Por qué los aborígenes australianos pintaron criaturas ancestrales gigantes tras la llegada de los colonos

Las monumentales pinturas rupestres de Arnhem Land no fueron una simple elección artística, sino una poderosa respuesta cultural. Al agrandar a sus seres ancestrales, los pueblos indígenas reafirmaron sus leyes, su memoria y su territorio frente al avance colonial de los europeos.

Por Enrique Coperías, periodista científico

La mayor serpiente arcoíris de Awunbarna alcanza los 6,88 metros siguiendo la curvatura de su cuerpo.

La mayor serpiente arcoíris de Awunbarna alcanza los 6,88 metros siguiendo la curvatura de su cuerpo. Cortesía: Andrea Jalandoni.

Bajo el techo de un abrigo rocoso de Awunbarna, en el norte de Australia, una criatura de casi siete metros parece avanzar sobre quienes se detienen a contemplarla. Tiene el cuerpo sinuoso de una serpiente, una cabeza semejante a la de un cocodrilo, dieciocho dientes visibles, aletas de pez y una suerte de brazo o extremidad que cuelga de uno de sus costados.

En el interior, trazos rojos dibujan una columna vertebral y varias costillas sobre un fondo blanco. Es una serpiente arcoíris, uno de los seres ancestrales más poderosos de las culturas aborígenes australianas.

La pintura no es una excepción. En una pequeña extensión de Awunbarna —también conocida como Mount Borradaile— se concentra un extraordinario conjunto de figuras rupestres de gran tamaño realizadas durante los siglos XVIII, XIX y comienzos del XX. Entre ellas hay otras serpientes arcoíris, peces enormes, una ballena, un hombre gigantesco y criaturas que combinan rasgos humanos y animales.

Su aparición parece coincidir con una de las mayores convulsiones sufridas por los pueblos indígenas de la región: la llegada y el asentamiento de los europeos.

Un estudio publicado en la revista Australian Archaeology sostiene que aquel repentino gusto por lo monumental no fue una simple innovación artística. Pintar seres ancestrales cada vez más grandes habría sido una forma de reafirmar la ley indígena, la conexión con el territorio y la autoridad de las tradiciones en un paisaje sometido a cambios sociales acelerados.

Una concentración excepcional de serpientes arcoíris

Awunbarna se encuentra en el oeste de Arnhem Land, en el Territorio del Norte australiano, dentro de las tierras tradicionales del pueblo amurdak, de la península de Cobourg y la Tierra de Arnhem, en el Territorio del Norte de Australia. Sus paredes y techos rocosos conservan pinturas realizadas a lo largo de al menos 15.000 años.

Desde 2018, un equipo dirigido por el antropólogo y arqueólogo Paul S. C. Taçon, de la Universidad Griffith, ha documentado con detalle 165 yacimientos de la zona, y ha prestando especial atención al arte producido después del contacto con los europeos. La investigación también está firmada por la arqueóloga Sally K. May, la arqueóloga digital Andrea Jalandoni y Charlie Mungulda, propietario tradicional y anciano amurdak, cuya memoria cultural ha sido esencial para interpretar algunos de los lugares estudiados.

Los investigadores han identificado veintinueve representaciones de serpientes arcoíris distribuidas en veintiún enclaves. Veinte de ellas, casi el 70 %, pertenecen al periodo posterior al contacto. La concentración resulta excepcional: Awunbarna reúne el 38,5 % de todas las pinturas recientes de estos seres conocidas en el oeste de Arnhem Land, pero comprimidas en un área de apenas 27 kilómetros cuadrados.

Para Taçon y sus colaboradores, esta acumulación pone de manifiesto una elección consciente. Los artistas decidieron representar repetidamente al principal ser creador de la región precisamente cuando la presencia europea estaba transformando las relaciones sociales, las actividades económicas y la ocupación del territorio.

Aquellas imágenes, explican los autores, permitían recordar quién había creado el paisaje y qué leyes seguían gobernando la relación entre las personas, los animales y los lugares sagrados.

El investigador Liam Brady examina una serpiente arcoíris de Awunbarna cuyo cuerpo incorpora rasgos de cocodrilo.

El investigador Liam Brady examina una serpiente arcoíris de Awunbarna cuyo cuerpo incorpora rasgos de cocodrilo. Cortesía: Paul S. C. Taçon.

Qué es la serpiente arcoíris

No hay que olvidar que las serpientes arcoíris forman parte de la tradición artística de Arnhem Land desde hace más de 6.000 años. Las más antiguas suelen ser pequeñas, están pintadas con pigmentos rojizos y combinan un cuerpo serpentiforme con una cabeza parecida a la de un canguro.

