Un agujero negro emite más energía que la Estrella de la Muerte: científicos siguen el fenómeno cósmico más extremo detectado

Un agujero negro que devoró una estrella hace años sigue liberando una energía descomunal y creciente, lo que ha desconcertado a los astrónomos. El fenómeno, observado por un equipo internacional de científicos, podría convertirse en uno de los eventos más potentes jamás detectados en el universo.

Por Enrique Coperías, periodista científico

Ilustración artística del agujero negro supermasivo AT2018hyz, que tras devorar una estrella continúa expulsando enormes chorros de energía y radiación.

Ilustración artística del agujero negro supermasivo AT2018hyz, que tras devorar una estrella continúa expulsando enormes chorros de energía y radiación. Los astrónomos siguen su evolución porque podría convertirse en uno de los fenómenos más energéticos jamás observados en el universo. Crédito: IA-DALL-E-RexMolón Producciones

Los astrónomos han aprendido a convivir con una idea inquietante: el universo no solo es vasto y silencioso, también puede desatar explosiones de energía tan colosales que resultan difíciles incluso de imaginar.

Sin embargo, incluso en ese catálogo de excesos cósmicos, hay descubrimientos que obligan a recalibrar la imaginación de expertos y profanos en la materia. Uno de ellos es el fenómeno protagonizado por el agujero negro supermasivo conocido como AT2018hyz, un objeto que, según un nuevo estudio liderado por la Universidad de Oregón, en Estados Unidos, está emitiendo en radio una cantidad de energía comparable —y en algunos momentos solo inferior por un pequeño margen— a la de los eventos más violentos jamás observados en el universo cercano.

Una potencia que, para el gran público, podría resumirse con una metáfora pop: más energía que la Estrella de la Muerte de Star Wars.

Qué es AT2018hyz y por qué desconcierta a los astrónomos

AT2018hyz no es un agujero negro cualquiera. Se trata de lo que los astrónomos llaman un evento de disrupción de marea (TDE por sus siglas en inglés). Estos episodios ocurren cuando una estrella se acerca demasiado a un agujero negro supermasivo y es despedazada por sus intensísimas fuerzas gravitatorias.

El material estelar no cae directamente al interior, sino que forma un disco de acreción temporal y, en muchos casos, genera chorros relativistas o vientos que se propagan a velocidades cercanas a la de la luz. Son fenómenos breves en términos astronómicos, pero extremadamente luminosos, capaces de revelar la presencia de agujeros negros que, de otro modo, permanecerían invisibles.

Lo que hace extraordinario a AT2018hyz no es solo su violencia, sino su comportamiento tardío. El evento fue descubierto originalmente en 2018 mediante observaciones ópticas y su hallazgo fue recogido en un artículo publicado en 2022 en la revista Astrophysical Journal. Desde entonces, han seguido observándolo y no ha dejado de sorprenderles.. Durante años, los radiotelescopios apuntaron hacia él sin detectar nada significativo. Todo indicaba que sería un TDE más, condenado a desvanecerse con relativa rapidez. Pero casi tres años después, cuando nadie lo esperaba, el objeto empezó a brillar en radio… y no dejó de hacerlo.

Jetty McJetface, el fenómeno cósmico más energético observado

La propia investigadora principal del estudio, la astrofísica Yvette Cendes, recuerda que el hallazgo comenzó de forma casi anodina. En 2018, cuando el fenómeno se detectó por primera vez, «era el evento más aburrido y rutinario que se pudiera imaginar» ha explicado.

Sin embargo, el comportamiento posterior del agujero negro cambiaría por completo esa percepción. «Un agujero negro que emite tanta energía tantos años después de haberse tragado una estrella no tiene precedentes», afirma Cendes, que prefiere llamar a este agujero negro Jetty McJetface, en referencia al famoso barco de investigación británico Boaty McBoatface, muy popular en internet.

