Siete nuevas especies de rana descubiertas en Madagascar brindan un tesoro oculto bajo el bosque
Durante más de una década, los científicos siguieron el rastro de unas diminutas ranas que parecían idénticas, hasta descubrir que escondían un secreto evolutivo extraordinario. El hallazgo de siete nuevas especies demuestra que los bosques de Madagascar aún albergan una biodiversidad mucho más rica y desconocida de lo que imaginábamos.
Por Enrique Coperías, periodista científico
Bajo la espesa alfombra de hojas que cubre los bosques húmedos de Madagascar vive un mundo prácticamente invisible. Allí, entre la tierra húmeda, raíces y musgos, unas pequeñas ranas pasan la mayor parte de su existencia ocultas, ajenas a la mirada humana. Durante años, los científicos sospecharon que muchas de ellas pertenecían a especies desconocidas.
Ahora, tras más de una década de investigaciones, un equipo internacional de biólogos acaba de confirmar que estaban en lo cierto: han identificado siete nuevas especies de ranas diamante, un hallazgo que no solo amplía el catálogo de la biodiversidad de la isla, sino que también demuestra cuánto queda todavía por descubrir en uno de los grandes santuarios naturales del planeta.
El descubrimiento, publicado en la revista Vertebrate Zoology, supone la revisión más completa realizada hasta la fecha del género Rhombophryne, un grupo de anfibios endémicos de Madagascar conocido popularmente como ranas diamante. Gracias a este trabajo, el número de especies reconocidas pasa de veinte a veintisiete, aunque los investigadores creen que ni siquiera esta cifra representa el total real, ya que todavía existen poblaciones que podrían corresponder a especies aún sin describir.
El herpetólogo Mark D. Scherz (izquierda) celebra junto a miembros del equipo de investigación el hallazgo de una rana diamante durante una expedición en Madagascar. Cortesía: Mark D. Scherz
Unas ranas casi imposibles de distinguir
Lejos de ser animales llamativos, estas ranas son auténticas especialistas en pasar desapercibidas. Muchas viven enterradas bajo la hojarasca del bosque y solo emergen durante breves periodos, especialmente en la época de lluvias. Otras habitan entre el musgo o recorren el suelo del bosque con extraordinaria discreción. A primera vista casi todas presentan tonos pardos que las camuflan perfectamente con el entorno, aunque algunas esconden sorprendentes destellos anaranjados o llamativos dibujos blancos y negros en los muslos y la parte posterior del cuerpo, que casi con seguridad utilizan para desconcertar a posibles depredadores.
🗣️ «Las ranas diamante han estado ocultando su diversidad literalmente bajo nuestros pies —explica Mark D. Scherz, conservador de Herpetología del Museo de Historia Natural de Dinamarca y autor principal del estudio. Y añade—: Muchas especies pasan la mayor parte de su vida bajo la hojarasca y, cuando salen a la superficie, pueden parecer engañosamente similares unas a otras».
Precisamente esa extraordinaria semejanza externa ha sido durante décadas uno de los mayores quebraderos de cabeza para los herpetólogos. Aunque los investigadores encontraban regularmente ejemplares de estos anfibios anuros que parecían diferentes, resultaba muy difícil demostrar si realmente pertenecían a especies nuevas o simplemente eran variantes de otras ya conocidas.
Doce años para desenredar un rompecabezas evolutivo
La investigación comenzó hace más de una docena de años, cuando distintas expediciones científicas empezaron a localizar ranas que no encajaban con ninguna de las especies descritas. Sin embargo, ponerles nombre no era tan sencillo.
🗣️ «Cuando inicié este proyecto ya sabíamos que había varias especies esperando ser descritas y prácticamente cada expedición descubría una nueva —recuerda Scherz— . Algunas fueron relativamente fáciles de identificar, pero otras estaban envueltas en una enorme confusión porque no sabíamos con certeza a qué especies correspondían los nombres utilizados hace más de un siglo».
El problema no residía solo en encontrar nuevos ejemplares. También era necesario averiguar si esos anfibios coincidían con especies descritas décadas atrás únicamente a partir de unos pocos individuos conservados en museos. Resolver ese rompecabezas exigía viajar constantemente entre el bosque tropical y las colecciones históricas repartidas por Europa.
La museómica permitió resolver el misterio
La solución llegó gracias a una herramienta relativamente reciente conocida como museómica, una disciplina que permite extraer y secuenciar ADN de ejemplares conservados durante décadas —e incluso más de un siglo— en museos de historia natural.
Los investigadores combinaron el ADN obtenido de esos especímenes históricos con material recogido recientemente en Madagascar. Después compararon la información genética con numerosos rasgos anatómicos, reconstrucciones tridimensionales del esqueleto mediante microtomografía computarizada, medidas corporales y hasta los cantos emitidos por las ranas durante la reproducción.
La suma de todas estas evidencias permitió relacionar correctamente los antiguos nombres científicos con los linajes evolutivos actuales y resolver una incertidumbre taxonómica que llevaba generaciones sin aclararse.
Árbol evolutivo del género Rhombophryne. El análisis genético permitió reconstruir las relaciones de parentesco entre todas las especies conocidas de estas ranas diamante de Madagascar e identificar con precisión las siete nuevas especies descritas en el estudio (resaltadas en negrita). Cortesía: Vertebrate Zoology
Cuando los museos hacen ciencia del siglo XXI
El trabajo demuestra además que los museos son mucho más que simples almacenes de ejemplares antiguos. Sus colecciones pueden convertirse en auténticas máquinas del tiempo para reconstruir la historia evolutiva de las especies.
