¿Son los delfines los únicos animales que se llaman por su nombre? La ciencia responde

Los delfines utilizan silbidos característicos que, según las mejores evidencias científicas disponibles, funcionan como auténticos nombres propios. Un nuevo estudio revisa las pruebas existentes en elefantes, loros y primates, y concluye que, por ahora, solo los delfines cumplen todos los requisitos para utilizar nombres aprendidos y compartidos. El hallazgo ayuda a comprender cómo evolucionó el lenguaje humano.

Por Enrique Coperías, periodista científico

Dos delfines intercambian sus característicos silbidos de firma, unas vocalizaciones únicas que los científicos consideran el ejemplo más sólido conocido de nombres en el reino animal.

Dos delfines intercambian sus característicos silbidos de firma, unas vocalizaciones únicas que los científicos consideran el ejemplo más sólido conocido de nombres en el reino animal. Foto de Ranae Smith en Unsplash‍ ‍

¿Puede un elefante llamar a otro por su nombre? ¿Y un loro? ¿O un macaco? La idea parece sacada de una novela infantil, pero en los últimos años varios estudios científicos han defendido precisamente eso: que distintas especies utilizan llamadas específicas para dirigirse a determinados individuos, algo muy parecido a los nombres propios que utilizamos los seres humanos. El hallazgo despertó un enorme interés, porque, si fuera cierto, supondría que algunos animales poseen una forma de comunicación simbólica considerada hasta ahora casi exclusiva de nuestro lenguaje.

Sin embargo, un nuevo trabajo publicado en la revista Trends in Cognitive Sciences invita a rebajar el entusiasmo. Sus autores no niegan que otros animales puedan acabar demostrando esa capacidad en el futuro. Lo que sostienen es que, con las pruebas disponibles hoy, solo una especie supera realmente el examen: el delfín mular (Tursiops truncatus), también conocido como delfín nariz de botella.

La cuestión puede parecer una discusión terminológica, pero está lejos de serlo. En realidad, toca uno de los grandes interrogantes de la evolución: ¿cuándo apareció la capacidad de utilizar símbolos para representar personas u objetos? Comprenderlo ayudaría a explicar cómo surgió el lenguaje humano.

No basta con llamar la atención de otro animal

La psicóloga cognitiva Kelly Jaakkola, investigadora del Dolphin Research Center de Florida, en Estados Unidos, y una de las autoras del estudio, resume el problema con un ejemplo cotidiano.

🗣️ «La diferencia es entre decir "¡Eh, tú!" y decir "Julia"— explica Jaakkola. En ambos casos estamos dirigiéndonos a una persona concreta, pero solo uno de esos mensajes contiene un nombre.

Esa distinción, aparentemente sencilla, ha sido ignorada con frecuencia cuando se estudia la comunicación animal. Muchas especies son capaces de identificar a individuos concretos mediante sonidos, olores o señales visuales. Pero eso no significa necesariamente que utilicen nombres.

Para evitar confusiones, Jaakkola, junto con Stephanie King, de la Universidad de Bristol (Reino Unido), y Jason Bruck, de la Universidad Stephen F. Austin (Estados Unidos), proponen por primera vez un marco conceptual que permita responder con criterios objetivos a una pregunta aparentemente simple: ¿qué condiciones debe cumplir una señal para poder considerarse realmente un nombre?

¿Qué condiciones debe cumplir un animal para tener nombres?

Según los investigadores, una llamada solo puede calificarse como un auténtico nombre cuando cumple tres requisitos de manera simultánea. Son estos:

1️⃣ El primero consiste en la referencia individual. La señal debe identificar de forma específica a un único individuo y distinguirlo de los demás miembros del grupo.

2️⃣ El segundo requisito es mucho más exigente: la representación simbólica. El sonido no debe limitarse a señalar físicamente al destinatario, sino que tiene que representar mentalmente a ese individuo. Igual que la voz María no describe cómo es una persona, sino que simboliza quién es.

3️⃣ El tercer criterio es el significado compartido. El resto de animales del grupo debe comprender que esa señal hace referencia a ese individuo concreto. En otras palabras, el nombre tiene que ser aprendido y compartido socialmente, no una simple asociación privada entre dos animales.

