Por qué no construiremos grandes ciudades en la Luna: no hay agua suficiente
Hasta en el escenario más optimista, una metrópoli de un millón de habitantes agotaría en apenas un siglo las reservas de agua lunar. Un nuevo estudio enfría los sueños de colonización masiva y dibuja una Luna de pequeñas bases, no de grandes urbes.
Por Enrique Coperías, periodista científico
Recreación de una pequeña ciudad instalada junto a un cráter del polo sur lunar. Las reservas de hielo podrían sostener bases con pocos miles de habitantes, pero no grandes urbes durante periodos prolongados. Crédito: IA-DALL-E / RexMolón Producciones
En algunos cráteres próximos a los polos de la Luna, el Sol no ha salido desde hace unos 4.000 millones de años. Son depresiones hundidas en una oscuridad perpetua, lugares donde la temperatura puede mantenerse por debajo de los -163 ºC.
En esos congeladores naturales, expuestos al vacío del espacio, el hielo apenas se sublima, o sea, que no pasa directamente de sólido a gas, sin convertirse antes en líquido: los cálculos indican que podría perder menos de un milímetro de espesor cada 1.000 millones de años. El agua transportada en el pasado por asteroides y cometas habría quedado allí atrapada, mezclada con el polvo y las rocas lunares.
El descubrimiento de estos depósitos cambió nuestra visión del satélite. La Luna dejó de ser solo un destino para expediciones breves y comenzó a imaginarse como un lugar donde los seres humanos podrían vivir de manera permanente. El agua serviría para beber, cultivar alimentos, producir oxígeno y fabricar combustible para cohetes mediante su separación en hidrógeno y oxígeno. De pronto, las bases permanentes, las aldeas lunares e incluso las ciudades parecían proyectos al alcance de la tecnología.
Pero encontrar agua no significa que haya suficiente para los proyectos que orbitan en las mentes más futuristas.
La razón por la que no habrá grandes urbes en la Luna
Un estudio publicado en la revista científica Frontiers in Space Technologies ha calculado cuánto tiempo podría sobrevivir una población lunar utilizando las reservas previstas. Sus autores son los astrofísicos Martin Elvis, del Smithsonian Astrophysical Observatory, en Estados Unidos; y Jonathan C. McDowell, del Space Research Centre, en la Universidad de Durham (Reino Unido).
La conclusión de estos dos prestigiosos expertos es incómoda: incluso aceptando la estimación extraordinariamente generosa de mil millones de toneladas de agua, una ciudad con un millón de habitantes agotaría el recurso en poco más de un siglo, aunque consiguiera reciclarlo con una eficiencia del 98 %, similar a la alcanzada hoy en la Estación Espacial Internacional.
El resultado cuestiona las visiones de grandes núcleos urbanos autosuficientes defendidas por algunos empresarios espaciales. Jeff Bezos, ingeniero y fundador de Amazon, ha planteado trasladar industrias pesadas fuera de la Tierra, mientras que Elon Musk, padre de SpaceX, ha hablado de ciudades capaces de crecer por sí mismas.
«Son planes grandiosos, pero deben estar fundamentados en la realidad de los recursos de la Luna», advierten Elvis y McDowell..
Retrato ilustrado del astrofísico Martin Elvis, autor principal del estudio que advierte de que las reservas de agua lunar no bastarían para sostener grandes ciudades durante siglos. Imagen generada con Grok / RexMolón Producciones
El estudio no descarta todas las ciudades lunares
El título del trabajo científico, No cities on the Moon: a billion tons of water is not enough for sustainability (No habrá ciudades en la Luna: mil millones de toneladas de agua no son suficientes para garantizar la sostenibilidad) es deliberadamente rotundo. Sin embargo, su significado necesita un matiz.
