El narcisismo es más universal de lo que parece: un estudio en 53 países desmonta los tópicos culturales

Durante décadas se ha dado por hecho que el narcisismo era un rasgo propio de las sociedades individualistas y occidentales. Un amplio estudio internacional con más de 45.000 personas demuestra que, en realidad, los narcisistas siguen patrones sorprendentemente similares en culturas muy distintas.

Por Enrique Coperías, periodista científico

El narcisismo no es exclusivo de Occidente ni de las generaciones jóvenes. Un estudio científico internacional con más de 45.000 personas en 53 países analiza cómo la edad, el género, la cultura y el estatus social influyen en este rasgo psicológico.

El narcisismo no es exclusivo de Occidente ni de las generaciones jóvenes. Un estudio científico internacional con más de 45.000 personas en 53 países analiza cómo la edad, el género, la cultura y el estatus social influyen en este rasgo psicológico. Foto de Jakob Owens en Unsplash‍ ‍

El narcisismo se ha convertido en uno de los grandes males de nuestro tiempo: una epidemia de egos inflados alimentada por las redes sociales, la cultura del éxito individual y el capitalismo tardío. En ese relato, el narcisista suele tener un rostro bastante definido: joven, varón, occidental y convencido de su propia excepcionalidad.

Sin embargo, la ciencia empieza a matizar seriamente esta caricatura. Un nuevo estudio internacional, uno de los más amplios realizados hasta ahora, sugiere que el narcisismo es un fenómeno mucho más complejo, más transversal y, sobre todo, más culturalmente diverso de lo que solemos creer.

La investigación, publicada en la revista científica Self and Identity, ha analizado los niveles de narcisismo de más de 45.000 personas en 53 países de los cinco continentes. El objetivo era doble: por un lado, comprobar si las diferencias clásicas —entre jóvenes y mayores, hombres y mujeres, personas con más o menos estatus social— se mantienen en contextos culturales muy distintos, y, por otro, explorar hasta qué punto factores como la riqueza del país o su grado de colectivismo influyen en la expresión del narcisismo.

🗣️ «Gran parte de lo que sabemos sobre el narcisismo procede de estudios realizados en Estados Unidos o en un número muy reducido de países occidentales —explica William J. Chopik, profesor de Psicología en la Universidad Estatal de Míchigan y uno de los autores del trabajo— y añade—: Eso dificulta saber si los patrones más conocidos —como que los jóvenes, los hombres o las personas con mayor estatus social obtengan puntuaciones más altas— responden a rasgos culturales concretos o si, en realidad, son universales».

«Nuestro objetivo era cubrir esa laguna —comenta este psicólogo—. Para ello analizamos el narcisismo en 53 países y nos preguntamos no solo si los niveles varían entre culturas, sino también si esos mismos patrones demográficos se repiten en todo el mundo».

El resultado desafía algunas ideas muy asentadas. No solo porque el narcisismo no disminuye de manera necesaria en sociedades colectivistas, sino porque, en algunos casos, es precisamente ahí donde alcanza niveles más altos.

¿Qué es el narcisismo según la psicología?

Para entender el alcance del estudio científico conviene aclarar primero de qué hablamos cuando hablamos de narcisismo. Lejos de ser un rasgo psicológico único y monolítico, la psicología contemporánea distingue al menos dos dimensiones principales:

1️⃣ Por un lado, el narcisismo de admiración, vinculado a la autoafirmación, la búsqueda de reconocimiento, el carisma y la ambición.

2️⃣ Por otro, el narcisismo de rivalidad, más oscuro y conflictivo, asociado a la hostilidad, la necesidad de imponerse a los demás y el miedo constante a ser eclipsado.

Ambas dimensiones forman parte de lo que se conoce como narcisismo grandioso y suelen ir de la mano, aunque no siempre en la misma proporción. La admiración puede generar beneficios a corto plazo —mejor autoestima, popularidad inicial—, mientras que la rivalidad suele pasar factura a largo plazo, deteriorando relaciones personales y bienestar psicológico.

El estudio analiza estas dos facetas del narcisismo por separado, lo que permite una lectura mucho más matizada de los resultados.

Las personas que viven en países con mayor producto interior bruto (PIB) per cápita tienden a mostrar niveles más altos de narcisismo en todas sus dimensiones.

