Descubren una misteriosa barra de hierro en la nebulosa del Anillo
Un equipo internacional de astrónomos ha detectado una estrecha barra de hierro extremadamente ionizado atravesando el corazón de la nebulosa del Anillo, uno de los iconos del cielo nocturno. El hallazgo, logrado gracias a un nuevo instrumento del telescopio William Herschel, plantea preguntas inesperadas sobre cómo mueren las estrellas y se recicla la materia en el universo.
Por Enrique Coperías, periodista científico
Imagen compuesta RGB de la nebulosa del Anillo (Messier 57 o NGC 6720), elaborada a partir de observaciones del instrumento WEAVE/LIFU. El anillo exterior brillante está dominado por la emisión de distintos iones de oxígeno, mientras que la franja que atraviesa la región central corresponde a un plasma de hierro ionizado cuatro veces. El norte se sitúa arriba y el este a la izquierda. Cortesía: Roger Wesson et al / MNRAS
La nebulosa del Anillo, uno de los objetos más fotografiados y estudiados del cielo, acaba de revelar un secreto inesperado. En su interior, cruzando el espacio alrededor de su estrella central como una cicatriz luminosa, los astrónomos han descubierto una estructura nunca vista hasta ahora: una estrecha barra de hierro extremadamente ionizado.
El hallazgo, logrado gracias a un nuevo instrumento del telescopio William Herschel, que se encuentra en el Observatorio del Roque de Los Muchachos, en la isla de La Palma, en las Islas Canarias (España), no solo añade una pieza desconcertante al rompecabezas de esta famosa nebulosa, sino que abre preguntas de fondo sobre cómo mueren las estrellas y qué ocurre con la materia que expulsan al espacio.
La nebulosa del Anillo, también conocida como NGC 6720, se encuentra a unos 2.500 años luz de la Tierra, en la constelación de Lira. Es el resultado de los últimos estertores de una estrella similar al Sol, que al agotar su combustible expulsó sus capas externas y dejó atrás un núcleo extremadamente caliente, hoy convertido en una enana blanca.
Cómo se descubrió la barra de hierro
Desde hace décadas, este objeto se utiliza como laboratorio cósmico para estudiar la evolución estelar. Su forma casi circular, vista casi de frente desde la Tierra, ha permitido analizar con gran detalle su estructura, su química y su dinámica interna. Sin embargo, incluso en uno de los ejemplos mejor conocidos del cielo, la sorpresa sigue siendo posible.
La clave del nuevo descubrimiento está en el WHT Enhanced Area Velocity Explorer (WEAVE), un instrumento de última generación instalado recientemente en el telescopio William Herschel. WEAVE es un espectrógrafo capaz de obtener información no solo del brillo de los objetos celestes, sino también de su composición química y de los movimientos del gas, punto por punto, en áreas extensas del cielo.
Durante su fase de verificación científica, el equipo internacional liderado por el astrofísico Richard Wesson, investigador de la University College de Londres (UCL) y de la Universidad de Cardiff, en el Reino Unido, decidió apuntar hacia la nebulosa del Anillo, precisamente por ser un objeto bien conocido que permitiría poner a prueba las capacidades del instrumento.
Qué hace única a esta estructura
🗣️ «Aunque la Nebulosa del Anillo ha sido estudiada utilizando muchos telescopios e instrumentos diferentes, WEAVE nos ha permitido observarla de una manera nueva, que proporciona mucho más detalle que antes —explica Wesson. Y añade—: Al obtener un espectro continuo de toda la nebulosa, podemos crear imágenes de la nebulosa en cualquier longitud de onda y determinar su composición química en cualquier posición».
Lo que encontraron superó las expectativas. Al reconstruir mapas detallados de las distintas líneas de emisión del gas —las huellas espectrales que dejan los átomos al emitir luz— apareció una estructura inesperada: una franja estrecha y alargada que atraviesa la región central de la nebulosa, visible únicamente en líneas de hierro altamente ionizado.