Las figuras recientes, en cambio, aumentaron de tamaño y se volvieron más variadas. Las nueve representaciones antiguas estudiadas en Awunbarna miden, de media, 1,14 metros. Las posteriores al contacto alcanzan los 2,4 metros de media, y algunas superan los cinco o seis metros de longitud.

También presentan bocas abiertas, dientes, senos, brazos, aletas, cabezas dobles y anatomías de cocodrilo. Una de ellas tiene una mujer pintada dentro del cuerpo, como si acabara de tragársela. Otra aparece cubierta por pequeñas figuras humanas, peces y un varano.

No son monstruos inventados al azar, sino seres compuestos cuya anatomía expresa su capacidad para atravesar categorías, modificar el mundo y adoptar diferentes formas.

Cómo se ha conocido la antigüedad de las pinturas

Determinar cuándo se pintaron no ha sido sencillo. La mayoría de las obras no dispone de una datación directa. Los arqueólogos han recurrido a su posición sobre otras imágenes, a la secuencia de estilos, a los motivos representados y a los pigmentos utilizados.

Siete serpientes arcoíris fueron elaboradas principalmente con caolín blanco, un material que permanece sobre la superficie de la roca y se deteriora con relativa rapidez. A diferencia del ocre rojo, que penetra en la piedra, estas pinturas blancas suelen sobrevivir solo unos siglos y, en ocasiones, apenas unas décadas.

Las evidencias sitúan las figuras más recientes después de aproximadamente 1640, aunque muchas parecen corresponder a los siglos XIX y comienzos del XX. Fue entonces cuando la colonización se hizo especialmente visible en Arnhem Land. Barcos, armas de fuego, caballos y búfalos comenzaron a aparecer también en las paredes.

La figura humana gigante de Awunbarna, de más de dos metros y con un solo testículo, presenta un fino entramado de líneas rojas en el torso.

La figura humana gigante de Awunbarna, de más de dos metros y con un solo testículo, presenta un fino entramado de líneas rojas en el torso. Cortesía: Paul S. C. Taçon

Una respuesta artística ante el avance europeo

La expansión de la caza comercial de búfalos, a finales del siglo XIX, alteró la movilidad de las comunidades y creó nuevas formas de relación entre los clanes, los grupos lingüísticos y los extranjeros.

Los grandes seres ancestrales convivieron así con imágenes del mundo recién llegado. En ocasiones fueron pintados encima o al lado de barcos y animales introducidos.

Según interpretan los autores del estudio, esa disposición constituía una declaración visual de autoridad: pese a las transformaciones impuestas desde fuera, el territorio continuaba perteneciendo a un orden aborigen mucho más antiguo.

La única ballena pintada de Arnhem Land

Entre los hallazgos más singulares se encuentra la única pintura de una ballena conocida en el arte rupestre del oeste de Arnhem Land. Mide algo más de dos metros y muestra el cuerpo blanco perfilado en rojo, una cola semejante a una aleta caudal y una serie de líneas que representan las barbas que utilizan estos cetáceos para filtrar el alimento. Es la única imagen rupestre australiana conocida en la que aparece este detalle anatómico.

Probablemente se trata de una ballena jorobada o yubarta. Aunque el abrigo está tierra adentro, estos animales pueden adentrarse en los ríos de la región. En 2020, tres ballenas jorobadas remontaron el cercano río East Alligator, lo que demuestra que el autor de la pintura pudo haber observado una en el curso fluvial.

El cetáceo parece estar tragándose a una mujer. Este detalle podría relacionarla con relatos sobre seres ancestrales que adoptaban forma de cetáceo.

Pintura rupestre de una probable ballena jorobada con las barbas y un ojo visibles; abajo, la imagen realzada digitalmente con DStretch.

Pintura rupestre de una probable ballena jorobada con las barbas y un ojo visibles; abajo, la imagen realzada digitalmente con DStretch. Cortesía: Paul S. C. Taçon.

Un hombre gigante entre peces monumentales

En otro abrigo aparece un hombre de 2,1 metros de alto tendido de lado, con un brazo levantado, un gran pene y un solo testículo. Su torso está cubierto por un delicado entramado de líneas rojas semejante al de varios peces gigantes pintados a su alrededor.

Los autores relacionan esta figura con historias sobre Wuraka y Luma Luma, dos gigantes que llegaron desde el mar y viajaron por la región acompañados por serpientes arcoíris. Luma Luma, según algunas tradiciones, podía convertirse en ballena.

