Un destello azul que desafía a la astronomía: descubren una posible nueva clase de explosión cósmica
Un misterioso destello azul detectado en una galaxia enana situada a 3.300 millones de años luz desafía todas las clasificaciones conocidas de explosiones cósmicas. Su comportamiento sin precedentes apunta a un nuevo tipo de fenómeno extremo que podría indicarnos la existencia de esquivos agujeros negros de masa intermedia.
Por Enrique Coperías, periodista científico
Recreación artística del posible nuevo tipo de explosión cósmica identificado como AT2019ijn. Crédito: IA-DALL-E / RexMolón Producciones
Las grandes explosiones del universo suelen clasificarse en un puñado de familias bien conocidas. Están las supernovas, que marcan la muerte de estrellas masivas; los estallidos de rayos gamma, los fenómenos más energéticos conocidos; o los eventos de disrupción por marea (TDE, por sus siglas en inglés), que ocurren cuando un agujero negro despedaza una estrella que se aventura a situarse demasiado cerca de sus fauces.
Sin embargo, de vez en cuando los astrónomos descubren un objeto que se niega a encajar en cualquiera de esas categorías.
Eso es precisamente lo que ocurrió con AT2019ijn, un misterioso destello descubierto en 2019 cuya extraña evolución ha llevado ahora a un grupo de investigadores chinos, coordinado por Ningyu Tang, del Departamento de Física, en la Anhui Normal University, a proponer que podría pertenecer a una nueva clase de explosiones cósmicas relativistas. El trabajo, publicado en The Astrophysical Journal Letters, describe un fenómeno tan inusual que reúne características propias de varios tipos de eventos astronómicos, pero sin coincidir plenamente con ninguno de ellos.
Qué son los transitorios ópticos azules rápidos (FBOT)
La historia comenzó casi por casualidad. El equipo chino no estaba buscando una nueva explosión, sino comparando miles de objetos detectados por telescopios ópticos con fuentes brillantes observadas en radio. Ese cruce de catálogos permitió localizar un objeto que había pasado prácticamente desapercibido años antes. Al analizar todos los datos disponibles, comprendieron que tenían delante algo extraordinario.
El fenómeno apareció en el centro de una pequeña galaxia situada a unos 3.300 millones de años luz de la Tierra. En apenas cinco días alcanzó un brillo enorme —equivalente a una magnitud absoluta de −21, comparable al de algunas de las explosiones estelares más luminosas conocidas— y lo hizo emitiendo una intensa luz azul, signo inequívoco de temperaturas extremadamente elevadas, superiores a los 13.700 ºC (la superficie del Sol está a unos 5.500 °C.
Hasta ese momento, todo parecía recordar a los llamados transitorios ópticos azules rápidos, conocidos por sus siglas inglesas FBOT (Fast Blue Optical Transients). Se trata de un tipo de explosiones muy poco frecuentes, descubiertas en la última década gracias a los modernos telescopios automáticos que rastrean continuamente el cielo.
Estos fenómenos se caracterizan por:
✅ Alcanzar su máximo brillo en cuestión de días.
✅ Mantener colores muy azules.
✅ Dsaparecer casi tan deprisa como aparecen.
Tambien hay que decir que los FBOT son extraordinariamente raros: los astrónomos estiman que representan menos del 0,1 % de todas las explosiones estelares observadas en el universo cercano, o sea, la región del cosmos relativamente próxima a la Tierra (hasta unos pocos miles de millones de años luz), donde las galaxias pueden estudiarse con mayor detalle y precisión. Su origen continúa siendo uno de los grandes enigmas de la astrofísica moderna.
Un comportamiento que no encaja con ningún modelo conocido
Sin embargo, AT2019ijn empezó pronto a comportarse de forma distinta.
Mientras los transitorios ópticos azules rápidos conocidos suelen apagarse muy rápido, este objeto continuó brillando durante más de un mes. La disminución de su luminosidad fue sorprendentemente lenta y, lo que resultó aún más llamativo, conservó durante semanas la misma tonalidad azul intensa. Los modelos muestran que la temperatura permaneció prácticamente constante durante todo ese tiempo, algo muy difícil de explicar mediante los mecanismos habituales que describen la evolución de una supernova convencional.
