Descubren un exoplaneta rocoso con atmósfera en la zona habitable: un paso clave en la búsqueda de vida fuera de la Tierra

Un equipo internacional de astrónomos ha detectado por primera vez evidencias sólidas de una atmósfera en LHS 1140 b, una supertierra situada en la zona habitable de una estrella cercana. El hallazgo demuestra que algunos planetas rocosos pueden conservar su atmósfera durante miles de millones de años, una condición esencial para mantener agua líquida y, potencialmente, albergar vida.

Por Enrique Coperías, periodista científico

Recreación artística de LHS 1140 b basada en los datos científicos disponibles. Los investigadores creen que este exoplaneta rocoso podría conservar una atmósfera y, quizá, un inmenso océano global, aunque su superficie real sigue siendo desconocida. La luz rojiza corresponde a la tenue enana roja alrededor de la que orbita. Crédito: IA-DALL-E / RexMolón Producciones

No basta con encontrar un planeta del tamaño de la Tierra ni con situarlo en la distancia adecuada de su estrella. Sin una atmósfera capaz de protegerlo de la radiación, regular su temperatura y mantener agua líquida en su superficie, incluso el mundo más prometedor puede convertirse en un desierto estéril. Esa es precisamente la razón por la que el último descubrimiento de un equipo internacional de astrónomos supone un avance tan importante.

Ahora, Mercedes López-Morales, astrofísica del Space Telescope Science Institute, en Baltimore (Estados Unidos) y sus colegas han dado uno de los pasos más importantes en esa búsqueda, al encontrar evidencias de que LHS 1140 b, una supertierra situada a unos 49 años luz de la Tierra, conserva una atmósfera pese a orbitar alrededor de una enana roja, un tipo de estrella conocida por bombardear a sus planetas con intensa radiación.

El hallazgo, publicado en la revista Science, constituye una de las pruebas más sólidas obtenidas hasta ahora de la existencia de una atmósfera en un planeta rocoso situado dentro de la zona habitable, o sea, la franja situada alrededor de una estrella donde las temperaturas podrían permitir la existencia de agua líquida en la superficie de un planeta.

Aunque el descubrimiento no demuestra que exista vida, sí elimina uno de los principales obstáculos que dificultaban considerar habitables muchos de estos mundos.

La atmósfera es mucho más que una envoltura gaseosa. En la Tierra, esta actúa como un escudo frente a la radiación cósmica, regula la temperatura, hace posible el ciclo del agua y crea un entorno estable donde la vida ha podido prosperar durante miles de millones de años. Sin ella, nuestro planeta sería un lugar radicalmente distinto, parecido quizá a Marte, frío y prácticamente desprovisto de agua líquida en superficie.

Los modelos teóricos llevan años indicando que algo similar debería ocurrir en otros sistemas planetarios. Sin embargo, demostrarlo mediante observaciones ha resultado extraordinariamente complicado.

Un reto tecnológico formidable

Desde el descubrimiento del primer exoplaneta en 1992, los astrónomos han identificado ya más de 6.300 mundos fuera del Sistema Solar. Muchos de ellos poseen atmósferas, pero casi todos pertenecen a una categoría muy diferente a la Tierra: gigantes gaseosos abrasados por la cercanía de sus estrellas.

Detectar una atmósfera en un planeta pequeño y rocoso representa un desafío muchísimo mayor. Son objetos diminutos comparados con la estrella que los ilumina, y la señal que deja su atmósfera al atravesar la luz estelar es extraordinariamente débil.

Las dificultades aumentan aún más cuando el planeta se encuentra en la zona habitable, ya que su órbita es más amplia y los tránsitos frente a su estrella son menos frecuentes.

Por ello, incluso el telescopio espacial James Webb, el instrumento astronómico más potente jamás construido, había ofrecido hasta ahora resultados poco alentadores. Diversos estudios sobre planetas rocosos habían revelado mundos prácticamente desnudos, sin atmósferas detectables o con envolturas demasiado tenues para poder caracterizarlas.

🔭 Ficha del descubrimiento

🪐 Planeta: LHS 1140 b

🌍 Tipo: Supertierra rocosa

📍 Distancia: 49 años luz

⭐ Estrella: Enana roja LHS 1140

💧 Zona habitable:

🌬️ Hallazgo principal: Evidencias de una atmósfera con helio escapando al espacio.

🔬 Instrumento: Espectrógrafo WINERED (telescopio Magellan Clay, Chile).

📖 Revista científica: Science.

🌟 Implicación: Demuestra que algunos planetas rocosos situados en la zona habitable pueden conservar una atmósfera durante miles de millones de años, una condición esencial para mantener agua líquida y aumentar su potencial habitabilidad.

