Tres minicerebros aprenden a distinguir letras en braille y abren una nueva vía para crear ordenadores biológicos
Tres diminutas redes de neuronas humanas han logrado algo sorprendente: juntas identifican señales del alfabeto braille mucho mejor que por separado. El hallazgo desconcierta a los científicos y abre la puerta a una nueva generación de ordenadores que combinen células vivas y circuitos electrónicos.
Por Enrique Coperías, periodista científico
Recreación artística de un sistema de informática biohíbrida en el que tres diminutos organoides cerebrales reciben señales táctiles del alfabeto braille y las transforman en actividad neuronal que puede interpretar un ordenador. Crédito: IA-DALL-E / RexMolón Producciones
Tres diminutas estructuras de tejido cerebral humano, cada una más pequeña que un grano de arena, han protagonizado un experimento que parece sacado de una novela de ciencia ficción. Conectadas a un sistema electrónico, recibieron señales que representaban letras del alfabeto braille y respondieron con patrones de actividad neuronal suficientemente diferentes como para que un ordenador pudiera identificar qué letra había provocado cada respuesta.
El resultado ha sorprendido a los propios investigadores. Mientras que un solo organoide cerebral permitía reconocer las letras con una precisión media del 61 %, la combinación de tres elevó el porcentaje de aciertos hasta el 83 %.
Recordemos que los organoides cerebrales son diminutas estructuras tridimensionales de tejido nervioso humano cultivadas en el laboratorio que reproducen algunas características del cerebro. Aunque carecen de su complejidad y organización, contienen neuronas capaces de establecer conexiones entre sí, generar actividad eléctrica y responder a estímulos externos. Estas propiedades los convierten en una herramienta prometedora para investigar nuevas formas de procesamiento biológico de la información.
Conectar sensores artificiales con sistemas neuronales biológicos
El resultado plantea una pregunta tan sencilla como desconcertante: ¿por qué tres pequeños conjuntos de neuronas proporcionan mejores resultados que uno? Los científicos todavía no tienen una respuesta definitiva. Pero el hallazgo constituye un avance en un campo emergente que aspira a desarrollar sistemas informáticos en los que la electrónica convencional trabaje junto a redes de células nerviosas cultivadas en el laboratorio.
La investigación, realizada por Tianyi Liu, Hemma Philamore y Benjamin Ward-Cherrier, de la Universidad de Bristol, en el Reino Unido, acaba de publicarse en la revista científica Frontiers in Artificial Intelligence. Sus autores creen que han demostrado algo fundamental: es posible transformar información procedente de un sensor artificial en estímulos eléctricos que una red neuronal biológica pueda recibir y procesar, y recuperar después parte de esa información mediante herramientas informáticas.
🗣️ «Podemos tomar información de un sensor táctil real, transformarla en un formato que una red neuronal viva pueda recibir y después recuperar información significativa de la respuesta del organoide —explica Liu, investigadora doctoral de la Universidad de Bristol y primera autora del estudio, en un comunicado de Frontiers y al que ha tenido acceso RexMolón. Y añade—: Esto nos proporciona una forma práctica de conectar sensores artificiales con sistemas neuronales biológicos, una vía muy interesante hacia una informática potencialmente más eficiente desde el punto de vista energético».
Qué es la inteligencia de organoides y por qué interesan a la informática
La importancia del experimento se entiende mejor si recordamos que el encéfalo humano es una extraordinaria máquina de procesamiento de información. Con un consumo energético aproximado de apenas 20 vatios, comparable al de una bombilla de ledes de cierta potencia, mantiene una actividad neuronal inmensamente compleja.
Los ordenadores convencionales, por el contrario, pueden necesitar cantidades considerables de electricidad para ejecutar determinadas operaciones, especialmente cuando trabajan con grandes modelos de inteligencia artificial (IA).
Desde hace años, los ingenieros intentan imitar algunas de las propiedades del cerebro mediante procesadores neuromórficos, diseñados para reproducir determinados principios de funcionamiento de las redes neuronales. Pero existe otra posibilidad, mucho más radical: ¿y si en lugar de imitar las neuronas utilizáramos neuronas auténticas?