«Las colecciones de los museos son mucho más que archivos del pasado; constituyen recursos científicos esenciales para comprender la biodiversidad actual — señala Alice Petzold, investigadora de la Universidad de Potsdam, en Estados Unidos, y responsable de los análisis museómicos. Y añade—: Al secuenciar ejemplares históricos, incluidos los especímenes originales sobre los que se describieron algunas especies, hemos podido responder preguntas que permanecían abiertas desde hace generaciones».
Sin esos ejemplares históricos, muchos de los nuevos descubrimientos habrían seguido envueltos en la incertidumbre.
Madagascar sigue siendo uno de los mayores laboratorios de evolución del planeta
Madagascar ocupa desde hace décadas un lugar privilegiado entre los grandes puntos calientes de biodiversidad del planeta. Su prolongado aislamiento geológico ha permitido que evolucionen miles de especies únicas que no existen en ningún otro lugar.
Solo en anfibios, la isla alberga más de 440 especies descritas, prácticamente todas exclusivas de este territorio. Sin embargo, los propios investigadores consideran que todavía queda un importante número de especies pendientes de descubrir y clasificar científicamente.
Las ranas diamante ilustran perfectamente esa riqueza evolutiva. Algunas son redondeadas y compactas, adaptadas a excavar entre la tierra húmeda. Otras poseen patas largas y se desplazan entre el musgo o el sotobosque. Incluso dentro de un mismo género aparecen tamaños muy diferentes, desde especies diminutas de apenas un centímetro hasta otras que alcanzan casi seis centímetros de longitud.
Scherz sostiene uno de los ejemplares de rana diamante durante el trabajo de campo en los bosques de Madagascar. Cortesía: Mark D. Scherz
Aún quedan muchas especies por descubrir
Paradójicamente, ahora que los científicos saben que existen estas siete nuevas especies, reconocen que apenas conocen nada sobre ellas.
Se desconoce cómo se reproducen muchas de ellas, cuál es el tamaño real de sus poblaciones, qué necesidades ecológicas tienen o cómo responden a la destrucción de su hábitat.
🗣️ «Todavía sabemos muy poco sobre la reproducción de muchas especies, del tamaño de sus poblaciones o sobre los ambientes que necesitan para sobrevivir —explica Andolalao Rakotoarison, coautora del trabajo e investigadora del Institut d'Enseignement Supérieur de Soavinandriana Itasy, en Madagascar. Y continúa—: Sin esa información resulta mucho más difícil evaluar correctamente su estado de conservación y protegerlas de manera eficaz».
Y la situación no invita precisamente al optimismo. Gran parte de estas ranas viven en bosques tropicales que cada año pierden superficie debido a la deforestación y a la fragmentación del paisaje. La revisión científica estima que 24 de las 27 especies conocidas del género podrían encontrarse amenazadas, mientras que dos de ellas merecerían incluso la categoría de En Peligro Crítico.
Un hallazgo con consecuencias inmediatas
El trabajo no tendrá únicamente repercusión académica. Los resultados ya están siendo utilizados para planificar nuevas áreas protegidas dentro del programa Biodiversity 30x30 de Madagascar, cuyo objetivo es ampliar la superficie del territorio bajo protección.
Algunas de las especies recién descritas, como la Rhombophryne quentini, ya han servido para justificar propuestas de ampliación de espacios naturales protegidos, demostrando que poner nombre a una especie puede convertirse en el primer paso para garantizar su supervivencia.
Para Scherz, sin embargo, este estudio representa más un comienzo que un punto final.
🗣️«Cada nueva especie descrita representa millones de años de historia evolutiva única —dice este herpetólogo. Y concluye—: Cuanto más aprendemos sobre los extraordinarios anfibios de Madagascar, más evidente resulta que todavía queda muchísimo por descubrir».
Y quizá esa sea la principal enseñanza de este trabajo. Incluso en pleno siglo XXI, cuando los satélites cartografían el planeta al detalle y la inteligencia artificial acelera la investigación científica, basta con apartar cuidadosamente la hojarasca de un bosque tropical para descubrir que la naturaleza sigue guardando secretos capaces de sorprender a la ciencia.▪️(3-agosto-2026)
LO MÁS IMPORTANTE DEL ESTUDIO, EN 30 SEGUNDOS
- Siete nuevas especies de ranas diamante han sido descritas en Madagascar.
- El número de especies conocidas del género Rhombophryne aumenta de 20 a 27.
- El estudio ha combinado ADN antiguo de museos (museómica), genética moderna, anatomía, escáneres 3D y análisis del canto de las ranas.
- Los investigadores estiman que 24 de las 27 especies conocidas podrían estar amenazadas.
- El descubrimiento ya está contribuyendo a diseñar nuevas áreas protegidas en Madagascar.
- Los científicos creen que todavía quedan especies por descubrir.
Fuente: Scherz M. D., Glaw F., Petzold A., Andreone F., Köhler J., Raselimanana A. P., Hutter C., Belluardo F., Rakotoarison A., Hofreiter M., Vences M., Crottini A. A wealth of riches: A comprehensive revision of diamond frogs, genus Rhombophryne Boettger, 1880 (Microhylidae: Cophylinae), with the description of seven new species. Vertebrate Zoology (2026). DOI: https://doi.org/10.3897/vz.76.e172567