En concreto, los investigadores detectaron emisión de hierro en estados poco habituales, como [Fe V] y [Fe VI], lo que implica que los átomos han perdido cuatro o cinco electrones y se encuentran sometidos a condiciones extremas.
«Cuando procesamos los datos y empezamos a desplazarnos por las imágenes, hubo algo que saltó a la vista con total claridad: esta barra de átomos de hierro ionizado, hasta ahora desconocida, en el centro del familiar e icónico anillo», relata Wesson.
La longitud de la «barra» es de unas 40.000 veces la distancia Tierra–Sol
La barra mide unos 50 segundos de arco, lo que equivale a unos seis billones de kilómetros de longitud (cerca de 40.000 veces la distancia Tierra–Sol), y se extiende a lo largo del eje mayor de la nebulosa. Lo más desconcertante es que ninguna otra especie química muestra la misma distribución.
Ni el oxígeno, ni el nitrógeno, ni el helio —elementos habituales en las nebulosas planetarias— siguen ese patrón lineal.
Tampoco lo hace el gas más energéticamente ionizado en general. El hierro parece comportarse como si estuviera en su propio sistema, ajeno a las reglas que gobiernan el resto del objeto.
Un desplazamiento hacia el rojo
Esta singularidad descarta explicaciones simples. En las nebulosas planetarias son comunes los chorros bipolares, flujos de gas expulsados a gran velocidad que forman estructuras alargadas. Sin embargo, el análisis de las velocidades del gas muestra que la barra de hierro no se mueve como un chorro.
Las líneas de hierro aparecen desplazadas hacia el rojo, es decir, alejándose del observador, en ambos lados de la estrella central, algo incompatible con un flujo bipolar clásico, en el que un lado se acerca y el otro se aleja.
Además, la barra no coincide exactamente con la posición de la estrella central. Está ligeramente desplazada, lo que sugiere que no se trata de un fenómeno directamente ligado al viento estelar actual. Todo apunta a que es una estructura independiente, incrustada en el corazón de la nebulosa, cuya naturaleza sigue siendo un enigma.
Conjunto ilustrativo de ocho imágenes de líneas de emisión de la nebulosa del Anillo obtenidas con WEAVE/LIFU, donde el color indica la intensidad de la radiación emitida. En la fila superior se muestran, entre otras, la singular emisión del hierro ionizado cuatro veces y distintas formas del oxígeno; en la inferior, hidrógeno, nitrógeno, carbono y argón, cuya distribución contrasta de forma notable con la del hierro. Cada panel cubre una región de unos 120 × 110 segundos de arco del cielo; el norte está arriba y el este a la izquierda. Cortesía: Roger Wesson et al / MNRAS
El papel del polvo cósmico
Uno de los aspectos más intrigantes del hallazgo tiene que ver con el polvo cósmico. En el espacio, el hierro rara vez se encuentra libre en forma de gas: suele estar atrapado en granos sólidos de polvo, combinándose con otros elementos para formar minerales. En la nebulosa del Anillo, como en muchas otras, el hierro está fuertemente agotado, es decir, ausente del gas porque ha quedado encerrado en ese polvo. Sin embargo, en la barra recién descubierta el hierro parece estar menos depletado que en el resto de la nebulosa.
Los investigadores compararon los datos ópticos del WEAVE con imágenes infrarrojas del telescopio espacial James Webb, que muestran la distribución del polvo y del hidrógeno molecular. El resultado es revelador: allí donde la barra de hierro es más intensa, la emisión del polvo disminuye. Es como si el hierro hubiera sido liberado recientemente al gas, tras la destrucción de los granos de polvo que lo contenían.
Pero aquí surge otro problema. Para destruir el polvo y liberar el hierro se necesitan procesos muy energéticos, como ondas de choque rápidas de más de 50 kilómetros por segundo, o gas extremadamente caliente, a millones de grados, que emita rayos X. Ninguna de estas condiciones ha sido observada en la nebulosa del Anillo. No hay señales claras de choques tan violentos ni de emisión en rayos X que justifiquen una destrucción masiva del polvo.
