Una cirugía preventiva reduce hasta un 80 % el riesgo de padecer el cáncer de ovario más letal
Una intervención quirúrgica sencilla, añadida a operaciones ginecológicas habituales, ha demostrado una reducción drástica del cáncer de ovario más agresivo. El hallazgo abre una vía inédita de prevención frente a uno de los tumores más letales.
Por Enrique Coperías, periodista científico
Un cambio aparentemente menor en la práctica quirúrgica puede tener un impacto decisivo en la prevención del cáncer de ovario más agresivo. La evidencia científica apunta a una reducción del riesgo cercana al 80 %.
¿Por qué el cáncer de ovario sigue siendo tan letal?
El cáncer de ovario, el tercer tumor ginecológico más frecuente a nivel mundial, sigue siendo uno de los grandes fracasos de la oncología moderna. Silencioso, difícil de detectar en fases tempranas y con una tasa de supervivencia a cinco años que apenas supera el 50 %, se ha consolidado como el tumor ginecológico más letal.
Pero una investigación publicada esta semana aporta una de las noticias más esperanzadoras que se recuerdan en este campo: una intervención quirúrgica sencilla, añadida de forma oportunista a operaciones ginecológicas habituales, reduce el riesgo de desarrollar el tipo más agresivo de cáncer de ovario en casi un 80 %.
Qué es la salpingectomía oportunista y por qué funciona
El hallazgo procede de un amplio estudio poblacional liderado por investigadores de la Universidad de Columbia Británica (Canadá), que han analizado durante más de una década los efectos de la llamada salpingectomía bilateral oportunista.
La técnica consiste en extirpar las trompas de Falopio durante cirugías pélvicas que ya estaban indicadas por otros motivos, como una histerectomía o una esterilización definitiva, pero conservando los ovarios intactos.
La lógica detrás de esta estrategia es relativamente reciente, pero ha revolucionado la comprensión del cáncer de ovario. Hoy se sabe que la mayoría de los carcinomas serosos de alto grado —responsables de alrededor del 70 % de los casos y de la mayor parte de las muertes— no se originan en el ovario, como se pensaba tradicionalmente, sino en las trompas de Falopio. Desde allí, las células malignas migran y acaban colonizando el ovario y la cavidad abdominal.
🗣️ «Si eliminamos el tejido donde se inicia el cáncer, podemos prevenirlo antes de que aparezca”, resume esta nueva filosofía preventiva que, hasta ahora, se apoyaba sobre todo en estudios indirectos y modelos teóricos. En palabras de la ginecóloga y oncóloga Dianne Miller, una de las impulsoras originales de esta estrategia, «si hay algo mejor que curar el cáncer, es no llegar a tenerlo nunca».
La evidencia científica: un estudio poblacional sin precedentes
El trabajo canadiense aporta por primera vez una evidencia sólida, basada en datos reales de población, de que esta estrategia funciona de forma contundente.
El estudio analizó los historiales médicos de más de 85.000 mujeres intervenidas quirúrgicamente en la provincia de Columbia Británica entre 2008 y 2020. De ellas, unas 40.500 se sometieron a una salpingectomía bilateral oportunista, mientras que el resto pasó por cirugías comparables —histerectomía sin extirpación de trompas o ligadura tubárica— que sirvieron como grupo de control. Las pacientes fueron seguidas durante años a través de los registros sanitarios y oncológicos de la provincia.
El resultado principal es difícil de ignorar: las mujeres a las que se les retiraron las trompas de Falopio presentaron un riesgo casi un 80 % menor de desarrollar cáncer seroso de ovario que aquellas que no lo hicieron. En términos estadísticos, el riesgo relativo se redujo a poco más de una quinta parte.
🗣️ «Este estudio demuestra claramente que la extirpación de las trompas de Falopio como complemento durante una cirugía rutinaria puede ayudar a prevenir el tipo más letal de cáncer de ovario —explica la epidemióloga Gillian Hanley, coautora sénior del trabajo. Y Añade—: Muestra cómo este cambio relativamente simple en la práctica quirúrgica puede tener un impacto profundo y salvar vidas».
El cáncer de ovario sigue siendo uno de los tumores ginecológicos más agresivos en España. En 2024 se diagnosticaron 3.582 nuevos casos, según la Asociación Española Contra el Cáncer, y afecta sobre todo a mujeres posmenopáusicas. Su diagnóstico tardío explica que, pese a no ser de los más frecuentes, tenga una elevada mortalidad. Foto de National Cancer Institute en Unsplash
Una intervención que altera la geografía de la enfermedad
Para descartar sesgos importantes, como diferencias generales de salud entre ambos grupos, los investigadores analizaron también la incidencia de cáncer de mama, y no encontraron diferencias significativas. Es decir, la reducción observada parece específica del cáncer de ovario.
Pero el estudio fue más allá. En una segunda parte, los autores recopilaron datos internacionales de mujeres que desarrollaron cáncer de ovario después de haberse sometido previamente a una extirpación de trompas. En total, se identificaron veintiseis casos.
