Nuestra personalidad cambia mucho más de lo que creemos, según un estudio con casi 167.000 personas

¿Y si la idea de que «cada uno es como es» fuera uno de los mayores mitos de la psicología? Un gigantesco estudio internacional desvela que nuestra personalidad continúa transformándose durante toda la vida y que solemos subestimar enormemente esa capacidad de cambio.

Por Enrique Coperías, periodista científico

¿De verdad somos siempre la misma persona?
Gemini Notebook / RexMolón , la Ciencia en Acción
Nuestra personalidad no es una máscara fija e inmutable. Un amplio estudio internacional demuestra que los rasgos que definen nuestra forma de ser continúan evolucionando durante toda la vida, mucho más de lo que la mayoría de las personas cree.

Nuestra personalidad no es una máscara fija e inmutable. Un amplio estudio internacional demuestra que los rasgos que definen nuestra forma de ser continúan evolucionando durante toda la vida, mucho más de lo que la mayoría de las personas cree. Foto de Cottonbro Studio

La idea de que la personalidad queda prácticamente fijada al llegar a la edad adulta ha marcado durante años la psicología, la educación e incluso nuestra forma de entender a los demás. La creencia de que una persona es como es y difícilmente cambiará parece casi una evidencia. Sin embargo, un amplio estudio internacional acaba de desmontar ese mito con datos de casi 167.000 personas. Su conclusión resulta tan sorprendente como esperanzadora: la personalidad continúa transformándose a lo largo de toda la vida, y, en muchos casos, cambia tanto o más que la salud, la autoestima, los ingresos económicos o la satisfacción vital.

La investigación, publicada en la revista Communications Psychology, no se limita a demostrar que nuestra forma de ser evoluciona. Va un paso más allá al revelar que la mayoría de nosotros subestimamos enormemente esa capacidad de cambio. Creemos que nuestras emociones, nuestro bienestar o nuestras circunstancias personales fluctuarán con el paso de los años, pero seguimos imaginando que nuestra personalidad permanecerá prácticamente intacta. Según los investigadores, esa percepción está muy alejada de la realidad.

La psicóloga Amanda J. Wright, del Departamento de Psicología, Universidad de Zúrich (Suiza), y a utora principal del trabajo, resume la paradoja con claridad: aunque las evidencias científicas llevan años mostrando que los rasgos de personalidad evolucionan durante toda la vida, «la creencia de que la personalidad es altamente estable sigue persistiendo tanto entre el público como en el ámbito académico».

Por qué pensamos que la personalidad no cambia

La idea de que la personalidad se solidifica en la juventud tiene profundas raíces históricas. Durante buena parte del siglo XX numerosos psicólogos defendieron que los rasgos básicos eran esencialmente permanentes una vez alcanzada la madurez. Esa estabilidad explicaría por qué la personalidad sirve para predecir comportamientos, relaciones sociales, éxito laboral o incluso el estado de salud décadas después.

Con el tiempo, sin embargo, comenzaron a acumularse estudios longitudinales —aquellos que siguen a las mismas personas durante muchos años— que mostraban un panorama muy diferente. Las personas, en promedio, se vuelven más responsables, emocionalmente más estables, más cooperativas o menos impulsivas conforme envejecen, aunque el ritmo y la dirección de esos cambios varían entre individuos.

A pesar de ello, la vieja imagen de una personalidad inmutable nunca desapareció del todo. Los autores sospechaban que esta idea seguía profundamente instalada en la sociedad, pero querían saber hasta qué punto estaba equivocada.

Qué demuestra realmente el nuevo estudio

Para averiguarlo, diseñaron una investigación dividida en dos partes.

La primera consistió en preguntar directamente a casi novecientos estadounidenses, seleccionados para representar fielmente a la población del país, cuánto creían que cambiaban distintas características humanas entre los quince y los noventa años.

Los participantes valoraron un total de veinticinco variables, entre ellas los cinco grandes rasgos de personalidad —apertura a la experiencia, responsabilidad, extraversión, amabilidad y neuroticismo—, además de aspectos como la autoestima, la satisfacción con la vida, la salud, la ansiedad, el nivel de ingresos, la frecuencia con la que hacen ejercicio físico o la vida social.

El resultado fue muy claro.

