Una momia egipcia de hace 2.700 años revela la primera prueba molecular del uso de áloe en los embalsamamientos

Durante casi tres milenios, una cabeza momificada ha ocultado un ingrediente hasta ahora desconocido en las recetas funerarias del antiguo Egipto: el áloe. Su identificación mediante técnicas químicas aporta nuevos secretos sobre cómo los embalsamadores preparaban a sus muertos para la eternidad.

Por Enrique Coperías, periodista científico

Recreación de un ritual de embalsamamiento en el antiguo Egipto. Un estudio ha identificado, por primera vez, restos moleculares de aloe en una momia de hace 2.700 años.

Recreación de un ritual de embalsamamiento en el antiguo Egipto. Un estudio ha identificado, por primera vez, restos moleculares de áloe en una momia de hace 2.700 años. Crédito: IA-DALL-E / RexMolón Producciones

Durante miles de años, los ingredientes utilizados por los embalsamadores egipcios han permanecido ocultos entre vendajes, resinas y tejidos momificados. Los científicos han conseguido identificar muchos de ellos, pero algunas sustancias seguían escapando a los análisis. Ahora, una cabeza momificada de hace 2.700 años ha proporcionado una pista inesperada: los antiguos egipcios utilizaron productos derivados del áloe en determinadas preparaciones de embalsamamiento, según revela una investigación que ofrece la primera evidencia molecular de esta práctica.

La clave estaba escondida en un cráneo conservado en la Colección Zoológica de la Universidad de Marburgo, en Alemania. Gracias a técnicas de análisis químico capaces de identificar restos diminutos de moléculas orgánicas, los investigadores han encontrado compuestos característicos de plantas del género Aloe. El hallazgo incorpora un nuevo ingrediente al complejo repertorio de sustancias utilizadas para preparar los cadáveres para su viaje al más allá.

El descubrimiento procede de un estudio científico publicado en Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS), realizado por un equipo interdisciplinar de la Universidad de Marburgo que ha combinado química de productos naturales, egiptología e historia de la farmacia. Su investigación no solo revela nuevos detalles sobre la momificación egipcia, sino que también permite reconsiderar antiguos textos que relacionaban el aloe con la conservación de los muertos.

➡️ El hallazgo principal: Los científicos han identificado por primera vez compuestos asociados al áloe en materiales de embalsamamiento egipcios. La evidencia procede de un cráneo momificado del siglo VIII antes de Cristo, aunque todavía se desconoce qué especie de aloe se utilizó, con qué finalidad y si su empleo estaba extendido.

Cómo se ha descubierto áloe en una momia egipcia de hace 2.700 años

El equipo encabezado por investigadores de la Universidad de Marburgo, en Alemania, examinó veinticuatro objetos procedentes de colecciones universitarias y museísticas, entre ellos restos humanos momificados, vendajes, residuos de embalsamamiento, dos cráneos y preparados medicinales elaborados históricamente con materiales procedentes de momias. Los científicos también analizaron 41 fuentes escritas relacionadas con las prácticas funerarias y la utilización medicinal de estas sustancias.

Una de las piezas más reveladoras fue un cráneo momificado conservado en Marburgo. La datación mediante carbono 14 permitió situarlo en el siglo VIII antes de Cristo, hace aproximadamente 2.700 años. Los análisis químicos identificaron en él moléculas relacionadas con las aloerresinas y las aloínas, sustancias presentes en determinadas plantas del género Aloe.

Pero no fue la única muestra que proporcionó resultados jugosos. Los investigadores encontraron también compuestos asociados al áloe en un preparado farmacéutico del siglo XVIII conocido como Mumia vera aegyptiaca, procedente de la antigua farmacia Löwen, en Offenbach del Meno, y conservado actualmente en el Museo Alemán de Farmacia de Heidelberg.

La coincidencia resulta especialmente interesante, porque conecta materiales del Egipto antiguo con productos medicinales comercializados muchos siglos después.