Qué es LHS 1140 b

Los investigadores decidieron concentrar sus esfuerzos en un objetivo especialmente prometedor: LHS 1140 b.

El planeta fue descubierto en 2017 y gira alrededor de una vieja enana roja situada en la constelación de Cetus. Completa una órbita cada 24,7 días, pero como su estrella es mucho más fría y tenue que el Sol, esa distancia resulta suficiente para situarlo dentro de la zona donde podría existir agua líquida. Recibe apenas el 42 % de la energía que la Tierra recibe del astro rey, una cantidad compatible con temperaturas moderadas si dispone de una atmósfera adecuada.

LHS 1140 b tampoco es un gigante. Posee una masa 5,6 veces superior a la terrestre y un radio aproximadamente 1,7 veces mayor. Estas características lo convierten en una supertierra, una categoría de planetas rocosos que no existe en el Sistema Solar, pero que parece abundante en la galaxia.

Su densidad indica que quizá está formado principalmente por roca, aunque podría albergar también cantidades importantes de agua o una atmósfera relativamente densa. Precisamente esa incertidumbre fue la que convirtió al planeta en uno de los candidatos más atractivos para estudiar.

Cómo descubrieron la atmósfera

Buscar helio en lugar de agua

En lugar de seguir la estrategia habitual —intentar detectar de forma directa vapor de agua o dióxido de carbono— el equipo optó por un enfoque completamente distinto.

🗣️ «Las señales atmosféricas del agua o del dióxido de carbono suelen originarse en las capas bajas de la atmósfera y son extremadamente débiles en este tipo de planetas, incluso para observatorios tan avanzados como el James Webb —explica Shreyas Vissapragada, astrofísico de los Carnegie Science Observatories, en Pasadena, y uno de los autores del trabajo. Y añade—: Por eso decidimos buscar helio en la atmósfera superior, donde las señales pueden resultar algo más fáciles de detectar».

La idea puede parecer sorprendente, pero tiene una sólida base física.

Cuando la intensa radiación ultravioleta y los rayos X procedentes de una estrella calientan la atmósfera de un planeta, algunos de sus gases pueden escapar lentamente hacia el espacio. Durante ese proceso, los átomos de helio absorben una longitud de onda muy concreta de la luz estelar, lo que deja una diminuta huella en el espectro observado desde la Tierra.

Detectar esa firma equivale, en la práctica, a observar una atmósfera evaporándose.

Los espectros obtenidos durante el tránsito de LHS 1140 b en 2024 revelan la huella del helio en la atmósfera del exoplaneta.

Los espectros obtenidos durante el tránsito de LHS 1140 b en 2024 revelan la huella del helio en la atmósfera del exoplaneta. Cortesía: Collin Cherubim et al.

Obsrvado con un telescopio del desierto chileno

Para buscar esa huella, los científicos recurrieron a uno de los observatorios más importantes del planeta: el telescopio Magellan Clay, instalado en el Observatorio Las Campanas, en el desierto chileno de Atacama.

Equipado con el espectrógrafo infrarrojo WINERED, el instrumento permitió registrar con enorme precisión cómo cambiaba la luz de la estrella cuando el planeta pasaba por delante de ella.

Los espectros funcionan como auténticas huellas dactilares de la materia. Igual que un prisma descompone la luz blanca en un arcoíris, un espectrógrafo separa la luz estelar en miles de colores extremadamente precisos. Si esa luz atraviesa la atmósfera de un planeta antes de llegar al telescopio, algunos elementos químicos absorben determinadas longitudes de onda, dejando pequeñas marcas que permiten identificarlos.

Fue precisamente ahí donde apareció la sorpresa.

Las observaciones realizadas en septiembre de 2024 revelaron una clara señal compatible con helio escapando de la atmósfera de LHS 1140 b.

🗣️ «Fue una prueba clara de que este planeta situado en la zona habitable posee una atmósfera —recuerda Vissapragada—. Fue absolutamente emocionante observar los espectros durante el análisis e ir comprendiendo poco a poco las implicaciones de lo que estábamos viendo».

Aquella pequeña huella espectral representaba mucho más que la detección de un gas. Era la confirmación de que un planeta rocoso, potencialmente templado y situado en la región adecuada para albergar agua líquida, había conseguido conservar una envoltura gaseosa pese a la radiación de su estrella.

Era exactamente el tipo de evidencia que los astrónomos llevaban años intentando encontrar.

Una atmósfera que cambia delante de nuestros ojos

Sin embargo, el hallazgo escondía una segunda sorpresa.

Cuando los investigadores volvieron a observar LHS 1140 b en 2025 utilizando el mismo instrumento y la misma técnica, la señal de helio había desaparecido.

Lejos de sembrar dudas sobre el descubrimiento, este resultado abrió una ventana completamente nueva al estudio de las atmósferas planetarias.