➡️ «AT2019ijn comparte las propiedades fundamentales de los FBOT, como el ascenso extremadamente rápido, el enorme brillo y el color azul persistente, pero presenta una fase de decaimiento mucho más lenta que la observada en cualquiera de ellos», sostienen los autores del estudio.
Esa diferencia podría tener consecuencias mucho más importantes de lo que parece. Según explican los investigadores, los criterios utilizados hasta ahora para identificar este tipo de explosiones favorecen únicamente los objetos que desaparecen muy deprisa. Si existen otros casos con una evolución más lenta, como este, es posible que hayan pasado inadvertidos durante años simplemente porque nadie los estaba buscando.
En otras palabras, quizá los astrónomos solo han estado viendo una parte del fenómeno.
Recreación artística de un FBOT rodeado por un capullo de gas y material expulsado. Según esta hipótesis, la interacción entre la explosión y ese envoltorio podría explicar el intenso brillo azul y la rápida evolución observados en algunos de estos fenómenos cósmicos extremos. Fuente: Northwestern University.
El verdadero misterio apareció casi dos años después
Pero el verdadero giro de la historia llegó con algo de retraso. En efecto, más de un año después de que la explosión óptica pareciera haber terminado, los radiotelescopios comenzaron a detectar una señal cada vez más intensa procedente justo del mismo lugar.
Lo normal es que la emisión en radio alcance su máximo más o menos pronto y empiece después a debilitarse. En este caso ocurrió justo lo contrario.
La fuente siguió aumentando de intensidad durante 641 días, hasta convertirse en uno de los objetos transitorios más brillantes jamás observados en radio dentro de esta categoría. Su luminosidad superaba en más de cien veces la registrada en los FBOT conocidos y era comparable solo a la observada en algunos de los eventos más extremos asociados con chorros relativistas expulsados por agujeros negros.
Recordemos que un chorro relativista es un potente haz de materia y energía expulsado por un agujero negro o una estrella de neutrones a velocidades cercanas a la de la luz. Puede extenderse durante miles o incluso millones de años luz.
➡️ «La intensidad y la larga duración de la emisión en radio indican que estamos observando un fenómeno físico mucho más energético de lo que sugería inicialmente la explosión óptica», concluyen los investigadores.
La hipótesis principal: un agujero negro oculto
Ese comportamiento convirtió inmediatamente a AT2019ijn en una rareza absoluta. Ninguna supernova conocida, ni siquiera las más energéticas, produce una señal de radio tan brillante durante tanto tiempo. Tampoco coincide con el patrón observado en los transitorios azules rápidos estudiados hasta ahora.
La pregunta era inevitable: ¿qué mecanismo puede generar un objeto que parece una explosión estelar, pero cuya evolución en radio recuerda más al comportamiento de un agujero negro?
La respuesta comienza a perfilarse en la segunda parte del estudio, donde los investigadores plantean un escenario tan espectacular como plausible: un potente chorro relativista emitido por un agujero negro de masa intermedia que habría permanecido oculto durante casi dos años antes de hacerse visible desde la Tierra. Ese modelo podría explicar simultáneamente el extraño brillo azul inicial y la extraordinaria emisión de radio detectada mucho después. Pero no es la única posibilidad.
Curva de luz (izquierda) y distribución espectral de energía de la galaxia anfitriona (derecha) de AT2019ijn. El análisis de su galaxia anfitriona permitió determinar que se encuentra a un corrimiento al rojo de z = 0,273, equivalente a unos 3.300 millones de años luz de la Tierra. Cortesía: Hucheng Ding et al.
Qué pudo producir ese chorro relativista
Para resolver el enigma, los investigadores tuvieron que abandonar la idea de una explosión estelar convencional y fijarse en otro protagonista mucho más extremo: los citados chorros relativistas.
