El infierno del Triásico: cómo los incendios forestales arrasaron Europa durante miles de años por el calentamiento global
Hace 201 millones de años, el calentamiento global provocado por gigantescas erupciones volcánicas convirtió buena parte de Europa en un paisaje dominado por incendios forestales durante decenas de miles de años. Un nuevo estudio revela cómo los helechos alimentaron aquel «infierno del Triásico», uno de los episodios más devastadores de la historia de la Tierra.
Por Enrique Coperías, periodista científico
Recreación artística del paisaje europeo durante la extinción del final del Triásico, hace unos 201 millones de años. Helechos pioneros colonizan los suelos alterados y los restos de antiguos bosques de coníferas, mientras los incendios se propagan por un ecosistema sometido a un calentamiento extremo. Cortesía: IA-DALL-E / RexMolón Producciones
Hace 201 millones de años, la Tierra atravesó uno de los episodios más dramáticos de su historia. El supercontinente Pangea comenzaba a fracturarse y, bajo su superficie, una actividad volcánica descomunal liberó a la atmósfera unas 100.000 gigatoneladas de dióxido de carbono. El resultado fue un calentamiento global de entre 5 ºC y 10 ºC, una alteración radical del clima y una de las cinco grandes extinciones masivas que han marcado la evolución de la vida.
Ahora, un equipo internacional liderado por geólogos de la Universidad de Utrecht, en los Países Bajos, ha reconstruido con un detalle sin precedentes cómo era aquel mundo en llamas. Su estudio, publicado en la revista Nature Geoscience, revela que amplias regiones de la Europa de entonces quedaron atrapadas durante decenas de miles —e incluso cientos de miles— de años en un ciclo de incendios recurrentes alimentados por inmensas sabanas de helechos. Lejos de ser simples víctimas del desastre, estas plantas actuaron como el combustible perfecto para mantener vivo un auténtico infierno ecológico.
Los investigadores han descubierto, además, una nueva forma de detectar incendios que ocurrieron hace cientos de millones de años: analizar el oscurecimiento de diminutos fósiles de polen y esporas conservados en los sedimentos.
Qué ocurrió durante la extinción del final del Triásico
La extinción del Triásico-Jurásico —la cuarta de las cinco extmasivas que han azotado la Tierra— supuso el final de numerosos grupos de organismos marinos y terrestres y abrió el camino para que los dinosaurios dominaran el planeta durante el Jurásico. Desde hace años, los científicos relacionan este episodio con el nacimiento de la provincia magmática del Atlántico Central (CAMP), una gigantesca provincia volcánica, de más de 7 000 000 km², asociada a la ruptura de Pangea.
Aquellas erupciones emitieron cantidades colosales de CO₂ que alteraron profundamente el equilibrio climático del planeta. El aumento de temperatura vino acompañado por una sucesión de sequías prolongadas, olas de calor, lluvias torrenciales y una intensa erosión del suelo. Los grandes bosques que cubrían buena parte de Europa desaparecieron y el paisaje cambió de forma radical.
En su lugar prosperaron los helechos, plantas extraordinariamente resistentes que colonizan con rapidez los terrenos alterados tras los incendios, las inundaciones o las erupciones volcánicas. Los paleobotánicos saben desde hace tiempo que estos vegetales experimentaron una expansión explosiva tras la crisis, pero desconocían hasta qué punto transformaron el paisaje.
Comparación de esporas fósiles de helechos antes y después de la extinción masiva del final del Triásico (izquierda) y durante el llamado pico de helechos (derecha). El intenso oscurecimiento de estas últimas es una huella del carbonizado provocado por los grandes incendios forestales que asolaron Europa hace 201 millones de años. Cortesía: Bas van de Schootbrugge.
Cómo descubrieron los científicos estos incendios de hace 201 millones de años
Para reconstruir aquella historia, el equipo analizó cuatro sondeos geológicos excepcionales procedentes de Alemania, Luxemburgo, Dinamarca y el Reino Unido, entre ellos un nuevo testigo sedimentario de 640 metros perforado recientemente en territorio británico.
Los investigadores combinaron varios indicadores independientes. Por un lado estudiaron la abundancia de microcarbón fósil, diminutos restos de vegetación quemada. También analizaron hidrocarburos aromáticos policíclicos (PAH), moléculas que se generan en el humo de los incendios y pueden conservarse durante millones de años.
