Captan por primera vez cómo el agua se reorganiza en una reacción esencial para la vida

El agua no permanece inmóvil mientras la vida transforma energía: sus moléculas giran, se acercan y rehacen sus vínculos en una fracción de segundo. Una combinación de rayos X ultrarrápidos y simulaciones en ordenador acaba de mostrar por primera vez esta fascinante coreografía invisible.

Por Enrique Coperías, periodista científico

Recreación artística del experimento: un pulso de rayos X revela cómo el movimiento de electrones y protones reorganiza las moléculas de agua alrededor de un complejo de rutenio

Recreación artística del experimento: un pulso de rayos X revela cómo el movimiento de electrones y protones reorganiza las moléculas de agua alrededor de un complejo de rutenio. Crédito: IA-DALL-E / RexMolón Producciones

En menos de una milmillonésima de segundo, la materia puede cambiar varias veces de estado. Un electrón salta, un protón encuentra dónde alojarse y las moléculas de agua giran, se acercan y rehacen sus enlaces. Esta coreografía sostiene procesos como la fotosíntesis, la respiración celular y la acción de numerosas enzimas, pero hasta ahora solo podían reconstruirse por separado algunas de sus partes.

Un equipo dirigido por el Laboratorio Nacional del Noroeste del Pacífico (PNNL), con participación del Laboratorio Nacional de Aceleradores SLAC y varias universidades estadounidenses, ha obtenido la primera visión integrada y molecular de cómo se redistribuyen los electrones y se reorganiza el agua durante una transferencia de electrones acoplada a protones.

El trabajo, publicado en la revista Nature Communications, combina rayos X ultrarrápidos, espectroscopia óptica y simulaciones informáticas. Sus imágenes son instantáneas reconstruidas a partir de distintas señales experimentales.

Qué es la transferencia de electrones acoplada a protones

La reacción se conoce como transferencia de electrones acoplada a protones (PCET, por sus siglas en inglés). En ella, un electrón negativo y un protón positivo se desplazan de manera coordinada. Pueden hacerlo simultáneamente o uno detrás de otro. Al acoplar ambos movimientos, las moléculas evitan intermediarios muy costosos desde el punto de vista energético.

➡️ La naturaleza explota esta ruta para capturar energía solar en las plantas, metabolizar alimentos y hacer funcionar múltiples procesos catalíticos.

Observar una PCET en disolución plantea una dificultad formidable. Los electrones se mueven en cuestión de femtosegundos —la milbillonésima parte de un segundo— y los protones pueden seguirlos poco después. Además, el agua no es un simple decorado: su red de enlaces de hidrógeno estabiliza estados transitorios, favorece o frena el salto y puede determinar dónde ocurre. Las técnicas ópticas informan de cambios electrónicos, pero no suelen señalar el átomo implicado; las vibracionales mezclan fácilmente la respuesta de la molécula con la del agua.

El agua que bebemos parece un líquido pasivo, pero a escala molecular sus moléculas se reorganizan y participan activamente en reacciones esenciales para la vida.

El agua que bebemos parece un líquido pasivo, pero a escala molecular sus moléculas se reorganizan y participan activamente en reacciones esenciales para la vida. Foto: Engin Akyurt / Unsplash.

Cómo se observó la reorganización molecular del agua

Un complejo de rutenio como modelo

Para simplificar el rompecabezas, los investigadores eligieron un complejo de rutenio, el [Ru(bpy)₂(bpz)]²⁺, sumergido en agua ácida. Cuando absorbe luz,el compuesto desplaza un electrón desde el metal hacia el ligando de bipirazina —una molécula orgánica que se une al átomo de rutenio y puede recibir el electrón desplazado durante la reacción—, y después capta un protón.

La molécula apenas cambia su geometría interna, y ambos acontecimientos están separados en el tiempo, lo que permite distinguir las huellas del electrón, el protón y el disolvente.

