Síndrome del impostor y perfeccionismo: qué dice la ciencia sobre su relación

Un nuevo estudio psicológico pone cifras y matices a una intuición extendida: no todos los perfeccionistas se sienten un fraude. La investigación muestra qué tipos de autoexigencia alimentan el síndrome del impostor y cuáles, sorprendentemente, no lo hacen.

Por Enrique Coperías, periodista científico

Un estudio psicológico revela qué tipos de perfeccionismo están relacionados con el síndrome del impostor y por qué no todos los perfeccionistas lo sufren.

Un estudio psicológico revela qué tipos de perfeccionismo están relacionados con el síndrome del impostor y por qué no todos los perfeccionistas lo sufren. Foto de engin akyurt en Unsplash‍ ‍

Los psicólogos describen el síndrome del impostor como una experiencia difusa: la sensación persistente de no merecer los logros propios, de haber llegado hasta donde uno está por casualidad o engaño, y el miedo constante a que alguien descubra la verdad.

Se ha hablado de él en universidades, empresas tecnológicas y hospitales, casi siempre asociado a personas brillantes, autoexigentes y aparentemente exitosas. Sin embargo, hasta ahora se sabía poco sobre qué tipo de perfeccionismo alimenta realmente este malestar psicológico. Un nuevo estudio científico acaba de poner cifras y matices a esa relación.

La investigación, publicada en la revista Personality and Individual Differences, confirma que el síndrome del impostor no está vinculado a cualquier forma de perfeccionismo, sino a dos muy concretas: el perfeccionismo rígido y el perfeccionismo autocrítico. En cambio, no solo no guarda relación con el perfeccionismo narcisista, sino que algunos de sus componentes parecen ir en sentido contrario.

El hallazgo ayuda a desmontar una idea extendida: no todo perfeccionista se siente un fraude, ni todo el que se siente impostor busca la perfección por las mismas razones.

El estudio psicológico ha sido realizado por un equipo de psicólogos de la Universidad de Pensilvania y la Universidad de Idaho, en Estados Unidos, a partir de una muestra de 278 estudiantes universitarios. Aunque el trabajo se centra en población joven, sus conclusiones encajan con décadas de investigación en psicología clínica sobre ansiedad, depresión y autoexigencia, y ofrecen pistas relevantes para entender por qué algunas personas viven el éxito como una amenaza en lugar de una recompensa.

Tres maneras de ser perfeccionista

La clave del trabajo está en una distinción que la psicología lleva años afinando: el perfeccionismo no es un rasgo único. Según el modelo de los tres grandes del perfeccionismo, existen al menos tres formas principales de relacionarse con la idea de ser perfecto:

1️⃣ El perfeccionismo rígido se caracteriza por la convicción inflexible de que el propio rendimiento debe ser impecable. No se trata solo de aspirar a hacerlo bien, sino de sentir que el valor personal depende de cumplir estándares extremadamente altos. El error, en este caso, no es una oportunidad de aprendizaje, sino una amenaza directa a la identidad.

2️⃣ El perfeccionismo autocrítico va un paso más allá. Incluye una preocupación constante por cometer errores, dudas persistentes sobre la calidad del propio desempeño y una voz interior severa que castiga cualquier desviación de la perfección. A menudo se acompaña de la sensación de que los demás esperan demasiado de uno, aunque esas expectativas no siempre sean reales.

3️⃣ Por último, el perfeccionismo narcisista tiene una naturaleza distinta. Se basa en una autoimagen grandiosa: la creencia de que uno es, o debería ser, perfecto, especial o superior. Este tipo de perfeccionismo no se centra tanto en la autocrítica como en la exigencia hacia los demás y en la expectativa de un trato preferente.

El impostor, diseccionado

Algo similar ocurre con el síndrome del impostor. Lejos de ser una sensación homogénea, los investigadores han identificado tres componentes principales:

✅ La sensación de ser un fraude, la idea de que el éxito es inmerecido y que tarde o temprano será desenmascarado.

✅ La tendencia a descontar los propios logros, atribuyéndolos a factores externos o minimizando su importancia.

✅ La atribución del éxito a la suerte, como si el esfuerzo y la capacidad personal no hubieran jugado ningún papel relevante.

Al cruzar estos factores con los distintos tipos de perfeccionismo, el patrón que emerge es claro. Cuanto más altos son los niveles de perfeccionismo rígido y perfeccionismo autocrítico, más intensas son las experiencias de impostor. En cambio, el perfeccionismo narcisista se mantiene al margen: no muestra relación con el síndrome del impostor en general y, en algunos aspectos concretos, parece actuar como un amortiguador, según Colin Xu, coautor del estudio del Departamento de Psicología en la Universidad de Idaho.

