Una estrella desaparece sin explotar y se convierte en un agujero negro: el caso que intriga a los astrónomos
No explotó, no brilló, no dejó rastro: simplemente desapareció. Astrónomos han observado por primera vez cómo una estrella en la galaxia de Andrómeda se apaga y colapsa en silencio hasta convertirse directamente en un agujero negro.
Por Enrique Coperías, periodista científico
Ilustración de una estrella colapsada que ha formado un agujero negro invisible en su centro, rodeado por una nube de polvo en expansión mientras el gas cae hacia él. Cortesía: Keith Miller, Caltech/IPAC – SELab
La muerte de una estrella suele ser un espectáculo visible desde millones de años luz. Un fogonazo que ilumina su galaxia, una supernova que durante semanas o meses brilla tanto como miles de millones de soles. Sin embargo, los astrónomos han documentado ahora un final muy distinto: el de una estrella que simplemente se apagó y desapareció. Sin explosión. Sin despedida luminosa. Solo silencio. Y, según todas las evidencias, estamos antw un agujero negro recién nacido.
El hallazgo, liderado por Kishalay De, del Instituto Flatiron de Nueva York, en Estados Unidos, describe la primera evidencia clara de una estrella en la galaxia de Andrómeda que colapsó directamente en un agujero negro sin producir supernova. El estudio, publicado en la revista Science, reconstruye el proceso con una precisión inédita gracias a años de observaciones astronómicas en múltiples longitudes de onda y a modelos teóricos detallados.
«Esto es solo el comienzo de la historia, afirma De en un comunicado de la Simons Foundation. Y añade que lo observado ahora podría marcar un antes y un después en la comprensión del fenómeno: «La luz de los restos polvorientos que rodean al agujero negro recién nacido va a ser visible durante décadas con la sensibilidad de telescopios como el James Webb, porque va a seguir desvaneciéndose muy lentamente. Y esto podría acabar convirtiéndose en un referente para entender cómo se forman los agujeros negros estelares en el universo».
Una insólita desaparición en la galaxia vecina
La protagonista del estudio era una estrella supergigante situada en la galaxia de Andrómeda, una inmensa galaxia espiral, la más grande del Grupo Local y la más cercana a la Vía Láctea, que está situada a unos 2,5 millones de años luz de la Tierra. Durante años, había sido catalogada como una estrella variable, brillante y masiva, en una fase avanzada de su vida. Nada hacía presagiar que su final no sería el habitual.
Los astrónomos la identificaron en una búsqueda sistemática de estrellas que cambian de brillo en galaxias cercanas. Utilizando datos del telescopio espacial infrarrojo NEOWISE y otros observatorios, el equipo astronómico detectó en 2014 un comportamiento extraño: la estrella aumentó ligeramente su brillo en el infrarrojo medio durante un par de años. Luego empezó a desvanecerse. Primero lentamente. Después de forma drástica.
Entre 2017 y 2022, la estrella, etiquetada como M31-2014-DS1, perdió más de diez mil veces su brillo en luz visible hasta hacerse completamente indetectable en observaciones ópticas. En total, su luminosidad cayó más de diez veces en todas las longitudes de onda combinadas. Cuando el telescopio espacial Hubble volvió a observar la zona en 2022, la estrella ya no estaba. Solo quedaba un débil rastro rojizo en el infrarrojo cercano, miles de veces más tenue que la estrella original.
🗣️ «Esta estrella solía ser una de las más luminosas de la galaxia de Andrómeda y ahora no había rastro de ella —explica De—. Imaginemos que Betelgeuse desapareciera de repente. ¡Todo el mundo perdería la cabeza! Algo parecido estaba ocurriendo con esta estrella en la galaxia de Andrómeda».
El escenario más evidente habría sido una supernova. Pero no se observó ninguna.
DE ESTRELLA A AGUJERO NEGRO
Animación de una estrella que colapsa y da origen a un agujero negro invisible en el centro, rodeado por una envoltura de polvo que se aleja mientras el gas es atraído hacia su interior.
