Sorprenden a unos mapaches pigmeos fabricando sus propios juguetes de papel
Dos jóvenes mapaches pigmeos han sido observados mientras recogían papeles de una papelera, los mojaban y los amasaban con arena hasta convertirlos en pelotas para jugar. El hallazgo aporta indicios preliminares de innovación, aprendizaje social y cultura material en una especie en peligro crítico de extinción.
Por Enrique Coperías, periodista científico
Un mapache pigmeo de Cozumel sostiene una pelota fabricada con papel mojado y compactado con arena. Este sorprendente comportamiento podría constituir un primer indicio de cultura material y aprendizaje social en la especie. Crédito: Nessie O’Neil
Un juguete fabricado entre papeleras y turistas
En un club de playa de la isla mexicana de Cozumel, entre turistas, cocinas y cubos de basura, dos pequeñas mapaches encontraron una forma inesperada de entretenerse. Elegían servilletas, recibos o envoltorios de papel, los transportaban hasta un recipiente con agua, los sumergían y después los presionaban, volteaban y hacían rodar sobre la arena.
Poco a poco, el material mojado se convertía en una pelota compacta. Entonces comenzaba el juego: la golpeaban con las patas delanteras, corrían tras ella, se la pasaban e incluso gruñían para conservar su posesión.
La escena podría parecer una simple travesura, pero las protagonistas eran mapaches pigmeos de Cozumel (Procyon pygmaeus), una especie endémica de esta isla del Caribe mexicano y clasificada en peligro crítico de extinción. Según el estudio publicado en la revista Wild, nunca se había descrito en ninguna especie del género Procyon una secuencia semejante: seleccionar un material, transformarlo deliberadamente y utilizar después el objeto resultante con una finalidad que no era alimentarse, sino jugar.
Cómo hacen las pelotas de papel
Los autores del curioso estudio, Nessie O’Neil y Michelle Szydlowski, del Departamento de Biología de la Universidad de Miami, y Noel Anselmo Rivas-Camo, de la Subdivisión de Ecología, en el Municipio de Cozumel, estudiaban los efectos del turismo sobre estos animales cuando se encontraron con esta conducta. Entre el 13 y el 29 de enero de 2026 realizaron ocho jornadas de observación de ocho horas cada una en el chiringuito playero (beach club) frecuentado por la pareja de mapaches, que está situado en la costa suroccidental de Cozumel.
Las mapaches no recibieron papel por parte de los científicos ni fueron animadas a manipularlo. Todo ocurrió de forma espontánea, y quedó registrado mediante notas, fotografías y vídeos.
La secuencia seguía varios pasos, que se resumen en esto siete:
1️⃣ Las jóvenes acudían a una papelera de residuos no orgánicos.
2️⃣ Seleccionaban recibos, servilletas o envoltorios de papel.
3️⃣ Transportaban el material hasta un recipiente con agua dulce.
4️⃣ Sujetaban el papel con las patas delanteras y lo sumergían brevemente.
5️⃣ Lo presionaban, volteaban y hacían rodar contra la arena.
6️⃣ Continuaban compactándolo hasta obtener una bola.
7️⃣ Utilizaban la pelota para jugar solas o con otros animales.
No se observó que ingirieran el papel ni que buscaran restos de comida adheridos a él. El uso del objeto era claramente diferente de la alimentación o el carroñeo.
A lo largo de aquellas 64 horas, los investigadores documentaron catorce secuencias de fabricación. Ocho culminaron en pelotas completas, lo que representa una tasa de éxito del 57 %. Una de las hermanas realizó seis de sus ocho intentos con éxito; la otra necesitó más práctica y solo completó dos de seis. La diferencia resulta especialmente reveladora porque permite reconstruir una posible historia de aprendizaje.
🗣️ «Mi primera reacción fue: “¡Dios mío, qué monada!”», confiesa O’Neil, que está investigando el impacto del turismo en los mapaches pigmeos de la isla de Cozumel.
A la izquierda, una de las jóvenes mapaches compacta con sus patas delanteras el papel mojado para darle forma de pelota. A la derecha, su hermana se aproxima y observa atentamente el proceso, una escena compatible con el posible aprendizaje social de la conducta. Crédito: Wild (2026). DOI: 10.3390/wild3030033
Una posible transmisión de conocimientos entre hermanas
La diferencia entre ambas jóvenes permitió reconstruir una posible historia de aprendizaje social. La primera mapache ejecutó la secuencia completa mientras su hermana la observaba de cerca. Poco después, la segunda acudió a la misma papelera, recogió un papel e intentó imitarla.
