Científicos plantean que iluminar las nubes del Pacífico podría debilitar El Niño, pero advierten de riesgos para Europa y Asia

Un modelo climático demuestra que aumentar artificialmente el brillo de las nubes marinas del Pacífico podría reducir la intensidad de El Niño. Sin embargo, la investigación también identifica posibles efectos secundarios, como cambios climáticos inesperados en Europa y Asia y una transición más rápida hacia La Niña.

Por Enrique Coperías, periodista científico

Imagen de satélite que muestra las anomalías de la temperatura superficial del mar en el Pacífico tropical durante la primera semana de junio de 2026.

Imagen de satélite que muestra las anomalías de la temperatura superficial del mar en el Pacífico tropical durante la primera semana de junio de 2026. Los tonos rojos y naranjas indican aguas más cálidas de lo habitual respecto a la media de referencia de NOAA. Cortesía: NOAA Satellites

El Niño es uno de los fenómenos climáticos más influyentes del planeta. Cada vez que aparece, altera el clima de medio mundo: provoca sequías devastadoras en unas regiones, inundaciones en otras, dispara la temperatura media global y deja una factura económica que se mide en billones de dólares. Pero ¿y si existiera una forma de debilitarlo antes de que alcanzara toda su fuerza? ¿Estamos ante una apuesta loca de la ciencia? Veamos.

Un grupo de investigadores estadounidenses acaba de presentar una de las propuestas más sorprendentes de los últimos años. Utilizando simulaciones climáticas de última generación, han demostrado que el aumento artificial el brillo de determinadas nubes marinas del océano Pacífico podría reducir la intensidad de futuros episodios de El Niño. Sin embargo, el estudio también lanza una advertencia: intervenir sobre un sistema climático tan complejo puede desencadenar efectos secundarios inesperados, algunos de ellos muy lejos del lugar donde se realiza la intervención, incluso en Europa y Asia.

El trabajo, publicado en la revista Science Advances, no propone poner en marcha esta técnica mañana mismo. Se trata de una prueba de concepto basada en modelos climáticos, pero representa uno de los análisis más completos realizados hasta la fecha sobre la posibilidad de modificar deliberadamente un fenómeno climático de escala planetaria.

Cómo actúa El Niño

El Niño forma parte de un ciclo natural conocido como la oscilación del Sur-El Niño (ENSO), que es considerado la principal fuente de variabilidad climática interanual del planeta. Cuando aparece, los vientos alisios, que normalmente soplan de este a oeste sobre el Pacífico ecuatorial, se debilitan. Como consecuencia, las aguas cálidas superficiales se desplazan hacia las costas de Sudamérica y el océano deja de aflorar agua fría desde las profundidades.

El resultado es un enorme parche de agua caliente que modifica la circulación atmosférica mundial. Esa alteración repercute en prácticamente todos los continentes: lluvias torrenciales en algunos lugares, sequías prolongadas en otros, cambios en la actividad de los huracanes, incendios forestales más intensos y un incremento de la temperatura media del planeta.

Los autores del trabajo recuerdan que los costes económicos asociados a un único episodio intenso de El Niño alcanzan varios billones de dólares, además de amplificar muchos de los efectos del calentamiento global provocado por las emisiones humanas de gases de efecto invernadero.

Qué es el brillo artificial de las nubes marinas

La técnica analizada recibe el nombre de brillo de nubes marinas (Marine Cloud Brightening, MCB), una de las propuestas incluidas dentro de la denominada geoingeniería solar.

Su principio es relativamente sencillo. Las nubes bajas sobre los océanos ya reflejan una parte importante de la radiación solar que llega a la Tierra. Si esas nubes contuvieran un mayor número de diminutas gotas de agua, reflejarían todavía más luz hacia el espacio y dejarían pasar menos energía hacia el océano.

La propuesta consiste en pulverizar agua de mar para generar partículas microscópicas de sal que actúen como núcleos de condensación. Así se formarían más gotas en las nubes y estas aumentarían su capacidad para reflejar la luz solar.