Crédito: Keith Miller, Caltech/IPAC – SELab
Qué es una supernova fallida y por qué es importante
La muerte de una estrella masiva suele producirse cuando su núcleo se queda sin combustible nuclear y colapsa bajo su propia gravedad. Ese colapso del núcleo genera una onda de choque impulsada por neutrinos que, en la mayoría de los casos, expulsa las capas externas de la estrella: nace así una supernova de colapso del núcleo.
Pero los modelos teóricos llevan décadas sugiriendo que no siempre ocurre así. A veces, la onda de choque no tiene la energía suficiente para expulsar el material. Entonces, las capas externas caen de nuevo hacia el núcleo colapsado. El resultado final es un agujero negro. Y la estrella, en vez de explotar, desaparece.
Este tipo de eventos se conocen como supernovas fallidas. Detectarlas es extremadamente difícil porque, a diferencia de las supernovas normales, apenas producen señales luminosas. La única pista es que una estrella que antes estaba allí deja de estar.
Eso es exactamente lo que parece haber ocurrido en Andrómeda.
Cómo era la estrella antes de desaparecer
Antes de que se evaporara, la estrella era una supergigante amarilla con unas 100.000 veces la luminosidad del Sol y una temperatura superficial de unos 4.500 grados. Estaba rodeada por una envoltura de polvo cósmico generada por una intensa pérdida de masa en sus últimos años.
Su masa inicial debió de ser de unas trece veces la del Sol, aunque al final de su vida se había reducido a unas cinco masas solares tras perder gran parte de su envoltura.
El análisis de su evolución muestra que, tras el leve aumento de brillo infrarrojo en 2014, su luminosidad total se mantuvo casi constante durante unos mil días. Luego comenzó a caer de forma abrupta durante otros mil días, hasta niveles casi indetectables. Ese comportamiento no encaja con los procesos habituales en estrellas masivas en sus últimas etapas. Cuando una estrella pierde masa o genera polvo, su brillo visible puede disminuir, pero la energía total suele mantenerse o incluso aumentar al desplazarse hacia el infrarrojo. Aquí no ocurrió: la luminosidad total descendió.
La explicación más plausible es que la fusión nuclear en el núcleo se detuvo. Y eso solo sucede cuando el núcleo colapsa.
Así se formó el agujero negro
Los investigadores compararon los datos con modelos de evolución estelar y concluyeron que la estrella sufrió un colapso del núcleo que no logró expulsar sus capas externas. En lugar de producir una supernova, la mayor parte del material cayó hacia el centro formando un agujero negro de unas cinco masas solares.
El proceso no fue instantáneo. La caída del material hacia el agujero negro se prolongó durante años. Durante esa fase, la materia que caía liberó energía en forma de radiación limitada por el llamado límite de Eddington, la luminosidad máxima que puede emitir un objeto en acreción antes de que la presión de la radiación expulse el material entrante.
Los modelos indican que esta fase de acreción de M31-2014-DS1 explica el brillo relativamente estable observado durante unos mil días tras el inicio del colapso. Después, al disminuir el flujo de material hacia el agujero negro, la luminosidad cayó rápidamente, tal como se observó.
La energía liberada en el proceso fue muy inferior a la de una supernova típica. Mientras una supernova de colapso del núcleo libera del orden de 10⁵¹ ergios, en este caso la energía estimada fue de entre 10⁴⁷ y 10⁴⁸ ergios. Un chute energético suficiente para expulsar una pequeña cantidad de material, pero no para destruir la estrella.
El papel clave de la convección y el polvo
Ese pequeño material expulsado probablemente formó una nube de polvo alrededor del objeto remanente. A medida que se enfriaba, ese polvo emitió radiación infrarroja, lo que explica el breve aumento de brillo en esa banda observado en 2014 y años posteriores.
Los modelos estiman que solo se expulsó menos de una décima de masa solar. El resto —más del 98% de la estrella— colapsó hacia el centro.
Ese polvo también podría estar ocultando cualquier emisión en rayos X del agujero negro recién formado, lo que esclarecería por qué no se ha detectado radiación de alta energía en observaciones astronómicas posteriores.
