Un análisis de sangre anticipa los ataques de asma hasta cinco años antes
Un estudio internacional identifica un nuevo biomarcador en sangre capaz de predecir qué pacientes con asma sufrirán crisis graves con años de antelación. El hallazgo abre la puerta a intervenir antes de que aparezcan los ataques y avanzar hacia una medicina respiratoria más precisa.
Por Enrique Coperías, periodista científico
Un estudio internacional basado en metabolómica identifica biomarcadores que permiten predecir exacerbaciones de asma con hasta un 90% de precisión. Foto: CNordic Nordic
El asma es una enfermedad imprevisible. Dos personas con síntomas similares, tratamientos parecidos y pruebas respiratorias casi idénticas pueden evolucionar de manera radicalmente distinta: una permanece estable durante años y la otra sufre crisis graves que la llevan una y otra vez a urgencias.
Esa incapacidad para anticipar quién tendrá un empeoramiento serio de la enfermedad es uno de los grandes fracasos de la medicina respiratoria actual. Ahora, un estudio internacional publicado en la revista Nature Communications propone una vía prometedora para cambiar ese panorama: un sencillo análisis de sangre que permitiría predecir el riesgo de sufrir ataques de asma con hasta cinco años de antelación.
La clave no está en un solo biomarcador, ni en una prueba compleja, sino en el equilibrio —o más bien el desequilibrio— entre dos grandes familias de moléculas del organismo:
✅ Los esfingolípidos, un tipo de lípidos implicados en la inflamación.
✅ Los esteroides, hormonas fundamentales para controlar la respuesta inmunitaria.
Según los autores, la relación entre ambas familias moleculares ofrece una señal sorprendentemente potente sobre el futuro clínico de los pacientes.
Una fiable fuente de información
El trabajo, liderado por investigadores del Hospital Brigham and Women’s, la Universidad de Harvard y el Instituto Karolinska de Suecia, ha analizado datos de más de 2.500 adultos con asma procedentes de tres grandes cohortes estadounidenses. En algunos casos, los científicos disponían de hasta veinticinco años de historiales médicos electrónicos, combinados con análisis metabólicos de alta precisión realizados en muestras de sangre.
🗣️ «Uno de los mayores retos en el tratamiento del asma es que actualmente no tenemos una forma eficaz de saber qué paciente va a sufrir un ataque grave en un futuro próximo —explica Jessica Lasky-Su, coautora principal del estudio y profesora asociada en la Channing Division of Network Medicine del Mass General Brigham y de la Facultad de Medicina de Harvard. Y añade—: Nuestros hallazgos cubren una necesidad clínica no resuelta. Al medir el equilibrio entre determinados esfingolípidos y esteroides en la sangre, podemos identificar a los pacientes de alto riesgo con una precisión del 90%, lo que permite a los clínicos intervenir antes de que se produzca un ataque».
«A fecha de hoy no disponemos de ninguna prueba clínica fiable que nos diga quién va a sufrir una exacerbación de asma grave dentro de unos años —explican los autores en el artículo—. Nuestro objetivo era encontrar un biomarcador práctico, robusto y barato que pudiera integrarse en la atención médica rutinaria».
Más allá de los síntomas visibles
Las exacerbaciones de asma —los ataques que obligan a aumentar la medicación o a usar corticoides orales— son el principal factor de deterioro a largo plazo de la enfermedad. Cada crisis acelera la pérdida de función pulmonar, aumenta el riesgo de hospitalización y reduce la calidad de vida. Sin embargo, los indicadores que se usan hoy para estimar el riesgo futuro, como la espirometría, los niveles de eosinófilos e incluso el historial previo de ataques, tienen un poder predictivo limitado.
Aquí entra en juego la metabolómica, una disciplina que estudia de forma global las pequeñas moléculas que circulan por la sangre y que reflejan tanto la genética, como la dieta, el entorno y el estado inflamatorio del organismo. A diferencia de los genes, el metaboloma es dinámico y cambia con la enfermedad.
En una primera fase del estudio, los investigadores analizaron miles de metabolitos en sangre y confirmaron alteraciones ya conocidas en el asma, como cambios en hormonas esteroideas, lípidos complejos y metabolitos derivados de la microbiota intestinal. Pero el avance decisivo llegó cuando dejaron de mirar cada molécula por separado y empezaron a fijarse en las proporciones metabólicas entre ellas.
El valor oculto de las proporciones
El hallazgo central del trabajo es que las proporciones entre esfingolípidos y esteroides —no sus valores absolutos— están fuertemente asociadas con el riesgo de exacerbaciones futuras. En concreto, cuanto mayor es la cantidad relativa de esfingolípidos frente a esteroides como el sulfato de dehidroepiandrosterona (DHEA-S), el cortisol o la cortisona, mayor es la probabilidad de sufrir ataques de asma en los siguientes cinco años.