Como recuerda Jaakkola en una entrevista en la revista Science, «nadie nace sabiendo el nombre de todas las personas que conocerá». Precisamente por eso, añade, los nombres tienen que aprenderse.

Este detalle resulta crucial, ya que muchas llamadas animales son innatas y vienen determinadas por la evolución. Los famosos cercopitecos verdes africanos (Chlorocebus pygerythrus), por ejemplo, emiten sonidos distintos cuando detectan águilas, leopardos o serpientes. Son señales extraordinariamente eficaces, pero no constituyen nombres: no necesitan aprenderlas y no representan simbólicamente a individuos concretos.

Cercopitecos verdes o vervets (Chlorocebus pygerythrus). Estos primates africanos utilizan diferentes llamadas de alarma para avisar de depredadores como águilas, leopardos o serpientes.

Cercopitecos verdes o vervets (Chlorocebus pygerythrus). Estos primates africanos utilizan diferentes llamadas de alarma para avisar de depredadores como águilas, leopardos o serpientes. Foto de David Clode en Unsplash‍ ‍

¿También tienen nombres los elefantes, los loros y los monos?

Durante los dos últimos años, varios estudios parecían indicar que algunas especies habían cruzado esa frontera.

Uno de ellos sugería que los elefantes africanos utilizan determinados retumbos graves para dirigirse a individuos específicos del grupo. Otro proponía que los titíes comunes emplean llamadas personalizadas durante sus conversaciones acústicas. Y trabajos anteriores habían planteado una posibilidad parecida en pequeños loros sudamericanos.

A primera vista, todos parecían ofrecer pruebas muy convincentes. Mediante algoritmos de inteligencia artificial, los investigadores lograban identificar, con una precisión superior al azar, a qué individuo iba dirigida cada vocalización. Además, cuando los científicos reproducían esas llamadas mediante altavoces, los animales destinatarios respondían con mayor intensidad que cuando escuchaban llamadas dirigidas a otros compañeros.

Pero, según Jaakkola y sus colegas, esas observaciones no bastan para hablar de nombres.

Estudios recientes sugieren que los elefantes africanos podrían dirigir llamadas específicas a otros miembros del grupo, pero un nuevo análisis concluye que las pruebas todavía no son suficientes para afirmar que utilizan auténticos nombres.

Elefante africano (Loxodonta africana). Estudios recientes sugieren que estos gigantes podrían dirigir llamadas específicas a otros miembros del grupo, pero un nuevo análisis concluye que las pruebas todavía no son suficientes para afirmar que utilizan auténticos nombres. Foto de David Clode en Unsplash

En el caso de los elefantes, por ejemplo, más de la mitad de los animales del estudio solo habían recibido una llamada registrada de un único emisor, una muestra demasiado limitada para demostrar que todos utilizan el mismo nombre para referirse a un compañero determinado.

Con los titíes y los loros ocurre algo parecido. Cada individuo modifica ligeramente sus llamadas cuando responde a otro, pero distintos animales no utilizan la misma vocalización para dirigirse al mismo compañero, como cabría esperar si existiera un nombre compartido por toda la comunidad.

Existe además otra explicación mucho más sencilla.

Los investigadores creen que estos animales podrían estar practicando algo conocido como imitación vocal parcial. En lugar de pronunciar un nombre aprendido, copiarían momentáneamente algunos rasgos de la llamada del interlocutor durante el intercambio acústico. Desde fuera ambos comportamientos pueden parecer muy similares, pero cognitivamente son procesos completamente distintos.

«Lo que hemos visto hasta ahora no demuestra que esas llamadas funcionen como etiquetas simbólicas compartidas —explica Jaakkola—. Simplemente todavía no disponemos de pruebas suficientes».

Por qué el caso de los delfines es diferente

Si hay una especie que, de momento, supera los tres requisitos propuestos por los investigadores, esa es el delfín mular. Y no se trata de un descubrimiento reciente, sino del resultado de más de medio siglo de investigaciones sobre uno de los sistemas de comunicación más sofisticados conocidos en el reino animal.

Cada cría desarrolla durante sus primeros meses de vida un silbido característico, conocido como signature whistle o silbido de firma. Ese patrón acústico es único, mantiene su estructura durante décadas y funciona como una especie de tarjeta de identidad sonora.