Estos gigantescos haces de materia y energía viajan a velocidades cercanas a la de la luz y, como hemos mencionado, suelen generarse cuando un agujero negro devora enormes cantidades de material. Si uno de esos chorros apunta directamente hacia la Tierra, su brillo puede resultar espectacular. Pero si está orientado en otra dirección, gran parte de la radiación permanece oculta al principio y solo se vuelve visible con el paso del tiempo, cuando el chorro pierde velocidad y comienza a expandirse.
Ese escenario encaja sorprendentemente bien con lo observado en AT2019ijn.
Un chorro no enfocado hacia nuestro planeta
Los cálculos realizados por el equipo indican que el objeto habría expulsado un potente chorro relativista que no estaba dirigido hacia nuestro planeta, sino inclinado unos 39 grados respecto a nuestra línea de visión. Esa geometría explicaría por qué la emisión de radio tardó casi dos años en alcanzar su máximo brillo. A medida que el chorro fue frenándose al chocar contra el gas que rodeaba la galaxia, una parte cada vez mayor de la radiación comenzó a llegar hasta nosotros.
➡️ «La intensa y prolongada emisión en radio puede explicarse mediante un chorro relativista observado fuera de eje", concluyen los autores tras modelizar matemáticamente la evolución del fenómeno. Esa hipótesis reproduce tanto el retraso del máximo en radio como la intensidad extraordinaria de la señal detectada.
Sin embargo, identificar el chorro solo resuelve una parte del rompecabezas.
Quedaba por averiguar qué motor había sido capaz de producir semejante cantidad de energía.
En qué consiste un evento de disrupción por marea
La explicación favorita de los investigadores apunta hacia un evento de disrupción por marea o TDE (Tidal Disruption Event, por sus siglas en inglés). Estos episodios ocurren cuando una estrella pasa demasiado cerca de un agujero negro y la enorme diferencia de gravedad entre un lado y otro del astro termina desgarrándola. El material arrancado forma un disco giratorio alrededor del agujero negro y, en determinadas circunstancias, puede lanzar chorros relativistas al espacio.
Lo realmente novedoso es el tipo de agujero negro implicado.
Las simulaciones indican que el responsable podría ser un agujero negro de masa intermedia, con unas 130.000 veces la masa del Sol. Estos objetos constituyen uno de los grandes eslabones perdidos de la evolución cósmica. Son demasiado grandes como para haberse formado directamente por el colapso de una estrella, pero demasiado pequeños como para pertenecer a la familia de los gigantes supermasivos que ocupan el centro de la mayoría de las galaxias.
Precisamente por eso su existencia sigue siendo uno de los grandes debates de la astrofísica.
Detectarlos resulta extremadamente difícil, pues suelen encontrarse en galaxias pequeñas y apenas emiten radiación cuando permanecen inactivos. Solo acontecimientos excepcionales, como la destrucción de una estrella cercana, permiten revelar su presencia.
AT2019ijn podría convertirse así en una de las mejores evidencias obtenidas hasta ahora de este tipo de agujeros negros.
Recreación artística de un evento de disrupción por marea (TDE), en el que un agujero negro desgarra una estrella por efecto de su enorme gravedad. Este fenómeno, impulsado por un agujero negro de masa intermedia, podría explicar el extraordinario comportamiento de AT2019ijn. Cortesía: Ralf Crawford (STScI)
Una alternativa que todavía no puede descartarse
Pero los propios investigadores reconocen que todavía no pueden dar el caso por cerrado. Existe una segunda posibilidad.
El motor de la explosión también podría haber sido un magnétar, una estrella de neutrones extremadamente compacta cuyo campo magnético figura entre los más intensos conocidos en el universo. Algunos modelos proponen que, cuando una magnetoestrella, que es como también se conoce a este objeto, recién nacida gira a enorme velocidad, es capaz de inyectar suficiente energía para alimentar explosiones extraordinariamente luminosas e incluso producir chorros relativistas.
Aunque los datos actuales favorecen el escenario del agujero negro, el artículo admite que la alternativa del magnétar todavía no puede descartarse por completo.
Sea cual sea la explicación definitiva, el descubrimiento plantea una consecuencia mucho más amplia.
