Dos águilas dibujan con GPS una peligrosa ruta migratoria entre Rusia y África
Una fue rescatada de una operación de tráfico ilegal; la otra cayó en una red mientras cazaba. Los transmisores que portaban las dos águilas han revelado un viaje épico de miles de kilómetros entre Rusia y África, plagado de obstáculos, aventuras y amenazas.
Por Enrique Coperías, periodista científico
Esta águila calzada fue capturada, equipada con un transmisor GPS-GSM y liberada en Turquía en septiembre de 2021. Su seguimiento puso sobre la mesa un viaje de 11.866 kilómetros entre Eurasia y África. Cortesía: University of Utah
Una de ellas fue rescatada de una operación de tráfico ilegal; la otra cayó en una red de anillamiento mientras intentaba cazar un pequeño pájaro. Equipadas con transmisores, las dos águilas han permitido reconstruir con una precisión inédita miles de kilómetros de vuelo a través de algunos de los pasos más peligrosos del planeta.
Una de las águilas llegó a manos de los científicos después de que la policía turca sorprendiera a una persona intentando venderla en el mercado negro. Era un ejemplar joven de águila esteparia (Aquila nipalensis), estaba desnutrido y se encontraba en malas condiciones. La otra, un águila calzada (Hieraaetus pennatus) adulta, terminó en una red para capturar aves pequeñas cuando aparentemente perseguía a un ruiseñor bastardo. Dos encuentros fortuitos ocurridos en el noreste de Turquía han permitido ahora que los ornitólogos puedan asomarse a una de las migraciones animales menos conocidas del planeta.
Los viajes reconstruidos conectan Rusia y Asia central con África oriental a través de Oriente Próximo, la península arábiga, el mar Rojo y el Sahel. Miles de kilómetros en los que las aves deben encontrar alimento, aprovechar los vientos, esquivar grandes masas de agua y atravesar territorios sometidos a una creciente presión humana.
La investigación, publicada en la revista Zoology in the Middle East, está encabezada por Nathan Murthy, graduado de la Universidad de Utah, y Kyle D. Kittelberger, que comparten la autoría principal del trabajo. Es el primer estudio por satélite de un águila calzada en el corredor Asia Oriental–África Oriental y también el primero que sigue desde Turquía a ejemplares de esta especie y del águila esteparia.
Qué es el corredor migratorio Asia Oriental–África Oriental
Recordemos que el corredor Asia Oriental–África Oriental es una de las grandes rutas utilizadas por las aves para desplazarse entre sus zonas de reproducción y sus territorios de invernada. Atraviesa más de sesenta países y conecta Siberia y el este de Rusia con África oriental y meridional.
Más de 330 especies de aves acuáticas, playeras costeras y rapaces utilizan algún tramo de este itinerario.
Muchas deben concentrarse en estrechos pasos geográficos de Oriente Próximo y el mar Rojo, donde coinciden barreras naturales, infraestructuras, pérdida de hábitat, persecución y captura ilegal. Incluye paradas vitales como el humedal del Sudd en Sudán del Sur, que acoge a millones de aves migratorias en la temporada seca.
Rutas migratorias de las dos águilas seguidas por satélite: en azul, el viaje otoñal del águila calzada; en celeste, su regreso primaveral, y en rojo, el recorrido otoñal del águila esteparia. No se obtuvieron datos de esta última durante la primavera. Cortesía: Zoology in the Middle East.
Los dispositivos GPS-GSM pueden determinar la posición del animal
Murthy comenzó a colaborar como voluntario en el Laboratorio de Biodiversidad y Ecología de la Conservación dirigido por el biólogo Çağan Şekercioğlu. Tras un año dedicado a introducir datos, buscó la posibilidad de desarrollar un proyecto propio. Kittelberger, entonces su mentor, le mostró la información acumulada por los transmisores de las dos águilas.
«Los datos estaban allí y no había suficientes personas para hacer el trabajo —recuerda Murthy—. Si no hubiera pedido la oportunidad, quizá nunca se habrían publicado».
Hasta finales del siglo XIX, seguir la migración de un ave suponía colocarle una anilla y esperar a que alguien la encontrara de nuevo. El método permitía conocer los puntos de partida y llegada, pero dejaba en blanco casi todo lo sucedido entre ambos. Los actuales dispositivos GPS-GSM pueden determinar la posición del animal, almacenar numerosos registros y transmitirlos a través de la red de telefonía móvil.
