. Los investigadores buscaban patrones más amplios: una huella de anticuerpos capaz de reflejar el estado general de la inmunidad humoral, la rama del sistema inmunitario especializada en producir anticuerpos.
🗣️ «Determinados biomarcadores, cuando se analizan mediante inteligencia artificial, pueden predecir quién tiene más probabilidades de responder bien a una vacuna incluso antes de recibirla —explica Joshua LaBaer, director ejecutivo del Biodesign Institute de la ASU y responsable del estudio, en la nota de prensa difundida por la universidad. Y añade—: Esto sugiere que algunas personas pueden estar inmunológicamente más preparadas que otras».
Vial y jeringuilla para administrar la vacuna de Pfizer-BioNTech contra la covid-19. El estudio analizó cómo la huella inmunitaria previa puede influir en la intensidad de la respuesta a la vacunación. Foto de Samuel Regan-Asante en Unsplash
Las personas inmunodeprimidas no responden todas igual
Los resultados confirmaron primero algo ya conocido: las personas inmunodeprimidas tienen, en promedio, un riesgo mayor de responder débilmente a una vacuna. Pero también mostraron hasta qué punto las etiquetas clínicas resultan insuficientes para pronosticar lo que ocurrirá en cada individuo.
Tras la pauta inicial contra el covid-19, el 6,2 % de los participantes sanos presentó una respuesta débil frente al dominio de unión al receptor —RBD— de la proteína de la espícula del coronavirus. La proporción alcanzó el 71,6 % entre los receptores de trasplantes, el 48,5 % en pacientes con mieloma múltiple, el 43 % en personas con enfermedad inflamatoria intestinal y el 39 % en quienes sufrían enfermedades autoinmunes.
Sin embargo, dentro de todos esos grupos hubo también personas que desarrollaron una respuesta robusta. Después de la dosis de refuerzo, el 95% de los participantes sanos alcanzó niveles elevados de anticuerpos, pero alrededor del 5 % continuó mostrando una respuesta inferior a la esperada.
Entre los pacientes inmunodeprimidos, muchos reaccionaron bien al refuerzo, aunque la respuesta siguió siendo especialmente limitada en una parte de quienes padecían enfermedades autoinmunes o habían recibido un trasplante.
Qué son los anticuerpos centinela
Ser considerado sano, por tanto, no garantiza una reacción intensa, del mismo modo que estar inmunodeprimido no condena necesariamente a una respuesta pobre de la vacuna. Es precisamente en esa zona gris donde los investigadores creen que pueden resultar útiles los denominados anticuerpos centinela.
Los más reveladores fueron los anticuerpos preexistentes contra microorganismos muy frecuentes, como la bacteria Staphylococcus aureus, el virus respiratorio sincitial —VRS— y el respirovirus humano 3 (HPIV-3), antes conocido como virus parainfluenza humano tipo 3. Las personas con niveles más altos de determinados anticuerpos frente a estos agentes víricos tendían a desarrollar una respuesta más potente contra el SARS-CoV-2, el virus de la covid-19, después de vacunarse.
La asociación más consistente apareció con los anticuerpos marcadores contra:
✅ La IsdB de Staphylococcus aureus, una proteína utilizada por esta bacteria para captar hierro.
✅ La nucleoproteína del virus respiratorio sincitial o VRS.
✅ Una proteína del respirovirus humano 3.
En total, 62 de los 111 anticuerpos no relacionados con el SARS-CoV-2 que estaban suficientemente extendidos en la población mostraron diferencias significativas entre quienes respondieron mejor y peor a la vacuna en alguno de los grupos estudiados.
Mapa de calor del perfil de anticuerpos en 8.687 muestras pertenecientes a siete grupos de participantes sanos o inmunodeprimidos. Los colores reflejan la intensidad de la respuesta frente a 185 antígenos y las franjas superiores indican el estado de vacunación; los antígenos del SARS-CoV-2 aparecen resaltados en rojo. Cortesía: Cell Press Blue, 2026
Una asociación, no una relación causal
Esto no significa que haber sufrido una infección por Staphylococcus aureus o por el VRS mejore la eficacia de una vacuna posterior.
➡️ Los anticuerpos centinela no parecen actuar directamente contra el antígeno de la vacuna ni existe todavía una relación causal demostrada. Funcionan, más bien, como las luces del cuadro de mandos de un automóvil: no son el motor, pero ofrecen información sobre su estado.
Una posible explicación es que las personas con un sistema inmunitario humoral especialmente reactivo hayan producido respuestas intensas frente a numerosas exposiciones a lo largo de su vida y mantengan esa capacidad ante una vacuna nueva.
