El olor de las momias saca a la luz los secretos del embalsamamiento en el antiguo Egipto

El aroma de las momias egipcias no es solo una curiosidad: es un archivo químico que ha sobrevivido milenios. Un nuevo estudio revela cómo aceites, resinas y ceras usados en el embalsamamiento siguen delatando hoy las técnicas funerarias del antiguo Egipto.

Por Enrique Coperías, periodista científico

Imagen conceptual de dos investigadores analizando en laboratorio los materiales de una momia egipcia: el estudio de los compuestos aromáticos conservados en vendajes y resinas permite reconstruir las técnicas de embalsamamiento utilizadas en el antiguo Egipto. Crédito: IA-DALL-E-Rexmolón Producciones

El olor de las momias egipcias ha fascinado durante siglos a los arqueólogos, conservadores de museos y visitantes. Esa mezcla entre dulce, especiado y amaderado no solo despierta la imaginación: ahora se ha convertido en una herramienta científica.

Un estudio reciente demuestra que el análisis químico de los aromas que aún desprenden las momias permite reconstruir con sorprendente precisión la composición de los materiales usados en el embalsamamiento en el antiguo Egipto.

La investigación, publicada en el Journal of Archaeological Science, propone una idea tan sugerente como rigurosa: el perfume de la eternidad guarda la receta. Analizando los compuestos orgánicos volátiles —las moléculas responsables del olor— que emiten tejidos, vendajes y resinas de momias de diferentes épocas, los científicos han logrado identificar los ingredientes exactos empleados por los embalsamadores durante más de tres milenios de historia egipcia.

El olor como archivo químico

La momificación en el antiguo Egipto no era solo un ritual religioso, sino una compleja tecnología de conservación. Los egipcios creían que la descomposición del cuerpo impedía el acceso al más allá, por lo que desarrollaron técnicas cada vez más sofisticadas para preservar los cadáveres. Con el tiempo, estas técnicas incluyeron la aplicación de aceites vegetales, grasas animales, ceras de abeja, resinas aromáticas e incluso betún.

Tradicionalmente, los investigadores han estudiado estos materiales mediante técnicas de laboratorio que requieren extraer pequeñas muestras y disolverlas para analizar sus componentes. El problema es que este proceso puede alterar o destruir parte de la información química, sobre todo los compuestos más volátiles. Además, es lento y potencialmente invasivo para piezas arqueológicas únicas.

El nuevo enfoque propone lo contrario: estudiar directamente los compuestos volátiles que aún se liberan al aire desde los materiales de embalsamamiento. Aunque pueda parecer sorprendente que sustancias tan volátiles sobrevivan miles de años, muchas quedan atrapadas en las matrices resinosas y en los tejidos, conservándose en pequeñas cantidades detectables.

Qué han analizado los investigadores

Estos compuestos constituyen una especie de huella olfativa. Cada ingrediente del proceso de momificación —grasa, cera, resina o betún— genera un conjunto característico de moléculas aromáticas. Al identificarlas, los investigadores pueden reconstruir la mezcla original.

El equipo de investigación, formado por investigadores de la Unidad de Geoquímica Orgánica de Facultad de Química, en la Universidad de Bristol (Reino Unido), analizó 35 muestras procedentes de diecinueve momias conservadas en museos europeos, que abarcan desde el periodo predinástico hasta la época grecorromana.

Las muestras incluían tejidos humanos, huesos, vendajes impregnados y fragmentos de resina, lo que permitió estudiar tanto el cuerpo como los materiales aplicados sobre él.

Para captar los compuestos volátiles utilizaron una técnica llamada microextracción de fase sólida del espacio de cabeza (HS-SPME), combinada con cromatografía de gases y espectrometría de masas. En términos sencillos: un dispositivo absorbe las moléculas que flotan sobre la muestra y luego se analizan para identificar su composición exacta.

El resultado fue un catálogo detallado de las moléculas que conforman el aroma de las momias. Entre ellas se identificaron ácidos grasos de cadena corta, compuestos aromáticos derivados de plantas, terpenos procedentes de resinas y moléculas características del betún. Cada grupo señalaba la presencia de un ingrediente específico.