Aquí entra en juego un mecanismo clave para entender por qué el colapso no fue inmediato. La convección en las capas externas de la estrella —el movimiento turbulento del gas caliente— hizo que parte del material no cayera directamente hacia el agujero negro. La astrofísica Andrea Antoni, coautora del estudio, lo resume así:
🗣️ «La tasa de acreción —la velocidad a la que cae el material— es mucho más lenta que si la estrella hubiera implosionado directamente. Este material convectivo tiene momento angular, así que se organiza en órbita alrededor del agujero negro. En lugar de tardar meses o un año en caer, tarda décadas. Y debido a todo esto, se convierte en una fuente más brillante de lo que sería de otro modo, y observamos un retraso prolongado en el debilitamiento de la estrella original».
Secuencia de imágenes que muestra la ubicación y desaparición de la estrella M31-2014-DS1 en la galaxia de Andrómeda, observada con distintos telescopios entre 2010 y 2023. Las comparaciones entre imágenes ópticas e infrarrojas revelan cómo la estrella se fue apagando hasta volverse indetectable tras su colapso. El análisis de estos datos permitió a los astrónomos concluir que la estrella no explotó, sino que se transformó directamente en un agujero negro. Cortesía: Kishalay De et al.
Por qué este descubrimiento cambia lo que sabemos sobre los agujeros negros
Este no es el primer candidato a supernova fallida. En la galaxia NGC 6946 se observó años atrás un fenómeno similar: una supergigante que desapareció tras un breve estallido luminoso. Sin embargo, el caso de Andrómeda ofrece datos mucho más completos y detallados.
Ambos eventos parecen compartir un origen común: estrellas masivas que han perdido gran parte de su envoltura de hidrógeno antes del colapso. Ese detalle podría ser clave para entender qué estrellas terminan explotando como supernovas y cuáles se transforman silenciosamente en agujeros negros.
El descubrimiento sugiere que la relación entre la masa inicial de una estrella y su destino final es más compleja de lo que se pensaba. Incluso estrellas con masas relativamente moderadas —alrededor de doce o trece masas solares— podrían terminar como agujeros negros sin pasar por la fase espectacular de supernova.
🗣️«Sabemos desde hace casi medio siglo que los agujeros negros existen, pero apenas estamos empezando a comprender qué estrellas se convierten en agujeros negros y cómo lo hacen», admite De.
Por qué este caso puede convertirse en referencia científica
Detectar estos eventos requiere paciencia y observaciones astronómicas sistemáticas a largo plazo. No basta con observar explosiones: hay que vigilar miles de estrellas durante años y comprobar si alguna deja de brillar.
Los autores estiman que, según las tasas teóricas de supernovas fallidas, la probabilidad de detectar al menos un evento en su búsqueda oscilaba entre el 1% y el 20%. El hecho de haber encontrado uno —y tal vez dos— sugiere que estos finales silenciosos podrían no ser raros.
Si es así, una fracción significativa de los agujeros negros estelares del universo podría haberse formado sin explosiones visibles. Estrellas que, tras millones de años brillando, se apagan y se hunden en sí mismas.
Qué significa para la astronomía moderna
La imagen clásica de la muerte estelar —violenta, luminosa, espectacular— podría ser solo parte de la historia. Algunas estrellas no estallan. Se apagan. Colapsan. Desaparecen.
El hallazgo en Andrómeda abre una ventana a ese otro final posible: uno que ocurre sin ruido, sin luz y sin testigos, salvo los telescopios que observan pacientemente el cielo durante décadas.
«Solo con estas joyas individuales de descubrimiento empezamos a construir un panorama como este», concluye De.
En el vasto escenario cósmico, incluso las desapariciones pueden ser reveladoras. A veces, la mejor prueba de que un agujero negro ha nacido es simplemente que una estrella ya no está.▪️(16-febrero-2026)
Información facilitada por la Simons Foundation
Fuente: Kishalay De et al. Disappearance of a massive star in the Andromeda Galaxy due to formation of a black hole. Science (2026). DOI: 10.1126/science.adt4853