Estas narraciones no hablan de un pasado cerrado. En las culturas de Arnhem Land, el Dreaming —el tiempo ancestral— continúa manifestándose en el presente. Los seres creadores pueden transformarse, plegar el tiempo y reaparecer de maneras nuevas. La adaptación al cambio, subrayan los investigadores, forma parte de sus historias. Por eso resultaban especialmente apropiados para afrontar la ruptura provocada por la colonización.

Una Serpiente Arcoíris construida con 124 metros de piedras

Taçon y sus colegas describe además una gigantesca serpiente arcoíris construida con piedras. El conjunto ocupa unos 38 metros por 37 metros, y suma 124 metros de rocas colocadas de modo deliberado. Un cuello sinuoso de 16 metros conduce hasta una piedra cuya forma recuerda la cabeza de un cocodrilo.

Mungulda explica que esta construcción se utilizaba en el Morak, una exigente ceremonia de iniciación para hombres jóvenes. Allí se les enseñaban normas sobre la vida adulta, el reparto de alimentos y las consecuencias de infringir la ley aborigen.

Mungulda también recuerda que los mayores narraban historias de las serpientes arcoíris bajo algunas de las pinturas monumentales. La imagen gigantesca era, por tanto, algo más que una obra para ser contemplada: constituía una herramienta para transmitir conocimiento entre generaciones.

contemplación. Funcionaban como herramientas para enseñar, recordar y transmitir conocimientos.

Cabeza y cuello de la gigantesca serpiente arcoíris de Awunbarna, construida con piedras colocadas deliberadamente sobre el terreno.

Cabeza y cuello de la gigantesca serpiente arcoíris de Awunbarna, construida con piedras colocadas deliberadamente sobre el terreno. Cortesía: Paul S. C. Taçon.

Por qué el tamaño era tan importante

Las dimensiones de las figuras reforzaban el mensaje. Pintar una figura de seis metros exigía más tiempo, pigmento, esfuerzo y organización que realizar una imagen pequeña. Su escala también hacía que destacara sobre las demás pinturas del abrigo.

Los ancianos podían señalarla fácilmente mientras explicaban relatos, ceremonias, obligaciones sociales y vínculos con lugares concretos. En Arnhem Land, además, los animales excepcionalmente grandes o gordos podían ser considerados Mardayin, término relacionado con un importante ámbito ceremonial y espiritual.

El tamaño convertía así la pintura en una manifestación visible de poder. Cuanto mayor era la figura, más difícil resultaba ignorar el mensaje que transmitía.

Los artistas aborígenes no respondieron a la colonización abandonando su tradición, sino haciéndola monumental. Al agrandar a los seres ancestrales, convirtieron las paredes de Awunbarna en una afirmación cultural: el mundo estaba cambiando, pero las fuerzas que habían creado el territorio continuaban presentes. ▪️(31-agosto-2026)

LO MÁS IMPORTANTE DEL ESTUDIO, EN 30 SEGUNDOS

  • Criaturas cada vez más grandes: durante el periodo colonial, los artistas aborígenes de Awunbarna comenzaron a pintar Serpientes Arcoíris, animales y figuras humanas de dimensiones monumentales.
  • Una concentración excepcional: los investigadores documentaron 29 Serpientes Arcoíris en 21 yacimientos; 20 fueron creadas después del contacto europeo.
  • Casi siete metros de longitud: la mayor Serpiente Arcoíris mide 6,88 metros siguiendo la curvatura de su cuerpo.
  • Una respuesta cultural: los autores interpretan estas pinturas gigantes como una forma de reafirmar la ley, la memoria y la autoridad indígenas ante las transformaciones provocadas por la colonización.
  • Seres ancestrales y territorio: las imágenes ayudaban a transmitir relatos, ceremonias y vínculos con lugares sagrados entre distintas generaciones.
  • Hallazgos extraordinarios: el conjunto incluye una probable ballena jorobada, un hombre gigante de 2,1 metros y una enorme Serpiente Arcoíris construida con 124 metros de piedras.
  • Una cronología aproximada: las obras no están datadas directamente; su antigüedad se deduce mediante los pigmentos, los estilos y la superposición de las pinturas.
  • Fuente: Taçon, P. S. C., May, S. K., Jalandoni, A., & Mungulda, C. Paintings of Rainbow Serpents and other big creatures of Awunbarna, Northern Territory, Australia. Australian Archaeology (2026). DOI: https://doi.org/10.1080/03122417.2026.2676505

Anterior
Anterior

Ni tigre ni lobo: así cazaba realmente el tilacino

Siguiente
Siguiente

Dos águilas dibujan con GPS una peligrosa ruta migratoria entre Rusia y África