Por qué las mujeres son más escépticas ante la inteligencia artificial, según la ciencia

La inteligencia artificial promete transformar el trabajo, pero no convence por igual a todos. Un estudio científico muestra que las mujeres perciben más riesgos que beneficios, y explica por qué su escepticismo no es desconfianza, sino experiencia.

Por Enrique Coperías, periodista científico

La inteligencia artificial no despierta la misma confianza en todos. Un estudio científico muestra que las mujeres perciben más riesgos que los hombres ante su adopción en el trabajo, debido a una mayor exposición laboral.

La inteligencia artificial no despierta la misma confianza en todos. Un estudio científico muestra que las mujeres perciben más riesgos que los hombres ante su adopción en el trabajo, debido a una mayor exposición laboral y a una actitud más cauta frente a la incertidumbre tecnológica. Crédito: IA-DALL-E-©Rexmolón-Producciones

La inteligencia artificial (IA) se ha convertido en una de las grandes promesas —y amenazas— del siglo XXI. Sus defensores la presentan como una palanca de productividad capaz de revolucionar el trabajo, la ciencia o la medicina. Sus detractores advierten de despidos masivos, desigualdades crecientes y decisiones automatizadas opacas. Pero este debate no se distribuye de forma homogénea en la sociedad.

Un nuevo estudio científico publicado en la revista PNAS Nexus muestra que existe una brecha de género clara: las mujeres son sistemáticamente más escépticas que los hombres ante la adopción de la inteligencia artificial en el ámbito laboral.

La investigación, firmada por un equipo internacional de politólogos y sociólogos de universidades de Canadá y Estados Unidos, se basa en una encuesta a más de 3.000 personas en ambos países y aporta una explicación detallada de este fenómeno. Según sus autores, capitaneados por Sophie Borwein, de la Universidad de Columbia Británica y Beatrice Magistro, de la Universidad del Nordeste, la diferencia no responde a una mera cuestión de preferencias individuales ni a una resistencia cultural al cambio tecnológico. Tiene que ver, sobre todo, con el riesgo: con cómo se percibe, cómo se asume y, sobre todo, con quién está más expuesto a sufrirlo.

Brecha de género e IA

El primer hallazgo del estudio es claro: cuando se pregunta a la ciudadanía si los riesgos de la inteligencia artificial superan a sus beneficios, las mujeres responden afirmativamente con mucha mayor frecuencia que los hombres. La diferencia ronda el 11%, una brecha comparable a la que existe en temas tan estudiados como el comercio internacional o la globalización económica.

No se trata, por tanto, de una divergencia marginal, sino de una distancia relevante y persistente.

Borwein, Magistro y sus colegas sostienen que esta percepción negativa no surge de la nada. Está anclada en dos factores que la literatura académica ha estudiado durante décadas en otros contextos: la orientación hacia el riesgo y la exposición al riesgo. Ambos juegan, en el caso de la inteligencia artificial, en contra de las mujeres.

Percepción y aversión al riesgo

El primero de esos factores es la orientación hacia el riesgo, es decir, la predisposición general a asumir situaciones inciertas. Numerosos estudios previos han mostrado que, en promedio, las mujeres tienden a ser más adversas al riesgo que los hombres.

El nuevo trabajo confirma este patrón con una pregunta sencilla pero reveladora: elegir entre una ganancia segura de mil dólares o una probabilidad del 50% de ganar dos mil. Las mujeres optan con más frecuencia por la opción segura.

Los investigadores subrayan que esta diferencia no debe interpretarse como un rasgo biológico o innato. La literatura apunta más bien a procesos de socialización, normas culturales y experiencias vitales distintas.

Desde edades tempranas, las mujeres aprenden a ser más cautas, a anticipar posibles daños y a gestionar mejor la incertidumbre. Esta sensibilidad al riesgo, lejos de ser irracional, puede resultar adaptativa en contextos donde las consecuencias negativas recaen de forma desproporcionada sobre ellas.

Cuando se traslada este patrón general al terreno de la tecnología —y en particular de la inteligencia artificial, una innovación todavía envuelta en incertidumbres económicas, éticas y laborales—, el resultado es una mayor cautela. Si no está claro quién gana y quién pierde, quienes tienden a evitar el riesgo se muestran más reticentes a apoyar su despliegue.

Las mujeres perciben mayores riesgos en la adopción de la inteligencia artificial en el trabajo, según un estudio científico reciente

Las mujeres perciben mayores riesgos en la adopción de la inteligencia artificial en el trabajo, según un estudio científico reciente, una cautela vinculada a su mayor exposición a la automatización y a la incertidumbre laboral que genera esta tecnología. Foto de Zulfugar Karimov en Unsplash‍ ‍

Exposición laboral

Pero la aversión al riesgo no lo explica todo. El segundo factor clave es la exposición al riesgo, es decir, la probabilidad objetiva de verse perjudicado por la adopción de la inteligencia artificial. Y aquí la evidencia es contundente: las mujeres están, de media, más expuestas que los hombres a los posibles efectos negativos de la automatización.