🗣️ «Tras un análisis muy cuidadoso de los espectros, concluimos que en 2024 el helio escapaba de la atmósfera debido al calentamiento provocado por los rayos X y la radiación ultravioleta extrema de la estrella —explica Vissapragada. Y continúa—: «Sin embargo, nuestras observaciones de 2025 ya no mostraban helio escapando, por lo que el proceso parece ser variable. Es un privilegio extraordinario poder contemplar cómo cambia la atmósfera de un planeta extrasolar en escalas de tiempo humanas».

Los autores descartan que la diferencia entre ambos años se deba a errores instrumentales o al tratamiento de los datos. Lo más probable es que pequeñas variaciones en la actividad de la estrella modifiquen la cantidad de radiación que recibe el planeta y, con ello, la intensidad con la que su atmósfera pierde gas hacia el espacio.

Es una idea fascinante: por primera vez no solo se detecta una atmósfera en un planeta potencialmente habitable, sino que se observa cómo esa atmósfera evoluciona prácticamente en tiempo real.

Un LHS 1140 b con varias capas

La detección del helio no significa que el planeta esté formado únicamente por ese gas. De hecho, los investigadores creen que ocurre justo lo contrario.

Los modelos desarrollados por el equipo indican que LHS 1140 b posee una atmósfera estratificada. En las capas más altas predominaría el helio, mientras que gases más pesados —como el vapor de agua, el dióxido de carbono o el nitrógeno— permanecerían confinados en las regiones inferiores, mucho más cerca de la superficie.

Esta distribución tiene una explicación física relativamente sencilla.

Durante miles de millones de años, la radiación de la estrella habría ido arrancando preferentemente los elementos más ligeros, en especial, el hidrógeno. El helio, algo más pesado, habría resistido mejor esa erosión, mientras que las moléculas aún más pesadas quedarían retenidas en las capas bajas de la atmósfera.

En otras palabras, LHS 1140 b podría representar un planeta que ha sobrevivido durante miles de millones de años a un lento proceso de erosión atmosférica sin perder completamente su envoltura gaseosa.

Eso resulta muy interesante, porque una atmósfera estable constituye uno de los ingredientes fundamentales para mantener agua líquida durante largos periodos.

¿Podría ser un planeta oceánico?

Los científicos son prudentes a la hora de decidirse sobre si LHS 1140 b cuenta con masas de agua oceanicas. Nadie puede afirmar todavía cómo es la superficie de este planeta.

Algunos modelos anteriores sugerían que podría tratarse de un auténtico mundo acuático, con océanos muy profundos que representarían entre un 10 % y un 20 % de toda su masa. Otros escenarios plantean una superficie predominantemente rocosa cubierta por una atmósfera relativamente densa.

Los nuevos resultados no consiguen dar por zanjado ese debate, pero sí ofrecen pistas importantes en una dirección.

Con una temperatura de equilibrio cercana a los 226 kelvin (unos −47 ºC), el planeta sería demasiado frío si careciera de atmósfera. Sin embargo, una envoltura gaseosa capaz de producir un efecto invernadero moderado podría elevar de manera considerable la temperatura superficial y permitir la existencia de agua líquida.

Eso no significa que existan mares, ríos o continentes semejantes a los terrestres. Todavía ignoramos la presión atmosférica, la composición química de las capas inferiores e incluso si el planeta posee una superficie sólida accesible o un inmenso océano global.

Pero la posibilidad permanece abierta.

La frontera invisible entre los mundos con aire y los mundos desnudos

Uno de los aspectos más interesantes del trabajo aparece cuando los investigadores comparan LHS 1140 b con otro planeta del mismo sistema.

LHS 1140 c es más pequeño y orbita mucho más cerca de la estrella. Recibe aproximadamente cinco veces más radiación que la Tierra y, sorprendentemente, no muestra ninguna señal de atmósfera.

Esta diferencia podría confirmar una idea conocida como la "costa cósmica" (cosmic shoreline).

El concepto propone que existe una especie de frontera natural que separa los planetas capaces de conservar su atmósfera durante miles de millones de años de aquellos que terminan perdiéndola completamente debido a la intensa radiación estelar.

LHS 1140 parece contener ambos ejemplos en un mismo sistema planetario: un mundo que ha logrado retener su atmósfera y otro que probablemente la perdió hace muchísimo tiempo.

Si futuras observaciones confirman esta interpretación, los astrónomos dispondrán de una valiosa referencia para entender qué planetas tienen posibilidades reales de seguir siendo habitables a lo largo de su historia.

Ilustración conceptual de LHS 1140 b, una supertierra situada a unos 49 años luz de la Tierra.