En teoría, el efecto sería un enfriamiento localizado de la superficie del océano.

Lo realmente novedoso del estudio no es tanto esta idea —que lleva décadas sobre la mesa— como el objetivo perseguido. En lugar de utilizar la técnica para reducir poco a poco la temperatura global durante décadas, los investigadores se preguntaron si podría emplearse durante unos pocos meses para interrumpir el desarrollo de un episodio concreto de El Niño.

Montaje de imágenes de los devastadores incendios forestales que arrasaron Australia entre 2019 y 2020. El humo de los fuegos llegó hasta el Pacífico sur, donde alteró las propiedades de las nubes marinas.

Montaje de imágenes de los devastadores incendios forestales que arrasaron Australia entre 2019 y 2020. El humo de los fuegos llegó hasta el Pacífico sur, donde alteró las propiedades de las nubes marinas.

Por qué los incendios de Australia fueron un experimento natural

Para comprobar si esta hipótesis tenía sentido, los científicos aprovecharon un acontecimiento completamente inesperado.

Los devastadores incendios forestales que arrasaron Australia entre 2019 y 2020 lanzaron a la atmósfera enormes cantidades de aerosoles procedentes de la combustión de la vegetación. Parte de esas partículas fue transportada por los vientos hasta el sureste del Pacífico.

Allí ocurrió algo extraordinario: las partículas hicieron que las nubes marinas fueran más brillantes y reflejaran una mayor cantidad de radiación solar.

Investigaciones anteriores ya habían sugerido que este fenómeno pudo contribuir al desarrollo de la prolongada fase de La Niña registrada entre 2020 y 2023.

El nuevo estudio reproduce ese episodio mediante simulaciones climáticas. Los resultados muestran que, si se recrea artificialmente el mismo aumento del brillo de las nubes observado tras los incendios australianos, el modelo genera prácticamente la misma respuesta climática:

✅ Enfriamiento del Pacífico tropical.

✅ Desplazamientos de las precipitaciones.

✅ Una evolución hacia condiciones similares a La Niña, la fase fría del fenómeno climático El Niño-Oscilación del Sur (ENSO). Se produce cuando los vientos alisios se fortalecen y favorecen el afloramiento de aguas frías en el Pacífico ecuatorial, enfriando la superficie del océano.

Para los autores, esta coincidencia constituye una importante validación del mecanismo físico que persigue la técnica. En palabras del equipo, los incendios australianos actuaron como un auténtico «experimento natural» que permitió comprobar que el aumento del brillo de las nubes puede modificar la evolución del sistema climático.

Simulación de dos de los mayores episodios de El Niño de la historia reciente

Una vez comprobado que el mecanismo funcionaba, los investigadores dieron un paso más allá.

Utilizaron el modelo climático CESM2, uno de los más avanzados disponibles para estudiar la evolución estacional del clima, y recrearon dos de los episodios de El Niño más intensos registrados en las últimas décadas:

✅ El de 1997-1998. Considerado uno de los episodios de El Niño más intensos del siglo XX, se caracterizó por un calentamiento excepcional de las aguas del Pacífico oriental, frente a las costas de Sudamérica. Provocó inundaciones devastadoras en Perú y Ecuador, graves sequías e incendios en Indonesia y contribuyó a un fuerte aumento de la temperatura media global.

Animación de las anomalías de la temperatura superficial del mar durante el intenso episodio de El Niño de 1997-1998.

Animación de las anomalías de la temperatura superficial del mar durante el intenso episodio de El Niño de 1997-1998. Los colores cálidos muestran el calentamiento anómalo de las aguas del Pacífico ecuatorial a medida que el fenómeno alcanza su máxima intensidad. Cortesía: NASA

El de 2015-2016. Fue el episodio más potente del siglo XXI y alcanzó una magnitud comparable a la del evento de 1997-1998. A diferencia de este, presentó un patrón más mixto, con un importante calentamiento tanto en el Pacífico central como en el oriental. Generó fenómenos meteorológicos extremos en numerosos países, impulsó un récord de temperatura global y constituye uno de los casos principales utilizados por los investigadores para evaluar cómo podría debilitarse El Niño mediante el aumento del brillo de las nubes.