Para la inmensa mayoría de los participantes, la personalidad era precisamente aquello que menos cambiaba de todo. Incluso consideraban que evolucionaban mucho más la salud física, el bienestar psicológico, las relaciones sociales o la situación económica.

En otras palabras, si preguntamos a cualquier persona qué cambiará más a lo largo de siete décadas de vida, responderá casi cualquier cosa antes que su propia personalidad.

La personalidad no evoluciona de forma brusca, sino mediante pequeños cambios acumulativos a lo largo de los años. El estudio muestra que ese proceso continúa desde la adolescencia hasta la vejez.

La personalidad no evoluciona de forma brusca, sino mediante pequeños cambios acumulativos a lo largo de los años. El estudio muestra que ese proceso continúa desde la adolescencia hasta la vejez. Foto de lhon karwan en Unsplash

Cómo analizaron a casi 167.000 personas

Pero la segunda parte del trabajo es la que convierte este estudio en uno de los más completos realizados hasta ahora sobre el tema.

Los investigadores reunieron información procedente de ocho grandes estudios longitudinales realizados en Estados Unidos, Alemania, Australia y Países Bajos. En total analizaron los datos de 166.971 personas, una muestra excepcionalmente amplia para este tipo de investigaciones.

Estos proyectos llevan décadas siguiendo la evolución de miles de ciudadanos y registrando no solo sus rasgos de personalidad, sino también numerosos aspectos de su vida cotidiana: estado de salud, satisfacción vital, autoestima, ingresos, relaciones familiares, actividad física, participación social o bienestar emocional.

Gracias a esa enorme base de datos fue posible reconstruir cómo evolucionan todas esas variables desde la adolescencia hasta los 90 años.

Y aquí apareció la gran sorpresa.

Cuáles son los rasgos de personalidad que más cambian con la edad

Cuando los investigadores compararon la magnitud real de esos cambios comprobaron que la personalidad no era, ni mucho menos, una de las características más estables del ser humano.

De hecho, algunos rasgos cambiaban tanto como la satisfacción con la vida, la autoestima o el nivel de ingresos. En algunos casos incluso experimentaban transformaciones mayores que variables relacionadas con la salud o el bienestar psicológico.

Los resultados mostraron patrones muy interesantes:

✅ La extraversión, por ejemplo, tendía a disminuir con la edad.

✅ Lo mismo ocurría con el neuroticismo, el rasgo relacionado con la tendencia a experimentar emociones negativas como ansiedad, preocupación o inestabilidad emocional.

✅ En cambio, la responsabilidad aumentaba claramente a medida que avanzaban los años, mientras que la amabilidad también mostraba una evolución positiva.

Estos cambios no suceden de golpe ni siguen una línea recta. Algunas etapas de la vida presentan avances rápidos; otras muestran retrocesos o estabilizaciones temporales. Sin embargo, cuando se observa el conjunto de varias décadas, el resultado acumulado es mucho mayor de lo que solemos imaginar.

Según los autores, los cinco grandes rasgos presentan modificaciones comparables a muchas otras dimensiones que habitualmente consideramos mucho más cambiantes.

La investigación cuestiona la idea de que exista un yo completamente fijo e inmutable. Los autores sostienen que nuestra forma de ser mantiene una notable capacidad de adaptación durante toda la vida.

La investigación cuestiona la idea de que exista un yo completamente fijo e inmutable. Los autores sostienen que nuestra forma de ser mantiene una notable capacidad de adaptación durante toda la vida. Foto de Frames For Your Heart en Unsplash

La ilusión de que siempre somos la misma persona

Entonces ¿por qué entonces seguimos creyendo que apenas cambiamos? El estudio propone varias explicaciones.

La primera tiene que ver con la forma en que construimos nuestra identidad. Necesitamos sentir cierta continuidad entre nuestro yo de ayer y el de hoy. Aunque nuestras conductas, prioridades o emociones evolucionen lentamente, seguimos percibiéndonos como la misma persona.

Además, nuestro entorno también contribuye a mantener esa sensación de permanencia. Familiares, amigos o compañeros suelen etiquetarnos con características relativamente fijas: "siempre ha sido muy tímido", "es muy responsable", "es impulsivo"… Esas etiquetas terminan reforzando la impresión de que la personalidad apenas cambia.