Esta es la idea que impulsa la llamada inteligencia de organoides, una disciplina que explora la posibilidad de emplear pequeñas estructuras tridimensionales de tejido cerebral como componentes de sistemas informáticos. No se trata de crear cerebros completos, sino de aprovechar algunas propiedades de las redes neuronales vivas, entre ellas su capacidad para responder a estímulos y modificar sus conexiones.
Sensor táctil utilizado por los investigadores de la Universidad de Bristol para registrar las 26 letras del alfabeto braille y transformar la información en señales eléctricas destinadas a los organoides cerebrales. Cortesía: Dr. Benjamin Ward-Cherrier
Cómo consiguieron que los minicerebros procesaran letras en braille
Los organoides empleados en este trabajo proceden de células humanas y reproducen determinadas características del prosencéfalo, la región embrionaria que acaba dividiéndose n el diencéfalo (tálamo e hipotálamo) y el telencéfalo (hemisferios cerebrales). Tienen aproximadamente medio milímetro de diámetro y contienen neuronas, astrocitos y oligodendrocitos, células que contribuyen al funcionamiento y el mantenimiento del tejido nervioso.
Aunque son extraordinariamente simples en comparación con nuestro cerebro, sus neuronas establecen conexiones y generan actividad eléctrica. Esa actividad puede registrarse mediante diminutos electrodos y, a su vez, modificarse mediante la aplicación de estímulos eléctricos cuidadosamente controlados.
Para trabajar con los organoides, los investigadores utilizaron NeuroPlatform, un sistema desarrollado por la empresa suiza FinalSpark que permite mantener vivas estas estructuras, estimularlas y registrar su actividad a distancia. Cada organoide descansaba sobre ocho electrodos. El conjunto actuaba como una interfaz entre el tejido vivo y los instrumentos electrónicos.
Por qué eligieron el braille
El siguiente desafío consistía en encontrar una manera de comunicarse con esas células utilizando información procedente del mundo exterior.
Los científicos eligieron el braille, el sistema de lectura táctil basado en combinaciones de puntos en relieve. Sus patrones geométricos ofrecían un conjunto bien definido de señales que podían utilizarse para comprobar si los organoides conservaban información suficiente para distinguir unas letras de otras.
El procedimiento comenzó con un brazo robótico equipado con un sensor táctil denominado Evetac. Este dispositivo, dotado de una superficie flexible y una cámara que registra cambios visuales provocados por las deformaciones, recorrió las 26 letras del alfabeto braille inglés, dispuestas sobre una placa fabricada mediante impresión tridimensional.
Cada letra fue explorada repetidamente y con diferentes profundidades de contacto. En total se obtuvieron 1.300 registros táctiles, que contenían información sobre la intensidad, la duración y la distribución espacial y temporal de los contactos.
La reacción de las neuronas
Después llegó una de las partes más importantes del trabajo: traducir aquellos datos a un lenguaje que las neuronas pudieran recibir.
Los investigadores dividieron la información táctil en ocho regiones, correspondientes a los ocho electrodos de cada organoide. A continuación, codificaron distintas propiedades del contacto mediante cuatro características de los impulsos eléctricos: su número, intensidad, duración y momento de aplicación.
De esta manera, las diferencias entre las letras se transformaron en combinaciones específicas de estimulación eléctrica.
Al recibirlas, las neuronas reaccionaban generando impulsos propios. Los electrodos registraban esas respuestas durante aproximadamente medio segundo y los científicos analizaban los patrones resultantes.
El objetivo no era comprobar si los organoides comprendían el braille, sino determinar si sus respuestas conservaban información suficiente para identificar el estímulo recibido.
Ilustración tridimensional de una red de neuronas que transmiten señales a través de sus conexiones sinápticas. Esta actividad eléctrica es la que permite a los organoides cerebrales procesar los estímulos recibidos. Cortesía: Frontiers
Tres organoides cerebrales superan a uno solo: del 61 % al 83 % de precisión
Para averiguarlo, utilizaron un algoritmo de aprendizaje automático denominado máquina de vectores de soporte (SVM. Este fue entrenado para clasificar los patrones de actividad neuronal y relacionarlos con las letras correspondientes.
