El secreto del cerebro para mantener la motivación: descubren las neuronas que nos impulsan a no rendirnos

Un equipo internacional de investigadores ha identificado el mecanismo cerebral que transforma la expectativa de una recompensa en la fuerza necesaria para seguir esforzándose, incluso cuando las dificultades aumentan. El hallazgo podría abrir nuevas vías para combatir la pérdida de motivación asociada a trastornos como la depresión, el TDAH y las adicciones.

Por Enrique Coperías, periodista científico

El cerebro que no se rinde
Con Gemini Notebook / RexMolón, la Ciencia en Acción

La motivación no depende solo de la fuerza de voluntad: complejos circuitos cerebrales evalúan continuamente el equilibrio entre el esfuerzo que exige una tarea y la recompensa esperada antes de impulsarnos a actuar. Foto de Gustavo Fring

¿Por qué algunas personas perseveran incluso cuando una tarea se vuelve cada vez más difícil, mientras que otras abandonan antes de alcanzar la meta? La respuesta podría encontrarse en un pequeño grupo de neuronas situadas en lo más profundo del cerebro. Un equipo internacional de investigadores, coordinado por expertos de la Universidad de Nagoya, en Japón, ha descubierto que las llamadas neuronas de orexina desempeñan un papel esencial para mantener la motivación cuando el esfuerzo aumenta, y actúan como un auténtico motor interno que nos anima a seguir adelante.

El hallazgo, publicado en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS), ayuda a comprender uno de los grandes interrogantes de la neurociencia: cómo el cerebro transforma la expectativa de una recompensa en la energía necesaria para persistir en un objetivo. Además, abre nuevas vías para estudiar trastornos como la depresión, la adicción oy el trastorno por déficit de atención con hiperactividad (TDAH), en los que la pérdida de motivación constituye uno de los síntomas más incapacitantes.

Aunque desde hace años se sabe que las neuronas de orexina regulan funciones básicas como el sueño, el apetito o el gasto energético, cada vez existen más indicios de que también participan en procesos relacionados con la motivación. Sin embargo, hasta ahora no estaba claro cuál era exactamente su función ni cómo influían en la conducta dirigida a conseguir un objetivo.

Un nuevo modelo para estudiar la motivación

Para responder a esa pregunta, el equipo dirigido por Hiroyuki Mizoguchi, profesor asociado, y Kiyofumi Yamada, profesor emérito, de la Facultad de Medicina de la Universidad de Nagoya, diseñó una serie de experimentos utilizando ratas de laboratorio. A diferencia de los ratones, empleados habitualmente en este tipo de investigaciones, las ratas poseen una mayor capacidad de aprendizaje y permiten realizar pruebas de comportamiento mucho más complejas.

No obstante, trabajar con estos animales planteaba un importante obstáculo técnico: hasta ahora resultaba muy difícil manipular solo las neuronas productoras de orexina. También conocida como hipocretina, esta es un neurotransmisor producido por un pequeño grupo de neuronas del hipotálamo que regula funciones esenciales como el estado de alerta, el sueño, el apetito, el gasto energético y, según estudios recientes, también desempeña un papel clave en la motivación y la búsqueda de recompensas.

Para superar dicha limitación, los investigadores desarrollaron una nueva línea de ratas modificadas genéticamente, conocidas como orexin-Cre, que permite identificar, activar o inhibir de forma selectiva este tipo de neuronas.

Con esta innovadora herramienta, los científicos pudieron observar cómo cambia la motivación cuando se modifica la actividad de las neuronas de orexina.

La motivación, uno de los grandes enigmas de la neurociencia

Pero, antes de conocer cómo llegaron los investigadores a esta conclusión, merece la pena detenerse en lo que la neurociencia sabe actualmente sobre la motivación. Esta es, sin duda alguna, uno de los procesos más complejos que estudia la neurociencia. Durante décadas se creyó que dependía casi exclusivamente de la dopamina, el conocido neurotransmisor relacionado con el placer y la recompensa. Sin embargo, las investigaciones más recientes han demostrado que nuestra sesera utiliza una red mucho más sofisticada en la que intervienen múltiples regiones y sustancias químicas para decidir si merece la pena seguir esforzándose por alcanzar un determinado objetivo.