🗣️ “Sin duda alguna necesitamos saber más, en particular si otros elementos químicos coexisten con el hierro recién detectado, ya que eso probablemente nos indicaría qué tipo de modelo teórico debemos seguir —señala Janet Drew, profesora de Astrofísica en la UCL y coautora del estudio—. En este momento nos falta esa información clave».
Las preguntas abiertas del hallazgo
La masa total de hierro detectada en la barra equivale aproximadamente a una séptima parte de la masa de la Tierra. Puede parecer poco, pero en términos astrofísicos es una cantidad notable, concentrada en una región muy específica. Su existencia plantea una pregunta fundamental: ¿cómo se ha formado esta estructura y por qué el hierro se comporta de forma tan distinta al resto del gas?
Por ahora, los autores del estudio no ofrecen una respuesta definitiva. El descubrimiento abre más interrogantes de los que cierra:
✅ ¿Es la barra el vestigio de un episodio breve y violento en la historia de la estrella progenitora?
✅¿Podría estar relacionada con interacciones pasadas con una compañera estelar hoy desaparecida?
✅ ¿Estamos ante un proceso físico todavía mal comprendido, capaz de separar químicamente el hierro del resto de los elementos?
Lo que sí demuestra este hallazgo es el poder de las nuevas herramientas astronómicas. Durante décadas, la nebulosa del Anillo fue estudiada con espectroscopios de rendija, que solo permitían observar pequeñas porciones del objeto cada vez. Si la rendija no coincidía exactamente con la barra, esta pasaba inadvertida.
El telescopio espacial James Webbha observado la nebulosa del Anillo con un nivel de detalle sin precedentes. Esta nebulosa planetaria, formada cuando una estrella expulsó sus capas externas al agotar su combustible y situada a unos 2.500 años luz, revela gracias al instrumento MIRI finas estructuras concéntricas en las regiones externas de su característico anillo. Cortesía: ESA/Webb, NASA, CSA, M. Barlow, N. Cox, R. Wesson
Por qué este descubrimiento es importante
La espectroscopía integral de campo, como la que ofrece el espectrómetro WEAVE, permite por primera vez ver la nebulosa como un todo químico y dinámico, revelando estructuras ocultas a plena vista.
🗣️ «El descubrimiento de esta fascinante estructura, hasta ahora desconocida, en una joya del cielo nocturno tan querida por los observadores del hemisferio norte, demuestra las extraordinarias capacidades del WEAVE —subraya Scott Trager, científico del proyecto WEAVE en la Universidad de Groningen (Países Bajos). Y continúa—: Esperamos con entusiasmo muchos más descubrimientos gracias a este nuevo instrumento».
Paradójicamente, uno de los iconos más familiares del cielo vuelve a recordarnos que el universo nunca se deja conocer del todo. Incluso en los objetos más observados, la naturaleza guarda secretos que solo salen a la luz cuando se cambia la forma de mirar. La barra de hierro de la nebulosa del Anillo no es solo una curiosidad astronómica: es una invitación a replantear lo que creemos saber sobre el final de la vida de las estrellas y el complejo reciclaje de la materia cósmica.
En los próximos años, observaciones con mayor resolución espectral y nuevos instrumentos podrían desvelar el origen de esta extraña cicatriz metálica en el corazón de la nebulosa. Hasta entonces, la barra de hierro permanecerá como uno de esos misterios que hacen de la astronomía una ciencia viva, en la que incluso los viejos conocidos pueden sorprendernos de nuevo.
«Sería muy sorprendente que la barra de hierro de la nebulosa del Anillo fuera un caso único— avanza Wesson. Y concluye—: Así que esperamos que, a medida que observemos y analicemos más nebulosas creadas de la misma forma, descubramos más ejemplos de este fenómeno, lo que nos ayudará a comprender de dónde procede el hierro».▪️
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Información facilitada por el Instituto de Astrofísica de Canarias
Fuente: Roger Wesson et al. WEAVE imaging spectroscopy of NGC 6720: an iron bar in the Ring. Monthly Notices of the Royal Astronomical Society (2026). DOI: https://doi.org/10.1093/mnras/staf2139