Mapa global de las anomalías de la temperatura superficial del mar en noviembre de 2015, durante uno de los episodios de El Niño más intensos registrados.

Mapa global de las anomalías de la temperatura superficial del mar en noviembre de 2015, durante uno de los episodios de El Niño más intensos registrados. Cortesía: NOAA

Sobre esos escenarios virtuales, la coordinadora del estudio Katharine Ricke, de la Scripps Institution of Oceanography, en la Universidad de California en San Diego, y sus colegas aplicaron distintas estrategias de aumento del brillo de las nubes en una zona muy concreta del Pacífico sudoriental, una región especialmente sensible donde las nubes bajas responden con facilidad a este tipo de modificaciones.

No todas las intervenciones eran iguales.

Algunas comenzaban en junio y se mantenían hasta febrero del año siguiente; otras empezaban en septiembre; las más tardías no se iniciaban hasta diciembre, cuando El Niño ya estaba prácticamente desarrollado.

El objetivo consistía en averiguar cuál era el momento más eficaz para intervenir.

La respuesta fue sorprendentemente clara.

Cuál sería el mejor momento para intervenir

Los modelos muestran que el momento de la intervención resulta mucho más importante que la intensidad del enfriamiento local.

Cuando el brillo de las nubes comenzaba a aumentarse durante el verano boreal, justo cuando El Niño empieza a fortalecerse, los investigadores observaron que el fenómeno perdía buena parte de su intensidad.

En el episodio de 2015-2016, la estrategia más temprana y prolongada consiguió reducir la anomalía térmica del Pacífico central en casi 1,9 ºC, suficiente para devolver prácticamente el sistema a condiciones neutras hacia el pico del fenómeno.

En cambio, cuando la intervención se retrasaba hasta diciembre, el efecto era mucho menor. Aunque el océano seguía enfriándose localmente, El Niño ya había puesto en marcha los mecanismos atmosféricos y oceánicos que alimentan su crecimiento, por lo que resultaba mucho más difícil detenerlo.

➡️ Ricke y su equipo resumen esta conclusión de forma muy clara: iniciar el aumento del brillo de las nubes durante la fase de crecimiento de El Niño interrumpe los mecanismos de retroalimentación que normalmente amplifican el fenómeno, pero esa capacidad disminuye rápidamente cuando la intervención comienza demasiado tarde.

Una carrera contra el reloj climático

Cabe pues preguntarse por qué resulta tan importante comenzar la intervención varios meses antes del máximo desarrollo de El Niño.

La respuesta está en la propia física del océano Pacífico.

En palabras de Jessica S. Wan, autora principal del estudio, El Niño funciona gracias a una serie de retroalimentaciones positivas, conocidas como mecanismos de Bjerknes, que hacen que el fenómeno se nutra a sí mismo. Cuando la superficie del Pacífico oriental comienza a calentarse, los vientos alisios pierden fuerza. Esa flojera permite que aún más agua cálida se desplace hacia el este, lo que incrementa todavía más la temperatura del océano y vuelve a debilitar los vientos. Es un círculo vicioso que acelera el crecimiento del episodio.

Las simulaciones muestran que el aumento del brillo de las nubes rompe precisamente ese círculo.

Al reflejar más radiación solar, la superficie del océano se enfría ligeramente en una región estratégica del Pacífico sudoriental. Ese pequeño descenso basta para reforzar de nuevo los vientos alisios y modificar la pendiente de la termoclina —la frontera entre las aguas cálidas superficiales y las frías profundas—, y restaurar así unas condiciones mucho más parecidas a un estado neutro del océano.

En otras palabras, la intervención no actúa únicamente como un aire acondicionado que enfría el agua, sino que altera la maquinaria atmosférica y oceánica que normalmente impulsa el crecimiento de El Niño. Según los autores, el mayor efecto aparece cuando el brillo de las nubes se incrementa durante la fase de crecimiento del fenómeno, ya que entonces consigue interrumpir los mecanismos de retroalimentación que normalmente amplifican El Niño.