Para descubrir las moléculas presentes en las muestras, los científicos emplearon la cromatografía líquida acoplada a espectrometría de masas en tándem (LC-MS/MS), una técnica que permite separar los componentes de una mezcla y reconocer determinadas sustancias por las características de sus moléculas y los fragmentos que producen.

También utilizaron herramientas de la metabolómica, una disciplina dedicada al estudio de pequeñas moléculas presentes en materiales biológicos. Mediante comparaciones informáticas y métodos de aprendizaje automático, pudieron identificar patrones químicos que, de otro modo, habrían resultado muy difíciles de interpretar.

Entre los compuestos detectados destacan sustancias relacionadas con la aloerresina A, la aloerresina D y la aloína. En el caso de la aloerresina A, los investigadores reforzaron su identificación comparando la señal química con la de una sustancia de referencia auténtica.

La importancia de estos resultados radica en que hasta ahora no existía una identificación molecular del áloe en los materiales empleados para el embalsamamiento del antiguo Egipto. Los textos históricos habían sugerido esa posibilidad, pero faltaban pruebas químicas.

Un recipiente histórico de Mumia vera, un antiguo preparado medicinal elaborado con restos de momias. Investigadores de la Universidad de Marburgo han hallado indicios moleculares del uso de áloe en el embalsamamiento egipcio.

Un recipiente histórico de Mumia vera, un antiguo preparado medicinal elaborado con restos de momias. Investigadores de la Universidad de Marburgo han hallado indicios moleculares del uso de áloe en el embalsamamiento egipcio. Cortesía: Universidad de Marburgo/Museo Alemán de Farmacia de Heidelberg

Qué aloe utilizaban los antiguos egipcios y para qué servía

El hallazgo invita a imaginar a los embalsamadores egipcios extendiendo áloe sobre los cadáveres, pero esa imagen necesita algunas precisiones.

En primer lugar, los investigadores no han demostrado que utilizaran exactamente Aloe vera, la especie más conocida en la actualidad por su presencia en productos cosméticos y medicinales. Los compuestos identificados permiten relacionar los residuos con plantas del género Aloe, aunque todavía no es posible determinar la especie concreta.

En segundo lugar, el producto empleado probablemente no era el gel transparente que hoy asociamos al áloe vera, sino alguna sustancia derivada de sus hojas.

Estas plantas contienen materiales de composición diferente. En el interior de las hojas se encuentra un gel rico en agua, mientras que en determinados tejidos próximos a su superficie se produce un exudado amarillento y amargo que contiene compuestos como las aloínas y las aloerresinas.

Los resultados químicos apuntan a la presencia de productos derivados de ese exudado vegetal. Sin embargo, no permiten reconstruir cómo se obtenían, preparaban o incorporaban a las mezclas funerarias.

Tampoco se conoce su función exacta. Los antiguos egipcios utilizaban diversas sustancias vegetales por sus características físicas, aromáticas o conservantes, pero la detección de aloe no demuestra que se empleara específicamente por sus posibles propiedades antimicrobianas. Su incorporación pudo responder a motivos prácticos, rituales o a una combinación de ambos.

Existe otra limitación fundamental: los compuestos asociados al aloe aparecieron únicamente en dos de los veinticuatro objetos analizados. Además, una de esas muestras corresponde a un preparado farmacéutico muy posterior.

Por tanto, los resultados no demuestran que el aloe fuera un ingrediente habitual de las momificaciones. Su utilización pudo depender de la época, la región, las materias primas disponibles o determinadas prácticas funerarias.

Cómo embalsamaban a sus muertos los antiguos egipcios

Para comprender la importancia del descubrimiento hay que recordar que la momificación egipcia era mucho más que un procedimiento para evitar la descomposición de un cadáver.

Los antiguos egipcios creían que la conservación del cuerpo era indispensable para garantizar la continuidad de la existencia después de la muerte. Preservar la integridad física del difunto tenía, por tanto, un profundo significado religioso.

Las técnicas variaron a lo largo de los siglos y según los recursos económicos disponibles, pero los procedimientos más elaborados incluían la extracción de determinados órganos internos, la deshidratación del cuerpo, la aplicación de mezclas protectoras y su posterior envoltura en vendas de lino.