La investigación no demuestra que construir una ciudad en la Luna sea físicamente imposible ni que nunca pueda descubrirse una reserva mayor de agua. Es un primer análisis de viabilidad basado en determinadas hipótesis de población, consumo, agricultura, reciclaje y cantidad de hielo recuperable. Lo que muestra es que, con el agua que creemos que existe y con tecnologías parecidas a las actuales, una gran ciudad lunar no podría mantenerse durante un tiempo indefinido.
El primer problema no sería la energía
Paradójicamente, el primer obstáculo no sería la energía. Los bordes elevados de los cráteres polares reciben luz solar durante buena parte del tiempo debido a que el eje de la Luna está inclinado solo 1,5 grados, frente a los 23,5 grados de la Tierra. El Sol permanece muy cerca del horizonte y puede iluminar las zonas altas mientras el fondo de los cráteres continúa sumido en la noche.
Estos lugares se conocen, de forma algo imprecisa, como picos de luz eterna. Los autores calculan que unas torres de hasta un kilómetro de altura, recubiertas de paneles fotovoltaicos verticales capaces de seguir al Sol, podrían proporcionar una potencia media cercana a los tres gigavatios durante el 90 % del tiempo. Es una obra de ingeniería hoy inexistente, pero en teoría posible gracias a la baja gravedad lunar y a la abundancia de silicio con el que fabricar células solares.
Una población de un millón de personas necesitaría alrededor de 800 megavatios para su consumo residencial. Si se incorporan la industria y la producción de alimentos, la demanda ascendería a unos 2,1 gigavatios. Incluso un centro de datos lunar dedicado a inteligencia artificial, con un consumo del orden de un gigavatio, podría instalarse cerca de estas cumbres iluminadas. La energía nuclear ofrecería otra opción, aunque obligaría a transportar o extraer combustible y a instalar enormes radiadores para evacuar el calor.
«La generación de energía es una limitación débil para la población lunar», sostienen Elvis y McDowell.
El cuello de botella es el agua.
Cuánta agua hay realmente en la Luna
Mil millones de toneladas parecen una cantidad descomunal, pero equivalen a un solo kilómetro cúbico. Sería suficiente para cubrir Central Park, en Nueva York, con una columna de agua de unos 120 metros.
Este dato, en la Tierra, impresiona; repartido entre cientos de miles de personas, cultivos, industrias y sistemas de soporte vital durante generaciones, deja de parecer inagotable.
Además, esa cifra es el escenario más optimista del estudio. Un análisis anterior de 65 regiones permanentemente sombreadas publicado en la revista Icarus estimó que los ocho cráteres lunares con mayor concentración de compuestos volátiles podrían contener en conjunto alrededor de 34 millones de toneladas de agua: casi treinta veces menos.
Esos cráteres son Amundsen, Cabeus, de Gerlache, Faustini, Haworth, Slater, Shoemaker y Sverdrup. Ni siquiera toda el agua presente en ellos tendría que ser necesariamente recuperable. El hielo podría encontrarse disperso en el regolito, la capa de materiales sueltos, fragmentos de roca y polvo que cubre la roca sólida de nuestro satélite; enterrado a diferentes profundidades; o en concentraciones demasiado bajas para que su extracción resultara rentable.
Las zonas resaltadas en azul señalan lugares del polo sur lunar donde el hielo de agua podría permanecer estable hasta un metro bajo la superficie. Determinar cuánto existe y si puede extraerse será decisivo para planificar futuras bases. Cortesía: ESA
¿Dónde se encuentra el agua de la Luna?
Casi toda el agua lunar potencialmente explotable se concentra en las regiones permanentemente sombreadas, conocidas por las siglas inglesas PSR. Se localizan sobre todo cerca de los polos y permanecen lo bastante frías como para retener hielo durante miles de millones de años.
Las estimaciones se obtienen mediante instrumentos orbitales que estudian distintas capas del terreno:
✅ Las cámaras y los espectrómetros detectan señales de agua o hidroxilo en las micras o milímetros superficiales.
✅ Los detectores de neutrones buscan hidrógeno hasta profundidades de uno o dos metros.
✅ El radar puede penetrar decenas de metros, aunque identifica mejor los grandes bloques de hielo que las partículas dispersas entre las rocas.