Ilustración conceptual de sacerdotes egipcios realizando el ritual de embalsamamiento en una cámara funeraria iluminada por antorchas y luz solar, y guiados por Anubis, dios de la muerte, en una ceremonia solemne que prepara al difunto para el viaje al más allá. Crédito: IA-Copilot-Rexmolón Producciones

De la intuición al laboratorio

El punto de partida del estudio fue, en realidad, una impresión sensorial. El olor de las momias, tan presente en museos y laboratorios, despertó una pregunta científica concreta en el equipo de investigación de Bristol.

En palabras de Wanyue Zhao, «el punto de partida del proyecto se basó en una observación muy inmediata: cualquiera que tenga la oportunidad de entrar en contacto cercano con momias suele sorprenderse por lo penetrante que es su olor. El olor es llamativo y claramente no es casual. Al mismo tiempo, los análisis tradicionales de biomarcadores de los materiales de embalsamamiento ya están bien establecidos. A partir de estos estudios, tenemos un profundo conocimiento de la composición química de las sustancias utilizadas en la momificación».

Por lo tanto, era natural que Zhao y sus colegas se plantearan la hipótesis de que el olor en sí mismo pudiera reflejar la composición del embalsamamiento. «En lugar de sustituir los enfoques tradicionales, nuestro interés por los compuestos volátiles surgió como una forma de ampliarlos: explorar si la experiencia sensorial de las momias podía descodificarse químicamente y relacionarse con las prácticas de embalsamamiento conocidas», explica esta biogeoquímica.

Qué materiales usaban los egipcios para embalsamar

Los análisis confirmaron que los aceites y grasas —de origen vegetal o animal— fueron el componente más común en las mezclas de embalsamamiento, especialmente en las épocas más antiguas. Estos materiales dejan tras de sí ácidos grasos y compuestos aromáticos derivados de su degradación con el tiempo.

Pero el estudio también desvela detalles más finos, como los que detallamos a renglón seguido:

✅ Por ejemplo, la presencia de compuestos como el alcanfor o ciertos derivados de la lignina sugiere el uso de aceites de coníferas, como el cedro y el enebro. Estas sustancias no solo aportaban aroma; también tenían propiedades antimicrobianas y repelentes de insectos, lo que ayudaba a preservar el cuerpo.

✅ La cera de abeja, otro ingrediente habitual, deja una huella distinta: aldehídos alifáticos, ácidos grasos y compuestos aromáticos como derivados del ácido cinámico. Aunque muchos de estos compuestos se degradan con el tiempo, algunos persisten y permiten identificar su presencia incluso después de milenios.

✅ Por su parte, las resinas, especialmente las procedentes de coníferas, aportan otra firma química. Sus moléculas volátiles incluyen terpenos y compuestos aromáticos policíclicos que delatan procesos de calentamiento o destilación de la madera. Estos resultados respaldan la idea de que los embalsamadores empleaban breas y alquitranes obtenidos mediante la combustión controlada de madera de pino o cedro.

✅ Finalmente, el betún —una sustancia derivada del petróleo— aparece en muestras más tardías. Aunque su proporción en las mezclas era pequeña, su impacto en el perfil aromático es notable: genera hidrocarburos y compuestos aromáticos característicos, como el naftaleno, que se convierten en marcadores claros de su presencia.

Cómo ha cambiado la momificación con el tiempo

Más allá de identificar ingredientes, los investigadores se han encontrado con que el perfil aromático de las momias cambia con el tiempo. Mediante análisis estadísticos, Zhao y su equipo comprobaron que las muestras tienden a agruparse según su periodo histórico. En otras palabras, las momias de una misma época comparten un aroma químico característico.

Las momias más antiguas, por ejemplo, presentan mezclas más simples, dominadas por aceites y grasas. Con el paso de los siglos, las recetas se vuelven más complejas: se añaden ceras, resinas importadas y, finalmente, betún. Estos cambios reflejan transformaciones en las prácticas funerarias, en el comercio de materias primas y posiblemente en el estatus social de los difuntos.

También influyen otros factores: el tipo de muestra (tejido, vendaje o resina), la parte del cuerpo analizada e incluso el lugar de enterramiento. Todos ellos afectan a la composición final de los compuestos volátiles detectados.

Una herramienta no invasiva para la arqueología

Una de las aportaciones más importantes del estudio tiene que ver con la metodológía. En efecto, el análisis de compuestos volátiles permite obtener información detallada sin necesidad de destruir muestras, lo que resulta especialmente valioso en piezas únicas o frágiles.

