¿Por qué las aves vuelan en formación en «V»? Un estudio muestra cómo ahorran energía al batir menos las alas
La imagen de una bandada dibujando una perfecta «V» en el cielo es uno de los grandes símbolos de la migración. Ahora, un estudio nos confirma que el secreto de esa elegante formación no está solo en aprovechar el aire, sino en batir las alas con menos esfuerzo para ahorrar energía.
Por Enrique Coperías, periodista científico
Una bandada de aves migratorias vuela en la característica formación en «V», una estrategia que, según un nuevo estudio, permite reducir el esfuerzo del vuelo al aprovechar las corrientes de aire generadas por las compañeras y batir las alas con menor amplitud. Foto de Yoel Winkler en Unsplash
Cada otoño y cada primavera, miles de aves migratorias dibujan en el cielo una elegante letra V mientras recorren cientos o miles de kilómetros. Los biólogos sospechaban que aquella formación no era una simple cuestión de organización: permitía ahorrar energía. Sin embargo, el mecanismo exacto seguía siendo un misterio. ¿Qué ocurre realmente cuando un ibis, un ganso o un pelícano vuela justo detrás y ligeramente desplazado respecto al compañero que le precede?
Una nueva investigación de la Universidad de Brown (Estados Unidos), publicada en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS), ofrece por fin una explicación física detallada. La clave no está únicamente en aprovechar las corrientes de aire generadas por el ave que abre camino, sino en que esas corrientes permiten al ave que la sigue batir las alas con un movimiento mucho menos amplio, lo que reduce de forma significativa el esfuerzo mecánico necesario para mantenerse en el aire.
El resultado es sorprendente: el modelo desarrollado por los investigadores calcula que un ave situada en la posición óptima dentro de la formación puede reducir alrededor de un 11 % la potencia mecánica necesaria para volar. Lo más llamativo es que ese ahorro procede principalmente de un cambio en la forma de mover las alas y no simplemente de recibir un empujón del aire.
Por qué las aves vuelan en formación en «V»
Desde hace años, se sabe que especies migratorias como los gansos, los ibis o los pelícanos forman estas características figuras durante sus largos desplazamientos. Estudios de campo y experimentos previos ya habían demostrado que los individuos situados detrás del líder consumen menos energía.
Incluso experimentos realizados hace unos años por el propio laboratorio del ingeniero Kenneth Breueren —uno de los autores del estudio— en un túnel de viento mostraron que los estorninos podían reducir hasta un 25 % el coste energético del vuelo cuando volaban en formación.
Lo que nadie había conseguido explicar con claridad era cómo se producía exactamente ese ahorro.
🗣️ «El gran cambio que observamos en esta posición está en la amplitud del aleteo —explica Olivia Pomerenk, investigadora posdoctoral de la Escuela de Ingeniería de la Universidad de Brown y autora principal del trabajo. Y añade—: Al menos para esta especie de ave, o sea, el estornino, la amplitud es aproximadamente el 70 % de la que tendría si estuviera volando sola. Es un cambio realmente muy importante».
Esquema del modelo aerodinámico utilizado en el estudio para representar la estela generada por un ave en vuelo. La infografía muestra cómo los vórtices creados durante el batido de las alas originan corrientes de aire que pueden ser aprovechadas por las aves que vuelan en formación, reduciendo el esfuerzo necesario para mantenerse en el aire. Cortesía: O. Pomerenk & K. S. Breuer.
Cómo aprovechan las corrientes de aire
Para comprender el fenómeno hay que fijarse en algo completamente invisible para nuestros ojos.
Cada vez que un ave bate las alas genera detrás de ellas unos diminutos remolinos de aire conocidos como vórtices de punta de ala. Son pequeñas espirales que nacen en los extremos de las alas y permanecen durante un tiempo suspendidas en el aire mientras el ave continúa avanzando.
Estos vórtices crean dos regiones bien diferenciadas.
Justo detrás del ave aparece una corriente descendente, poco favorable para quien la siga. Sin embargo, ligeramente hacia un lado se forma una corriente ascendente —el llamado upwash— que puede proporcionar una ayuda aerodinámica al siguiente miembro del grupo.
Esa idea era conocida desde hacía décadas, pero seguía siendo demasiado simple para explicar el comportamiento real de aves cuyas alas no permanecen rígidas como las de un avión, sino que baten continuamente.
🗣️ «Si soy un ave en vuelo tengo dos problemas que resolver —resume Pomerenk. Y se explica—: Necesito generar sustentación para vencer a la gravedad y también necesito generar empuje para avanzar. Ambos requieren energía, pero podrían verse afectados de manera diferente cuando vuelo dentro de la estela de otra ave».