✅ Las perforaciones y los análisis realizados sobre el terreno serían necesarios para confirmar la cantidad, pureza y accesibilidad del recurso.
Ninguna de las técnicas orbitales actuales permite elaborar un inventario definitivo. Sabemos que existe agua, pero todavía no conocemos con precisión su volumen, su distribución vertical ni la fracción que podría recuperarse.
Qué aportan los estudios científicos más recientes
Las últimas investigaciones dibujan una realidad más compleja que la de grandes depósitos de hielo puro esperando a ser explotados. Por ejemplo, hace dos años un equipo dirigido por Timothy McClanahan, de la División de Exploración del Sistema Solar, en el Centro de Vuelo Espacial Goddard de la NASA, examinó datos de 502 regiones permanentemente sombreadas del polo sur y encontró indicios de que el hidrógeno está ampliamente repartido, probablemente en forma de hielo.
Pero la concentración media mínima calculada era de apenas un 0,28% de agua equivalente en peso: un depósito extenso no tiene por qué ser un depósito abundante ni rentable de explotar, según contaban McClanahan y sus colegas en The Planetary Science Journal.
Por otro lado, las imágenes enviadas este año por la ShadowCam, una cámara extremadamente sensible instalada en el orbitador surcoreano Danuri, enfriaron aún más las expectativas. El análisis publicado en la revista Science Advances no halló pruebas de que exista hielo superficial generalizado en concentraciones superiores al 20 % o el 30 %.
Los investigadores identificaron algunas zonas pequeñas compatibles con porcentajes elevados de hielo, pero no grandes extensiones cubiertas por depósitos concentrados. El resultado no descarta agua más diluida o enterrada, precisamente la que sería más complicada y costosa de localizar y procesar.
Y otro trabajo dado a conocer en 2025 aplicó aprendizaje profundo a los datos del espectrómetro Moon Mineralogy Mapper y detectó píxeles compatibles con hielo de agua en el polo sur. Los resultados, publicados en Icarus, sugieren que una parte aparece en forma de diminutos cristales de alrededor de 70 micrómetros.
Las aparentes diferencias entre estos estudios se explican por las distintas profundidades, resoluciones y concentraciones que puede detectar cada instrumento. En conjunto, sus resultados apoyan una misma idea: el agua lunar existe, pero parece estar distribuida de manera irregular, fragmentada y posiblemente muy diluida.
Retrato ilustrado del astrofísico Jonathan McDowell, coautor del estudio y responsable de parte del análisis y la validación de los cálculos sobre la disponibilidad de agua en la Luna. IImagen generada con Grok / RexMolón Producciones
El agua lunar serviría para beber, cultivar y respirar
El cálculo de Elvis y McDowell parte de un consumo total de unas 500 toneladas de agua por habitante y año. Esta cifra no corresponde únicamente al agua que una persona bebe o utiliza para lavarse.
También incluye el agua necesaria para:
✅ Producir alimentos.
✅ Mantener la higiene y el saneamiento.
✅ Reponer el oxígeno del hábitat.
✅ Compensar las pérdidas de los sistemas de reciclaje.
✅ Desarrollar determinadas actividades industriales.
Fuera de la Tierra, hasta respirar tiene una factura hídrica. Para generar el oxígeno consumido por cada residente se necesitaría el equivalente a alrededor de 1,8 toneladas de agua al año.
La agricultura domina el balance. Aquí abajo pueden emplearse miles de litros diarios para producir la comida de una sola persona. Los autores rebajan considerablemente esa cantidad al asumir cultivos más eficientes, pero aun así la producción de alimentos seguiría siendo el principal gasto de una colonia permanente.
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Por qué no basta con reciclar el agua
Sin reciclaje, una ciudad de un millón de habitantes consumiría mil millones de toneladas de agua en aproximadamente dos años. Con una recuperación del 94%, la eficiencia que tenía la Estación Espacial Internacional hasta 2023, la reserva duraría unas cuatro décadas. Con el actual 98%, alcanzaría alrededor de un siglo.