La absorción óptica transitoria fijó el reloj de la reacción. La redistribución inicial del electrón ocurrió dentro del límite temporal del instrumento, unos 180 femtosegundos. El sistema quedó excitado, con la carga extendida sobre la bipirazina. En condiciones ácidas, la protonación —la incorporación de un protón (H⁺) a una molécula, lo que modifica su carga y su comportamiento químico— apareció con una constante temporal de unos 460 picosegundos. Tras un nanosegundo, cerca del 73 % de la población excitada había alcanzado el estado protonado. En agua neutra, la señal permaneció prácticamente estable.

Dos técnicas de rayos X que cuentan la misma historia

El paso decisivo consistió en mirar el fenómeno con dos instrumentos de la fuente LCLS, una instalación científica del laboratorio SLAC que produce pulsos ultrarrápidos y muy intensos de rayos X para observar cambios moleculares casi instantáneo. Mediante una técnica llamada chemRIXS, los investigadores utilizaron rayos X ajustados para detectar los electrones más internos de los átomos de nitrógeno. Así pudieron averiguar en qué nitrógenos concretos se redistribuía la carga durante la reacción.

Al mismo tiempo, el instrumento XCS, que utiliza pulsos ultrarrápidos de rayos X para observar cómo cambian las estructuras moleculares con el tiempo, tomó sucesivas instantáneas para detectar cómo se acercaban, alejaban o reorientaban las moléculas de agua alrededor del compuesto estudiado.

Las pruebas realizadas previamente en la Universidad de Ginebra permitieron elegir las condiciones y los momentos más adecuados para observar estos cambios.

🗣️ «Hemos captado por primera vez cómo los cambios electrónicos asociados a la transferencia de protones están acoplados a la reorganización del disolvente circundante —explica Elisa Biasin, física química experimental del PNNL, en el comunicado del laboratorio. Y añade—: Esto nos ofrece una nueva manera de comprender cómo las moléculas y su entorno evolucionan juntas durante transformaciones químicas fundamentales».

El instrumento chemRIXS, instalado en la fuente de rayos X LCLS del laboratorio SLAC, permitió determinar en qué átomos de nitrógeno se redistribuían los electrones durante la reacción.

El instrumento chemRIXS, instalado en la fuente de rayos X LCLS del laboratorio SLAC, permitió determinar en qué átomos de nitrógeno se redistribuían los electrones durante la reacción. Cortesía: SLAC

Qué sucede con el electrón, el protón y el agua

La película molecular resultante muestra dos actos. Inmediatamente después de la excitación, el electrón se distribuye por el ligando de bipirazina, y el agua próxima refuerza sus enlaces de hidrógeno con los átomos de nitrógeno periféricos. La primera capa de hidratación se contrae ligeramente.

Cuando llega el protón a uno de esos nitrógenos, la situación pierde su simetría: la densidad electrónica se concentra de forma marcada en el anillo de pirazina protonado, mientras las moléculas de agua se acercan y cambian de orientación.

En términos químicos, el patrón de enlace pasa de una interacción N···H–O, en la que el nitrógeno acepta un enlace de hidrógeno del agua, a otra N–H···O, en la que el nuevo grupo protonado lo dona al oxígeno del agua. Las simulaciones situaron los principales cambios en la capa de moléculas de agua más próxima al complejo, a menos de cinco ångströms —cinco diezmilésimas de micrómetro—. En otras palabras, buena parte de la señal observada procedía del agua que se estaba reorganizando alrededor de la bipirazina.

Es una imagen de cómo la carga y el líquido se reajustan mutuamente, no de una molécula reaccionando aislada.

La combinación fue esencial.Abdullah Kahraman, entonces investigador posdoctoral del PNNL en el SLAC, afirma que unir la absorción de rayos X con modelos precisos proporcionó «una visión sin precedentes de los cambios electrónicos en tiempo real». Y el teórico Niranjan Govind añade que los cálculos tradujeron las medidas en una descripción molecular de la coordinación entre protón, electrón y disolvente.

¿Son fotografías directas de un protón y del agua?

Esa dependencia también marca el principal límite del estudio. El protón, que carece de electrones, resulta casi invisible para la dispersión de rayos X, mucho más sensible a átomos ricos en ellos.

🗣️ «No vemos directamente el protón», reconoce Biasin.