El verdadero secreto está en mover menos las alas
Hasta ahora existían dos formas principales de estudiar este fenómeno:
✅ Los modelos más sencillos trataban a las aves como si fueran aviones de ala fija. Eran relativamente fáciles de calcular, pero ignoraban precisamente el elemento más importante: el aleteo.
✅ En el extremo contrario estaban las simulaciones informáticas extremadamente complejas o los experimentos con aves reales. Aunque muy precisos, resultaban tan complicados que era difícil identificar qué mecanismo físico era realmente responsable del ahorro energético.
El nuevo trabajo busca un punto intermedio.
Los investigadores desarrollaron un modelo matemático que reproduce solo los elementos esenciales del problema. Utilizaron datos experimentales obtenidos anteriormente con ibis eremitas (Geronticus eremita) para reconstruir cómo evoluciona la estela generada por un ave que bate las alas y, posteriormente, añadieron un segundo individuo situado en la posición típica de la formación en V.
Imágenes congeladas
El reto consistía en representar una estela que cambia de manera constante.
«Si congelamos el mundo durante un instante —explica Pomerenk— nos queda una estela situada en una posición concreta y las alas del ave seguidora también en una posición determinada. A partir de ahí podemos aplicar una serie de principios de dinámica de fluidos para calcular con exactitud qué fuerzas actúan sobre esa ave en ese momento».
Repitiendo esa operación miles de veces y sumando todos esos fotogramas, el modelo reconstruye el comportamiento completo del vuelo.
Lo interesante es que sus predicciones coinciden con las observaciones realizadas con anterioridad en aves reales, pero además permiten entender qué está ocurriendo desde el punto de vista físico.
Un grupo de flamencos mantiene una formación escalonada durante el vuelo, una disposición que permite a cada ave aprovechar las corrientes de aire generadas por la anterior. Foto de Shwetha Shankar en Unsplash
Del aire al movimiento de las alas
El hallazgo más importante del estudio es que la ventaja de volar en formación no consiste únicamente en que el aire empuje al ave que va detrás. Lo que sucede es algo mucho más interesante: la estela creada por el líder reduce la necesidad de generar empuje con las propias alas.
Como consecuencia, el ave seguidora puede disminuir la amplitud de cada batido. Según el modelo, ese movimiento pasa a ser aproximadamente un 28 % menor que cuando vuela sola, mientras que también reduce algo la flexión de las alas durante la fase ascendente del aleteo.
Esa modificación aparentemente pequeña tiene enormes consecuencias.
Al mover menos las alas, el ave necesita realizar menos trabajo mecánico, lo que reduce tanto la energía empleada para sostenerse en el aire como la destinada a impulsarse hacia delante.
Los cálculos muestran que un ibis que ocupa la posición óptima dentro de la formación necesita generar únicamente el 96 % de la sustentación y el 83 % del empuje que produciría si encabezara el grupo. Traducido a consumo energético, la potencia mecánica disminuye de unos 60 vatios a 53 vatios, un ahorro cercano al 11 %, una cifra que coincide con las estimaciones obtenidas anteriormente mediante observaciones de aves migratorias.
La posición perfecta dentro de la «V»
Otra de las conclusiones del trabajo desmonta una idea demasiado simplista sobre la formación en V.
No cualquier posición sirve.
El modelo muestra que las zonas donde el aire proporciona una ayuda para mantener la sustentación no coinciden al milímetro con aquellas donde facilita el avance. Encontrar el lugar perfecto implica resolver a la vez ambos problemas.
Por eso las aves no vuelan justo detrás del líder, sino ligeramente desplazadas hacia un lado.
Además, sincronizan cuidadosamente el momento en que baten las alas.
Los investigadores comprobaron que la situación óptima aparece cuando el ave seguidora mueve las alas en un ritmo sincronizado con las turbulencias creadas por el líder. Los extremos de sus alas siguen prácticamente la misma trayectoria que recorrieron unos instantes antes las puntas de las alas del ave precedente, un fenómeno conocido como wingtip path coherence o coherencia de la trayectoria de las puntas de las alas.
Esa sincronización evita zonas donde las turbulencias podrían convertirse en un obstáculo y maximiza el beneficio de las corrientes ascendentes.
En otras palabras, la formación perfecta no depende únicamente de la distancia entre individuos, sino también de que cada ave bata las alas en el instante adecuado.
Así se estudia el vuelo perfecto de las aves en un túnel de viento
Un ánsar indio vuela en un túnel de viento mientras los investigadores registran con precisión sus movimientos y las corrientes de aire que genera. Este tipo de experimentos ha permitido comprender cómo las aves reducen el gasto energético al volar en formación. Vídeo: Milsom Lab / University of British Columbia.
Una coreografía aprendida durante millones de años
El estudio ayuda a comprender por qué las bandadas parecen ejecutar una auténtica coreografía aérea.
Las aves no permanecen inmóviles dentro de la V. En efecto, cambian continuamente de posición, intercambian el liderazgo y corrigen su trayectoria en todo momento.