La migración deja así de ser una flecha aproximada en un mapa y se convierte en una sucesión de movimientos, descansos y cambios de rumbo.
Cómo consiguieron seguir a las dos águilas
Los dos ejemplares fueron marcados en la Estación Ornitológica del río Aras, en la provincia turca de Iğdır. El lugar se encuentra en el punto de encuentro de dos puntos calientes de biodiversidad —el Cáucaso y la región irano-anatolia— y en una zona donde confluyen tres grandes corredores migratorios. Sus humedales y su vegetación de ribera forman una isla de recursos dentro de la árida estepa montañosa del este de Anatolia.
El águila esteparia, un ejemplar inmaduro que pesaba 1.438 gramos tras su rehabilitación, recibió un transmisor de nueve gramos y fue liberada el 18 de septiembre de 2022. El águila calzada, adulta y de sexo desconocido, pesaba 706,4 gramos y fue equipada con un dispositivo de diez gramos el 13 de septiembre de 2021.
En ambos casos, los aparatos representaban menos del 3 % de la masa corporal, el umbral utilizado habitualmente para evitar que el equipo suponga una carga excesiva. Funcionaban con energía solar y ofrecían, según el fabricante, una precisión de unos 12 metros.
🗣️ «Estos viajes son espectaculares y difíciles; se cuentan por miles de kilómetros —señala Murthy—. Pero nosotros solo captamos destellos. Un ave posada aquí, otra planeando allí… Podemos acompañarlas durante un breve segundo, pero eso es todo».
El análisis de los transmisores permitió unir esos destellos.
Un águila esteparia inmadura equipada con un transmisor por satélite en la Estación Ornitológica del río Aras, en el noreste de Turquía, el 18 de septiembre de 2022. El dispositivo permitió seguir su viaje de 4.409 kilómetros hasta Sudán. Crédito: Kayahan Ağırkaya.
El águila esteparia: 4.409 kilómetros hasta Sudán
El águila esteparia partió al día siguiente de ser liberada. En dos jornadas voló 416,5 kilómetros, aunque su primer destino se encontraba apenas a unos 120 kilómetros al oeste en línea recta: un vertedero del este de Turquía. Permaneció allí durante diecisiete días y concentró sus movimientos en solo 0,48 kilómetros cuadrados.
La parada no sorprendió a los investigadores. Las águilas esteparias frecuentan vertederos en otros lugares de su distribución; en uno de la India llegaron a contarse 136 ejemplares. Los individuos jóvenes, además, parecen utilizar los ambientes transformados por el ser humano con mayor frecuencia que los adultos.
Estos espacios pueden proporcionar comida abundante, pero también exponen a las rapaces a residuos tóxicos, envenenamientos, vehículos, tendidos eléctricos y conflictos con las personas.
El ave reanudó el viaje el 7 de octubre. Atravesó la estepa anatolia, Siria y Jordania y alcanzó Eilat, en Israel, una semana después. Desde allí se dirigió hacia el golfo de Suez, avanzó por la costa en lugar de internarse sobre el agua y cruzó el canal el 17 de octubre. Ya en África, siguió de manera intermitente el curso del Nilo hasta llegar el 26 de octubre a sus cuarteles de invernada en Sudán.
Su destino se encontraba en el Sahel, en una zona ondulada cubierta de acacias y pastizales. El territorio utilizado durante esta etapa abarcó unos 2.532 kilómetros cuadrados. Desde el río Aras había recorrido 4.409,6 kilómetros, cruzado seis países y avanzado, durante las fases activas de la migración, a una media aproximada de 210 kilómetros diarios.
Una ruta poco habitual por el canal de Suez
La ruta resultó poco habitual. Muchas águilas esteparias que se desplazan hacia África cruzan el mar Rojo por Bab el-Mandeb, entre Yemen y Yibuti, y regresan después por Suez, trazando una migración en forma de bucle. Este ejemplar utilizó directamente la vía de Suez en otoño, uno de los escasos casos documentados por satélite de un águila esteparia que atraviesa la península del Sinaí en esa estación.