Por qué este descubrimiento es importante
Durante años, los astrónomos han identificado los llamados transitorios ópticos azules rápidos buscando objetos que aumentaran y disminuyeran de brillo en muy pocos días. Sin embargo, AT2019ijn demuestra que podrían existir fenómenos similares con una evolución más lenta y, por tanto, invisibles para los algoritmos actuales de búsqueda.
"Este objeto representa una nueva clase de transitorios ópticos relativistas y pone de manifiesto la importancia de los estudios en radio para descubrir eventos con chorros observados fuera de eje", escriben los autores en las conclusiones del trabajo.
El hallazgo también confirma la creciente importancia de combinar observaciones obtenidas en diferentes longitudes de onda. Si los investigadores hubieran analizado únicamente las imágenes ópticas, AT2019ijn habría parecido un transitorio algo extraño, pero no excepcional. Fue la información procedente de los radiotelescopios la que reveló que escondía un fenómeno muchísimo más energético.
La astronomía moderna está entrando precisamente en esa nueva etapa. Grandes instalaciones como el Observatorio Vera C. Rubin, que comenzará pronto a cartografiar el cielo desde el Cerro Pachón, en Chile, con una profundidad sin precedentes, descubrirán millones de objetos transitorios cada año. Al mismo tiempo, nuevas redes internacionales de radiotelescopios permitirán seguir su evolución durante meses o incluso años.
Todo ello aumentará sobremanera las posibilidades de encontrar más objetos como AT2019ijn.
Y quizá entonces los astrónomos descubran que este extraño destello azul no era una rareza aislada, sino el primer representante conocido de una familia completamente nueva de explosiones cósmicas. Si esa hipótesis se confirma, el hallazgo no solo obligará a ampliar la clasificación de los fenómenos transitorios del universo, sino que también abrirá una ventana inédita para estudiar cómo nacen los chorros relativistas y dónde se esconden los esquivos agujeros negros de masa intermedia, dos de los grandes enigmas pendientes de la astrofísica contemporánea.▪️(26-julio-2026)
LO MÁS IMPORTANTE DEL ESTUDIO, EN 30 SEGUNDOS
- AT2019ijn es un fenómeno óptico transitorio azul extremadamente raro.
- Alcanzó un brillo comparable al de las explosiones más luminosas conocidas en apenas cinco días.
- Su emisión en radio continuó aumentando durante 641 días, algo nunca visto en este tipo de objetos.
- Los investigadores creen que podría tratarse de una nueva clase de explosión cósmica relativista.
- La explicación más probable implica un agujero negro de masa intermedia que lanzó un potente chorro relativista.
- El descubrimiento podría cambiar la forma en que los astrónomos buscan y clasifican los fenómenos transitorios del universo.
PREGUNTAS & RESPUESTAS: AT2019ijn y los FBOT
⚡️ ¿Qué es AT2019ijn?
Es un fenómeno óptico transitorio descubierto en 2019 cuya evolución no coincide con ninguna clase conocida de explosión cósmica.
⚡️ ¿Por qué es diferente de una supernova?
Porque combina un ascenso extremadamente rápido con una emisión en radio extraordinariamente intensa que alcanzó su máximo casi dos años después, algo nunca observado en una supernova convencional.
⚡️ ¿Qué es un FBOT?
Los Fast Blue Optical Transients o transitorios ópticos azules rápidos son explosiones muy raras que aumentan rápidamente de brillo, presentan un intenso color azul y desaparecen en pocos días.
⚡️ ¿Qué es un agujero negro de masa intermedia?
Es un agujero negro con una masa situada entre los agujeros negros formados por estrellas y los gigantes supermasivos que ocupan el centro de las galaxias. Constituyen una población muy difícil de detectar.
⚡️ ¿Qué implicaciones tiene este descubrimiento?
Podría revelar la existencia de una nueva familia de explosiones cósmicas y facilitar la búsqueda de agujeros negros de masa intermedia mediante observaciones combinadas en luz visible y radio.
Fuente: Hucheng Ding et al. AT2019ijn: A Fast-rising, Slow-decaying Blue Optical Transient with Exceptionally Bright Radio Emission. The Astrophysical Journal Letters (2026). DOI: 10.3847/2041-8213/ae732c