Cuando la exigencia se vuelve contra uno mismo

Los datos confirman algo que muchos psicólogos observan en consulta desde hace tiempo. Que las personas con perfeccionismo rígido y perfeccionismo autocrítico no solo se exigen más, sino que interpretan el éxito como una prueba que hay que volver a superar una y otra vez. Cada logro eleva el listón y refuerza la sensación de que el próximo fallo será definitivo.

En este contexto, el síndrome del impostor funciona como una consecuencia casi lógica. Si el valor personal depende de no cometer errores y de cumplir expectativas imposibles, cualquier reconocimiento resulta sospechoso. No encaja con la narrativa interna de insuficiencia, así que se descarta, se minimiza o se atribuye a la suerte.

El estudio muestra que esta dinámica es especialmente intensa en el componente de descontar los propios logros. Las personas con altos niveles de perfeccionismo autocrítico tienden a invalidar sistemáticamente sus éxitos, un patrón que se asocia con mayores niveles de ansiedad, depresión y procrastinación en investigaciones previas.

El perfeccionismo rígido no consiste solo en querer hacerlo bien, sino en creer que el propio valor personal depende de no cometer errores, que dejan de ser una oportunidad de aprendizaje para convertirse en una amenaza a la identidad.

El perfeccionismo rígido no consiste solo en querer hacerlo bien, sino en creer que el propio valor personal depende de no cometer errores, que dejan de ser una oportunidad de aprendizaje para convertirse en una amenaza a la identidad. Crédito: IA-Copilot-RexMolón-Producciones

El caso aparte del perfeccionismo narcisista

Uno de los resultados más llamativos del trabajo es la desconexión entre el síndrome del impostor y el perfeccionismo narcisista. A diferencia de los otros dos tipos, este no se alimenta de la duda constante, sino de una autoimagen inflada. Quien encaja en este perfil no suele preguntarse si merece sus logros, sino por qué no recibe aún más reconocimiento.

De hecho, el estudio psicológico detecta una relación negativa entre el perfeccionismo narcisista y la tendencia a descontar los propios éxitos. Es decir, cuanto más narcisista es el perfeccionismo, menos probable es que la persona minimice sus logros. El éxito se asume como algo natural, incluso insuficiente.

Este hallazgo ayuda a entender por qué no todas las personas altamente exigentes sufren el síndrome del impostor. La diferencia no está tanto en el nivel de ambición como en la dirección de la mirada: hacia dentro, con crítica constante, o hacia fuera, con una necesidad de validación y superioridad.

Implicaciones más allá de la universidad

Aunque la muestra del estudio está formada por estudiantes universitarios, sus conclusiones tienen un alcance más amplio. Investigaciones anteriores han vinculado el perfeccionismo rígido y autocrítico con mayores tasas de depresión, ideación suicida y menor respuesta a los tratamientos psicológicos. El síndrome del impostor podría ser una pieza más en ese engranaje de malestar.

Desde una perspectiva clínica, los resultados sugieren que no basta con trabajar la autoestima de forma genérica. Las intervenciones más eficaces podrían centrarse en reducir la rigidez de los estándares personales y suavizar la autocrítica, en lugar de intentar eliminar el perfeccionismo en bloque. No se trata de dejar de aspirar a hacerlo bien, sino de desmontar la ecuación que iguala error con fracaso personal.

También tienen implicaciones en entornos laborales y educativos. En culturas que glorifican la excelencia constante y penalizan el error, el perfeccionismo rígido puede pasar fácilmente por virtud. Sin embargo, este estudio científico recuerda que, llevado al extremo, puede convertirse en un caldo de cultivo para la inseguridad crónica.

Un fenómeno con preguntas abiertas

Los propios autores subrayan las limitaciones de su trabajo. Al tratarse de un estudio transversal, no permite establecer qué fue primero: si el perfeccionismo conduce al síndrome del impostor o si sentirse un fraude refuerza la autoexigencia. Tampoco se han medido indicadores objetivos de rendimiento, como las calificaciones académicas, que podrían matizar la relación entre percepción y realidad.

Aun así, el estudio aporta una pieza importante al rompecabezas. El síndrome del impostor no es una rareza inexplicable ni una simple falta de confianza, sino un fenómeno estrechamente ligado a determinadas formas de perfeccionismo. Comprender esa conexión permite abordarlo con mayor precisión y, quizá, con menos culpa.

Porque, al final, el problema no es querer hacerlo bien. El problema es creer que nunca es suficiente.▪️ (25-enero-2026)

  • Fuente: Colin Xu, Caitlyn Kim, Katelyn Candido, Isabel Germano Salerni, Albena Ruseva. Imposterism and perfectionism: Imposterism predicts rigid and self-critical perfectionism, but not narcissistic perfectionism. Personality and Individual Differences (2026). DOI: https://doi.org/10.1016/j.paid.2025.113628.

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