¿Resuelto el misterio de la estrella de Tabby? Astrónomos descubren un posible planeta gigante que explicaría sus extraños eclipses

Durante casi una década, la estrella de Tabby ha desconcertado a los astrónomos con unos extraños eclipses que alimentaron teorías de todo tipo, desde enjambres de cometas hasta hipotéticas megaestructuras alienígenas. Ahora, un nuevo estudio presenta la evidencia más sólida hasta la fecha de que un planeta gigante oculto podría ser la pieza que faltaba para explicar uno de los mayores enigmas de la astronomía moderna.

Por Enrique Coperías, periodista científico

Recreación artística del sistema de la estrella de Tabby (KIC 8462852), con un hipotético planeta gigante orbitando el astro.

Recreación artística del sistema de la estrella de Tabby (KIC 8462852), con un hipotético planeta gigante orbitando el astro. Crédito: IA-DALL-E / RexMolón Produciones

Durante casi dos décadas, la llamada estrella de Tabby ha ocupado un lugar privilegiado entre los grandes enigmas de la astronomía. Su comportamiento anormal desafió desde el principio a todas las explicaciones convencionales. A diferencia de otras estrellas, cuya luminosidad disminuye de forma periódica cuando un planeta pasa por delante de ellas, este astro parecía apagarse sin previo aviso, con caídas de brillo tan profundas como irregulares y sin seguir ningún patrón reconocible.

Aquellas observaciones dieron pie a toda clase de hipótesis. Algunas eran razonables; otras, decididamente extravagantes. Se habló de enjambres de cometas, de enormes nubes de polvo, de restos de colisiones planetarias e incluso de una hipotética megaestructura construida por una civilización extraterrestre capaz de rodear parcialmente su estrella. Aunque esta última posibilidad nunca contó con respaldo científico, convirtió a Tabby en una celebridad mundial y en uno de los objetos más estudiados del firmamento.

Ahora, un equipo internacional de investigadores cree haber encontrado una pieza fundamental del rompecabezas. Tras analizar observaciones llevadas a cabo por el satélite TESS, datos históricos del telescopio Kepler y nuevas mediciones de velocidad radial obtenidas desde telescopios terrestres, los científicos presentan la evidencia más sólida obtenida hasta la fecha de que la estrella podría estar acompañada por un objeto gigante de masa planetaria, o quizá una pequeña enana marrón, cuya influencia gravitatoria ayudaría a explicar el extraño comportamiento del sistema.

El estudio ha sido subido al archivo digital de acceso libre de prepublicaciones científicas arXiv.

¿Quién y cuándo se descubrió la estrella de Tabby?

La protagonista de esta historia es KIC 8462852, una estrella situada a unos 1.470 años luz de la Tierra, en la constelación del Cisne. Es una estrella algo más caliente y masiva que el Sol que saltó a la fama en 2015, cuando la astrónoma Tabetha Boyajian, de la Universidad Estatal de Luisiana, y sus colaboradores publicaron un estudio en el que describían unas desconcertantes variaciones de brillo detectadas por la misión Kepler.

Mientras que un planeta como la Tierra apenas bloquea una diminuta fracción de la luz solar durante un tránsito, la estrella de Tabby llegó a perder hasta un 22 % de su luminosidad en algunos episodios. Además, esas disminuciones no se repetían a intervalos regulares, sino que tenían duraciones muy diferentes y mostraban formas completamente asimétricas.

Para los astrónomos, aquello era una auténtica anomalía.

La astrónoma Tabetha "Tabby" Boyajian, descubridora de la enigmática estrella que lleva su nombre, cuya impredecible pérdida de brillo desencadenó una de las investigaciones más fascinantes de la astronomía moderna.

La astrónoma Tabetha "Tabby" Boyajian, descubridora de la enigmática estrella que lleva su nombre, cuya impredecible pérdida de brillo desencadenó una de las investigaciones más fascinantes de la astronomía moderna. Cortesía: College of Charleston

La primera explicación: mucho polvo y exocometas

Con el paso de los años fueron descartándose varias posibilidades. Las observaciones en distintas longitudes de onda indicaron que los oscurecimientos dependían del color de la luz, una característica típica del polvo y difícil de conciliar con el paso de un planeta sólido. Al mismo tiempo, la ausencia de un exceso de radiación infrarroja hacía improbable la existencia de un gran disco de material alrededor de la estrella.