Al analizar el tipo de tumor, la diferencia fue llamativa: solo el 23 % correspondía al carcinoma seroso de alto grado, frente a casi el 70 % que históricamente representa este subtipo en la población general. El patrón esperado del cáncer de ovario había cambiado de forma radical.
Este dato refuerza una idea clave: la salpingectomía no solo reduce el número total de cánceres, sino que altera la propia geografía de la enfermedad, al atacar de manera específica su forma más letal.
Un cambio quirúrgico pequeño con impacto poblacional
La importancia clínica de este hallazgo es enorme. A diferencia de otras estrategias preventivas —como la extirpación de ovarios en mujeres con alto riesgo genético—, la salpingectomía bilateral no induce menopausia precoz ni altera de forma significativa la función hormonal.
Estudios previos ya habían demostrado que no adelanta la menopausia, es segura desde el punto de vista quirúrgico y resulta coste-efectiva para los sistemas de salud. Ahora, además, se confirma que salva vidas potenciales.
👉 «Estamos ante una oportunidad única de prevención primaria», señalan los autores. No se trata de detectar antes el cáncer, sino de impedir que llegue a desarrollarse. Y hacerlo, además, sin añadir una cirugía adicional, sino aprovechando intervenciones que ya se realizan por otros motivos.
Canadá, pionero en la salpingectomía oportunista
Canadá fue uno de los primeros países en recomendar de forma sistemática esta práctica. En la provincia de Columbia Británica, las guías clínicas comenzaron a promover la salpingectomía oportunista en 2010, y el estudio reconoce explícitamente la colaboración de los ginecólogos generales que adoptaron esta recomendación de forma temprana.
«Este es el resultado de más de una década de trabajo que comenzó aquí, en Columbia Británica —subraya el patólogo David Huntsman, también coautor sénior del estudio. Y continúa: El impacto de la salpingectomía oportunista que presentamos es incluso mayor de lo que esperábamos».
Esa decisión, tomada hace más de una década, es la que ahora permite medir su impacto real.
Unas conclusiones sólidas
El trabajo también pone de relieve una de las grandes dificultades de la investigación preventiva en cáncer: el tiempo. Muchas de las mujeres incluidas en el estudio eran relativamente jóvenes en el momento de la cirugía, todavía lejos de la edad de mayor riesgo para desarrollar cáncer de ovario.
Por eso, el número absoluto de casos observados sigue siendo bajo. Aun así, incluso con estas limitaciones, el efecto protector aparece de forma clara.
Los autores reconocen que, al haberse detectado pocos tumores, no han podido descartar del todo la influencia de otras diferencias entre las mujeres estudiadas. Pero subrayan que la coherencia biológica de los resultados, su magnitud y la concordancia con estudios previos refuerzan la solidez de las conclusiones.
Imagen microscópica de células de las trompas de Falopio: las células Krt5+ con mayor propensión a transformarse en cáncer aparecen en rojo, junto a células ciliadas en verde. Un tinte fluorescente en azul permite visualizar el ADN celular. Cortesía: Nikitin Lab/Provided
De una innovación canadiense a una estrategia global
Desde una perspectiva de salud pública, el mensaje es claro. Si esta práctica se generalizara, el impacto sobre la incidencia y la mortalidad del cáncer de ovario podría ser sustancial. No se trata de una tecnología futurista ni de un fármaco experimental, sino de una modificación relativamente simple de la práctica quirúrgica habitual.
El reto ahora es la implementación. En muchos países, la salpingectomía oportunista aún no forma parte de las guías clínicas estándar o se aplica de manera desigual. También es clave garantizar que las pacientes reciban información clara y comprensible para tomar decisiones informadas.
La extirpación de trompas implica la pérdida definitiva de la fertilidad natural, por lo que solo es adecuada en mujeres que ya han completado su deseo reproductivo o que se someten a cirugías como la histerectomía.
Un enfoque muy a tener en cuenta
Aun así, el potencial transformador es indiscutible. En un campo donde los avances suelen llegar en forma de tratamientos complejos y costosos, esta estrategia destaca por su sencillez.
🗣️ «Nuestra esperanza es que más profesionales clínicos adopten este enfoque probado, que tiene el potencial de salvar incontables vidas —insiste Huntsman—. «No ofrecer este complemento quirúrgico puede dejar a los pacientes innecesariamente expuestos a este cáncer».
La historia del cáncer de ovario podría estar empezando a cambiar no en el laboratorio ni en la consulta de oncología, sino en el quirófano, con una decisión quirúrgica aparentemente modesta. Una pequeña intervención adicional que, según los datos, puede marcar la diferencia entre la vida y la muerte para miles de mujeres en el futuro.▪️ (3-febrero-2026)
Fuente: Sowamber R., Mei A. J., Kaur P., et al. Serous Ovarian Cancer Following Opportunistic Bilateral Salpingectomy. JAMA Netw Open (2026). DOI: 10.1001/jamanetworkopen.2025.57267