Los resultados fueron prometedores. Un organoide individual proporcionaba información que permitía identificar correctamente una letra en torno al 61 % de las ocasiones. Al combinar las respuestas de tres organoides, la precisión aumentó hasta el 83 %.
Como referencia, acertar una de las 26 letras mediante elecciones completamente aleatorias habría proporcionado apenas un 3,85 % de respuestas correctas.
🗣️ «Después de ser procesados por los organoides, los datos táctiles todavía contienen suficiente información para clasificar las letras braille con una buena precisión —señala Benjamin Ward-Cherrier, investigador de la Universidad de Bristol y autor sénior del artículo—. Y añade—: La combinación de las respuestas de varios organoides también mostró una mejora del rendimiento».
Hay, sin embargo, un detalle importante. Los tres organoides no se comunicaban entre sí ni colaboraban como lo harían distintas regiones de un cerebro. Recibían los mismos estímulos de manera paralela y sus respuestas se combinaban posteriormente mediante un algoritmo informático. Por tanto, el experimento demuestra las ventajas de reunir información procedente de varias redes neuronales, pero no que estas hayan aprendido a trabajar juntas.
Tres minicerebros son mejores que uno: así mejora el reconocimiento del braille
Los investigadores comprobaron que combinar las señales de tres organoides cerebrales permite identificar las 26 letras del alfabeto braille con mucha más precisión que utilizando uno solo. La diferencia es notable: del 61 % al 83 % de aciertos.
Precisión al identificar las 26 letras en braille
El dato clave: combinar tres organoides mejoró la precisión en 22 puntos porcentuales respecto al resultado medio de uno solo. Los científicos sospechan que las diferentes redes neuronales aportan información complementaria, aunque todavía no han demostrado por qué ocurre.
Fuente: Liu, T., Philamore, H. y Ward-Cherrier, B. (2026). Encoding tactile stimuli for Braille recognition with organoids. Frontiers in Artificial Intelligence. Consultar el estudio científico. El 61 % corresponde al rendimiento medio comunicado para un organoide individual.
Pero, ¿por qué funciona mejor esta combinación? Los investigadores sospechan que cada organoide transforma ligeramente de manera diferente la información que recibe. Esas diferencias podrían proporcionar pistas complementarias al sistema de clasificación.
«Los distintos organoides pueden presentar conexiones neuronales, estados de desarrollo y actividades espontáneas ligeramente diferentes, de modo que una misma entrada puede producir respuestas similares, pero no idénticas —detalla Liu. Y continúa—: La combinación de esas respuestas puede proporcionarnos información complementaria que no obtendríamos de un solo organoide. Al mismo tiempo, si cada organoide se comporta de manera diferente, evidentemente resulta más difícil construir un sistema predecible y estandarizado.
Los organoides también resistieron mejor las interferencias y el ruido
La hipótesis tiene sentido desde el punto de vista de la neurociencia: una misma información puede estar representada de maneras distintas en diferentes poblaciones de neuronas. Sin embargo, los autores admiten que necesitan analizar las correlaciones entre las respuestas de los organoides para comprobar si esta complementariedad explica realmente la mejora observada.
El equipo quiso someter además el sistema a una dificultad adicional. Introdujo perturbaciones artificiales en los datos utilizados para la clasificación, simulando diferentes formas de ruido, pérdida de información y valores anómalos.
Los tres organoides volvieron a ofrecer ventajas. Su rendimiento disminuyó menos que el del sistema basado en uno solo y mostró una mayor resistencia a las alteraciones.
La comparación más interesante llegó al prescindir completamente de los organoides. Cuando el algoritmo analizaba directamente las señales eléctricas codificadas, sin pasar por el tejido neuronal, alcanzaba un 82 % de aciertos en condiciones normales, prácticamente el mismo resultado que el sistema biohíbrido.
