Vacuna universal contra virus, bacterias y alérgenos respiratorios: el avance de Stanford que podría cambiar la medicina
Un nuevo enfoque inmunológico logra en ratones lo que durante décadas pareció imposible: una sola vacuna capaz de proteger frente a virus, bacterias y alergias respiratorias. El hallazgo de la Universidad de Stanford abre la puerta a un espray nasal universal que podría simplificar la vacunación anual y anticiparse a futuras pandemias.
Por Enrique Coperías, periodista científico
Investigadores de Stanford han desarrollado una vacuna experimental que, en modelos animales, ofrece protección simultánea frente a virus respiratorios, bacterias y alérgenos, acercando el viejo sueño de una vacuna universal. Crédito: IA-Copilot-RexMolón Producciones
Una vacuna universal respiratoria, más cerca que nunca
La idea de una vacuna universal capaz de proteger frente a cualquier agente patógeno ha sido durante décadas una suerte de Santo Grial de la medicina. También, como los objetos de los mitos, un objetivo tan ambicioso como inalcanzable.
Sin embargo, un equipo de la Stanford Medicine, en Estados Unidos, cree haber dado un paso inesperado hacia esa meta: una vacuna experimental que, al menos en ratones, protege frente a virus, bacterias y alérgenos respiratorios.
En un estudio publicado en noviembre de 2025 en la revista Science, los investigadores ya demostraron que su fórmula, administrada por vía intranasal, puede ofrecer protección durante meses en los pulmones frente a amenazas tan diversas como el SARS-CoV-2, causante de la covid-19, y otros coronavirus, bacterias hospitalarias comunes o los ácaros del polvo doméstico, uno de los principales desencadenantes del asma alérgica.
Si el enfoque se traduce con éxito de los roedores a los seres humanos, podría sustituir a múltiples vacunas estacionales y servir como primera línea frente a futuras pandemias.
Por qué las vacunas actuales no son universales
Desde finales del siglo XVIII, cuando el médico y científico inglés Edward Jenner acuñó el término vacunación, todas las vacunas han seguido el mismo principio: imitar un componente específico de un agente patógeno, el llamado alergeno, para entrenar al sistema inmunitario.
Ese paradigma ha dominado la inmunología durante más de dos siglos. «Ese ha sido el paradigma de la vacunología durante los últimos 230 años», afirma Bali Pulendran, profesor de Microbiología e Inmunología en Stanford y autor principal del estudio, en un comunicado de dicha institución.
Pero ese modelo presenta limitaciones evidentes en un mundo de virus en constante evolución. Las vacunas específicas fallan cuando un agente patógeno muta o surge uno nuevo, lo que obliga a actualizar de forma periódica los sueros contra la gripe o la covid-19.
🗣️ «Cada vez está más claro que muchos agentes patógenos pueden mutar de manera rápida. Como el proverbial leopardo que cambia sus manchas, un virus puede cambiar los antígenos de su superficie», explica Pulendran.
La mayoría de intentos por crear vacunas universales se habían centrado en generar inmunidad contra familias completas de virus —todos los coronavirus o todos los virus de la gripe— mediante el uso de componentes virales que mutan menos que el resto. Pero una vacuna realmente universal, capaz de combatir agentes infecciosos muy distintos entre sí, se consideraba una idea casi fantasiosa.
«Nos interesó esta idea porque sonaba un poco disparatada —reconoce el investigador—. Creo que nadie estaba considerando seriamente que algo así pudiera ser posible».
Una estrategia nueva: activar todo el sistema inmunitario
El nuevo enfoque rompe con la lógica tradicional. En lugar de imitar partes de un intruso para nuestro organismo, la vacuna reproduce las señales que las células inmunitarias utilizan para comunicarse durante una infección. Esta estrategia integra las dos grandes ramas del sistema inmunitario —la inmunidad innata y la inmunidad adaptativa— en un bucle de retroalimentación que mantiene una respuesta inmunitaria amplia y sostenida.
✅ La inmunidad innata es la primera línea de defensa del organismo frente a cualquier patógeno: actúa en cuestión de minutos mediante células generalistas —como macrófagos o neutrófilos— capaces de reconocer y atacar a casi cualquier invasor. Es rápida pero poco específica y, por lo general, de corta duración.
✅ La inmunidad adaptativa, en cambio, es más lenta en activarse pero altamente precisa: genera anticuerpos y células T diseñados para un patógeno concreto y conserva memoria durante años o incluso toda la vida. Las vacunas tradicionales se apoyan sobre todo en esta segunda rama, mientras que el nuevo enfoque busca combinar ambas para lograr una protección más amplia y duradera.
Dos inmunidades contra el enemigo
Las vacunas actuales se apoyan sobre todo en la inmunidad adaptativa, responsable de generar anticuerpos y células T específicas que recuerdan a los agentes patógenos durante años. La inmunidad innata, que actúa en cuestión de minutos ante una infección, ha recibido menos atención porque, como hemos avanzado, su efecto suele durar solo unos días. Se la consideraba el calentamiento antes de la verdadera respuesta inmunitaria.
Sin embargo, el equipo de Pulendran se interesó por su versatilidad: «Lo notable del sistema innato es que puede proteger frente a una amplia gama de microbios distintos».
Aunque breve, la inmunidad innata se aproxima a una protección universal. Desde hace años existen indicios de que, en determinadas circunstancias, puede prolongarse. Un ejemplo es la vacuna contra la tuberculosis Bacillus Calmette-Guérin (BCG), administrada a unos cien millones de recién nacidos cada año en todo el mundo. Estudios epidemiológicos han mostrado que reduce la mortalidad infantil por otras infecciones, lo que sugiere un efecto protector cruzado que puede durar meses. Sin embargo, ese fenómeno era irregular y su mecanismo, desconocido.