Poco a poco fue ganando fuerza una explicación basada en enormes cantidades de polvo liberadas por una familia de exocometas —cometas de otros sistemas planetarios— que pasarían muy cerca de la estrella en órbitas extremadamente alargadas.

Sin embargo, esa hipótesis planteaba una pregunta inevitable: ¿qué mecanismo era capaz de lanzar continuamente tantos cuerpos helados hacia el interior del sistema?

Los propios modelos dinámicos sugerían que debía existir algún objeto masivo alterando gravitatoriamente las órbitas de esos cometas, del mismo modo que los planetas gigantes (Júpiter, Saturno, Urano y Neptuno) moldean la arquitectura del Sistema Solar. El problema era que, hasta ahora, nadie había conseguido encontrar ese supuesto perturbador.

Un nuevo tránsito cambia la historia

La situación cambió cuando los investigadores revisaron con mayor atención las observaciones realizadas por el TESS entre 2019 y 2025. En lugar de los caóticos oscurecimientos que habían hecho famosa a la estrella, apareció un fenómeno completamente distinto: un único tránsito, de unas 21 horas de duración y con una disminución de brillo cercana al 1,1 %.

Lo verdaderamente llamativo no era tanto su profundidad como su forma. A diferencia de las complejas caídas de luminosidad registradas por el Kepler, este tránsito presentaba un perfil prácticamente simétrico y redondeado, muy parecido al que produciría un objeto compacto atravesando el disco de la estrella.

➡️ «Los datos de TESS revelan un tránsito único con una simetría difícil de reproducir mediante modelos de exocometas», señalan los autores del estudio, que consideran que un planeta gigante constituye una explicación mucho más consistente con las observaciones disponibles.

Recreación artística de la estrella de Tabby (KIC 8462852) rodeada por un enjambre de exocometas y una extensa nube de polvo. Durante años, este escenario fue una de las principales hipótesis para explicar los misteriosos oscurecimientos de la estrella. Cortesía: NASA / JPL-Caltech.

La clave del tirón gravitatorio

Para comprobarlo, el equipo de investigación, ditigido por Flavien Kiefer, de la Universidad de París (Francia), no se limitó a estudiar la curva de luz. También reunió observaciones espectroscópicas obtenidas durante casi una década con distintos instrumentos europeos, y consiguió nuevas medidas con la asistencia del espectrógrafo SOPHIE, instalado en el Observatorio de Haute-Provence, en Francia.

Estas mediciones permiten detectar pequeños desplazamientos en el movimiento de la estrella provocados por el tirón gravitatorio —la atracción que ejerce un objeto con mucha masa sobre otro debido a la gravedad, modificando su movimiento o su órbita— de un posible compañero orbital. No es una tarea sencilla.

La estrella de Tabby gira muy deprisa sobre sí misma, lo que ensancha las líneas espectrales y dificulta calcular con precisión esas diminutas variaciones de velocidad. Para superar ese obstáculo, los investigadores desarrollaron un tratamiento específico de los datos que redujo de forma notable las incertidumbres de las mediciones.

Combinando la información fotométrica y las velocidades radiales, los astrónomos estiman que el supuesto compañero completaría una órbita alrededor de la estrella en algo más de 1.200 días, aunque las restricciones impuestas por las observaciones de Kepler reducen las posibilidades a solo cinco ventanas orbitales compatibles.

Distribución estadística de los parámetros obtenidos al combinar las observaciones de los telescopios espaciales TESS y Las Cumbres Observatory (LCO) con las medidas de velocidad radial del espectrógrafo SOPHIE.

Distribución estadística de los parámetros obtenidos al combinar las observaciones de los telescopios espaciales TESS y Las Cumbres Observatory (LCO) con las medidas de velocidad radial del espectrógrafo SOPHIE. El análisis reduce las posibles órbitas del hipotético planeta gigante alrededor de la estrella de Tabby, mientras que las líneas discontinuas indican los periodos orbitales compatibles con los datos obtenidos previamente por el telescopio Kepler. Cortesía: Cristina Madurga Favieres et al. / Coloreada con Grok

Un planeta gigante encaja mejor que una nube de cometas

A partir de esos datos, el equipo calcula que el objeto tendría una masa aproximada de 9,4 veces la de Júpiter, aunque la incertidumbre sigue siendo considerable. Dependiendo de su masa real, podría tratarse de un planeta gigante extraordinariamente masivo o de una pequeña enana marrón, una categoría intermedia entre los planetas y las estrellas. Su radio sería aproximadamente 1,7 veces mayor que el de Júpiter.