Cómo tocar una pieza puede alterar todo el engranaje

Sin embargo, los resultados también dejan claro que el sistema climático es extraordinariamente complejo.

Reducir la intensidad de El Niño no significa simplemente «volver al punto de partida». Al modificar un proceso tan importante, también cambian otros mecanismos atmosféricos que interactúan con él.

Uno de los efectos más llamativos observados por los investigadores es que las estrategias más intensas de aumento del brillo de las nubes favorecen la aparición más temprana de un episodio de La Niña, la fase opuesta del ciclo climático.

En algunos escenarios, el enfriamiento posterior del Pacífico aparece antes de lo esperado e incluso con una intensidad superior a la habitual.

Los autores creen que este comportamiento se debe a que la intervención modifica el equilibrio energético del océano y acelera la transición natural entre ambas fases del ciclo ENSO.

➡️ No obstante, el estudio también ofrece un matiz interesante. Una estrategia más corta, iniciada muy pronto y detenida antes de que El Niño alcance su máximo desarrollo, podría reducir parcialmente la intensidad del episodio sin favorecer una La Niña especialmente intensa. Es un resultado prometedor, aunque los investigadores insisten en que necesita confirmarse mediante nuevos estudios.

Vista desde la Estación Espacial Internacional de un potente huracán sobre el Atlántico. El Niño suele influir en la actividad ciclónica mundial al modificar la circulación atmosférica, aunque su impacto varía según la intensidad y evolución de cada episodio. Cortesía: NASA

Por qué Europa y Asia aparecen como una inesperada zona de riesgo

Quizá la conclusión más importante del trabajo sea precisamente la que invita a la prudencia.

Aunque la técnica consigue disminuir muchos de los efectos asociados a El Niño en diversas regiones del planeta, los modelos también detectan teleconexiones inesperadas.

Ese término describe cómo un cambio en una parte del sistema climático puede provocar consecuencias a miles de kilómetros de distancia.

En las simulaciones correspondientes al gran episodio de El Niño de 2015-2016, el brillo artificial de las nubes del Pacífico produjo un calentamiento significativo sobre amplias zonas de Europa y Asia, regiones que durante ese episodio concreto apenas mostraban anomalías importantes de temperatura.

Es decir, una intervención diseñada para reducir un fenómeno climático en el Pacífico podría acabar modificando el clima de continentes enteros.

Los autores subrayan que estos resultados representan uno de los principales riesgos potenciales de cualquier estrategia de geoingeniería regional. El clima terrestre funciona como un sistema conectado, de modo que actuar sobre una pieza concreta puede generar respuestas difíciles de anticipar en otros lugares del planeta.

No todos los «Niños» responden igual

Otra conclusión importante es que no existe un único tipo de El Niño.

El episodio de 2015-2016 respondió mucho mejor a la intervención que el gran evento de 1997-1998.

Los investigadores atribuyen esta diferencia a las condiciones atmosféricas previas de cada episodio. En unos casos, las nubes existentes en el Pacífico resultan más fáciles de modificar y la atmósfera responde con mayor intensidad; en otros, el sistema es más resistente a cualquier perturbación.

Esto significa que una estrategia diseñada para debilitar un determinado episodio podría resultar mucho menos eficaz en otro distinto.

En consecuencia, cualquier aplicación futura requeriría modelos de predicción extremadamente precisos y probablemente estrategias adaptadas a las características específicas de cada evento.

Una herramienta con potencial… y enormes interrogantes

El estudio también recuerda las limitaciones de la propia investigación.

Todas las conclusiones proceden de simulaciones realizadas con un único modelo climático, aunque se trata de uno de los más avanzados disponibles para predicciones estacionales. Los autores reconocen que otros modelos podrían ofrecer respuestas parcialmente diferentes, y reclaman que estos experimentos se repitan con distintas herramientas de simulación antes de extraer conclusiones sólidas.

Además, persisten numerosos interrogantes. Estos son algunos:

❌ ¿Qué ocurriría si se iniciara una intervención y finalmente El Niño no llegara a desarrollarse?