Esto introduce un matiz fundamental: el experimento no demuestra que los organoides superen de manera general a la informática convencional. De hecho, la información necesaria para reconocer las letras ya estaba presente en las señales originales.
La diferencia apareció al introducir perturbaciones. En las cuatro condiciones de ruido estudiadas, el sistema que combinaba tres organoides conservó una mayor precisión que la clasificación directa de las señales alteradas. Este resultado sugiere que las respuestas biológicas pueden ofrecer una representación de la información especialmente resistente a determinadas interferencias, aunque los mecanismos responsables todavía deben investigarse.
Imágenes microscópicas de secciones de organoides cerebrales cultivados en laboratorio, con células madre neurales en rojo y neuronas corticales en verde. Estas estructuras reproducen algunas características del cerebro humano. Cortesía: Hajime Ozaki, Watanabe Lab / UCI
¿Han aprendido realmente los organoides cerebrales a leer braille?
También conviene evitar otra interpretación tentadora: los minicerebros no han aprendido a leer. Ni comprenden letras ni han demostrado adquirir una habilidad mediante entrenamiento.
«Hemos demostrado que la información táctil puede codificarse, procesarse a través de los organoides y descodificarse, pero no hemos demostrado aprendizaje ni cambios a largo plazo en los organoides», advierte Liu en la nota de prensa de Frontiers.
Esta limitación tiene una explicación experimental. Los investigadores utilizaron un sistema de bucle abierto: los organoides recibían estímulos, generaban respuestas y estas eran analizadas posteriormente, pero no recibían información sobre si sus respuestas habían permitido identificar correctamente las letras.
El siguiente paso será desarrollar sistemas de bucle cerrado, en los que la actividad de los organoides influya en los estímulos posteriores. Solo entonces podrá investigarse si las redes neuronales modifican su comportamiento a través de la experiencia y mejoran progresivamente su rendimiento.
Del braille a los ordenadores biohíbridos: ¿qué aplicaciones podría tener esta tecnología?
El objetivo de los científicos no es desarrollar un dispositivo especializado en reconocer letras braille, sino demostrar que existe una vía para conectar sensores artificiales con redes de neuronas vivas.
Esta posibilidad podría abrir nuevas líneas de investigación en robótica, interfaces neuronales y procesamiento biológico de información.
Liu explica que los siguientes experimentos explorarán otros estímulos táctiles, como texturas, bordes y diferentes tipos de contacto.
Una posible aplicación futura sería el desarrollo de sistemas robóticos que utilicen componentes biológicos para interpretar información procedente de sensores. Otra línea de investigación contemplada por los autores es la creación de interfaces biohíbridas que puedan contribuir al estudio de nuevas tecnologías neuroprotésicas.
Sin embargo, todavía quedan obstáculos importantes por superar.
Uno de ellos es la variabilidad biológica. A diferencia de los chips convencionales, fabricados con características controladas, los organoides presentan diferencias en su desarrollo, organización y actividad neuronal.
Otro problema es mantenerlos vivos y funcionales durante largos periodos. Necesitan condiciones de cultivo controladas, suministro de nutrientes y equipos capaces de registrar su actividad.
También falta demostrar que estos sistemas pueden ofrecer ventajas prácticas de eficiencia energética. Aunque el cerebro humano consume relativamente poca electricidad, el estudio no midió el consumo energético total del dispositivo biohíbrido ni demostró un ahorro frente a los sistemas electrónicos convencionales.
A estas dificultades se suman los interrogantes éticos que plantea el empleo de tejido neuronal humano en tecnologías informáticas, especialmente si futuros sistemas alcanzaran niveles de organización y complejidad biológica superiores a los actuales.
Un pequeño experimento para una gran pregunta científica
La investigación de Bristol representa una prueba de concepto, no la presentación de un ordenador biológico listo para su utilización.
Sus autores han demostrado que una señal táctil puede convertirse en impulsos eléctricos, atravesar una red de neuronas humanas cultivadas en el laboratorio y generar respuestas que permiten recuperar parte de la información original.
