¿Puede la postura corporal cambiar tu estado de ánimo? Un estudio dice que sí, y que también influye en cómo tomas decisiones
Un estudio de la Universidad McGill demuestra que la postura corporal puede modificar sutilmente el estado de ánimo y favorecer una toma de decisiones más eficaz en situaciones de riesgo. Los hallazgos abren nuevas preguntas sobre el impacto que tienen elementos cotidianos como la altura del monitor, el mobiliario o la ergonomía del puesto de trabajo en nuestra conducta.
Por Enrique Coperías, periodista científico
Una postura erguida no solo refleja confianza: según este estudio, también podría favorecer un estado de ánimo más positivo y una forma más eficaz de afrontar decisiones que implican asumir riesgos. Crédito: IA-DALL-E / RexMolón Producciones
«¡Siéntate derecho!», «Apoya la espalda contra el respaldo de la silla» o «Para estar bien de la cabeza, empieza por la enderezar la osamenta» pueden parecer consejos de esos sin mucho fundamento que nos lanzan los abuelos, pero la ciencia acaba de darles un inesperado respaldo.
Un estudio realizado por investigadores de la Universidad McGill, en Canadá, sugiere que la forma en que nos sentamos no solo cambia la manera en que nos ven los demás: también puede modificar, de forma sutil, cómo nos sentimos y hasta cómo afrontamos el riesgo al tomar decisiones.
No se trata de una transformación milagrosa ni de una receta para el éxito personal. Nadie va a convertirse en una persona optimista o audaz simplemente por estirar la espalda. Sin embargo, el trabajo, publicado en la revista British Journal of Psychology, aporta nuevas evidencias de que el cuerpo y la mente mantienen un diálogo mucho más estrecho de lo que solemos imaginar, y plantea, además, una cuestión con implicaciones muy prácticas: ¿puede el diseño de nuestros espacios de trabajo influir silenciosamente en nuestro comportamiento?
La relación entre postura, emociones y cerebro: una vieja idea que vuelve con fuerza
Durante décadas, los psicólogos han debatido hasta qué punto las posturas corporales pueden modificar nuestras emociones. La idea hunde sus raíces en las teorías del filósofo y psicólogo estadounidense William James, quien ya en el siglo XIX defendía que las emociones no son solo procesos mentales, sino también el resultado de cómo percibimos los cambios que ocurren en nuestro propio cuerpo. Desde entonces, numerosos experimentos han mostrado que gestos tan sencillos como sonreír, incluso de manera forzada, pueden alterar ligeramente el estado emocional.
La postura corporal ha sido otro de los grandes campos de investigación. En particular, las llamadas power poses, o sea, posturas abiertas, erguidas y expansivas asociadas a la dominancia, alcanzaron una enorme popularidad hace algo más de una década. Sin embargo, muchos de aquellos estudios recibieron duras críticas porque los participantes sabían perfectamente qué postura debían adoptar, lo que dejaba abierta la posibilidad de que actuaran siguiendo las expectativas de los investigadores más que por un efecto real de la postura.
Precisamente ahí reside una de las principales novedades del nuevo trabajo canadiense.
Una postura muy reclinada o poco natural puede modificar sutilmente cómo procesa el cerebro las emociones y las decisiones. Los investigadores advierten, sin embargo, que estos efectos son moderados y no transforman por sí solos la personalidad. Foto de Dimmis Vart en Unsplash
Un experimento diseñado para que nadie supiera que estaba cambiando su postura
Los autores de la investigación, Jorge Armony y Soren Wainio-Theberge, reclutaron a cerca de doscientos voluntarios de la comunidad universitaria de McGill. Pero nunca les dijeron que el verdadero objetivo del estudio era analizar su postura.
Los participantes creían que estaban probando una nueva aplicación informática para tabletas. Mientras realizaban la tarea, algunos utilizaban una tableta colocada sobre un soporte elevado, lo que les obligaba a mantener de manera natural la espalda recta y la cabeza erguida. Otros trabajaban con la tableta apoyada sobre una mesa más baja, lo que favorecía una postura encorvada.
Nadie recibió instrucciones para sentarse de una forma concreta. Simplemente, el entorno físico inducía una postura u otra sin que los participantes fueran conscientes de ello. Después, los investigadores comprobaron mediante análisis de vídeo el ángulo del cuello de cada persona para confirmar que realmente habían adoptado posiciones diferentes. Además, al finalizar el experimento, preguntaron a los voluntarios si habían sospechado que la postura formaba parte del estudio. La mayoría respondió que no.