Lo realmente sorprendente es que los delfines no solo producen su propio silbido. En determinadas circunstancias también reproducen el silbido característico de otro individuo.

Experimentos realizados en libertad y en cautividad han demostrado que cuando un delfín escucha una copia de su propio silbido responde inmediatamente, mientras que apenas reacciona de la misma manera al escuchar el de otros animales. Además, esa respuesta depende de quién sea el propietario del silbido: no reaccionan igual si pertenece a un compañero cercano, a un antiguo aliado o a un individuo desconocido.

Para los autores, estos resultados indican que los silbidos poseen un significado compartido dentro de la comunidad y permiten identificar a individuos concretos.

La psicóloga cognitiva Kelly Jaakkola, del Dolphin Research Center (Florida), interactúa con un delfín llamado Talon durante sus investigaciones sobre cognición y comunicación.

La psicóloga cognitiva Kelly Jaakkola, del Dolphin Research Center (Florida), interactúa con un delfín llamado Talon durante sus investigaciones sobre cognición y comunicación. Cortesía: Dolphin Research Center

El experimento que convenció a los investigadores

Pero aún faltaba demostrar el requisito más difícil de todos: la representación simbólica.

Era necesario averiguar si el silbido no solo identificaba a otro delfín, sino que evocaba mentalmente a ese individuo, del mismo modo que un nombre humano nos hace pensar de inmediatao en una persona concreta.

La respuesta llegó gracias a un experimento tan ingenioso como inesperado.

Jason Bruck, uno de los autores del nuevo trabajo, partió de una observación conocida desde hacía años: los delfines suelen nadar a través de la orina de otros individuos con la boca abierta. Aquello sugería que podían obtener información química sobre sus compañeros.

Los investigadores reunieron entonces muestras de orina de distintos delfines y grabaciones de sus silbidos de firma. Después combinaron ambas señales.

Cuando el silbido reproducido pertenecía al mismo individuo que había dejado la muestra de orina, los animales prestaban mucha más atención al altavoz que cuando ambas señales correspondían a individuos diferentes.

🗣️ Para Jaakkola, ese resultado era mucho más importante de lo que parecía: «Para que eso ocurra, tienen que poseer una representación mental que incluya tanto la señal —su nombre, su silbido característico— como otra información sobre ese mismo individuo, en este caso el sabor de su orina».

Es decir, el cerebro del delfín estaba integrando dos informaciones completamente distintas —una acústica y otra química— para reconocer a un mismo compañero.

Eso es precisamente lo que se espera de un símbolo.

Cada delfín desarrolla un silbido de firma único que, según las mejores evidencias científicas disponibles, funciona como un nombre propio aprendido y reconocido por los demás miembros de la comunidad.

Cada delfín desarrolla un silbido de firma único que, según las mejores evidencias científicas disponibles, funciona como un nombre propio aprendido y reconocido por los demás miembros de la comunidad. Foto de Noah Munivez

Más cerca del lenguaje humano

Ahora bien, los autores del trabajo se muestran prudentes. En ningún momento afirman que los delfines posean un lenguaje comparable al humano.

Tampoco sostienen que utilicen palabras o mantengan conversaciones complejas como las nuestras.

Lo que defienden es algo mucho más concreto: que, según las pruebas disponibles a día de hoy, sus silbidos de firma funcionan como etiquetas aprendidas que representan a individuos específicos, una propiedad extraordinariamente rara en la naturaleza.

La diferencia puede parecer sutil, pero tiene enormes implicaciones para comprender la evolución de la cognición.

La mayoría de las señales animales expresan estados emocionales —miedo, agresividad, disposición para aparearse— o transmiten información inmediata sobre el entorno. Los nombres, en cambio, pertenecen al mundo de los símbolos: representan algo que existe independientemente del momento en que se produce la comunicación.

Ese salto cognitivo constituye uno de los pilares sobre los que acabó construyéndose el lenguaje humano.

Inteligencia artificial sí... pero con cautela

El trabajo también lanza un mensaje de prudencia en plena era de la inteligencia artificial.

Muchos de los estudios recientes sobre comunicación animal utilizan algoritmos capaces de detectar patrones acústicos invisibles para el oído humano. Gracias a ellos se han identificado diferencias extremadamente sutiles entre llamadas aparentemente idénticas.