Sin embargo, ambos métodos presentan limitaciones. Los fragmentos de carbón pueden romperse durante el muestreo y dar una impresión equivocada de la intensidad del fuego. Los PAH, por su parte, pueden desplazarse grandes distancias antes de depositarse y, además, no siempre se preservan en el registro geológico.
El equipo decidió entonces explorar una pista completamente distinta.
Qué es el índice de oscuridad de los palinomorfos
🗣️ «La novedad de este estudio surgió del análisis de los cambios de color de los microfósiles orgánicos —explica Bas van de Schootbrugge, de la Universidad de Utrecht y uno de los autores principales del trabajo. Y añade—: Utilizamos una técnica muy sencilla y de bajo coste que cuantifica el grado de oscuridad del polen y las esporas fósiles, lo que denominamos índice de oscuridad de los palinomorfos».
En condiciones normales, el color del polen y las esporas cambia lentamente a medida que los sedimentos quedan enterrados bajo nuevas capas de roca. Cuanto mayor es la profundidad, mayor es la temperatura y más oscuros aparecen estos diminutos restos vegetales, como si hubieran sido cocinados a fuego lento durante millones de años.
Pero los investigadores encontraron exactamente lo contrario.
«Observamos un patrón completamente diferente», señala Van de Schootbrugge. En las muestras más antiguas y profundas, el polen presentaba colores claros. Sin embargo, durante el intervalo correspondiente a la extinción masiva, las esporas y granos de polen adquirían un intenso tono marrón oscuro. Después de la crisis, volvían nuevamente a presentar tonalidades amarillas claras.
«Nos desconcertó enormemente este fenómeno, porque aparecía exactamente al mismo tiempo en los cuatro sondeos, pese a que cada cuenca geológica tuvo una historia completamente distinta. Por tanto, no podía deberse al enterramiento de los sedimentos», añade el investigador.
Testigo de perforación extraído del sondeo Prees-2, realizado en el Reino Unido en 2021. Estos núcleos de sedimento conservaron el registro geológico que permitió reconstruir los incendios masivos y el colapso de los ecosistemas durante la extinción del final del Triásico. Cortesía: Teuntje Hollaar.
La «zona oscura» del final del Triásico
Para resolver el enigma, los científicos desarrollaron el Palynomorph Darkness Index, un sistema que mide de menera objetiva el color de cada fósil mediante una cámara acoplada al microscopio y transforma esa información en una escala de grises comparable entre muestras.
El estudio reunió 15.000 mediciones de esporas de helechos y granos de polen de coníferas procedentes de antes, durante y después de la extinción. Además, realizaron experimentos de laboratorio calentando esporas de un licopodio moderno para comprobar cómo respondían al calor.
Los resultados apuntaban todos en la misma dirección.
🗣️ «Todos los grupos de plantas muestran exactamente el mismo efecto, lo que indica con claridad que se debió a una causa externa», afirma Van de Schootbrugge.
Cuando los investigadores compararon ese oscurecimiento con la abundancia de carbón fósil y de PAH descubrieron que coincidía exactamente con el periodo de máxima expansión de los helechos.
«El oscurecimiento coincide a la perfección con el pico de proliferación de helechos, el principal intervalo de extinción y las mayores concentraciones de carbón vegetal y de hidrocarburos aromáticos policíclicos», resume el geólogo.
Según concluye el trabajo, este oscurecimiento no fue consecuencia del enterramiento de los sedimentos, sino del paso repetido de incendios superficiales sobre enormes extensiones de vegetación.
Los helechos fueron las primeras plantas en recolonizar los paisajes devastados tras los grandes incendios, una estrategia que ya puede observarse en bosques actuales. Esta imagen, tomada en el Parque Nacional de la Suiza Bohemia (República Checa) tras el incendio de 2022, ilustra un proceso muy similar al que dominó Europa durante la extinción del final del Triásico. Cortesía: Bas van de Schootbrugge.
Por qué los helechos alimentaron los incendios
Los autores describen un escenario sorprendente. Tras el colapso de los bosques provocado por el calentamiento global, los helechos cubrieron grandes superficies para formar auténticas sabanas vegetales.
Estas plantas resultaron extraordinariamente eficaces colonizando terrenos devastados. Muchas especies rebrotan a gran velocidad gracias a sus rizomas subterráneos incluso después de que toda la vegetación aérea haya sido destruida por el fuego.