Hoy se sabe que estructuras como la corteza prefrontal, responsable de la planificación y la toma de decisiones; el núcleo accumbens, implicado en la recompensa; la amígdala, que evalúa el valor emocional de las experiencias, y el hipotálamo, donde se producen las neuronas de orexina, trabajan de forma coordinada para calcular continuamente el equilibrio entre el coste del esfuerzo y el beneficio esperado.

Esta visión ha cambiado profundamente la manera de entender ciertos trastornos de la mente, así como algunas enfermedades neurodegenerativas. En muchos de estos casos, el problema no consiste simplemente en tener menos fuerza de voluntad, sino en que los circuitos cerebrales que generan y mantienen la motivación funcionan de forma diferente.

En este contexto, el nuevo estudio de la Universidad de Nagoya aporta una pieza especialmente valiosa. Sugiere que las neuronas de orexina actúan como un mecanismo capaz de mantener el impulso necesario para seguir persiguiendo una recompensa cuando las exigencias aumentan, y ayudan al cerebro a transformar una expectativa en una acción sostenida.

La falta de motivación no siempre refleja desinterés o pereza. Trastornos como el TDAH o la depresión pueden alterar los circuitos cerebrales que impulsan el esfuerzo y la búsqueda de objetivos.

La falta de motivación no siempre refleja desinterés o pereza. Trastornos como el TDAH o la depresión pueden alterar los circuitos cerebrales que impulsan el esfuerzo y la búsqueda de objetivos. Foto de Mikhail Nilov

Cuanto mayor es el esfuerzo, mayor es la actividad cerebral

En una primera serie de experimentos, los investigadores recurrieron a una técnica denominada quimiogenética, que permite activar grupos específicos de neuronas mediante compuestos diseñados para ello.

Las ratas debían superar una prueba en la que tenían que tocar de manera repetida un dispositivo para obtener una recompensa alimentaria. La dificultad aumentaba progresivamente, ya que cada premio exigía un mayor número de respuestas que el anterior. El momento en el que el animal dejaba de intentarlo —conocido como breakpoint— sirvía a los científicos de indicador de su nivel de motivación.

Los resultados del ensayo fueron claros. Cuando las neuronas de orexina estaban activadas, las ratas seguían trabajando durante más tiempo y soportaban niveles de esfuerzo mucho mayores antes de rendirse. En cambio, cuando estas neuronas habían sido eliminadas de manera selectiva, los roedores abandonaban antes la tarea, lo que reflejaba una disminución significativa de la motivación.

El cerebro calcula si merece la pena seguir intentándolo

Yamada y sus colegas también quisieron averiguar cómo se comportaban estas neuronas mientras los animales realizaban la tarea. Para ello emplearon una técnica denominada fotometría de fibra, una técnica in vivo de medición que permite registrar en tiempo real la actividad neuronal en animales despiertos.

Las mediciones ofrecieron un patrón muy llamativo. La actividad de las neuronas de orexina aumentaba justo antes de que las ratas obtuvieran la recompensa, descendía una vez conseguida y permanecía elevada cuando el premio esperado no llegaba.

Además, cuanto mayor era el esfuerzo necesario para alcanzar el alimento, más intensa era la actividad registrada en estas neuronas.

Según los investigadores, este comportamiento sugiere que el encéfalo utiliza las neuronas de orexina para relacionar la expectativa de una recompensa con la cantidad de esfuerzo que está dispuesto a invertir para conseguirla.

¿Qué ocurre cuando las neuronas de orexina dejan de funcionar?

Para comprobar si estas neuronas eran realmente responsables de mantener la motivación, el equipo recurrió a una tercera técnica de gran precisión: la optogenética, que permite controlar la actividad neuronal mediante pulsos de luz.

Cuando el equipo de Yamada inhibió temporalmente las neuronas de orexina justo en el momento en que las ratas esperaban la recompensa, el comportamiento motivado disminuyó de forma evidente. Los animales tardaban más en completar las tareas y abandonaban antes los desafíos más exigentes.

Sin embargo, ocurrió algo inesperado cuando los científicos intentaron el experimento contrario. Al estimular artificialmente estas neuronas para incrementar aún más su actividad, la motivación no aumentó por encima de los niveles normales, aunque las neuronas respondían de forma correcta a la estimulación.