También han comprobado que combinar varios organoides puede mejorar la precisión y la resistencia frente a determinadas perturbaciones.
Lo que todavía desconocen es hasta qué punto estas propiedades pueden aprovecharse para crear sistemas capaces de aprender, adaptarse y ejecutar tareas más complejas.
La posibilidad de construir ordenadores que combinen silicio y neuronas vivas continúa siendo un proyecto experimental, lleno de dificultades técnicas y científicas. Pero cada avance permite comprender mejor cómo establecer una comunicación útil entre dispositivos artificiales y redes neuronales biológicas.
El gran interrogante ya no es únicamente si podemos conectar neuronas vivas a un ordenador. Es qué podrían llegar a hacer cuando aprendamos a comunicarnos con ellas de forma más precisa.
Y el experimento de Bristol ha aportado una primera pista: para determinadas tareas, combinar las respuestas de tres minicerebros puede proporcionar mejores resultados que utilizar uno solo, aunque todavía no sepamos exactamente por qué.▪️(16-octubre-2026)
⏱️ LO MÁS IMPORTANTE DEL ESTUDIO, EN 30 SEGUNDOS
- El descubrimiento: científicos de la Universidad de Bristol han conseguido que pequeños organoides cerebrales humanos procesen señales táctiles correspondientes a las 26 letras del alfabeto braille.
- Qué son los organoides cerebrales: diminutas estructuras de tejido nervioso cultivadas en el laboratorio que reproducen algunas características del cerebro humano y contienen neuronas capaces de responder a estímulos eléctricos.
- El resultado más sorprendente: un solo organoide permitió identificar las letras con una precisión media del 61 %, mientras que la combinación de tres elevó los aciertos hasta el 83 %.
- El misterio científico: los investigadores todavía no saben exactamente por qué tres organoides funcionan mejor que uno. Sospechan que sus diferentes redes neuronales proporcionan información complementaria.
- Una ventaja inesperada: el sistema formado por tres organoides resistió mejor determinadas interferencias y alteraciones artificiales de las señales que un sistema de clasificación que prescindía del tejido neuronal.
- Lo que todavía no han demostrado: los minicerebros no han aprendido a leer braille ni comprenden las letras. El experimento demuestra que pueden transformar señales eléctricas y conservar información reconocible, pero no que sean capaces de aprender.
- Por qué es importante: el hallazgo abre nuevas posibilidades para la informática biohíbrida, que busca combinar neuronas vivas y componentes electrónicos para desarrollar futuros sistemas de procesamiento de información, potencialmente más eficientes desde el punto de vista energético.
PREGUNTAS & RESPUESTAS: Organoides cerebrales e Informática Biohíbrida
🧠 ¿Qué es la informática biohíbrida?
Es un campo de investigación que combina sistemas biológicos, como redes de neuronas vivas, con componentes electrónicos y algoritmos informáticos para procesar información.
🧠 ¿Pueden leer braille los organoides cerebrales?
No en el sentido humano de la lectura. En este estudio, las señales que representaban letras braille provocaron respuestas neuronales que un algoritmo pudo clasificar con un 83 % de precisión al combinar tres organoides.
🧠 ¿Por qué tres organoides ofrecen mejores resultados que uno?
Los investigadores sospechan que sus diferentes conexiones y patrones de actividad generan información complementaria. Sin embargo, esta explicación todavía no ha sido demostrada.
🧠 ¿Son conscientes estos minicerebros?
El experimento no investigó la conciencia ni aporta evidencias de que los organoides posean experiencias conscientes. Son estructuras celulares mucho más simples que un cerebro humano.
🧠 ¿Los ordenadores biológicos consumirán menos electricidad?
Es una posibilidad que se investiga, pero el estudio no ha demostrado que el sistema biohíbrido completo consuma menos energía que un ordenador convencional.
Información facilitada por Frontiers
Fuente: Liu T., Philamore H. and Ward-Cherrier B. Encoding tactile stimuli for Braille recognition with organoids. Frontiers in Artifificial Intelligence (2026). DOI: 10.3389/frai.2026.1800219
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