Según el trabajo ahora publicado también en el Astrophysical Journal, las emisiones de radio de AT2018hyz comenzaron a detectarse unos 970 días después de la disrupción estelar y, lejos de estabilizarse o decaer, han seguido aumentando durante más de cinco años.

En ese tiempo, su luminosidad en radio ha crecido más de cien veces, alcanzando valores del orden de 10⁴⁰ ergios por segundo. Es una cifra colosal, comparable a la del famoso TDE relativista Swift J1644+57, considerado hasta ahora el estándar de referencia para este tipo de fenómenos extremos.

La astrofísica Yvette Cendes posa ante la cámara imitando a Ellie Arroway  (Jodie Foster), protagonista de la película Contact (1997), inspirada en la novela homónima de Carl Sagan.

La astrofísica Yvette Cendes posa ante la cámara imitando a Ellie Arroway (Jodie Foster), protagonista de la película Contact (1997), inspirada en la novela homónima de Carl Sagan. Cortesía: Yvette Cendes / Universidad de Oregón

Una orquesta de telescopios en acción

Para hacerse una idea, basta recordar que un ergio es una unidad diminuta de energía en el sistema cgs. Pero cuando se acumulan 10⁴⁰ de ellos cada segundo, el resultado es un motor cósmico capaz de eclipsar la producción energética combinada de miles de millones de estrellas como el Sol. En términos de potencia sostenida, AT2018hyz se ha convertido en uno de los agujeros negros más energéticos jamás observados en el universo local.

El seguimiento de este fenómeno ha sido posible gracias a una auténtica orquesta de instrumentos astronómicos repartidos por todo el planeta y más allá. Radiotelescopios como el VLA en Estados Unidos, el MeerKAT en Sudáfrica, el ATCA en Australia, el ALMA en Chile y el Submillimeter Array en Hawái han observado el objeto en un rango enorme de frecuencias, desde ondas de radio de menos de un gigahercio hasta radiación milimétrica.

A estas observaciones se han sumado datos en rayos X del observatorio espacial Chandra, completandoasí una visión multiespectral excepcionalmente detallada.

Hoy es 50 veces más brillante que en 2019

El resultado de este esfuerzo coordinado es una curva de luz insólita. En lugar de apagarse, como dictan los modelos clásicos, la emisión de AT2018hyz sigue aumentando de forma sostenida. Durante los primeros años de detección en radio, el brillo creció de manera vertiginosa, siguiendo una ley de potencia muy pronunciada. Más tarde, el crecimiento se suavizó, pero no se detuvo.

A día de hoy, los científicos aún no han observado el máximo de la emisión, lo que sugiere que el fenómeno podría continuar durante años.

🗣️ «Esto es realmente inusual. Me costaría mucho pensar en algo que haya aumentado así durante un periodo de tiempo tan largo», resume Cendes en un comunicado de la Universidad de Oregón, y subraya la excepcionalidad del comportamiento del objeto. De hecho, según sus estimaciones, el agujero negro es hoy «cincuenta veces más brillante de lo que era cuando se detectó originalmente en 2019» una evolución que ha sorprendido incluso a los investigadores que lo estudian desde el principio.

Dos teorías: explosión tardía o chorro relativista oculto

Pero, ¿cómo explicar el comportamiento tan extraño de Jetty McJetface? El equipo de investigación plantea dos escenarios principales, ambos extraordinarios:

1️⃣ Uno propone que el agujero negro lanzó una eyección casi esférica de material —un viento extremadamente energético— con un retraso de unos 620 días tras la destrucción de la estrella. Este flujo de materia se estaría expandiendo a cerca de un tercio de la velocidad de la luz y transportaría una energía total de alrededor de 10⁵⁰ ergios. Aunque enorme, esta cifra encaja dentro de lo que los modelos teóricos permiten para un TDE especialmente eficiente.