El transmisor dejó de funcionar el 18 de noviembre. Los investigadores desconocen si se averió, se desprendió o si el animal murió. El silencio de una baliza no demuestra por sí solo la muerte del ave, una cautela importante cuando se interpretan los seguimientos de fauna.
Áreas utilizadas por el águila esteparia durante su escala de 17 días en un vertedero del este de Turquía (A) y en su territorio de invernada en Sudán (B). El contorno amarillo delimita el área estimada de actividad y los puntos blancos corresponden a posiciones GPS. Crédito: Zoology in the Middle East / Esri World Imagery
El águila calzada: 11.866 kilómetros y doce países
El águila calzada proporcionó una historia mucho más extensa. Poco después de ser liberada voló hacia el sur, pasó por el lago Dukan y Bagdad, en Irak, y entró en Arabia Saudí. El 22 de septiembre ascendió por las montañas de Asir y alcanzó en algunos momentos altitudes superiores a 2.000 metros.
Al aproximarse al mar Rojo, se desvió unos 40 kilómetros hacia el interior para dormir en el cauce de un río antes de cruzar el estrecho de Bab el-Mandeb el 28 de septiembre.
Después de entrar en Yibuti llegó al parque nacional de Yangudi Rassa, en Etiopía, donde interrumpió el viaje durante veintisiete días. Su área de movimientos abarcó unos 1.649 kilómetros cuadrados de sabana semiárida. Aunque el río Awash discurría cerca, el águila evitó sus orillas y prefirió las colinas y los afloramientos rocosos.
Cuatro meses junto al monte Elgon
El 26 de octubre volvió a ponerse en marcha. Sobrevoló el lago Koka, pero esquivó otros cinco lagos etíopes y bordeó el Turkana antes de alcanzar el monte Elgon, entre Uganda y Kenia. Había recorrido 5.080,6 kilómetros en 49 días, incluidos los 27 de descanso. Durante las etapas de vuelo migratorio avanzó a una media de unos 231 kilómetros diarios.
Pasó 131 días cerca de Kapchorwa, en Uganda, dentro de un paisaje agrícola rodeado de bosque primario. Dormía principalmente en los límites del bosque y buscaba recursos en los terrenos próximos. En enero se desplazó temporalmente unos 80 kilómetros hacia el sur, pero regresó pocos días después.
El viaje de vuelta comenzó el 12 de marzo de 2022. El águila cruzó de nuevo Bab el-Mandeb, recorrió las montañas de Asir y llegó a Basora, en Irak, donde aminoró el paso durante tres días sin detenerse completamente: recorrió 294 kilómetros, por lo que los autores denominan esta fase una pseudoescala.
Después atravesó el oeste de Irán y llegó al pie del Cáucaso, en Georgia. Tras pasar allí la noche, cubrió en solo tres horas los 143 kilómetros que la separaban de Rusia, sobrevolando cumbres de más de 3.400 metros. Alcanzó el 16 de abril sus territorios de reproducción junto al Volga después de recorrer 6.785,7 kilómetros en 35 días.
En Rusia se movió por una combinación de bosques de ribera, praderas y terrenos agrícolas poco intensivos. Su área de reproducción resultó mucho más reducida que la utilizada en África: apenas 16,28 kilómetros cuadrados. La última señal se recibió el 7 de julio. Para entonces, desde su liberación, el águila había cubierto 11.866,3 kilómetros y cruzado 12 países.
Por qué las águilas evitan las grandes masas de agua
Ambas trayectorias muestran una marcada resistencia a atravesar grandes superficies de agua.
Esta conducta obliga a las rapaces planeadoras a concentrarse en embudos geográficos como Eilat, Suez y Bab el-Mandeb, donde pueden cruzar por tierra o reducir al mínimo el vuelo sobre el mar.
Son lugares decisivos para la supervivencia de numerosas especies, pero el estudio advierte de que ninguna de las áreas terrestres incluidas en esos cuellos de botella está protegida específicamente para conservar la fauna amenazada.
Kyle D. Kittelberger, coautor principal del estudio sobre las rutas migratorias del águila calzada y el águila esteparia, durante un trabajo de campo con una rapaz. Cortesía: Utah University
Las amenazas que encuentran durante la migración
El peligro no procede únicamente de la distancia o del clima. Las águilas y otras aves migratorias afrontan una combinación de presiones humanas:
✅ Pérdida y transformación de hábitats utilizados para descansar o alimentarse.