Lo que el equipo observa es la reorganización electrónica local y, a la vez, el reajuste global de la red de agua. La conclusión sobre la protonación surge de la concordancia entre esos datos, la cinética óptica y los cálculos. Hablar de imágenes moleculares es correcto, si se entiende que son reconstrucciones experimentales respaldadas por la teoría, no por fotogramas directos del núcleo de hidrógeno.

Es más, el sistema de rutenio es un modelo deliberadamente sencillo, y la reacción analizada es secuencial: primero se mueve el electrón y después el protón. Por tanto, el trabajo no zanja aún la discusión más difícil sobre otras PCET, en las que ambos desplazamientos podrían ser simultáneos o estar entrelazados.

Sí proporciona una estrategia para investigarlas. «¿Ocurren a la vez o no? ¿En qué sitio molecular? ¿Y cómo facilita la red de agua el salto del protón?», resume Biasin entre las preguntas pendientes.

La biofísica Yulia Pushkar, de la Universidad Purdue, trabaja con un sistema de fotosíntesis artificial que imita a las plantas para captar luz y dividir moléculas de agua con el fin de producir hidrógeno.

La biofísica Yulia Pushkar, de la Universidad Purdue, trabaja con un sistema de fotosíntesis artificial que imita a las plantas para captar luz y dividir moléculas de agua con el fin de producir hidrógeno. Cortesía: Purdue University

Por qué este descubrimiento puede mejorar las tecnologías energéticas

Como reconocen los autores del estudio, el valor aplicado de este avance está aún en el horizonte. Comprender estas rutas podría ayudar a diseñar catalizadores, pilas de combustible, baterías de flujo o sistemas de fotosíntesis artificial más eficientes, pero el estudio no presenta esos dispositivos ni demuestra mejoras inmediatas. Su aportación es mecanística.

Christopher Larsen, de la Universidad de Auckland, en Nueva Zelanda, destaca que el complejo fue escogido porque evita reorganizaciones que habrían ocultado las señales buscadas.

Los próximos experimentos podrán abordar moléculas más complejas y movimientos en escalas temporales comparables. La actualización LCLS-II, con mayor frecuencia que los 120 pulsos por segundo utilizados aquí, mejorará la relación señal-ruido. David Hoffman, del SLAC, considera el trabajo «un primer paso importante» para aplicar ambas técnicas a problemas reales de catálisis y captación de energía. Su colega Roberto Alonso-Mori cree que abre la posibilidad de comprender y controlar la química de la conversión energética.

La nueva mirada deja una idea de fondo: en las reacciones esenciales para la vida, el agua no se limita a llenar el espacio entre moléculas. Se ordena, transmite interacciones y responde a cada desplazamiento de carga. Al captar ese baile en la escala en la que ocurre, el experimento convierte al disolvente, tantas veces tratado como escenario, en uno de los protagonistas de la reacción.▪️(30-agosto-2026)

LO MÁS IMPORTANTE DEL ESTUDIO, EN 30 SEGUNDOS

  • Una primicia molecular: los científicos han reconstruido por primera vez cómo se redistribuyen los electrones y se reorganiza el agua durante una transferencia de electrones acoplada a protones.
  • Una reacción esencial: este mecanismo, conocido como PCET, interviene en la fotosíntesis, el metabolismo, la actividad de numerosas enzimas y otros procesos de conversión de energía.
  • Una coreografía ultrarrápida: tras recibir la luz, el electrón se desplazó casi instantáneamente. La incorporación del protón se produjo después, en unos 460 picosegundos.
  • El agua participa activamente: las moléculas de agua se acercaron, giraron y reconstruyeron sus enlaces de hidrógeno alrededor del lugar donde llegó el protón.
  • Rayos X y simulaciones: la combinación de dos técnicas ultrarrápidas de rayos X con modelos informáticos permitió reconstruir los cambios electrónicos y estructurales.
  • El protón no se vio directamente: su transferencia se dedujo por la concordancia entre las mediciones experimentales y los cálculos moleculares.
  • Posibles aplicaciones: el método podría ayudar a diseñar catalizadores, pilas de combustible, baterías de flujo y sistemas de fotosíntesis artificial más eficientes.
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