A ello se suma un fenómeno psicológico muy conocido: prestamos mucha más atención a los comportamientos que confirman la imagen que ya tenemos de alguien que a aquellos que la contradicen. Si una persona considerada reservada empieza poco a poco a desenvolverse mejor socialmente, tal vez interpretaremos esos cambios como excepciones y no como una auténtica transformación de su personalidad.

Como explica el equipo investigador, las personas tendemos a construir esquemas mentales estables sobre nosotros mismos y sobre quienes nos rodean. Esos esquemas favorecen la impresión de que los rasgos permanecen constantes incluso cuando las evidencias objetivas muestran una evolución significativa.

Por qué nos cuesta tanto aceptar que cambiamos

Los autores creen que este error de percepción no es casual. Responde a una mezcla de factores culturales, psicológicos e incluso históricos.

Por un lado, en muchas sociedades occidentales está profundamente arraigada la idea de que existe un yo auténtico, una esencia permanente que define quiénes somos. Expresiones tan habituales como "sé tú mismo" y "mantente fiel a tu personalidad" transmiten precisamente esa imagen de una identidad casi inmutable.

Paradójicamente, vivimos inmersos en una cultura obsesionada con el crecimiento personal. Nunca se habían vendido tantos libros de autoayuda ni habían proliferado tantas aplicaciones para mejorar hábitos, gestionar emociones o desarrollar habilidades. Sin embargo, muchas personas interpretan esos cambios como modificaciones en su comportamiento o en su estilo de vida, pero no como auténticos cambios de personalidad.

Los investigadores apuntan que incluso cuando conseguimos ser más pacientes, más organizados o emocionalmente más equilibrados solemos pensar que simplemente estamos descubriendo nuestro verdadero yo, no transformándolo. Esa interpretación contribuye a mantener la ilusión de que nuestra personalidad permanece intacta.

Una buena noticia para quienes quieren cambiar

Más allá de la curiosidad científica, los autores consideran que este hallazgo tiene importantes implicaciones prácticas.

Si una persona cree firmemente que su personalidad está escrita en piedra, es posible que afronte cualquier intento de cambio con mucho menos optimismo. ¿Para qué esforzarse en ser más organizado, menos impulsivo o más sociable si, al fin y al cabo, uno "ha nacido así"?

➡️ Según Wright y sus colaboradores, esa percepción puede convertirse en un obstáculo para el crecimiento personal. «Creer que la personalidad es estable puede reducir la motivación para mejorar, dificultar que las personas desarrollen todo su potencial y limitar el apoyo a intervenciones destinadas a favorecer ese cambio», señalan los investigadores.

En cambio, comprender que la personalidad posee una notable plasticidad puede generar el efecto contrario. Si sabemos que determinados rasgos evolucionan de forma natural durante décadas y que incluso pueden modificarse mediante intervenciones específicas, aumenta la sensación de que el cambio es posible.

No se trata de convertirse en otra persona de la noche a la mañana, sino de entender que la forma en que reaccionamos, sentimos o nos relacionamos con los demás puede seguir desarrollándose durante prácticamente toda la vida.

Rasgos como la extraversión, la amabilidad o la responsabilidad pueden cambiar con la edad y con las experiencias vitales, influyendo en la manera en que nos relacionamos con los demás.

Rasgos como la extraversión, la amabilidad o la responsabilidad pueden cambiar con la edad y con las experiencias vitales, influyendo en la manera en que nos relacionamos con los demás. Foto de  Carina Gonçalves

Por qué este descubrimiento es importante

Las implicaciones del estudio trascienden incluso el ámbito de la salud mental.

La personalidad influye sobre multitud de aspectos cotidianos: desde el rendimiento académico y profesional hasta la calidad de las relaciones personales, la salud física, el bienestar emocional o la esperanza de vida.

Investigaciones anteriores ya habían demostrado que determinados rasgos de personalidad predicen con notable precisión numerosos resultados vitales, incluso por encima de variables como el nivel socioeconómico y la capacidad cognitiva. Precisamente por ello, comprender que esos rasgos no son del todo fijos abre nuevas posibilidades para la prevención y la intervención.

Los autores recuerdan que ya existen evidencias de que algunos programas psicológicos pueden favorecer cambios voluntarios en la personalidad y que esas modificaciones terminan repercutiendo positivamente sobre la vida de las personas.