Sin duda alguna, ese 98 % es un logro tecnológico formidable. La estación recupera la humedad del aire, la condensación, las aguas residuales y la orina de los astronautas. Ahora bien, la pérdida de un 2 % en cada ciclo sigue siendo demasiado cuando el sistema debe funcionar durante siglos.
Además, una ciudad tendría duchas, lavanderías, aseos, explotaciones agrícolas e instalaciones industriales mucho mayores que las de la estación orbital. Todos esos servicios podrían aumentar las pérdidas.
Para prolongar durante mil años la vida de una ciudad con un millón de habitantes, el reciclaje debería superar aproximadamente el 99,75 %. Parece una mejora pequeña frente al 98 %, pero supone reducir las pérdidas actuales unas cinco veces y mantener esa eficiencia sin interrupciones durante generaciones.
El modelo también tiene limitaciones. Una granja lunar cerrada podría recuperar parte del agua transpirada por las plantas. Al mismo tiempo, la minería, el transporte, el procesamiento del regolito y la fabricación de combustible podrían provocar pérdidas mayores de las previstas.
El estudio no ofrece una fecha exacta de agotamiento. Señala la escala del problema: incluso una pérdida pequeña, multiplicada por millones de personas y cientos de años, termina vaciando cualquier depósito limitado.
¿Se puede extraer el hielo de los cráteres lunares?
Localizar el hielo es solo el primer paso. Después habría que excavar el regolito, calentarlo para liberar el vapor, separar los contaminantes, condensar el agua y transportarla hasta los lugares habitados.
Una simulación publicada en 2024 en la revista Advances in Space Research estudió la extracción térmica de agua del suelo lunar. Sus resultados indican que procesar regolito con más de un 5 % de hielo es mucho más eficiente que trabajar con terrenos muy pobres. Cuando la concentración es baja, gran parte de la energía se desperdicia calentando polvo y roca.
La extracción tendría que realizarse, además, en algunos de los lugares más hostiles de la Luna: cráteres sin luz solar directa, con temperaturas criogénicas, terrenos accidentados y comunicaciones complicadas.
Por eso no basta con preguntar cuánta agua existe. También hay que saber dónde está, a qué profundidad, con qué concentración y cuánto costaría recuperarla.
Relieve del cráter Shackleton, una depresión de 21 kilómetros de diámetro situada cerca del polo sur lunar y sumida permanentemente en la sombra. Los colores representan la profundidad y la estructura de su interior, no la presencia de agua. Cortesía: NASA/GSFC/SVS
Cuatro posibles soluciones a la escasez de agua lunar
1️⃣ Mejorar el reciclaje. El objetivo sería acercarse al 100% de recuperación. Sin embargo, alcanzar y mantener eficiencias superiores al 99,75% durante siglos supondría un reto tecnológico y operativo enorme.
2️⃣ Reducir el consumo. La agricultura vertical, los cultivos hidropónicos, la producción de alimentos en circuitos cerrados y una dieta con poca carne podrían disminuir sustancialmente la huella hídrica de cada habitante.
3️⃣ Importar agua desde asteroides. Algunas de estas rocas espaciales cercanas contienen agua y compuestos hidratados. Transportarlas o procesarlas podría complementar las reservas lunares, pero exigiría una infraestructura espacial gigantesca.
Con un reciclaje del 9 8%, una ciudad de un millón de habitantes necesitaría importar unos 10 millones de toneladas de agua al año. Incluso utilizando cargueros capaces de aterrizar mil toneladas en cada viaje, serían necesarias unas veintisiete llegadas diarias.
4️⃣ Buscar depósitos más profundos. Es la posibilidad más prometedora. Los detectores de neutrones solo estudian los primeros metros y los depósitos podrían continuar a mayor profundidad. El regolito lunar puede alcanzar decenas de metros de espesor.