Al principio manipuló el material en seco y no consiguió formar una pelota. Su hermana terminó arrebatándole el papel para completar la operación, mientras la aprendiz jugaba con una bola que ya había sido fabricada. Tras cuatro intentos fallidos o incompletos, la segunda mapache consiguió elaborar dos pelotas por sí sola: una con el envoltorio de una hamburguesa y otra con un recibo.
Lo logró el 29 de enero, unos cinco días después de que su hermana hubiera sido retirada del lugar para recibir cuidados veterinarios. Es decir, no se limitó a copiar unos movimientos mientras veía actuar a la otra, sino que aparentemente retuvo la secuencia y pudo reproducirla en su ausencia.
➡️ «Como mínimo, la observación amplía el repertorio conductual conocido de los mapaches», señalan los autores. La sucesión de acontecimientos, añaden, es compatible con una transmisión social de la conducta, aunque no basta para demostrar que exista una tradición cultural consolidada.
¿Puede hablarse de cultura animal?
La distinción es importante. En etología, no todo comportamiento novedoso constituye cultura.
Para hablar de una tradición cultural, una conducta debe adquirirse mediante aprendizaje social, repetirse y transmitirse entre individuos, hasta mantenerse dentro de un grupo.
En el caso de la pareja de mapaches solo se observó a una familia durante un periodo breve y no fue posible identificar quién inventó originalmente la técnica. Por estas razones, los investigadores presentan el hallazgo como una evidencia preliminar de cultura material, no como una prueba concluyente.
Una innovación local que no apareció en otros mapaches
Existe, sin embargo, una comparación muy sugerente. Los investigadores visitaron otro chiringuito de playa situado unos 30 kilómetros más al norte. Allí también había mapaches jóvenes acostumbrados a la presencia humana, papeleras accesibles, papel y agua dulce. Los animales jugaban entre ellos e incluso manipulaban desprecidios de los turistas, pero ninguno fabricó pelotas.
La distancia entre ambos lugares, considerable para esta especie, y la fragmentación genética de las poblaciones del norte y el sur de mapaches pigmeos hacen improbable que los dos grupos mantengan un contacto regular.
Que los ingredientes estuvieran disponibles pero que la receta no apareciera respalda la posibilidad de que la conducta fuese una innovación local, desarrollada o compartida dentro de la primera familia.
A la izquierda, la segunda joven recoge un papel de la basura e intenta fabricar una pelota sin éxito, mientras su hermana la observa. A la derecha, la mapache más experimentada toma el material y comienza a moldearlo mientras la aprendiz juega con una pelota fabricada anteriormente. Crédito: Wild (2026). DOI: 10.3390/wild3030033
Unas manos especialmente sensibles
El episodio encaja, además, con lo que empieza a conocerse sobre la inteligencia de los mapaches. Sus patas delanteras no son simples manos para agarrar comida: poseen una extraordinaria sensibilidad táctil y el cerebro dedica una proporción especialmente grande de su corteza sensorial a procesar la información que recibe de ellas. En otras palabras, cuentan con una especie de «mapa cerebral» de las patas muy desarrollado, que les permite explorar y manipular objetos con notable precisión.
El comportamiento popularmente descrito como lavar alimentos se interpreta hoy como una forma de exploración manual favorecida por el agua.
La humedad puede aumentar la información sensorial que reciben las patas y facilita la manipulación de determinados materiales.
En Cozumel, mojar el papel lo volvía más cohesivo, deformable y fácil de compactar. Las jóvenes aprovecharon esas propiedades para transformar un residuo sin forma en un objeto que podían agarrar, golpear y perseguir.
En 2024, los autores de un estudio publicado en Proceedings of the Royal Society B colocaron cajas con varios mecanismos de apertura ante mapaches silvestres. Los animales que resolvieron el problema descubrieron siempre más de una solución, y el éxito estuvo relacionado con la edad y la diversidad de sus exploraciones. El resultado mostró que no aplican una respuesta rígida: prueban alternativas y cambian de estrategia.
Y en otra investigación, esta vez publicada en 2025 en Animal Behaviour, los científicos compararon las reacciones de mapaches y zarigüeyas de Virginia ante recipientes con comida sujetos a cuerdas y alambres. Ambas especies se acercaron al dispositivo con una frecuencia parecida, pero los mapaches encontraron soluciones innovadoras en más ocasiones. No fueron necesariamente más atrevidos; fueron mejores improvisando.
El juego como laboratorio de la inteligencia animal
Las pequeñas fabricantes de pelotas llevaron esa flexibilidad más allá de la búsqueda de alimento. Esa es una de las aportaciones más originales del nuevo trabajo.
Gran parte de la investigación sobre la cultura material animal se ha centrado en herramientas destinadas a obtener comida: chimpancés que pescan termitas, delfines que protegen su hocico con esponjas o monos que utilizan piedras. El juego con objetos ha recibido mucha menos atención, pese a que puede constituir un laboratorio en el que los animales descubren qué se puede hacer con los materiales.