Imagen coloreada de la interacción entre los linfocitos T reguladores (en rojo) y las células presentadoras de antígeno (en azul), generada con microscopio electrónico de barrido. Cortesía: National Institute of Allergy and Infectious Diseases
El descubrimiento: cómo prolongar la inmunidad innata
En 2023, el equipo de Stanford describió en ratones cómo funcionaba esa protección. La vacuna de la tuberculosis inducía tanto una respuesta innata como adaptativa, pero de forma inusual la respuesta innata se mantenía durante meses. Descubrieron que las células T reclutadas en los pulmones enviaban señales a las células inmunitarias innatas para mantenerlas activas.
«Esas células T proporcionaban una señal crítica para mantener la activación del sistema innato, que normalmente dura unos días o una semana, pero en este caso podía durar tres meses», explica Pulendran.
Mientras esa respuesta innata permanecía activa, los ratones estaban protegidos frente al SARS-CoV-2 y otros coronavirus. Los investigadores identificaron las señales enviadas por las células T como citocinas que activan receptores de tipo toll en las células inmunitarias innatas.
«En ese artículo especulamos que, ahora que sabemos cómo la vacuna contra la tuberculosis media sus efectos de protección cruzada, sería posible fabricar una vacuna sintética, quizá un espray nasal, que tenga la combinación adecuada de estímulos de los receptores de tipo toll y algún antígeno para atraer células T a los pulmones —recuerda Pulendran—. Avancemos dos años y medio y hemos demostrado que exactamente lo que habíamos especulado es factible en ratones».
Cómo funciona la nueva vacuna universal
La nueva vacuna, denominada por ahora GLA-3M-052-LS+OVA, reproduce esas señales de las células T que estimulan directamente a las células inmunitarias innatas en los pulmones. También contiene un antígeno inocuo —una proteína del huevo llamada ovalbúmina— que recluta células T para mantener activa la respuesta innata durante semanas o meses.
En el estudio, los ratones recibieron la vacuna mediante gotas en la nariz. Tras tres dosis, quedaron protegidos durante al menos tres meses frente al SARS-CoV-2 y otros coronavirus. Los animales no vacunados perdían peso, mostraban pulmones inflamados y a menudo morían; los vacunados sobrevivían y sus pulmones apenas contenían virus.
Según Pulendran, la vacuna actúa como un golpe doble contra las infecciones virales: la respuesta innata prolongada reduce la cantidad de virus en los pulmones hasta 700 veces y los virus que logran escapar se encuentran con una respuesta adaptativa muy rápida. «El sistema inmunitario pulmonar está tan preparado y alerta que puede lanzar las respuestas adaptativas típicas —células T y anticuerpos específicos del virus— en apenas tres días, un periodo extraordinariamente corto — afirma—. Normalmente, en un ratón no vacunado, se tarda dos semanas».
¿Una vacuna universal contra alergias y pandemias?
Sorprendidos por la capacidad de la vacuna para frenar distintos virus, los investigadores ampliaron las pruebas a infecciones bacterianas respiratorias como Staphylococcus aureus y Acinetobacter baumannii. Los ratones vacunados también quedaron protegidos durante unos tres meses. «Entonces pensamos: “¿Qué más podría entrar en el pulmón?”— pregunta el científico. Y responde—: Alérgenos».
Al exponer a los animales a una proteína de ácaros del polvo doméstico, un desencadenante común del asma alérgica, los ratones no vacunados mostraron una fuerte respuesta alérgica y acumulación de moco en las vías respiratorias.
La vacuna redujo esa reacción y mantuvo las vías respiratorias despejadas. «Creo que lo que tenemos es una vacuna universal contra diversas amenazas respiratorias», concluye Pulendran.
Impacto potencial en la medicina y la salud pública
El siguiente paso será probarla en humanos, primero en un ensayo clínico de fase I y, si funciona, en estudios más amplios. El investigador cree que dos dosis en forma de espray nasal podrían ser suficientes para proporcionar protección. En el mejor de los escenarios y con financiación suficiente, estima que una vacuna respiratoria universal podría estar disponible en cinco a siete años.
Si se confirma en humanos, esta tecnología podría:
✅ Simplificar la vacunación estacional.
✅ Reducir la necesidad de múltiples dosis anuales.
✅ Preparar al mundo frente a nuevas pandemias.
✅ Disminuir infecciones respiratorias y alergias.
✅ Mejorar la prevención de enfermedades en hospitales.
«Imaginad recibir un espray nasal en otoño que os proteja de todos los virus respiratorios, incluidos los causantes de la covid-19 y de la gripe, el virus respiratorio sincitial y el virus del resfriado común, así como de la bacteria de la neumonía y los alérgenos de principios de primavera —plantea Pulendran—. Eso transformaría la práctica médica».
En el trabajo han participado investigadores de la Universidad de Emory, la Universidad de Carolina del Norte en Chapel Hill, la Universidad Estatal de Utah y la Universidad de Arizona, con financiación de los Institutos Nacionales de Salud de Estados Unidos (NIH) y varias fundaciones filantrópicas. Aunque aún queda un largo camino hasta su aplicación clínica, el estudio sugiere que la vieja aspiración de una vacuna universal podría estar, por primera vez, un poco más cerca de la realidad.▪️(20-febrero-2026)
Información facilitada por la Stanford Medicine
Fuente: Haibo Zhang et al. Mucosal vaccination in mice provides protection from diverse respiratory threats. Science (2026). DOI: 10.1126/science.aea1260