La sangre conserva un archivo de experiencias inmunitarias
También podrían existir características genéticas que favorezcan una producción más eficaz de anticuerpos. Lo más probable, según los autores, es que intervenga una combinación de herencia, historia infecciosa, vacunaciones anteriores y estado de salud.
Esta interpretación se ve reforzada por la estabilidad de la huella inmunitaria. De los 114 anticuerpos con una presencia apreciable en la población, 103 —algo más del 90%— apenas variaron durante los dieciocho meses de seguimiento. Aunque las moléculas individuales de inmunoglobulina G —el anticuerpo más abundante en la sangre— tienen una vida limitada, determinadas células de larga duración mantienen sus niveles dentro de márgenes relativamente constantes.
La sangre conserva así una especie de registro de exposiciones pasadas.
Cómo se utilizó para el estudio la inteligencia artificial
A partir de estos perfiles, el equipo entrenó modelos de aprendizaje automático para distinguir a las personas con una respuesta elevada de aquellas con una reacción insuficiente. El modelo general alcanzó un área bajo la curva ROC (Receiver Operating Characteristic) de 0,766, una medida estadística de capacidad predictiva en la que 0,5 equivale aproximadamente al azar y 1 representa una discriminación perfecta.
Entre las personas sanas, su capacidad de discriminación ascendió a 0,803 tras la dosis de refuerzo, un resultado prometedor, aunque todavía insuficiente para usarlo como prueba clínica.
La inteligencia artificial (IA) no descubrió un anticuerpo milagroso. Su ventaja consistió en combinar decenas de señales débiles —niveles de anticuerpos, edad, sexo, origen demográfico y grupo clínico— hasta construir un perfil más informativo que cualquiera de esos datos por separado. Los anticuerpos contra el Staphylococcus aureus y el VRS aparecieron de nuevo entre las variables más útiles.
Micrografía electrónica coloreada de Staphylococcus aureus —en amarillo— escapando de la destrucción por glóbulos blancos humanos. En el estudio, determinados anticuerpos contra esta bacteria destacaron como posibles indicadores de una respuesta vacunal más potente. Cortesía: NIAID / RML
¿Se podrá predecir la respuesta antes de vacunar?
El sistema está lejos, no obstante, de convertirse en una prueba clínica. Debido al reducido número de personas con respuestas muy bajas antes de la vacunación, parte del entrenamiento se realizó con muestras obtenidas después del refuerzo, utilizando los anticuerpos ajenos al SARS-CoV-2 como indicadores estables del estado previo.
Cuando el modelo se aplicó de manera directa a muestras anteriores al refuerzo, su rendimiento fue más modesto y desigual entre los grupos. También funcionó mal en pacientes con enfermedades autoinmunes y trasplantes, precisamente dos de las poblaciones más complejas.
El estudio tampoco evaluó toda la inmunidad. La concentración de anticuerpos contra el RBD se relaciona con la capacidad neutralizante y con una menor probabilidad de enfermedad grave, pero no describe por completo la protección. Los linfocitos T, las células B de memoria, la duración de la respuesta y la reacción frente a nuevas variantes desempeñan también un papel decisivo.
A ello se añaden otras limitaciones. Las muestras no se distribuyeron de manera uniforme entre los grupos; el panel de 185 antígenos, aunque amplio, pudo dejar fuera marcadores relevantes; algunas reacciones podrían deberse a anticuerpos capaces de reconocer proteínas similares de microorganismos diferentes, y el estudio no permite asegurar que los resultados obtenidos con vacunas contra la covid-19 se reproduzcan con la gripe, el neumococo u otras enfermedades.
Qué aplicaciones podría tener la vacunación personalizada
Dicho esto, si los resultados se confirman con otras poblaciones y vacunas, el análisis de los anticuerpos centinela podría ayudar a:
✅ Identificar a personas con riesgo de desarrollar una respuesta insuficiente.
✅ Decidir quién puede necesitar dosis adicionales o un calendario diferente.
✅ Establecer un seguimiento más estrecho en pacientes vulnerables.
✅ Recomendar medidas protectoras alternativas cuando la vacunación resulte insuficiente.
✅ Seleccionar y estratificar mejor a los participantes en ensayos clínicos.
✅ Diseñar vacunas adaptadas a grupos con diferentes niveles de competencia inmunitaria.
La finalidad no sería decidir quién debe vacunarse y quién no, sino ajustar la estrategia para que cada persona alcance la mejor protección posible.