2️⃣ El escenario alternativo es aún más espectacular. En este caso, AT2018hyz habría producido un chorro relativista, similar a los de los cuásares o los estallidos de rayos gamma, pero orientado casi perpendicularmente a nuestra línea de visión. Debido a esa geometría desfavorable, el chorro habría pasado desapercibido durante años. Solo ahora, cuando se ha desacelerado y expandido lo suficiente, su emisión en radio se habría vuelto visible desde la Tierra. De ser correcta esta interpretación, la energía total liberada alcanzaría los 10⁵² ergios, lo que situaría a AT2018hyz entre los eventos más energéticos jamás observados.

El flujo de ondas de radio seguirá aumentando exponencialmente hasta alcanzar su punto máximo en 2027

Cendes apunta precisamente a esa posibilidad geométrica para aclarar el misterio inicial: «Eso podría explicar por qué no se detectó inicialmente, si el chorro no estaba dirigido hacia la Tierra. Pero no lo sabremos con certeza hasta que la energía alcance su máximo dentro de unos años». Posiblemente en 2027.

Ambas hipótesis encajan razonablemente bien con los datos actuales, y esa es precisamente una de las conclusiones más intrigantes del estudio: todavía no sabemos qué tipo de monstruo estamos observando.

Para resolver el enigma, los científicos necesitarán seguir observando el objeto durante más tiempo y, si es posible, emplear técnicas de interferometría de muy larga base (VLBI) que permitan medir directamente el tamaño y la expansión de la región emisora.

Representación artística de un evento de disrupción de marea, el proceso en el que un agujero negro destruye una estrella al desgarrarla por su intensa gravedad.

Representación artística de un evento de disrupción de marea, el proceso en el que un agujero negro destruye una estrella al desgarrarla por su intensa gravedad. Cortesía: DESY, Science Communication Lab

Por qué este descubrimiento cambia lo que sabemos del universo

Más allá del caso concreto de AT2018hyz, el hallazgo tiene implicaciones profundas para la astrofísica de los agujeros negros. En los últimos años, los astrónomos han descubierto que cerca del 40% de los eventos de disrupción de marea emiten radio mucho tiempo después de su detección inicial, a veces tras largos periodos de silencio.

Esto sugiere que los procesos de eyección de energía alrededor de los agujeros negros son más complejos y prolongados de lo que se pensaba.

Además, AT2018hyz desafía una de las herramientas clásicas de la astronomía de agujeros negros: el llamado plano fundamental, una relación empírica que conecta la luminosidad en radio, la emisión en rayos X y la masa del agujero negro. En este caso, el objeto se sale claramente de la norma, lo que indica que los mecanismos que alimentan su emisión no siguen los patrones habituales de acreción.

En el fondo, este descubrimiento recuerda una lección recurrente en la historia de la ciencia: el universo siempre guarda la capacidad de sorprender. Cuando parecía que los eventos de disrupción de marea estaban razonablemente bien comprendidos, aparece un objeto que rompe el guion y obliga a repensar teorías, modelos y certezas.

AT2018hyz no es solo un agujero negro excepcionalmente energético; es una señal de que aún estamos lejos de comprender por completo cómo funcionan estos gigantes gravitatorios.

Esperando nuevos acontecimientos

La propia investigadora reconoce que el fenómeno abre una nueva línea de búsqueda. «Nadie ha visto nunca nada parecido a esto antes, pero en parte puede deberse a que nadie lo había buscado realment», señala. El problema es también práctico: «Conseguir tiempo para recopilar datos en telescopios internacionales es muy competitivo y, si tienes una explosión, ¿por qué ibas a esperar que hubiera algo años después cuando antes no viste nada?».

Quizá dentro de unos años sepamos si lo que estamos viendo es una explosión tardía, un chorro oculto o algo completamente distinto.

Hasta entonces, Jetty McJetface seguirá brillando en silencio, enviando hacia la Tierra un mensaje en forma de ondas de radio: incluso en los rincones más oscuros del cosmos, la energía puede acumularse, liberarse y desafiar nuestra imaginación de formas que ni la ciencia ficción más desbordada habría anticipado. ▪️(5-febrero-2026)

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