El océano se oscurece: una amenaza silenciosa para la vida marina global

Según un nuevo estudio, en los últimos 20 años el 21% de los océanos del mundo ha experimentado una reducción de la profundidad de sus zonas iluminadas, que albergan el 90% de la vida marina.

Por Enrique Coperías

Mapa mundial que muestra los cambios en las zonas fóticas globales entre 2003 y 2022.

Mapa mundial que muestra los cambios en las zonas fóticas globales entre 2003 y 2022. El color rojo indica las regiones en las que los océanos se oscurecen, mientras que el azul indica las regiones en las que los océanos se aclaran y el blanco, las regiones en las que no se han producido cambios estadísticamente significativos a lo largo del periodo. Cortesía: University of Plymouth

Más de una quinta parte del océano mundial —una extensión equivalente a más de 75 millones de kilómetros cuadrados— se ha oscurecido en los últimos veinte años. Así lo revela una nueva investigación publicada en la revista Global Change Biology, que ha detectado una alarmante pérdida de claridad en las aguas oceánicas tanto en zonas costeras como en alta mar.

Este fenómeno, conocido como oscurecimiento del océano, ocurre cuando las propiedades ópticas del agua cambian de forma que reducen la profundidad de la llamada zona fótica, la capa del océano donde la luz del sol y la luz de la luna penetra lo suficiente como para permitir la vida.

Se estima que en esta zona habita hasta el 90% de toda la vida marina. Allí se produce la fotosíntesis que sostiene las redes alimentarias oceánicas, y allí se desarrollan procesos biológicos clave como la migración vertical de zooplancton, la reproducción de corales o la orientación de peces.

Un océano cada vez más opaco

Los autores del estudio, liderado por Thomas W. Davies, profesor de Conservación Marina de la Universidad de Plymouth, y el profesor Tim Smyth, jefe de Ciencia de Biogeoquímica Marina del Plymouth Marine Laboratory, utilizaron dos décadas de datos satelitales del programa MODIS Aqua de la NASA.

Analizando el coeficiente de atenuación de la luz a 490 nanómetros —un indicador que revela cuán rápido se debilita la luz al penetrar en el agua—, los investigadores descubrieron que este valor ha aumentado de forma significativa desde 2003, lo que evidencia que las aguas oceánicas están perdiendo transparencia y dejando pasar cada vez menos luz hacia las profundidades.

Con este indicador, los autores calcularon la profundidad real de la zona fótica en más de 9 millones de puntos oceánicos distribuidos en píxeles de 9 km de resolución. Los resultados no dejan lugar a dudas: el 21% del océano global ha sufrido un oscurecimiento, y se ha reducido la zona fótica en muchos casos en más de 50 metros.

En más del 2,6% de los océanos —una superficie similar a la de la India— la luz ha dejado de penetrar más allá de 100 metros respecto a los niveles de hace dos décadas.

Imagen de Copernicus Sentinel-2 de floraciones de algas verdes en torno al mar Báltico, en 2019.

Imagen de Copernicus Sentinel-2 de floraciones de algas verdes en torno al mar Báltico, en 2019. Cortesía: ESA

¿Por qué es importante la zona fótica en el océano?

El estudio también identificó que cerca del 10% del océano se ha vuelto más transparente en el mismo periodo. No obstante, los autores subrayan que la tendencia general es clara: estamos perdiendo luz en los océanos, y con ella, hábitat crítico para numerosas especies.

«La superficie del océano ha cambiado de color en las últimas dos décadas, potencialmente debido a alteraciones en las comunidades de plancton — explica Davies. Y añade—: Nuestros resultados aportan evidencias de que estos cambios también provocan un oscurecimiento generalizado, que reduce la cantidad de océano disponible para los animales que dependen del sol y la luna para sobrevivir y reproducirse».

En palabras de este biólogo marino, «no debemos olvidar que también nosotros dependemos del océano y de sus zonas fóticas para el aire que respiramos, los peces que comemos, la lucha contra el cambio climático y, en definitiva, la salud del planeta. Nuestros hallazgos son motivo real de preocupación”.

La reducción de luz en el agua impacta directamente en procesos como la migración diel vertical —el movimiento diario de millones de organismos marinos que ascienden a aguas superficiales durante la noche y descienden durante el día a espacios oscuros para evitar a los depredadores—, considerada la mayor migración de biomasa del planeta.

Cuando la luz no alcanza las profundidades adecuadas, estos movimientos se ven forzados a realizarse en un espacio más limitado y cercano a la superficie.

«El océano es mucho más dinámico de lo que solemos imaginar —dice Smyth. Y continúa—: Los niveles de luz submarina varían enormemente a lo largo del día, y los animales marinos que responden a estos cambios son muy sensibles».