Los autores proponen utilizar esta técnica como un método rápido de cribado preliminar. Al analizar el aroma de una momia, los conservadores podrían obtener pistas sobre los materiales empleados y decidir si merece la pena realizar análisis más complejos. También podría servir para autentificar piezas o detectar restauraciones modernas.

Además, el método es especialmente sensible para detectar betún en momias, incluso cuando está presente en cantidades mínimas. Esto abre nuevas posibilidades para estudiar el comercio de esta sustancia en la antigüedad y su papel en las prácticas funerarias egipcias.

Momia del faraón Ramsés IV, conservada en el Museo de Antigüedades Egipcias de El Cairo.

Momia del faraón Ramsés IV, conservada en el Museo de Antigüedades Egipcias de El Cairo. Estudios recientes demuestran que el aroma que aún desprenden las momias conserva compuestos químicos de aceites, resinas y ceras utilizados en el embalsamamiento hace más de 3.000 años. Cortesía: Marie Thérèse Hébert & Jean Robert Thibault from Québec, Canada

Qué nos dice el olor de las momias

Más allá de su valor técnico, el estudio invita a reconsiderar el papel del olfato en la arqueología. Durante mucho tiempo, la disciplina se ha centrado en lo visible: objetos, inscripciones, arquitectura. Sin embargo, los olores también formaban parte de la experiencia cultural del pasado.

En el antiguo Egipto, el aroma tenía un significado religioso y simbólico. Las especias y resinas perfumadas no solo disimulaban el olor de la descomposición, sino que estaban asociadas a la pureza, la divinidad y la regeneración. Analizar sus restos químicos es, en cierto modo, recuperar una dimensión sensorial del pasado.

Hoy, gracias a técnicas capaces de leer el olor de los objetos, esa dimensión vuelve a ser accesible. El perfume tenue que aún emana de las momias no es solo una curiosidad: es un archivo molecular que conserva información sobre comercio, tecnología y creencias.

Como concluyen los autores, los compuestos volátiles reflejan la composición de los materiales de embalsamamiento y permiten diferenciar momias de distintas épocas. El aroma, convertido en dato científico, se revela como una herramienta inesperada para descifrar la historia.

Mirar —y oler— más allá de Egipto

El trabajo abre ahora nuevas preguntas. Si los aromas permiten reconstruir recetas de embalsamamiento, ¿podrían también revelar diferencias regionales o cronológicas con mayor precisión?

«Si tenemos la oportunidad, sería muy interesante ampliar el estudio para incluir momias de otras regiones geográficas y períodos históricos. Incorporar una gama más amplia de muestras nos permitiría desarrollar una visión más holística de los numerosos factores que pueden influir en los perfiles volátiles, como las prácticas regionales de embalsamamiento, los cambios cronológicos e incluso la edad o el género de las momias —apunta Zhao. Y concluye—: Con un conjunto de datos más amplio y diverso, también podría ser posible identificar biomarcadores volátiles que podrían utilizarse para ayudar a distinguir entre diferentes orígenes geográficos o períodos históricos».

En la penumbra de los museos, donde reposan los cuerpos momificados, el pasado sigue oliendo. Y ahora sabemos que ese olor, analizado con precisión, puede contar su historia.▪️(15-febrero-2026)

PREGUNTAS&RESPUESTAS: Momias y olores

🫙 ¿Por qué huelen las momias egipcias?

Porque conservan compuestos orgánicos volátiles procedentes de aceites, resinas, ceras y betún usados en el embalsamamiento.

🫙 ¿Qué sustancias se usaban en la momificación egipcia?

Principalmente aceites vegetales, grasas animales, cera de abeja, resinas aromáticas y, en épocas posteriores, betún.

🫙 ¿Cómo analizan los científicos las momias sin dañarlas?

Mediante técnicas de análisis de compuestos volátiles que permiten estudiar los materiales sin destruir las muestras.

🫙 ¿Para qué sirve estudiar el olor de las momias?

Permite reconstruir las prácticas de embalsamamiento, diferenciar periodos históricos y entender mejor la tecnología funeraria del antiguo Egipto.

  • Fuente: Wanyue Zhao, Katherine A. Clark, Richard P. Evershed, Mélanie Roffet-Salque, Ian D. Bull. Volatile compounds reveal the composition of embalming materials used in Egyptian mummification. Journal of Archaeological Science (2026). DOI: https://doi.org/10.1016/j.jas.2026.106490.

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