Micrografía electrónica de barrido coloreada de una célula asesina natural humana o célula NK, un tipo de linfocito capaz de detectar y destruir células infectadas. Aunque el estudio se centra en los anticuerpos, la protección inmunitaria también depende de distintas defensas celulares. Foto de National Institute of Allergy and Infectious Diseases en Unsplash
Una vacuna empieza a actuar antes de la inyección
La principal aportación del estudio es una nueva forma de entender la variabilidad de las vacunas. La respuesta no comienza únicamente cuando la aguja deposita el preparado en el organismo. Está condicionada por una biografía inmunitaria construida durante años.
Cada infección, vacunación y contacto con los microorganismos deja señales. Algunas desaparecen; otras permanecen y revelan cómo ha funcionado el sistema inmunitario en el pasado.
Los anticuerpos centinela podrían convertirse en una herramienta para leer ese historial y anticipar la respuesta futura. Antes será necesario demostrar que la predicción funciona con nuevos pacientes, diferentes poblaciones y vacunas distintas de las utilizadas contra la covid-19.
El horizonte es una vacunación más personalizada: no administrar menos vacunas, sino conocer mejor a quienes las reciben para reforzar la protección de las personas que más lo necesitan.▪️(22-agosto-2026)
LO MÁS IMPORTANTE DEL ESTUDIO, EN 30 SEGUNDOS
- Una huella inmunitaria personal: los anticuerpos acumulados tras antiguas infecciones y vacunaciones podrían anticipar cómo responderá una persona a una nueva vacuna.
- Más de 4.000 participantes: se analizaron 8.687 muestras de sangre y anticuerpos frente a 185 antígenos de virus, bacterias y enfermedades autoinmunes.
- Anticuerpos centinela: determinados anticuerpos contra Staphylococcus aureus, el virus respiratorio sincitial y el respirovirus humano 3 se asociaron con respuestas vacunales más potentes.
- No todos los inmunodeprimidos responden mal: algunos desarrollaron defensas robustas, mientras que entre un 5% y un 6% de las personas sanas presentó una respuesta débil.
- La inteligencia artificial encontró patrones: un modelo combinó decenas de anticuerpos y datos personales para distinguir a quienes respondían mejor o peor.
- Todavía no es una prueba médica: los resultados muestran asociaciones, no relaciones causales, y deben validarse con nuevas poblaciones y vacunas distintas de las utilizadas contra la covid-19.
PREGUNTAS & RESPUESTAS: Vacunas y Eficacia
💉 ¿Por qué algunas personas producen más anticuerpos que otras?
Porque la respuesta depende de la edad, la genética, el sexo, las enfermedades, los medicamentos y las exposiciones inmunitarias previas. El estado de las células B y de otros componentes del sistema inmunitario también influye.
💉¿Qué son los anticuerpos centinela?
Son anticuerpos preexistentes cuyos niveles sirven como indicadores de la capacidad general del sistema inmunitario para generar respuestas humorales. No tienen que actuar directamente contra el patógeno de la nueva vacuna.
💉¿Un nivel alto de anticuerpos contra microbios comunes garantiza una buena respuesta?
No. El estudio encontró una asociación estadística, no una garantía individual ni una relación causal. Estos anticuerpos deben considerarse biomarcadores potenciales.
💉¿Una respuesta baja de anticuerpos significa que la vacuna no protege?
No necesariamente. Los anticuerpos son importantes, pero la protección también depende de las células T, las células B de memoria y otros mecanismos inmunitarios.
💉¿Existe ya una prueba para predecir la respuesta antes de vacunarse?
Todavía no. El modelo necesita validaciones prospectivas, poblaciones independientes y estudios con otras vacunas antes de poder utilizarse en la práctica clínica.
💉¿Los resultados se aplican a todas las vacunas?
Por ahora, no puede afirmarse. El estudio analizó principalmente la respuesta a vacunas contra la covid-19. Será necesario comprobar si la misma firma inmunitaria predice la reacción frente a la gripe, el neumococo u otras enfermedades.
💉¿Qué personas podrían beneficiarse más de esta tecnología?
Sobre todo quienes reciben tratamientos inmunosupresores, pacientes trasplantados, personas con cáncer o enfermedades autoinmunes y cualquier individuo con antecedentes de respuestas vacunales insuficientes.
SALUD Y BIENESTAR
Información facilitada por la Universidad Estatal de Arizona
Fuente: Song L., Park J., Qiu J. et al. Pre-vaccine sentinel antibodies predict blunted vaccine responses. Cell Press Blue (2026). DOI: 10.1016/j.cpblue.2026.100088