Sin embargo, el nuevo modelo demuestra que, incluso dentro de esa aparente complejidad, existen unas reglas aerodinámicas muy sencillas que explican por qué determinadas posiciones resultan mucho más eficientes que otras.
Los investigadores comprobaron incluso que, al ampliar el modelo a una bandada formada por seis ibis, casi todos los individuos podían seguir obteniendo ventajas similares respecto al vuelo en solitario solo colocándose de manera correcta respecto al ave inmediatamente anterior.
Eso significa que el ahorro energético puede mantenerse a lo largo de toda la formación y no únicamente para el primer seguidor.
Más allá de las aves
Aunque el trabajo está inspirado en el vuelo del ibis eremita (Geronticus eremita), sus conclusiones podrían tener aplicaciones mucho más amplias.
🗣️«También hay implicaciones para sistemas diseñados por el ser humano —apunta Breuer, profesor de Ingeniería y de Ecología, Evolución y Biología Organísmica en la Universidad de Brown. Y añade—: Todo esto puede aplicarse para comprender cómo operar de la mejor manera enjambres de drones utilizados, por ejemplo, en agricultura o en la lucha contra incendios».
La idea resulta especialmente atractiva ahora que los vehículos autónomos comienzan a trabajar en grupos coordinados.
Si un conjunto de drones aprendiera a situarse unos respecto a otros del mismo modo que lo hacen los ibis, podría recorrer mayores distancias consumiendo menos batería, algo especialmente valioso en tareas de vigilancia forestal, búsqueda y rescate o monitorización de cultivos.
Un paso hacia el secreto de los grandes bandos
Pomerenk cree que este modelo es solo el primer paso.
Hasta ahora los investigadores han analizado la interacción entre dos aves, pero el objetivo final consiste en incorporar también factores sociales y de comportamiento para entender cómo cientos o incluso miles de individuos consiguen coordinarse durante la migración.
Ese enfoque podría ayudar a explicar algunos de los espectáculos naturales más fascinantes del planeta, desde las grandes formaciones migratorias de gansos e ibis hasta las espectaculares murmuraciones de estorninos que dibujan figuras cambiantes en el cielo al atardecer.
Después de décadas sabiendo que la formación en V ahorraba energía, la ciencia empieza por fin a entender exactamente cómo lo consigue.
Y la respuesta no reside únicamente en las corrientes invisibles que dejan unas alas tras otras, sino en la extraordinaria capacidad de las aves para adaptar cada batido al flujo del aire generado por sus compañeras. La naturaleza ha perfeccionado durante millones de años una estrategia colectiva en la que cada individuo trabaja un poco menos gracias al esfuerzo compartido del grupo. Una lección de aerodinámica, cooperación y eficiencia que ahora comienza a inspirar también a la ingeniería del futuro.▪️(23-julio-2026)
LO MÁS IMPORTANTE DEL ESTUDIO, EN 30 SEGUNDOS
- Un estudio de la Universidad de Brown explica con detalle cómo funciona la formación en «V».
- Las aves situadas detrás del líder necesitan un 11 % menos de potencia mecánica para volar.
- El ahorro se debe principalmente a que baten las alas con menor amplitud.
- La posición ideal está ligeramente detrás y hacia un lado del ave precedente.
- El modelo podría aplicarse también al diseño de enjambres de drones.
PREGUNTAS & RESPUESTAS: Aves y Vuelo en «V»
🕊️ ¿Por qué las aves vuelan en formación en V?
Porque aprovechan las corrientes de aire generadas por las alas del ave que vuela delante, reduciendo el esfuerzo necesario para mantenerse en vuelo.
🕊️¿Cuánta energía ahorran?
Según este estudio, alrededor de un 11 % de la potencia mecánica necesaria para volar.
🕊️¿Qué aves utilizan esta formación?
Principalmente gansos, ibis, pelícanos, grullas y otras especies migratorias de gran tamaño.
🕊️¿Qué descubrió exactamente esta investigación?
Que el ahorro energético se produce sobre todo porque las aves pueden reducir la amplitud del aleteo gracias a la ayuda aerodinámica del ave precedente.
🕊️¿Por qué no vuelan justo detrás del líder?
Porque la zona más beneficiosa se encuentra ligeramente desplazada hacia un lado, donde las corrientes ascendentes son más favorables.
🕊️¿Puede aplicarse este descubrimiento a los drones?
Sí. Los investigadores creen que puede servir para diseñar grupos de drones que consuman menos energía al volar coordinadamente.
Información facilitada por laUniversidad Brown
Fuente: O. Pomerenk & K. S. Breuer. A minimal wake–vortex model explains formation flight of flapping birds. PNAS (2026). DOI: https://doi.org/10.1073/pnas.2606668123