El estudio recuerda que ellas están sobrerrepresentadas en ocupaciones administrativas, de servicios y tareas intermedias que la inteligencia artificial puede sustituir o transformar radicalmente. Al mismo tiempo, siguen estando infrarrepresentadas en los sectores tecnológicos y en los puestos de liderazgo que concentran los beneficios económicos de la revolución digital.

El resultado es una combinación peligrosa: mayor riesgo de desplazamiento laboral y menor acceso a los empleos tecnológicos que crea la propia tecnología.

Incluso cuando se controla por nivel educativo, la brecha persiste. A igualdad de estudios, las mujeres trabajan con más frecuencia en ocupaciones con mayor exposición a la automatización. Y aunque la inteligencia artificial también puede complementar empleos cualificados, la incertidumbre sobre quién se beneficiará a largo plazo sigue siendo elevada.

Evidencia experimental

Para ir más allá de la correlación y comprobar si el riesgo causa realmente el escepticismo, los investigadores diseñaron un experimento. A los participantes se les presentó el caso hipotético de una empresa que planea adoptar herramientas de inteligencia artificial. A cada persona se le asignó aleatoriamente una probabilidad distinta de que esa decisión generara más empleo del que destruiría: 100%, 70%, 50% o solo un 30%.

Los resultados son reveladores. Tanto hombres como mujeres reducen su apoyo a la adopción de la inteligencia artificial cuando disminuye la probabilidad de beneficios laborales. Pero las mujeres lo hacen de forma mucho más abrupta. Cuando solo hay un 30% de probabilidades de que el balance sea positivo, el apoyo femenino cae hasta niveles significativamente inferiores al masculino. En cambio, cuando el beneficio es seguro, la diferencia prácticamente desaparece.

El principal mensaje es que para que las mujeres respalden la adopción de la inteligencia artificial en el trabajo, necesitan mayores garantías. No basta con promesas vagas de crecimiento económico futuro. La certidumbre importa, y mucho.

Incertidumbre y dudas expresadas con palabras propias

El estudio incorpora además un análisis de respuestas abiertas, en las que los participantes explicaron con sus propias palabras cuáles creen que son los principales riesgos y beneficios de la inteligencia artificial. Este enfoque cualitativo refuerza las conclusiones cuantitativas.

Cuando se habla de beneficios, las mujeres expresan con más frecuencia dudas, desconocimiento o directamente escepticismo. Frases como No sé lo suficiente para opinar o No veo beneficios claros aparecen de forma más recurrente en sus respuestas. Los hombres, en cambio, mencionan con mayor frecuencia aumentos de productividad, eficiencia, avances científicos o mejoras en la vida cotidiana.

En cuanto a los riesgos, ambos géneros comparten preocupaciones comunes —pérdida de empleo, desigualdad, desinformación—, pero con matices. Las mujeres se centran más en los efectos económicos y sociales, como el desempleo o la pérdida de interacción humana. Los hombres, por su parte, mencionan más a menudo escenarios tecnológicos extremos, como el uso malicioso de la IA o la pérdida de control sobre sistemas autónomos.

Implicaciones políticas

Estas diferencias no son solo académicas. Tienen implicaciones directas para la política pública y la gobernanza de la inteligencia artificial. El estudio muestra que las mujeres apoyan con mayor intensidad la intervención del Estado para regular la inteligencia artificial, especialmente cuando los beneficios laborales son inciertos.

En un contexto de creciente politización de la tecnología, esta brecha puede influir en el diseño de leyes, regulaciones y estrategias electorales.

Ignorar estas percepciones no es neutro. Si las políticas de inteligencia artificial se diseñan sin tener en cuenta los riesgos específicos que afrontan las mujeres, existe el peligro de reforzar desigualdades estructurales ya existentes y generar rechazo social. Como advierten los autores, una tecnología percibida como injusta o amenazante puede provocar una reacción política adversa que termine frenando su desarrollo.

Incluir para no excluir

Lejos de presentar el escepticismo femenino como un obstáculo, el estudio invita a interpretarlo como una señal de alerta. Incorporar las preocupaciones de quienes perciben más riesgos puede conducir a tecnologías más justas, regulaciones equilibradas y transiciones laborales menos traumáticas.

La inteligencia artificial no es inevitable ni neutral. Su impacto dependerá de cómo se diseñe, quién participe en su desarrollo y qué protecciones laborales se establezcan para quienes pueden salir perdiendo. Escuchar a las mujeres —con su mayor cautela, su experiencia de vulnerabilidad laboral y su demanda de garantías— no es frenar el progreso, sino dotarlo de sentido social.

En un debate dominado a menudo por promesas grandilocuentes, el escepticismo informado puede ser, paradójicamente, una de las claves para que la inteligencia artificial cumpla realmente lo que promete. ▪️

  • Fuente: Sophie Borwein, Beatrice Magistro, R. Michael Alvarez, Bart Bonikowski, Peter J. Loewen. Explaining women’s skepticism toward artificial intelligence: The role of risk orientation and risk exposure. PNAS Nexus (2026). DOI: https://doi.org/10.1093/pnasnexus/pgaf399

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