Ilustración conceptual de LHS 1140 b, una supertierra situada a unos 49 años luz de la Tierra. La reciente detección de helio escapando de su atmósfera constituye una de las evidencias más sólidas obtenidas hasta ahora de que un planeta rocoso situado en la zona habitable puede conservar una envoltura gaseosa durante miles de millones de años. Crédito: IA-DALL-E / RexMolón Producciones

Un descubrimiento que va mucho más allá de un solo planeta

Aunque el protagonista del estudio sea LHS 1140 b, el verdadero alcance del trabajo trasciende este sistema planetario.

Hasta ahora existían muy pocas pruebas observacionales de atmósferas en planetas rocosos templados. La mayoría de los candidatos estudiados por el telescopio James Webb y otros observatorios habían resultado ser mundos prácticamente desnudos.

Este descubrimiento demuestra que algunos planetas situados alrededor de enanas rojas sí pueden conservar una atmósfera durante miles de millones de años, incluso después de soportar largos periodos de intensa actividad estelar.

Además, la estrategia utilizada por el equipo —buscar helio en las capas superiores de la atmósfera en lugar de intentar detectar directamente vapor de agua o dióxido de carbono— abre una nueva vía para estudiar cientos de exoplanetas similares.

Los investigadores confían en combinar esta técnica con futuras observaciones del telescopio James Webb y, más adelante, con el telescopio espacial Nancy Grace Roman, cuyo lanzamiento permitirá ampliar aún más el estudio de atmósferas planetarias.

Cada vez más cerca de responder una vieja pregunta

La gran pregunta sigue siendo la misma que ha acompañado a la astronomía desde hace generaciones: ¿estamos solos?

Este trabajo no responde todavía a esa cuestión. Ni siquiera demuestra que LHS 1140 b sea realmente habitable.

Pero sí elimina una de las incógnitas fundamentales.

Ahora sabemos que existen, al menos, planetas rocosos situados en la zona habitable que han conseguido conservar una atmósfera. Eso significa que algunos mundos parecidos a la Tierra podrían disponer durante miles de millones de años de uno de los ingredientes imprescindibles para albergar agua líquida y, quizá, algún tipo de actividad biológica.

La siguiente etapa consistirá en averiguar qué esconden las capas inferiores de esa atmósfera. Si contienen vapor de agua, dióxido de carbono u otros compuestos compatibles con un clima estable, LHS 1140 b pasará a ocupar uno de los primeros puestos en la lista de candidatos donde buscar indicios de vida.

A finales del siglo pasado, descubrir un planeta alrededor de otra estrella parecía una hazaña casi imposible. Hoy los astrónomos empiezan a distinguir la composición de sus atmósferas e incluso a observar cómo cambian de un año para otro.

Es un recordatorio de la velocidad a la que avanza la exploración del cosmos. Y también de que, quizá, la primera evidencia sólida de un mundo verdaderamente parecido al nuestro no se encuentre tan lejos como parecía hace apenas unos años.▪️(18-julio-2026)

PREGUNTAS & RESPUESTAS: Exoplanetas y Zona Habitable

🪐 ¿Qué es un exoplaneta?

Un exoplaneta es un planeta que orbita una estrella distinta del Sol.

🪐 ¿Qué significa zona habitable?

Es la región alrededor de una estrella donde podría existir agua líquida sobre la superficie de un planeta.

🪐 ¿Qué es una supertierra?

Es un planeta rocoso más grande que la Tierra, pero mucho más pequeño que Neptuno.

🪐 ¿Se ha encontrado vida?

No. El estudio únicamente demuestra la existencia probable de una atmósfera.

🪐 ¿Por qué es importante detectar helio?

Porque el helio permite confirmar que el planeta conserva una atmósfera, un requisito esencial para la habitabilidad.

LO MÁS IMPORTANTE DEL ESTUDIO, EN 30 SEGUNDOS

  • Es la evidencia más sólida hasta la fecha de una atmósfera en un planeta rocoso situado en la zona habitable.

  • El planeta estudiado es LHS 1140 b, una supertierra situada a unos 49 años luz.

  • Los científicos detectaron helio escapando de su atmósfera mediante espectroscopía infrarroja.

  • La atmósfera parece estar estratificada, con helio en las capas altas y gases más pesados cerca de la superficie.

  • El planeta recibe suficiente energía de su estrella como para poder mantener agua líquida si las condiciones atmosféricas son adecuadas.

  • El descubrimiento abre una nueva vía para buscar mundos potencialmente habitables.

  • Infomación facilitada por el Instituto Carnegie

  • Fuente: Collin Cherubim et al. Helium escaping from the atmosphere of a nearby rocky exoplanet orbiting in a habitable zone. Science (2026).DOI: 10.1126/science.aea9708

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