Este detalle resulta muy importante, porque elimina una de las principales críticas dirigidas a los estudios anteriores sobre las llamadas posturas de poder.
El experimento del globo: cómo se mide científicamente la toma de riesgos
Una vez colocados frente a la tableta, los participantes realizaron una conocida prueba psicológica denominada Balloon Analogue Risk Task (BART). El objetivo consiste en inflar un globo virtual tantas veces como se desee. Cada pulsación aumenta la recompensa acumulada, pero también incrementa el riesgo de que el globo explote y se pierda todo lo ganado en esa ronda.
Es un equilibrio constante entre prudencia y ambición.
Los resultados mostraron que quienes permanecían sentados con una postura más erguida asumían riesgos mayores que quienes estaban encorvados. Pero no lo hacían de manera impulsiva o temeraria. De hecho, tendían a obtener recompensas superiores porque sabían detenerse antes de que el globo estallara.
«Esto sugiere que no actuaban de forma más impulsiva, sino que asumían riesgos de una manera más eficaz», explica Armony.
Los análisis estadísticos también indicaron que el aumento del riesgo no obedecía simplemente a que los participantes pulsaran más veces sin pensar. El número de explosiones del globo no aumentó significativamente, mientras que las ganancias finales tendían a ser mayores en quienes mantenían una postura erguida.
En el estudio, los participantes que permanecieron sentados con una postura más erguida declararon sentir un mayor nivel de satisfacción y mostraron una tendencia a asumir riesgos de forma más eficaz durante una prueba psicológica. Foto de Ruslan Zaplatin en Unsplash
El orgullo fue la emoción que más cambió
Los investigadores también analizaron el estado emocional antes y después del experimento mediante varios cuestionarios psicológicos.
El efecto más consistente apareció en una emoción muy concreta: el orgullo, esto es, el sentimiento de satisfacción por los logros, capacidades o méritos propios. Las personas que permanecieron sentadas de forma más erguida declararon experimentar niveles significativamente superiores de grado de satisfacción, una emoción estrechamente relacionada con un estado de ánimo positivo.
El trabajo encontró indicios más modestos sobre otras dimensiones emocionales, como la valencia afectiva general, mientras que no aparecieron cambios claros en el nivel de activación emocional.
Según Armony y Wainio-Theberge, parte de este efecto parece estar relacionado directamente con la inclinación del cuello. Cuanto más erguida era la postura real del participante —medida de menera objetiva con la ayuda de vídeo—, mayor era el cambio observado en algunos indicadores emocionales.
¿Puede la ergonomía del trabajo afectar a nuestro comportamiento?
Quizá la conclusión más interesante del estudio no tenga que ver con la psicología experimental, sino con la vida cotidiana.
Si una simple modificación en la altura de una pantalla puede alterar ligeramente el estado de ánimo y la forma de asumir riesgos, ¿qué ocurre después de pasar ocho horas al día frente a un ordenador mal colocado?
Los propios autores plantean esta posibilidad con cautela.
🗣️ «Los resultados no significan que cambiar la postura vaya a transformar drásticamente la vida de una persona —advierte Armony. Y precisa—: Pero sí plantean interrogantes interesantes sobre si elementos cotidianos de nuestro entorno, como la ergonomía del lugar de trabajo, pueden influir sutilmente en nuestro estado de ánimo y nuestro comportamiento».
Es una hipótesis bastante sugerente, porque, a diferencia de las famosas power poses, aquí no se trata de adoptar de manera consciente una determinada posición corporal durante unos minutos. El efecto surgiría de manera natural, simplemente como consecuencia del diseño físico del entorno.
La investigación plantea que elementos cotidianos como la altura del monitor, la posición de una tableta o la ergonomía del puesto de trabajo podrían influir discretamente en nuestro estado de ánimo y comportamiento. Foto de caleb sampercy en Unsplash
Una conversación silenciosa entre el cuerpo y el cerebro
Ahora bien, los propios investigadores reconocen que este campo continúa siendo objeto de discusión científica.