Para Smyt, «si la zona fótica se reduce en 50 metros en áreas extensas, esos animales tendrán que moverse hacia capas más superficiales, donde deberán competir por alimento y otros recursos esenciales. Eso podría provocar cambios fundamentales en los ecosistemas marinos».

Las causas del oscurecimiento del océano

Aunque la investigación no establece un motivo único que explique el oscurecimiento del océano, sí señala una serie de factores probables:

✅ En las zonas costeras, la escorrentía agrícola, el aumento de las precipitaciones y la carga de nutrientes, sedimentos y materia orgánica parecen estar detrás del fenómeno. Estos elementos estimulan el crecimiento de fitoplancton y partículas en suspensión que dificultan el paso de la luz.

✅ En alta mar, en cambio, los investigadores apuntan a causas más globales, como el aumento de las temperaturas del océano, el cambio climático y las alteraciones en la circulación oceánica.

✅ Alteraciones que afectan a las dinámicas de floraciones algales, proliferaciones rápidas y masivas de algas microscópicas en cuerpos de agua, como océanos, lagos o ríos. Ocurren cuando hay condiciones favorables, como exceso de nutrientes (especialmente nitrógeno y fósforo), luz solar y temperaturas elevadas. Aunque algunas son inofensivas, otras pueden afectar la calidad del agua, reducir el oxígeno disponible y liberar toxinas perjudiciales para la vida marina y la salud humana.

Las regiones donde se observaron los cambios más acusados incluyen la Corriente del Golfo, —una corriente oceánica cálida y rápida del océano Atlántico que se origina en el golfo de México— el Ártico y la Antártida, áreas muy sensibles a los efectos del calentamiento global. También en mares interiores, como el Báltico, donde las lluvias arrastran sedimentos al mar.

Para estimar con mayor exactitud la profundidad de la zona fótica, los autores recurrieron a un enfoque biológico centrado en la sensibilidad a la luz del Calanus.

Para estimar con mayor exactitud la profundidad de la zona fótica, los autores recurrieron a un enfoque biológico centrado en la sensibilidad a la luz del Calanus, un diminuto copépodo del Atlántico Norte que responde a niveles extremadamente bajos de iluminación. Sobre esta líneas, ejemplar de Calanus glacialis. Cortesía: Jasper Nance

¿También hay oscurecimiento nocturno?

Para definir con mayor precisión la profundidad de la zona fótica, los autores adoptaron una aproximación biológica basada en la sensibilidad a la luz del Calanus, un pequeño copépodo del Atlántico Norte. Gracias a modelos de irradiancia solar y lunar, pudieron calcular no solo el impacto del oscurecimiento diurno, sino también los cambios nocturnos, que aunque menores, siguen siendo importantes para la biología marina.

La reducción de la zona fótica no es solo una cuestión de pérdida de cristalinidad. Es, esencialmente, una pérdida de hábitat marino. Si los organismos que dependen de la luz no pueden sobrevivir por debajo de cierta profundidad, se ven obligados a concentrarse en una franja más estrecha del océano superficial. Esto conlleva mayor competencia, mayor exposición a depredadores y posibles colapsos ecológicos.

Además, muchos servicios ecosistémicos que proporciona el océano —como la absorción de CO₂, la producción de oxígeno, la pesca sostenible y la regulación del clima— dependen del buen funcionamiento de estas capas iluminadas.

¿Qué se puede hacer frente al oscurecimiento de los océanos?

Medidas posibles:

  • Reducción de escorrentía agrícola y uso de fertilizantes.

  • Control de contaminación costera y residuos orgánicos.

  • Monitoreo continuo por satélite del color y claridad del océano.

  • Fomentar la investigación marina interdisciplinaria.

Una llamada urgente a la acción

Aunque los resultados del estudio son impactantes, los autores reconocen que el periodo analizado —dos décadas— aún podría estar influenciado por variabilidad natural multidecenal. Sin embargo, la magnitud del cambio y su coherencia espacial indican que se trata de una tendencia global significativa.

«El hecho de que observemos una pérdida de hábitat tan amplia, silenciosa y progresiva es un llamado a investigar urgentemente sus causas y consecuencias —dice Davies. Y concluye—: Necesitamos entender no solo cómo se está oscureciendo el océano, sino también qué significa eso para las especies marinas, para las personas que dependen de él y para el futuro del planeta».

Mientras tanto, el fenómeno del oscurecimiento del océano se suma a la lista de amenazas al océano: acidificación, contaminación, sobrepesca, calentamiento... y ahora, una luz que se apaga bajo la superficie, invisible al ojo humano, pero crucial para la vida en la Tierra.▪️

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