No obstante, los propios investigadores insisten en que la detección todavía debe considerarse provisional.

➡️ «Las medidas actuales ofrecen una evidencia prometedora, pero todavía son necesarias nuevas observaciones de velocidad radial para confirmar definitivamente la existencia del compañero, advierten los autores, que califican la señal obtenida como sugestiva, aunque aún insuficiente para hablar de un descubrimiento definitivo.

Aunque el tránsito observado por TESS encaja sorprendentemente bien con el paso de un objeto compacto, los investigadores eran conscientes de que aún quedaba una alternativa importante por descartar. Durante años, la explicación favorita para los extraños oscurecimientos de la estrella de Tabby había sido la existencia de una inmensa familia de exocometas.

Si decenas de estos cuerpos atravesaban la línea de visión casi al mismo tiempo, sus colas de polvo podrían producir descensos irregulares del brillo sin necesidad de invocar un planeta gigante.

Cómo se descartaron los exocometas

Para comprobar esa posibilidad, el equipo sometió el nuevo tránsito a una prueba especialmente exigente. Construyó distintos modelos informáticos capaces de simular el paso de cadenas de exocometas frente a la estrella y trató de reproducir exactamente la forma de la curva de luz registrada por TESS.

Los resultados fueron reveladores, según la autora principal del estudio, Cristina Madurga-Favieres, astrofísica del Departamento de Física, en la Universidad de Warwick (Reino Unido).

Los modelos lograban aproximarse parcialmente a la observación, pero solo cuando se imponían condiciones físicas poco realistas. En la mayoría de las simulaciones era necesario asumir que varios exocometas poseían características prácticamente idénticas y se desplazaban de forma sincronizada, algo que los investigadores consideran muy improbable.

Incluso cuando aumentaban el número de cuerpos simulados, el ajuste apenas mejoraba y seguía requiriendo parámetros difíciles de justificar desde el punto de vista físico.

➡️ «Los modelos basados en cadenas de exocometas proporcionan un ajuste claramente peor o requieren parámetros poco plausibles», concluyen los autores. En consecuencia, añaden, la hipótesis de un compañero gigante resulta actualmente la explicación que mejor encaja con las observaciones disponibles.

En qué consiste la simetría del tránsito

Los científicos también recurrieron a otra técnica independiente: analizar la simetría del tránsito.

Cuando un planeta cruza por delante de una estrella, la disminución de brillo suele ser bastante regular. En cambio, una nube de polvo o un conjunto de cometas genera perfiles claramente asimétricos, ya que las largas colas de material producen entradas y salidas muy distintas.

El análisis mostró precisamente eso. El tránsito registrado por TESS era muy simétrico, mientras que algunos de los grandes oscurecimientos observados años antes por Kepler presentaban una marcada asimetría, mucho más compatible con el paso de enormes nubes de polvo. En otras palabras, ambos fenómenos parecen tener naturalezas diferentes.

Lejos de contradecir la hipótesis de los exocometas, esta conclusión la complementa. El posible planeta no sería el responsable directo de todos los eclipses, sino el mecanismo capaz de provocarlos.

El ejemplo de Júpiter

La idea recuerda a lo que ocurre en nuestro propio Sistema Solar. La gravedad de Júpiter modifica continuamente las trayectorias de numerosos cometas, enviando algunos hacia las regiones interiores. Según los investigadores, un planeta gigante alrededor de la estrella de Tabby podría desempeñar un papel semejante, y perturbaría las órbitas de cuerpos helados que, al acercarse a la estrella, liberarían enormes cantidades de polvo responsables de los famosos oscurecimientos irregulares.

Para reforzar esa posibilidad, el equipo organizó nuevas campañas de observación con la ayuda de la Red Global de Telescopios del Observatorio Las Cumbres, integrada por hasta cuarenta telescopios robóticos espaciados en siete localizaciones distribuidas alrededor de la toda la Tierra. El objetivo era vigilar la estrella durante dos de las ventanas temporales en las que, según sus cálculos, el supuesto compañero podría volver a transitar por delante del astro.