Las personas que viven en países con mayor producto interior bruto (PIB) per cápita tienden a mostrar niveles más altos de narcisismo en todas sus dimensiones. Foto: Mohamad Khosravi

Qué revela el mayor estudio global sobre narcisismo

En un primer nivel, los datos confirman lo que ya apuntaban investigaciones previas, casi siempre realizadas en países occidentales. En prácticamente todos los contextos culturales, los jóvenes puntúan más alto en narcisismo que los adultos mayores, los hombres más que las mujeres; y quienes se perciben a sí mismos como personas de mayor estatus social más que quienes se sienten en posiciones bajas.

La relación con la edad es especialmente robusta. El narcisismo, tanto en su versión admirativa como rival, tiende a disminuir a lo largo de la vida. La explicación más aceptada es evolutiva y social: durante la juventud, una cierta dosis de grandiosidad puede resultar adaptativa, impulsando la exploración de la identidad, la asunción de riesgos y la búsqueda de autonomía. Con el paso de los años, sin embargo, las prioridades vitales cambian.

Algo similar ocurre con las diferencias de género. En todos los países analizados, los hombres muestran niveles más altos de narcisismo que las mujeres, especialmente en la dimensión de rivalidad. Los autores apuntan a la socialización de género como una clave explicativa.

También se confirma la estrecha relación entre narcisismo y estatus percibido. Quienes se ven a sí mismos en posiciones altas de la jerarquía social tienden a puntuar más alto, sobre todo en la faceta de admiración.

Cultura, colectivismo y narcisismo

Hasta aquí, nada demasiado inesperado. La verdadera novedad del estudio aparece cuando se introducen las variables culturales. Tradicionalmente, el narcisismo se ha asociado a sociedades individualistas, como las que reinan en Estados Unidos y Europa occidental, donde se enfatiza la autonomía personal, el éxito individual y la autoexpresión.

Los datos científicos, sin embargo, cuentan otra historia. Lejos de ser más bajos, los niveles de narcisismo —especialmente de admiración— son más altos en países más colectivistas, como Japón o Corea del Sur. En palabras de Chopik, «esto desafía la suposición común de que el narcisismo es principalmente un producto de culturas altamente individualistas. Sugiere que los rasgos narcisistas pueden cumplir diferentes funciones en diferentes contextos culturales, como navegar por las jerarquías sociales en lugar de destacar como únicos».

Este resultado pues rompe con décadas de suposiciones teóricas y obliga a replantear la relación entre cultura y personalidad.

Riqueza, PIB y ego explicado por la ciencia

Otro de los hallazgos relevantes del estudio internacional es la relación entre el nivel económico del país y el narcisismo. Las personas que viven en países con mayor producto interior bruto (PIB) per cápita tienden a mostrar niveles más altos de narcisismo en todas sus dimensiones.

Este resultado respalda la idea de que la prosperidad económica crea contextos donde la autoexpresión, el consumo visible y la búsqueda de reconocimiento personal están más normalizados. Según Chopik, «la prosperidad económica puede crear un entorno que fomente el egocentrismo. En las sociedades más ricas, puede haber más oportunidades y permisividad cultural para dedicarse a la autopromoción. Sin embargo, la relación entre la cultura y el narcisismo resultó ser más compleja que la simple vinculación con la riqueza».

¿Existe un narcisismo universal?

Quizá el resultado más llamativo del estudio científico no sea tanto dónde hay más o menos narcisismo, sino dónde no hay diferencias.

A pesar de las variaciones culturales, las relaciones entre la edad, el género y el estatus social con el narcisismo son sorprendentemente consistentes en todo el mundo.

Esto sugiere que, más allá de las normas sociales y los valores culturales, existen procesos psicológicos universales que moldean la forma en que las personas se relacionan con su propio yo.

Repensar el mito del narcisismo moderno

El estudio no absuelve al narcisismo de sus efectos problemáticos, pero sí invita a abandonar explicaciones simplistas. No vivimos necesariamente en la era más narcisista de la historia, ni el ego desbordado es patrimonio exclusivo de Instagram o Silicon Valley.

Una cosa que vale la pena destacar es que el narcisismo no es intrínsecamente ni bueno ni malo, advierte Chopik. Para él, algunos aspectos, como la admiración, pueden estar relacionados con la confianza y la motivación, mientras que otros, como la rivalidad, están más claramente asociados con los conflictos interpersonales. «Estudiar el narcisismo en diferentes culturas nos ayuda a comprender mejor cuándo y dónde estos rasgos pueden ser adaptativos, y cuándo pueden tener un coste», concluye Chopik.

En un mundo cada vez más interconectado, comprender el narcisismo exige una mirada global, científica y matizada. Este trabajo apunta precisamente en esa dirección: menos juicios morales, más contexto; menos clichés, más datos.▪️(31-enero-2026)

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