Un trabajo de 2024 con macacos de cola larga de Bali, publicado también en Animal Behaviour, relacionó determinados estilos de juego con piedras con una mayor probabilidad de resolver tareas en las que esas piedras podían emplearse como herramientas. Y una investigación de 2025 en Scientific Reports analizó 67 usos de objetos protagonizados por 36 chimpancés jóvenes de Uganda. Casi la mitad se apartaba de las costumbres adultas; aparecieron desde modificaciones de técnicas conocidas hasta innovaciones como jugar con objetos a modo de muñecos. Las crías de madres experimentadas y las hembras presentaron mayores índices de exploración, lo que sugiere que la juventud, el juego y un entorno social tolerante crean un terreno fértil para la innovación.
Una especie única amenazada por el turismo
En Cozumel, sin embargo, el escenario que estimula el ingenio también encierra una amenaza. Un estudio sobre la alimentación del mapache pigmeo, publicado en la revista Mammalian Biology, confirmó que su dieta natural se basa principalmente en cangrejos y frutas. Los chiringuitos y otras instalaciones turísticas introducen basura, comida procesada y sustancias potencialmente tóxicas en ese entorno.
La madre de las dos jóvenes llegó a beber una pequeña cantidad de margarita ofrecida o dejada a su alcance, y, poco después, realizó un intento torpe e incompleto de fabricar una pelota.
El desenlace añade una nota sombría. La hermana que primero dominó la técnica murió durante su rehabilitación, probablemente por desnutrición y exposición a tóxicos de origen humano. Otros dos hermanos habían desaparecido o muerto durante las semanas anteriores por causas aparentemente similares. Su pérdida no representa únicamente la desaparición de futuros adultos reproductores. En una población diminuta y fragmentada también puede borrar conocimientos locales antes de que lleguen a propagarse.
Nessie O’Neil, investigadora de Project Dragonfly de la Universidad de Miami y primera firmante del estudio, junto a varios mapaches. Su trabajo de campo en Cozumel permitió documentar por primera vez la fabricación y el uso lúdico de pelotas de papel por mapaches pigmeos. Cortesía de Nessie O’Neil
Conservar también lo que los animales aprenden
Los investigadores insisten en que todavía es pronto para diseñar medidas de conservación alrededor de una supuesta tradición. Reclaman seguimientos prolongados que permitan averiguar si fabricar pelotas es una peculiaridad familiar, una conducta que otros individuos pueden aprender o una invención efímera nacida en un rincón turístico.
Proteger al mapache pigmeo, concluyen, exige conservar manglares y humedales, controlar los residuos y evitar que los visitantes lo alimenten. Pero también requiere prestar atención a algo menos visible: lo que estos animales descubren, recuerdan y aprenden unos de otros.
En especies al borde de la desaparición, la extinción puede llevarse no solo genes y cuerpos, sino también pequeñas culturas que apenas hemos comenzado a reconocer.▪️(5-septiembre-2026)
LO MÁS IMPORTANTE DEL ESTUDIO, EN 30 SEGUNDOS
- Fabricaron sus propios juguetes: dos jóvenes mapaches pigmeos recogieron papeles de una papelera, los mojaron y los compactaron con arena hasta convertirlos en pelotas.
- No buscaban comida: los animales utilizaron las bolas para golpearlas, perseguirlas y jugar entre ellos, sin ingerir el papel.
- Una hermana pudo aprender de la otra: primero observó cómo fabricaba una pelota, después realizó varios intentos fallidos y finalmente completó el proceso por sí sola.
- La conducta podría ser una innovación local: no apareció en otro club de playa donde también había mapaches jóvenes, papel y agua disponibles.
- Hay indicios de cultura material: el comportamiento combina selección, transformación y uso de objetos, además de un posible aprendizaje social. Sin embargo, todavía no demuestra la existencia de una tradición cultural estable.
- Se documentaron 14 intentos: ocho terminaron con la fabricación de una pelota completa, lo que supone una tasa de éxito del 57 %.
- El hallazgo afecta a una especie excepcional: el mapache pigmeo vive únicamente en la isla mexicana de Cozumel y está clasificado en peligro crítico de extinción.
- Conservar también significa proteger conocimientos: cuando desaparecen individuos de una población tan pequeña, podrían perderse igualmente comportamientos aprendidos antes de que se transmitan.
Fuente: O’Neil, N.; Szydlowski, M.; Rivas-Camo, N. A. Preliminary Evidence of Material Culture in the Critically Endangered Pygmy Raccoon (Procyon pygmaeus). Wild (2026). DOI: 0.3390/wild3030033