Solo las perforaciones y los análisis directos permitirán comprobar si existe una reserva oculta capaz de cambiar los cálculos actuales.
La Luna podría tener pueblos, pero no metrópolis
El escenario que emerge no es el de una Luna completamente deshabitada, sino el de asentamientos con una población limitada.
Una base científica de un millar de personas, comparable a la población que pasa el invierno en la Antártida, podría mantenerse durante siglos o incluso milenios. Una localidad de 10.000 habitantes también podría ser viable si el reciclaje funcionara correctamente y el hielo se explotara con prudencia.
El salto hacia cientos de miles o millones de residentes transformaría, en cambio, el agua polar en un recurso crítico.
«La Luna parece imponer un límite de unos pocos cientos de miles de personas a largo plazo”» concluyen los autores. Superar ese techo requeriría descubrir mucha más agua, perfeccionar el reciclaje, reducir el consumo o crear una cadena de suministro procedente de otros cuerpos del sistema solar.
El agua lunar también plantea un problema político
El estudio no habla únicamente de tuberías, cultivos y depósitos. Habla también de poder y gobernanza.
El agua se concentra en unas pocas regiones polares donde coinciden las reservas de hielo y las mejores condiciones de iluminación. Quien ocupe primero esos enclaves podría controlar un recurso imprescindible para vivir, fabricar combustible y desplazarse por el espacio.
🗣️ «La humanidad tendrá que planificar, gobernar y regular el uso del agua lunar», advierten Elvis y McDowell. Los investigadores rechazan una carrera extractiva basada en el principio de «el primero que llega se lo queda».
Antes de fundar ciudades habrá que cartografiar los depósitos, determinar quién puede explotarlos, establecer límites de extracción y decidir qué cantidad debe conservarse para futuras generaciones.
La Luna tiene agua, pero no océanos, ríos ni acuíferos conocidos. Su reserva está escondida en la oscuridad, congelada entre granos de polvo y distribuida de manera irregular. Puede ser suficiente para sostener la próxima etapa de la exploración humana. Lo que no parece capaz de alimentar, al menos con los conocimientos y tecnologías actuales, es la fantasía de reproducir allí las grandes ciudades de la Tierra.
La distancia entre plantar una bandera y construir una civilización quizá no se mida en kilómetros, sino en cada gota que seamos capaces de recuperar.▪️(14-septiembre-2026)
EXPLORACIÓN ESPACIAL
⏱️ LO MÁS IMPORTANTE DEL ESTUDIO, EN 30 SEGUNDOS
- La Luna sí tiene agua: se conserva congelada principalmente en cráteres polares que permanecen siempre en la oscuridad.
- Mil millones de toneladas es una estimación muy optimista: los cálculos más prudentes reducen las reservas de los cráteres más prometedores a unos 34 millones de toneladas.
- Una gran ciudad no sería sostenible: incluso con 1.000 millones de toneladas y un reciclaje del 98%, una población de un millón de habitantes agotaría el agua en aproximadamente un siglo.
- Con las reservas más realistas, el plazo sería mucho menor: 34 millones de toneladas durarían poco más de tres años para un millón de personas, según el modelo utilizado.
- Las pequeñas bases sí podrían sobrevivir: un asentamiento de 1.000 habitantes podría disponer de agua durante siglos o incluso milenios.
- La energía no sería el principal obstáculo: las regiones elevadas de los polos reciben suficiente luz para generar grandes cantidades de electricidad mediante paneles solares.
- La agricultura consumiría la mayor parte del agua: habría que emplear cultivos verticales, circuitos cerrados y sistemas de reciclaje mucho más eficientes que los actuales.
- El agua lunar deberá regularse: los autores reclaman evitar una carrera extractiva basada en que el primero que llegue se apropie de los mejores depósitos.
Información facilitada por Frontiers
Fuente: Elvis M. and McDowell J. C. No cities on the Moon: a billion tons of water is not enough for sustainability. Frontiers in Space Technologies (2026). DOI: 10.3389/frspt.2026.1894104