La desecación se realizaba habitualmente mediante natrón, una mezcla natural de sales que absorbía la humedad de los tejidos y contribuía a dificultar su descomposición.

Los embalsamadores aplicaban posteriormente diferentes preparados sobre la piel, las cavidades corporales y los vendajes. Estos podían contener aceites vegetales, grasas animales, cera de abejas, betún y resinas procedentes de diferentes árboles.

Algunas de esas sustancias ofrecían propiedades antimicrobianas o antifúngicas; otras ayudaban a crear barreras protectoras, impregnar los tejidos o proporcionar aromas. El procedimiento combinaba conocimientos prácticos sobre los materiales con actos religiosos y ceremonias cuidadosamente establecidos.

Como curiosidad hay que decir que las momificaciones más elaboradas podían prolongarse hasta unos setenta días.

Las resinas, los aceites y las recetas de la eternidad

En febrero de 2023, una investigación publicada en Nature amplió de manera considerable el conocimiento de estas recetas funerarias.

Un equipo internacional coordinado por Maxime Rageot y Philipp W. Stockhammer, del Instituto de Arqueología Prehistórica y Protohistórica y Arqueología de las Provincias Romanas, en Universidad Ludwig Maximilian de Múnich (Alemania), analizó los residuos orgánicos conservados en 31 recipientes cerámicos procedentes de un taller de embalsamamiento de Saqqara, utilizado durante la dinastía XXVI, entre los siglos VII y VI antes de Cristo.

Los recipientes conservaban inscripciones que indicaban qué sustancias contenían o para qué partes del cuerpo debían utilizarse. Los investigadores identificaron mezclas de aceites, grasas, resinas de pistachero, productos de coníferas y sustancias como el elemí y el damar.

El descubrimiento demostró que las recetas de momificación eran considerablemente más complejas de lo que se pensaba. También reveló la existencia de redes comerciales capaces de transportar materias primas desde lugares muy alejados de Egipto.

Algunas resinas procedían de regiones tropicales, lo que indica que la conservación de los muertos estaba vinculada a intercambios comerciales internacionales.

El estudio de Marburgo añade ahora el aloe a ese repertorio de ingredientes identificados científicamente, aunque su procedencia y su papel concreto en las preparaciones continúan siendo desconocidos.

Reconstrucción digital del taller de embalsamamiento de Saqqara, en Egipto, con sus cámaras funerarias y los recipientes analizados para identificar las sustancias utilizadas en la momificación.

Reconstrucción digital del taller de embalsamamiento de Saqqara, en Egipto, con sus cámaras funerarias y los recipientes analizados para identificar las sustancias utilizadas en la momificación. Cortesía: M. Lang / Universidad de Bonn

El misterio de una palabra egipcia que podría significar «áloe»

El descubrimiento químico también ha permitido revisar uno de los problemas de la egiptología: la interpretación de los nombres antiguos de sustancias vegetales.

Los investigadores prestaron especial atención a una expresión transcrita como ꜥnḫ-jm.j, documentada en fuentes egipcias del segundo milenio antes de Cristo y cuyo significado preciso no ha podido establecerse.

Algunas descripciones antiguas de sus propiedades y aplicaciones han llevado al equipo a plantear que esta denominación podría referirse al áloe o a un producto obtenido de la planta.

La identificación sigue siendo una hipótesis, pero ilustra una de las posibilidades más interesantes de la investigación: utilizar las huellas químicas conservadas en objetos arqueológicos para ayudar a interpretar palabras escritas hace miles de años.

Existe, además, una dificultad histórica adicional. Durante mucho tiempo, el término áloe se utilizó para designar materiales vegetales diferentes. En determinados textos podía referirse a plantas del género Aloe, pero también a la llamada madera de agar, una sustancia aromática procedente de árboles del género Aquilaria.

La diferencia no es menor. El Evangelio de Juan, por ejemplo, menciona una mezcla de mirra y áloes utilizada durante la preparación funeraria del cuerpo de Jesús. Sin embargo, la palabra empleada en aquel contexto no constituye una prueba de que se tratase del aloe que hoy conocemos.