❌ ¿Cómo afectaría repetir estas actuaciones durante varias décadas?

❌ ¿Podría alterarse el comportamiento natural del Pacífico a largo plazo?

❌ ¿Qué consecuencias tendría sobre otros fenómenos climáticos todavía peor conocidos?

Son preguntas que este trabajo no pretende responder.

¿Puede utilizarse realmente esta técnica?

Aun así, el estudio abre una nueva línea de investigación en la ciencia del clima.

Hasta ahora, la mayor parte de los proyectos de geoingeniería solar se habían planteado como una posible herramienta para reducir lentamente el calentamiento global provocado por las emisiones de gases de efecto invernadero.

Este trabajo propone una perspectiva diferente: utilizar intervenciones relativamente breves para amortiguar fenómenos naturales extremos que, combinados con el cambio climático, multiplican los daños económicos y sociales.

Los propios autores insisten en que no están defendiendo la aplicación inmediata de esta tecnología. Al contrario, consideran que sus resultados muestran tanto el potencial como los riesgos de intentar modificar deliberadamente uno de los motores fundamentales del clima terrestre.

Como concluyen en el artículo, sus simulaciones sugieren que podría ser útil estudiar intervenciones dirigidas específicamente a la variabilidad natural del clima y no solo al calentamiento global, ya que estas actuaciones serían mucho más cortas y, en teoría, implicarían menos riesgos tecnológicos y sociales que una geoingeniería mantenida durante décadas.

Pero esa posibilidad solo podrá evaluarse tras muchas más investigaciones y con una comprensión mucho más profunda del funcionamiento del sistema climático.▪️(2-agosto-2026)

LO MÁS IMPORTANTE DEL ESTUDIO, EN 30 SEGUNDOS

  • Los investigadores simularon el aumento artificial del brillo de las nubes marinas del Pacífico sudoriental.
  • La técnica consiguió debilitar dos grandes episodios históricos de El Niño en modelos climáticos.
  • La intervención resulta mucho más eficaz cuando comienza varios meses antes del máximo desarrollo del fenómeno.
  • El mecanismo funciona interrumpiendo las retroalimentaciones atmosféricas y oceánicas que alimentan El Niño.
  • Los modelos detectan riesgos importantes, como un calentamiento inesperado en Europa y Asia.
  • También podría favorecer una transición prematura hacia La Niña.
  • Los autores insisten en que se trata únicamente de simulaciones climáticas y no de una propuesta para aplicar la técnica actualmente.

PREGUNTAS & RESPUESTAS: El Niño y Geoingeniería Solar

⛅️ ¿Qué es El Niño?

El Niño es la fase cálida del fenómeno climático ENSO (El Niño-Oscilación del Sur). Se produce cuando las aguas superficiales del Pacífico ecuatorial se calientan más de lo habitual y alteran la circulación atmosférica mundial.

⛅️ ¿Qué es el brillo de las nubes marinas?

Es una técnica de geoingeniería solar que pretende aumentar la capacidad de reflexión de las nubes sobre el océano mediante la pulverización de diminutas partículas de sal marina.

⛅️ ¿Puede esta técnica detener El Niño?

Según este estudio, podría reducir su intensidad si se aplica en el momento adecuado. Sin embargo, solo se ha probado mediante simulaciones por ordenador y todavía está muy lejos de una aplicación práctica.

⛅️ ¿Qué riesgos existen?

Los modelos indican que intervenir sobre El Niño podría alterar el clima de otras regiones del planeta, favorecer una La Niña más temprana o modificar otros patrones atmosféricos todavía poco comprendidos.

⛅️ ¿Los científicos proponen aplicar esta técnica?

No. Los autores recalcan que se trata de una investigación teórica destinada a comprender cómo respondería el sistema climático ante este tipo de intervención.

  • Fuente: Jessica S. Wan et al. Targeted marine cloud brightening weakens subsequent El Niño. Science Advances (2026). DOI: 10.1126/sciadv.adx3012

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