Cambiar no significa dejar de ser uno mismo

Uno de los aspectos más interesantes del estudio es que rompe con una falsa dicotomía muy extendida: la de pensar que solo existen dos posibilidades, permanecer exactamente igual durante toda la vida o convertirse en una persona completamente distinta.

La realidad parece mucho más compleja.

La personalidad conserva una cierta continuidad que nos permite reconocernos a nosotros mismos con el paso del tiempo. Sin embargo, esa continuidad convive con una capacidad de adaptación muy elevada. Las experiencias vitales, las responsabilidades familiares, el trabajo, las relaciones personales o incluso el simple paso de los años van moldeando poco a poco nuestra forma de afrontar el mundo.

No todos los cambios son iguales ni afectan a todas las personas por igual. Algunos individuos evolucionan mucho más que otros, mientras que determinados acontecimientos pueden acelerar o ralentizar ese proceso. Pero el mensaje general del estudio resulta difícil de ignorar: la personalidad sigue escribiéndose durante décadas.

Amanda J. Wright, investigadora de la Universidad de Zúrich y autora principal del estudio, sostiene que la personalidad es mucho menos estable de lo que la mayoría de las personas cree y continúa desarrollándose a lo largo de toda la vida.

Amanda J. Wright, investigadora de la Universidad de Zúrich y autora principal del estudio, sostiene que la personalidad es mucho menos estable de lo que la mayoría de las personas cree y continúa desarrollándose a lo largo de toda la vida. Cortesía: Universidad de Zúrich

Una visión más optimista del ser humano

Los investigadores sostienen que corregir esta percepción errónea puede tener consecuencias positivas también a nivel social.

Cuando pensamos que las personas no pueden cambiar, resulta más fácil caer en estereotipos o atribuir los problemas exclusivamente a la forma de ser de cada individuo. En cambio, reconocer que existe una capacidad real de transformación favorece una visión mucho más optimista sobre el potencial humano.

➡️ «Una mayor comprensión de la capacidad de cambio de los rasgos de personalidad puede ayudar a cerrar la brecha entre las evidencias científicas y las creencias populares», concluyen los autores. A su juicio, ello contribuiría a construir una cultura que reconozca mejor la capacidad de las personas para crecer, adaptarse y desarrollarse a lo largo de toda la vida.

El mensaje final del estudio resulta, en el fondo, profundamente esperanzador. Nuestra personalidad no es una fotografía tomada en la juventud, sino una película en constante evolución. Seguimos siendo nosotros mismos, sí, pero la ciencia demuestra que ese "nosotros" continúa transformándose mucho después de lo que siempre habíamos creído.▪️(2-agosto-2026)

LO MÁS IMPORTANTE DEL ESTUDIO, EN 30 SEGUNDOS

  • La personalidad no queda fijada al llegar a la edad adulta.
  • El estudio analiza datos de 166.971 personas procedentes de ocho grandes estudios longitudinales internacionales.
  • Los cinco grandes rasgos de personalidad cambian durante toda la vida.
  • En algunos casos evolucionan tanto o más que la autoestima, la salud o los ingresos.
  • La mayoría de las personas subestima esa capacidad de cambio.
  • Comprender esta plasticidad puede favorecer el crecimiento personal y el desarrollo de intervenciones psicológicas eficaces.

PREGUNTAS & RESPUESTAS: Personalidad y Cambios

🎭 ¿La personalidad cambia con la edad?

Sí. Este estudio demuestra que los cinco grandes rasgos de personalidad evolucionan durante toda la vida y que esos cambios son mayores de lo que la mayoría de las personas imagina.

🎭 ¿A qué edad deja de cambiar la personalidad?

Los datos indican que no existe una edad concreta en la que la personalidad quede fijada. Los cambios continúan desde la adolescencia hasta la vejez.

🎭 ¿Qué rasgo cambia más?

Los autores observaron cambios importantes en todos los rasgos del modelo Big Five. La responsabilidad tiende a aumentar con la edad, mientras que la extraversión y el neuroticismo muestran una tendencia general al descenso.

🎭 ¿Se puede cambiar la personalidad de forma voluntaria?

Los investigadores indican que ya existen evidencias de que determinadas intervenciones psicológicas pueden favorecer cambios voluntarios en algunos rasgos de personalidad.

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