Los análisis de Marburgo permiten introducir una distinción decisiva: las moléculas identificadas en las muestras apuntan al género botánico Aloe, no a la madera de agar.

«Hasta ahora, el aloe no había sido identificado mediante análisis moleculares como componente de los materiales utilizados en el embalsamamiento egipcio», explica Tanja Pommerening, responsable del Instituto de Historia de la Farmacia y la Medicina de la Universidad de Marburgo.

La investigadora recuerda que los textos medievales ya relacionaban el aloe con las sustancias procedentes de momias, pero se consideraba que sus autores podían estar especulando a partir de referencias bíblicas.

Los nuevos resultados sugieren que aquella asociación podría tener raíces históricas mucho más antiguas.

Cuando las momias egipcias se vendían como medicamentos en Europa

La investigación también recupera una historia sorprendente y bastante menos conocida: durante la Edad Media y buena parte de la Edad Moderna, los restos de momias egipcias llegaron a comercializarse como ingredientes medicinales.

La sustancia conocida como mumia vera aegyptiaca se utilizaba en preparados farmacéuticos a los que se atribuían diferentes propiedades terapéuticas.

Su composición podía incluir fragmentos de tejidos humanos momificados, sustancias utilizadas durante el embalsamamiento y otros materiales, aunque los productos comercializados bajo ese nombre no siempre tenían el mismo origen ni una composición equivalente.

Esta práctica estuvo acompañada de numerosas confusiones entre las resinas oscuras, los materiales bituminosos y los propios restos humanos.

Los análisis realizados en Marburgo han demostrado que las antiguas preparaciones de Mumia vera eran químicamente muy heterogéneas. No obstante, algunas compartían compuestos característicos de resinas envejecidas de coníferas.

Los científicos también investigaron si determinados extractos históricos presentaban alguna actividad biológica.

Una preparación procedente de la colección medicinal Wigand, conservada en Marburgo, mostró un efecto protector moderado frente al daño causado por el virus de la gripe en células cultivadas en el laboratorio. Sin embargo, el principal compuesto aislado de ese extracto, denominado ácido 7-oxodeshidroabiético, no reprodujo el efecto por sí solo.

Este resultado no demuestra que los medicamentos elaborados con materiales de momias fueran eficaces contra la gripe ni contra ninguna otra enfermedad humana. Los investigadores tampoco han logrado determinar qué sustancias del extracto fueron responsables de la actividad observada.

Foto: Stefan F. Sämmer

Prof. Dr. Tanja Pommerening, neue Direktorin des Gutenberg Nachwuchskollegs

Las moléculas pueden reconstruir la historia de una momia

El nuevo estudio aporta otra aplicación inesperada de la química. Hablamos de reconstruir las relaciones entre objetos históricos conservados en museos.

Al comparar los perfiles moleculares de diferentes muestras del Museo Alemán de Farmacia de Heidelberg, los investigadores encontraron semejanzas llamativas entre una cabeza momificada y una pequeña cantidad de polvo catalogada por separado. La coincidencia sugiere que ambos materiales podrían haber tenido originalmente algún vínculo, aunque los documentos de la colección no permiten confirmarlo.

Este procedimiento se basa en cotejar las llamadas huellas moleculares, es decir, los conjuntos de compuestos químicos característicos de cada muestra.

Las herramientas informáticas y los métodos de aprendizaje automático ayudan a detectar similitudes que pueden pasar inadvertidas mediante una inspección convencional. Su aplicación podría resultar especialmente valiosa para investigar piezas arqueológicas que llegaron a los museos hace siglos y cuya procedencia original se conoce de forma incompleta.

De esta manera, las moléculas no solo proporcionan información sobre los ingredientes utilizados por los embalsamadores, sino también sobre la posible historia posterior de los objetos.

Lo que sabemos y lo que todavía falta por descubrir

La investigación ofrece una primera evidencia química de la presencia de aloe en determinados materiales relacionados con la momificación egipcia, pero deja abiertas cuestiones esenciales. Estas son algunas de ellas

✅ Qué se ha demostrado: la presencia de compuestos moleculares característicos del género Aloe en un cráneo momificado del siglo VIII antes de Cristo y en una preparación medicinal histórica.