Pero encontrar un patrón estadístico no significa necesariamente haber descubierto un nombre.

Los propios autores advierten de que un algoritmo puede clasificar correctamente miles de vocalizaciones sin que los investigadores sepan con exactitud qué característica está utilizando para hacerlo. Después, los animales pueden distinguir entre esas llamadas durante los experimentos de reproducción sonora, pero eso tampoco demuestra por sí solo que funcionen como etiquetas simbólicas.

En otras palabras, la inteligencia artificial puede descubrir correlaciones muy útiles, pero sigue siendo imprescindible demostrar experimentalmente qué significado tienen esas señales para los propios animales.

Guacamayos. Algunos estudios han sugerido que ciertos loros podrían utilizar llamadas específicas para dirigirse a otros individuos.

Guacamayos. Algunos estudios han sugerido que ciertos loros podrían utilizar llamadas específicas para dirigirse a otros individuos. Foto de David Clode en Unsplash

Un interrogante que no se ha cerrado

¿Significa todo esto que elefantes, loros o titíes nunca tendrán nombres?

En absoluto.

Jaakkola insiste en que esa no es la conclusión del estudio: «No afirmo que otros animales definitivamente no tengan nombres. Lo que afirmo es que todavía no tenemos las pruebas necesarias para demostrar que los tienen».

La diferencia es importante. El nuevo trabajo no cierra el debate; simplemente eleva el listón de la evidencia científica.

Los investigadores esperan que este marco sirva para diseñar experimentos más precisos y comparables entre especies. Solo entonces será posible saber si otros animales también utilizan auténticos nombres o si los delfines siguen siendo una excepción extraordinaria.

Mientras tanto, la imagen que emerge resulta fascinante. En algún lugar del océano, dos delfines pueden cruzarse tras meses o incluso años sin verse. Uno emite un silbido muy particular. El otro responde inmediatamente. No porque reconozca simplemente una voz familiar, sino porque, según las mejores pruebas disponibles hasta ahora, acaba de escuchar algo muy parecido a su propio nombre.

Y esa posibilidad, que hace apenas unas décadas parecía reservada exclusivamente a nuestra especie, obliga a replantearse hasta dónde puede llegar la mente de algunos de los animales más inteligentes del planeta.▪️(26-julio-2026)

LO MÁS IMPORTANTE DEL ESTUDIO, EN 30 SEGUNDOS

  • Un nuevo estudio propone tres criterios científicos para decidir si un animal utiliza nombres.
  • Los delfines mulares son, por ahora, la única especie que cumple todos ellos.
  • Las pruebas sobre elefantes, titíes y loros todavía son insuficientes.
  • Los nombres representan un salto hacia la comunicación simbólica, uno de los pilares del lenguaje humano.

PREGUNTAS Y RESPUESTAS: Animales y Nombres

🐬 ¿Los delfines tienen nombres?

Sí. Según las evidencias científicas actuales, los delfines utilizan silbidos de firma que funcionan como nombres aprendidos para identificar a individuos concretos. Estos silbidos cumplen criterios de referencia individual, representación simbólica y significado compartido.

🐬 ¿Qué animales utilizan nombres además de los delfines?

Se ha propuesto que elefantes africanos, titíes comunes y algunos loros podrían hacerlo, pero un nuevo análisis concluye que todavía no existen pruebas suficientes para afirmarlo con certeza.

🐬 ¿Qué son los silbidos de firma?

Son vocalizaciones únicas que desarrolla cada delfín durante su juventud y que permiten a otros individuos reconocerlo y dirigirse específicamente a él.

🐬 ¿Por qué este descubrimiento es importante?

Porque demuestra una forma de comunicación simbólica extremadamente rara en la naturaleza y puede aportar pistas sobre el origen evolutivo del lenguaje humano.

🐬 ¿Los elefantes llaman por su nombre a otros elefantes?

Las investigaciones sugieren que podrían utilizar llamadas dirigidas a individuos concretos, pero las pruebas disponibles todavía no cumplen todos los criterios necesarios para hablar de auténticos nombres.

  • Fuente: Jaakkola K., King S., Bruck J. Do animals use names? Conceptual and empirical criteria. Trends in Cognitive Sciences (2026). DOI: 10.1016/j.tics.2026.06.008 

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