✅ Caza, persecución y captura ilegal, incluida la destinada a la cetrería.
✅ Envenenamientos y pesticidas que contaminan sus fuentes de alimento.
✅ Electrocuciones y colisiones con tendidos eléctricos.
✅ Vertederos y zonas urbanizadas, que pueden ofrecer comida pero también multiplicar los riesgos.
✅ Incendios y fenómenos climáticos extremos, capaces de alterar las rutas y la disponibilidad de recursos.
✅ Cambios en el calendario de la primavera, que pueden desajustar la llegada de las aves y los momentos de mayor abundancia de alimento.
Una evaluación citada por los investigadores calcula que entre 1,7 y 4,6 millones de aves silvestres pueden morir o ser capturadas ilegalmente cada año en la península arábiga, Irán e Irak.
La situación resulta especialmente preocupante para el águila esteparia, catalogada globalmente en peligro de extinción y cuya población habría disminuido un 58,6 % en las últimas tres generaciones. El águila calzada, en cambio, está considerada una especie de preocupación menor y mantiene poblaciones estables o crecientes en algunas regiones.
Qué demuestra el estudio y cuáles son sus limitaciones
La investigación identifica rutas, escalas, hábitats y puntos de paso importantes, pero solo ha seguido a dos aves. No permite afirmar que todas las águilas esteparias utilicen Suez ni que todas las águilas calzadas viajen hasta Uganda por Bab el-Mandeb.
Tampoco puede determinar si los vertederos, cultivos y ciudades funcionan como recursos útiles o como trampas ecológicas. Para responder a estas preguntas será necesario seguir a más individuos, de edades y poblaciones diferentes, durante varias temporadas.
Los autores consideran prioritario ampliar el seguimiento en regiones poco estudiadas como Irak, Siria y Arabia Saudí. Esta información permitiría identificar zonas de mortalidad, territorios de invernada y variantes migratorias que todavía permanecen ocultas.
«Es importante hacer todo lo posible para que nuestro entorno sea adecuado para estas aves cuando pasan por él —advierte Murthy—, porque cada tramo de su recorrido es crítico para su supervivencia».
Proteger una especie migratoria no consiste únicamente en conservar el lugar donde nace o aquel donde pasa el invierno. Entre ambos extremos existe una cadena de montañas, vertederos, campos agrícolas, parques nacionales, estrechos y fronteras. Basta con que falle uno de sus eslabones para que el águila no regrese al año siguiente.▪️(30-agosto-2026)
LO MÁS IMPORTANTE DEL ESTUDIO, EN 30 SEGUNDOS
- Un seguimiento pionero: es el primer estudio por satélite de un águila calzada en el corredor migratorio Asia Oriental–África Oriental.
- Casi 12.000 kilómetros: el águila calzada recorrió 11.866,3 kilómetros entre Turquía, Uganda y sus territorios de reproducción en Rusia, atravesando doce países.
- Una ruta inesperada: el águila esteparia viajó 4.409,6 kilómetros hasta Sudán y utilizó el canal de Suez, en lugar de seguir el itinerario habitual por Bab el-Mandeb.
- Paradas decisivas: el águila esteparia permaneció 17 días en un vertedero de Turquía, mientras que el águila calzada descansó 27 días en un parque nacional de Etiopía.
- El agua condiciona el viaje: ambas rapaces realizaron grandes desvíos para evitar mares y lagos, concentrándose en pasos estratégicos como Eilat, Suez y Bab el-Mandeb.
- Una ruta llena de amenazas: la pérdida de hábitat, la caza ilegal, los pesticidas y los tendidos eléctricos ponen en peligro a las aves durante todo el recorrido.
- Un estudio revelador, pero pequeño: los resultados proceden únicamente de dos águilas y no pueden generalizarse; será necesario seguir a más individuos durante varias temporadas.
ENERGÍA EÓLICA Y BIODIVERSIDAD
Información facilitada por la Universidad de Utah
Fuente: Murthy, N., Kittelberger, K. D., Ağırkaya, K., & Şekercioğlu, Ç. H. Where eagles dare: tracking data reveals migratory pathways of booted and steppe eagles in the East Asia-East Africa Flyway. Zoology in the Middle East (2026). DOI: https://doi.org/10.1080/09397140.2026.2700089