✅ Qué todavía no se sabe: la especie exacta utilizada, su procedencia, la función que desempeñaba y la frecuencia con la que se incorporaba a las mezclas funerarias.

✅ Qué podría descubrirse ahora: si nuevos análisis de momias y recipientes de embalsamamiento confirman una utilización más amplia y permiten relacionar determinadas sustancias mencionadas en los textos egipcios con ingredientes vegetales concretos.

Los investigadores consideran que la combinación de química analítica, documentos históricos y estudios arqueológicos permitirá seguir completando el conocimiento de las prácticas funerarias egipcias.

Para ello será necesario estudiar nuevas muestras procedentes de contextos arqueológicos bien documentados y comparar los resultados con los obtenidos en colecciones históricas.

Casi tres milenios después de que unos embalsamadores preparasen aquel cuerpo para la eternidad, las sustancias que dejaron sobre sus restos siguen proporcionando información. Y quizá lo más extraordinario sea que una diminuta huella molecular, conservada durante 2.700 años en una cabeza momificada, haya bastado para incorporar un nuevo ingrediente a la historia de una de las prácticas funerarias más fascinantes de la Antigüedad.▪️(2-noviembre-2026)

Los secretos del áloe y las momias egipcias: seis preguntas con respuesta

¿Por qué utilizaban los antiguos egipcios sustancias vegetales para conservar a sus muertos? ¿Qué ha revelado el descubrimiento de aloe en una momia de hace 2.700 años? Estas son las claves científicas de un hallazgo que arroja nueva luz sobre las recetas de embalsamamiento.

¿Utilizaban aloe vera los antiguos egipcios para embalsamar momias?

Un estudio publicado en 2026 en la revista científica PNAS ha identificado por primera vez compuestos relacionados con plantas del género Aloe en materiales de embalsamamiento egipcios. Sin embargo, todavía no se ha demostrado que la especie utilizada fuera específicamente Aloe vera ni que su empleo estuviera generalizado.

¿Qué antigüedad tiene la momia en la que se encontró áloe?

El cráneo momificado analizado por investigadores de la Universidad de Marburgo, en Alemania, fue fechado mediante carbono 14 en el siglo VIII antes de Cristo. Tiene, por tanto, aproximadamente 2.700 años de antigüedad.

¿Cómo descubrieron los científicos el áloe en la momia?

Utilizaron cromatografía líquida y espectrometría de masas, combinadas con técnicas de metabolómica. Estas herramientas permitieron identificar moléculas características del género Aloe, entre ellas compuestos relacionados con la aloína y las aloerresinas, conservadas en los materiales analizados.

¿Para qué servía el áloe en el embalsamamiento egipcio?

Su función exacta continúa siendo desconocida. Los egipcios utilizaban diferentes productos vegetales para tratar y preservar los cadáveres, pero los análisis no permiten determinar si el áloe se incorporaba por sus propiedades físicas, conservantes o aromáticas, por motivos rituales o por una combinación de estos factores.

¿Qué sustancias utilizaban los egipcios para momificar los cuerpos?

Las mezclas de embalsamamiento podían contener resinas de coníferas y pistacheros, aceites vegetales, grasas animales, cera de abejas, betún y otras sustancias naturales. Para deshidratar los cadáveres se empleaba habitualmente natrón, una mezcla natural de sales que ayudaba a evitar la descomposición de los tejidos.

¿Por qué se utilizaban momias egipcias como medicamentos?

Durante la Edad Media y la Edad Moderna se comercializaron preparados conocidos como Mumia vera aegyptiaca, elaborados o supuestamente elaborados con restos de momias y sustancias de embalsamamiento. Se les atribuían diversas propiedades medicinales, aunque no existían pruebas científicas de su eficacia terapéutica.

Fuente científica: Universidad de Marburgo. Estudio publicado en Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS), 2026. Consultar la investigación original.

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