Este resultado indica que las neuronas de orexina son imprescindibles para mantener la motivación, pero simplemente hacerlas trabajar más no basta para incrementar el impulso hacia una meta. Según los autores, puede que existan otros mecanismos cerebrales que limitan este efecto y que todavía deben investigarse.

La sensación de progreso y el logro de metas activan los circuitos cerebrales de la recompensa, reforzando la motivación y favoreciendo que perseveremos en nuevos desafíos.

La sensación de progreso y el logro de metas activan los circuitos cerebrales de la recompensa, lo que refuerza la motivación y favorece que perseveremos en nuevos desafíos. Foto de Mikhail Nilov

Un mecanismo que transforma expectativas en acción

Los autores creen que este descubrimiento ofrece una nueva perspectiva sobre la forma en que el cerebro sostiene los comportamientos dirigidos a un objetivo.

🗣️ «Nuestro estudio ha demostrado cambios significativos en la actividad de las neuronas de orexina en función de las recompensas esperadas y del esfuerzo necesario para obtenerlas, lo que sugiere un posible mecanismo mediante el cual el cerebro transforma las expectativas en una acción sostenida», explica Mizoguchi.

Comprender con detalle este proceso podría tener importantes implicaciones clínicas. La pérdida de motivación es uno de los síntomas más frecuentes y difíciles de tratar en numerosos trastornos neuropsiquiátricos, desde la depresión hasta las adicciones o el TDAH.

En este sentido, los investigadores ya trabajan en identificar los circuitos neuronales que envían información a las neuronas de orexina y aquellos sobre los que estas actúan. Conocer estos circuitos permitirá comprender mejor cómo el cerebro decide cuándo merece la pena seguir esforzándose y cuándo abandonar.

A largo plazo, este conocimiento podría contribuir al desarrollo de nuevas estrategias terapéuticas destinadas a combatir los déficits de motivación y ayudar a las personas que tienen dificultades para mantener conductas orientadas a alcanzar sus objetivos.▪️(3-agosto-2026)

🧠 Diez claves científicas para entender cómo funciona la motivación

La neurociencia moderna ha descubierto que la motivación depende de una compleja red de circuitos cerebrales, neurotransmisores y procesos psicológicos. Estas son algunas de las conclusiones más interesantes.

  • 🎯 Existen dos tipos de motivación. La intrínseca (hacer algo por satisfacción personal) suele ser más duradera que la extrínseca, basada en premios o castigos.
  • La dopamina impulsa la acción. Más que producir placer, este neurotransmisor alimenta el deseo y la búsqueda de recompensas.
  • 🚀 Primero actúas; después llega la motivación. Empezar una tarea activa el sistema de recompensa del cerebro y facilita seguir adelante.
  • 📈 Los pequeños avances importan. Percibir progreso constante es uno de los mayores motores de la motivación diaria.
  • 🎁 Demasiadas recompensas pueden desmotivar. Premiar continuamente una actividad que ya disfrutabas puede reducir el interés por hacerla.
  • 🏗️ La motivación necesita tres pilares. Autonomía, competencia y relaciones sociales favorecen un compromiso duradero.
  • 😰 El estrés prolongado juega en contra. El exceso de cortisol altera los circuitos cerebrales relacionados con la motivación y el rendimiento.
  • 🗓️ La claridad vence a la fuerza de voluntad. Definir cuándo, dónde y cómo actuar aumenta considerablemente las probabilidades de cumplir una meta.
  • 🎚️ El desafío ideal está en el equilibrio. Las tareas demasiado fáciles aburren y las excesivamente difíciles generan frustración.
  • 💡 La identidad es más poderosa que los objetivos. Mantener un hábito resulta más sencillo cuando forma parte de quién eres que cuando solo persigue un resultado concreto.
  • Información facilitada por la Universidad de Nagoy

  • Fuente: Yutao Dong, Sheikh Mizanur Rahaman, Wenjun Zhu, Ayumu Inutsuka, Daisuke Ono, Rinako Tanaka, Tetsuo Matsuzaki, Eiji Shibata, Madoka Isobe, Shuntaro Izawa, Akihiro Yamanaka, Kiyofumi Yamada, and Hiroyuki Mizoguchi. Reward prediction is encoded by orexin neuron activity during motivated behavior.Proceedings of the National Academy of Sciences of the United States of America (2026). DOI: 10.1073/pnas.2520677123

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