Para empezar, el estudio presenta varias limitaciones. La inmensa mayoría de los participantes eran mujeres jóvenes universitarias, por lo que aún no puede asegurarse que los resultados sean idénticos en otras edades, culturas o contextos sociales. Además, el trabajo no fue prerregistrado antes de comenzar, un procedimiento que hoy se considera recomendable para reducir posibles sesgos metodológicos.
Armony y Wainio-Theberge insisten en que será necesario replicar los resultados en nuevos estudios antes de extraer conclusiones definitivas.
También subrayan que los efectos observados fueron modestos y obtenidos en condiciones muy controladas de laboratorio. Nadie debería interpretar estos datos como una demostración de que basta con sentarse derecho para mejorar automáticamente la autoestima, aumentar el rendimiento profesional o tomar mejores decisiones.
Sin embargo, el trabajo aporta un argumento sólido a favor de una idea que la neurociencia y la psicología llevan años explorando: la relación entre cuerpo y cerebro es bidireccional. Igual que nuestras emociones modifican la postura, la postura también puede enviar información de vuelta al cerebro y moldear, aunque sea ligeramente, nuestra forma de sentir y actuar.
Puede que nunca demos demasiada importancia a la altura del monitor, a la inclinación de una silla o a la posición de una tableta sobre una mesa. Pero estos pequeños detalles, repetidos miles de veces a lo largo de una jornada laboral, podrían estar ejerciendo una influencia silenciosa sobre nosotros.
No cambiarán nuestra personalidad ni resolverán nuestros problemas. Pero este estudio sugiere que, cuando el cuerpo cambia de postura, la mente quizá también cambie un poco con él.▪️(3-agosto-2026)
LO MÁS IMPORTANTE DEL ESTUDIO, EN 30 SEGUNDOS
- Un estudio de la Universidad McGill demuestra que la postura corporal influye en el estado de ánimo y en la toma de decisiones.
- Las personas que permanecían sentadas erguidas asumían riesgos más eficaces, obteniendo mejores recompensas en una prueba psicológica.
- Los investigadores modificaron la postura sin que los participantes lo supieran, evitando uno de los principales sesgos de estudios anteriores sobre las llamadas power poses.
- El trabajo sugiere que factores cotidianos como la ergonomía del lugar de trabajo, la altura del monitor o la posición de una tableta pueden influir discretamente en nuestro comportamiento.
- Los efectos fueron moderados y observados en condiciones de laboratorio; los autores advierten de que no basta con sentarse recto para transformar la personalidad o el éxito profesional.
- La investigación aporta nuevas evidencias sobre la estrecha relación entre cuerpo, cerebro, emociones y comportamiento.
PREGUNTAS & RESPUESTAS: Posturas y Ánimo
🪑 ¿Puede una buena postura mejorar el estado de ánimo?
Según este estudio, mantener una postura erguida puede producir pequeñas mejoras en determinadas emociones, especialmente en el sentimiento de orgullo. Los efectos son modestos y no sustituyen otros factores psicológicos o ambientales.
🪑 ¿La postura influye en la toma de decisiones?
Sí. Los participantes con una postura más erguida mostraron una mayor disposición a asumir riesgos eficaces, obteniendo mejores resultados en una prueba de laboratorio.
🪑 Qué es el Balloon Analogue Risk Task (BART)?
Es una prueba psicológica utilizada para medir la propensión al riesgo. Consiste en inflar un globo virtual acumulando recompensas mientras aumenta el riesgo de perderlo todo si el globo explota.
🪑¿Este estudio demuestra que las power poses funcionan?
No exactamente. El trabajo no evalúa las tradicionales power poses realizadas de forma consciente, sino cómo el propio entorno físico puede inducir posturas diferentes sin que la persona sea consciente de ello.
🪑¿Tiene implicaciones para la ergonomía en el trabajo?
Los autores consideran que sí. Sus resultados sugieren que aspectos como la altura del monitor, la posición de la pantalla o el diseño ergonómico del puesto de trabajo podrían influir discretamente en el estado de ánimo y el comportamiento, aunque serán necesarias nuevas investigaciones para confirmarlo.
CIENCIA DEL SUEÑO Y BIENESTAR
Información facilitada por la Universidad McGill
Fuente: Wainio-Theberge, S., & Armony, J. Manipulating posture implicitly through environmental constraints influences mood and risk-taking behaviour. British Journal of Psychology (2026). DOI: https://doi.org/10.1111/bjop.70083