🗣️ «Los helechos son plantas realmente extraordinarias que han sobrevivido a numerosas crisis a lo largo de la historia de la Tierra y algunas especies pueden adaptarse a algunos de los ambientes más extremos. Se las puede considerar auténticas especies del desastre», afirma Van de Schootbrugge.
Esa capacidad de recuperación creó un círculo vicioso. Cuando la vegetación se secaba durante las prolongadas sequías, las densas alfombras de helechos se convertían en un combustible excepcional.
«Cuando los helechos se secan, esas gruesas capas forman el combustible ideal para desencadenar incendios forestales masivos», explica el investigador.
Los propios helechos favorecían además la propagación del fuego. Algunas especies actuaban como auténticas escaleras de fuego, y permitían que las llamas ascendieran y alcanzaran otra vegetación mientras sofocaban el crecimiento de nuevas plantas.
El resultado fue un paisaje atrapado en un ciclo permanente de incendios y regeneración que pudo mantenerse entre 40.000 y hasta 300.000 años, según las estimaciones del estudio.
Qué enseñanzas deja este episodio para entender los ecosistemas actuales
El trabajo concluye que aquel infierno del Triásico fue consecuencia de la combinación de varios factores: un calentamiento global extremo, el colapso de los bosques, la erosión del suelo, una sucesión de sequías prolongadas alternadas con episodios de lluvias torrenciales y la expansión de especies oportunistas capaces de aprovechar el terreno devastado.
El análisis del polen, las esporas, el microcarbón y los compuestos químicos generados por el humo ofrece una imagen coherente de incendios frecuentes y generalizados que afectaron a gran parte de la Europa de hace 201 millones de años.
🗣️ «Los helechos respondieron a las perturbaciones y, al mismo tiempo, proporcionaron el combustible que avivó las llamas, desencadenando incendios masivos una y otra vez. Fue un mundo verdaderamente infernal», resume Van de Schootbrugge.
Aunque las condiciones del final del Triásico fueron extraordinarias y no son comparables de forma directa con las actuales, los autores creen que aquel episodio contiene una advertencia sobre cómo distintos procesos ambientales pueden reforzarse mutuamente.
«La lección que podemos extraer es que la combinación de cambio climático, deforestación y expansión de especies oportunistas puede reunir todos los ingredientes necesarios para crear la tormenta perfecta», concluye el investigador.▪️(22-julio-2026)
LO MÁS IMPORTANTE DEL ESTUDIO, EN 30 SEGUNDOS
- Hace 201 millones de años, el final del Triásico estuvo marcado por una gran extinción.
- El calentamiento global fue provocado por enormes erupciones volcánicas.
- La temperatura aumentó entre 5 y 10 ºC.
- Los bosques desaparecieron y fueron sustituidos por extensas sabanas de helechos.
- Los helechos favorecieron incendios repetidos durante entre 40.000 y 300.000 años.
- Los investigadores desarrollaron un nuevo método para detectar incendios antiguos mediante el color del polen fósil.
PALEONTOLOGÍA
PREGUNTAS & RESPUESTAS: Triásico e Incendios Forestales
🧯 ¿Qué provocó la extinción del final del Triásico?
La principal causa fue un intenso episodio de vulcanismo asociado a la ruptura de Pangea, que liberó enormes cantidades de dióxido de carbono y desencadenó un fuerte calentamiento global.
🧯¿Por qué había tantos incendios durante el Triásico?
La desaparición de los bosques permitió la expansión de grandes extensiones de helechos. Cuando se secaban, actuaban como combustible y favorecían incendios repetidos durante miles de años.
🧯¿Qué descubrió exactamente este estudio?
Demostró que el oscurecimiento del polen y de las esporas fósiles constituye una nueva evidencia de incendios generalizados durante la extinción del final del Triásico.
🧯¿Qué es la provincia magmática del Atlántico Central?
Fue uno de los mayores episodios volcánicos conocidos de la historia de la Tierra y acompañó a la fragmentación del supercontinente Pangea hace unos 201 millones de años.
🧯¿Por qué sobrevivieron los helechos?
Muchas especies rebrotan desde rizomas subterráneos tras los incendios, lo que les permitió colonizar rápidamente los terrenos devastados y dominar el paisaje.
Información facilitada por la Universidad de Utrecht
Fuente: Hollaar, T. P., Kent, M. S., Lomax, B. H. et al.Continental-scale fern savannah wildfires during end-Triassic greenhouse warming. Nature Geoscience (2026). DOI: https://doi.org/10.1038/s41561-026-02048-4