Las condiciones meteorológicas y algunos problemas técnicos impidieron cubrir completamente esos intervalos, pero las observaciones permitieron descartar parte de las órbitas inicialmente posibles y reducir aún más el abanico de soluciones compatibles con todos los datos disponibles. Tras combinar las observaciones de Kepler, TESS, los espectros obtenidos con SOPHIE y las nuevas campañas fotométricas, los investigadores consiguieron restringir significativamente las posibles órbitas del objeto.

Lo que todavía no sabemos de Tobi

Aun así, nadie en el equipo habla todavía de descubrimiento.

La señal obtenida mediante velocidades radiales alcanza una significación estadística de 2,3 sigma, un nivel considerado prometedor pero insuficiente para confirmar la existencia de un planeta. En astronomía, los descubrimientos suelen exigirse con niveles próximos a cinco sigmas para minimizar la posibilidad de falsas detecciones.

Los propios autores reconocen esa limitación y subrayan que será imprescindible continuar acumulando observaciones durante los próximos años. Nuevas medidas de velocidad radial permitirán comprobar si la estrella sigue moviéndose exactamente como predice el modelo orbital propuesto.

Existe, además, otra herramienta que podría resolver definitivamente el enigma.

¿Qué es Gaia DR4 y por qué será decisiva?

La futura publicación de Gaia DR4, el próximo gran catálogo de la misión europea Gaia, proporcionará medidas astrométricas mucho más precisas del movimiento de millones de estrellas. Si alrededor de la estrella de Tabby existe realmente un compañero con una masa cercana a diez veces la de Júpiter, su atracción gravitatoria debería provocar un ligero bamboleo en la posición aparente de la estrella que Gaia podría detectar.

Si eso ocurre, el misterio que comenzó hace una década podría quedar finalmente resuelto.

Paradójicamente, el hallazgo no eliminaría el fascinante comportamiento de la estrella de Tabby, sino que ofrecería una explicación mucho más rica. Los extraños oscurecimientos no serían consecuencia directa del planeta, sino de su influencia gravitatoria sobre un enjambre de cuerpos helados que periódicamente sembrarían de polvo el entorno de la estrella.

Sería una solución elegante para uno de los casos más desconcertantes de la astronomía moderna: un planeta gigantesco escondido durante años a plena vista, cuya existencia habría permanecido oculta mientras toda la atención se concentraba en las misteriosas desapariciones de luz de la estrella.

Y, de paso, supondría el desenlace de una historia que llegó a inspirar especulaciones sobre civilizaciones extraterrestres y megaestructuras cósmicas. La realidad, una vez más, parece mucho más sutil, pero también mucho más interesante: un complejo sistema planetario donde la gravedad de un mundo gigante podría estar organizando el aparente caos que durante años convirtió a la estrella de Tabby en uno de los mayores enigmas del universo. ▪️(29-julio-2026)

LO MÁS IMPORTANTE DEL ESTUDIO, EN 30 SEGUNDOS

  • Un equipo internacional ha encontrado evidencias de un posible planeta gigante orbitando la estrella de Tabby.
  • El objeto tendría unas 9 veces la masa de Júpiter, aunque la detección todavía no es definitiva.
  • Su gravedad podría desviar enjambres de exocometas, responsables de los famosos oscurecimientos irregulares de la estrella.
  • Un tránsito observado por el telescopio espacial TESS resulta mucho más compatible con el paso de un planeta gigante que con una simple nube de polvo.
  • La futura misión Gaia DR4 podría aportar la evidencia definitiva para confirmar la existencia de este misterioso compañero.

PREGUNTAS & RESPUESTAS: Estrella de Toby y Planeta

🌟 ¿Qué es la estrella de Tabby?

Es la estrella KIC 8462852, situada a unos 1.470 años luz de la Tierra, famosa por sufrir descensos de brillo muy intensos e irregulares que no siguen un patrón periódico.

🌟 ¿Qué han descubierto los astrónomos?

Han encontrado evidencias de un posible planeta gigante o una pequeña enana marrón orbitando la estrella.

🌟 ¿Está confirmado el planeta?

No. La evidencia actual es prometedora, pero todavía insuficiente para considerarlo un descubrimiento definitivo.

🌟 ¿Qué relación tendría con los exocometas?

Su gravedad podría alterar las órbitas de numerosos cuerpos helados, cuyos restos de polvo producirían los oscurecimientos observados.

🌟 ¿Cuándo se sabrá con certeza?

Probablemente cuando la misión Gaia publique DR4 y se obtengan nuevas medidas de velocidad radial.

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