La asociación es extraordinariamente robusta desde el punto de vista estadístico y se repite de forma consistente en cohortes independientes. Algunas de estas proporciones muestran valores predictivos muy superiores a los de cualquier marcador clínico habitual.
«Descubrimos que es la interacción entre los esfingolípidos y los esteroides lo que define el perfil de riesgo —señala Craig E. Wheelock, coautor principal del estudio e investigador principal en el Instituto de Medicina Ambiental del Instituto Karolinska. Y añade—: Este enfoque basado en proporciones metabólicas no solo tiene un gran sentido biológico, sino que además es analíticamente muy robusto, lo que lo hace especialmente adecuado para desarrollarse como una prueba clínica práctica y rentable».
Desde el punto de vista biológico, el resultado tiene sentido. Los esfingolípidos participan en la señalización inflamatoria y pueden amplificar las respuestas inmunes, mientras que los esteroides —especialmente los glucocorticoides y los andrógenos— tienen un efecto antiinflamatorio. Un desequilibrio entre ambos sistemas podría reflejar un organismo más propenso a reaccionar de forma exagerada ante infecciones, alérgenos u otros desencadenantes del asma.
Además, los esfingolípidos no solo influyen en la inflamación, sino que también pueden modular la producción de esteroides en el propio organismo. Esto sugiere un círculo vicioso: más lípidos proinflamatorios, menos hormonas protectoras y, en consecuencia, mayor vulnerabilidad a las crisis.
El asma es imprevisible, pero quizá deje de serlo. Un nuevo análisis de sangre logra adelantarse a los ataques más graves con hasta cinco años de antelación y señala un cambio de paradigma en el control de la enfermedad. Foto: National Cancer Institute
Un modelo que supera a la clínica tradicional
A partir de estos resultados, los investigadores construyeron un modelo predictivo sencillo basado en veintiuna 1 proporciones entre esfingolípidos y esteroides, medibles mediante técnicas estándar de espectrometría de masas. El rendimiento del modelo es notable: alcanza una precisión cercana al 90% para predecir quién sufrirá una exacerbación de asma en los próximos cinco años.
Para ponerlo en contexto, los modelos basados solo en variables clínicas, como la función pulmonar, el recuento de eosinófilos y el tratamiento previo, apenas superan el azar. Incluso el historial de exacerbaciones pasadas, uno de los mejores predictores actuales, queda claramente por debajo del nuevo enfoque.
👉 «Lo más llamativo es que incluso una sola de estas proporciones metabólicas puede diferenciar a pacientes de alto y bajo riesgo con casi un año de diferencia en el tiempo hasta la primera crisis», destacan los autores en Nature Communications .
El modelo mantiene un buen rendimiento incluso cuando se eliminan variables clínicas como la IgE, lo que sugiere que las señales metabólicas capturan información biológica profunda que no se refleja en las pruebas médicas habituales.
¿Un análisis de sangre en la consulta?
Aunque el estudio no propone todavía un test clínico comercial, los investigadores subrayan que los metabolitos implicados son abundantes, estables y relativamente fáciles de medir, lo que facilitaría su traslado a la práctica clínica. A diferencia de otras aproximaciones basadas en genética o técnicas complejas, este método podría adaptarse a laboratorios hospitalarios sin grandes costes.
Las implicaciones son dignas de mención: identificar con antelación a los pacientes con alto riesgo permitiría intensificar el seguimiento médico, ajustar antes el tratamiento del asma o plantear terapias biológicas dirigidas. También podría evitar el sobretratamiento de quienes tienen un riesgo bajo y estable.
No obstante, los propios autores llaman a la prudencia. El estudio se basa en datos observacionales y en poblaciones adultas, por lo que será necesario validar el enfoque en otros grupos, incluidos niños y adolescentes, y evaluar su utilidad en contextos clínicos reales.
Un paso hacia la medicina de precisión
Más allá del asma, el trabajo apunta a una idea con implicaciones más amplias: las relaciones entre rutas metabólicas pueden ser tan o más informativas que los biomarcadores individuales. En enfermedades complejas y heterogéneas, como el asma, el equilibrio entre sistemas biológicos puede ofrecer una imagen más fiel del riesgo que cualquier medida aislada.
La investigación se inscribe en el avance hacia una medicina de precisión que no se limite a tratar síntomas, sino que anticipe la evolución de la enfermedad. Si futuros estudios confirman estos resultados, un simple análisis de sangre podría convertirse en una herramienta clave para cambiar el curso del asma antes de que los ataques ocurran.
Por primera vez, la imprevisibilidad del asma podría empezar a tener los días contados.▪️
Información facilitada por el Mass General Brigham
Fuente: Chen, Y., Zhang, P., Huang, M. et al. The ratio of circulatory levels of sphingolipids to steroids predicts asthma exacerbations. Nature Communications (2026). DOI: https://doi.org/10.1038/s41467-025-67436-7

