Científicos asocian el consumo de ultraprocesados en la infancia con un menor cociente intelectual

Lo que comen los niños en sus primeros años podría influir en su inteligencia futura. Un estudio con más de 3.400 niños relaciona el consumo temprano de ultraprocesados con peores resultados cognitivos en la edad escolar y advierte de su impacto en el desarrollo cerebral.

Por Enrique Coperías, periodista científico

El consumo habitual de alimentos ultraprocesados en la primera infancia se asocia con un menor coeficiente intelectual en la edad escolar, según un estudio científico basado en el seguimiento de miles de niños.

El consumo habitual de alimentos ultraprocesados en la primera infancia se asocia con un menor coeficiente intelectual en la edad escolar, según un estudio científico basado en el seguimiento de miles de niños. Crédito: IA-Gemini-RexMolón Producciones

Cómo influye la alimentación infantil en el desarrollo del cerebro

A los dos años de vida, el cerebro humano es una obra en plena construcción. Las neuronas se multiplican, las conexiones se refuerzan y el sistema nervioso se reorganiza a una velocidad que no volverá a repetirse.

En ese momento crítico, cuando el desarrollo cognitivo se acelera y la plasticidad cerebral alcanza uno de sus puntos máximos, la alimentación infantil desempeña un papel decisivo. Lo que comen los niños en sus primeros años de vida no solo condiciona su crecimiento físico o su salud futura: también puede dejar huella en su inteligencia.

Un estudio reciente realizado en Brasil ha encontrado que una dieta rica en alimentos ultraprocesados en la primera infancia se asocia con un menor coeficiente intelectual (CI) años después. La investigación, basada en el seguimiento de miles de niños desde el nacimiento hasta los siete años, aporta nuevas evidencias a un debate creciente en salud pública: el impacto de la alimentación temprana sobre el desarrollo cognitivo.

Ultraprocesados y coeficiente intelectual: qué dice la ciencia

El trabajo, publicado en The British Journal of Nutrition y coordinado por Glaucia Treichel Heller, investigadora del Programa de Posgrado en Epidemiología de Pelotas, analiza datos de la cohorte de nacimientos de esta ciudad del sur de Brasil donde desde hace décadas se sigue a generaciones de niños para estudiar cómo las condiciones de vida influyen en su salud.

En esta ocasión, los investigadores examinaron la dieta de más de 3.400 niños a los dos años y evaluaron su rendimiento cognitivo entre los seis y siete mediante pruebas estandarizadas de inteligencia.

Los resultados apuntan a una asociación clara: los pequeños que consumían con mayor frecuencia alimentos ultraprocesadossnacks envasados, galletas dulces, refrescos, embutidos o fideos instantáneos— obtuvieron puntuaciones de coeficiente intelectual más bajas en la edad escolar. La diferencia no es enorme, pero sí consistente y estadísticamente significativa.

En promedio, los niños con mayor adherencia a este patrón alimentario mostraron entre dos y casi cinco puntos menos de IQ, dependiendo de su situación nutricional previa.

Recordemos que el coeficiente intelectual (CI) es una medida estandarizada que se utiliza para evaluar las capacidades cognitivas de una persona en relación con su edad. Se obtiene mediante pruebas psicológicas que analizan habilidades como la memoria, el razonamiento, la comprensión verbal, la atención y la resolución de problemas. La puntuación media se sitúa en 100 puntos y permite comparar el rendimiento intelectual dentro de una población. Aunque es un indicador útil del desarrollo cognitivo, no refleja por completo todas las formas de inteligencia ni el potencial de una persona.

Por qué la primera infancia es fundamental para la inteligencia

Para comprender la relevancia de las conclusiones de la investigación conviene situarlas en contexto. El coeficiente intelectual medio en la muestra fue de unos 87 puntos, con variaciones amplias entre los participantes.

👉 Una reducción de dos a cuatro puntos en el CI puede parecer modesta a nivel individual, pero en salud pública tiene implicaciones importantes: cuando pequeños desplazamientos se producen en toda una población infantil, pueden traducirse en cambios significativos en el rendimiento académico, las oportunidades educativas e incluso los ingresos en la vida adulta.

El estudio no se limita a señalar una correlación superficial. Su diseño longitudinal —que sigue a los mismos niños durante años— permite observar cómo la dieta temprana se relaciona con el rendimiento cognitivo posterior, controlando al mismo tiempo factores como el nivel socioeconómico, la educación materna, la lactancia, el entorno familiar o la estimulación en el hogar. Incluso tras ajustar por estas variables, la asociación entre dieta ultraprocesada y menor IQ se mantuvo.

Qué son los alimentos ultraprocesados y por qué preocupan

Los investigadores identificaron dos grandes patrones dietéticos entre los niños de dos años:

🗣️ El patrón saludable, con alimentos como frutas, verduras, legumbres, purés infantiles y zumos naturales.

🗣️El patrón no saludable, que estaba dominado por productos ultraprocesados ricos en azúcares, grasas y sal. Este último fue el que mostró una relación negativa con el rendimiento cognitivo años después.

Curiosamente, el patrón saludable no se asoció con un aumento significativo del cociente intelectual. Esto no significa que comer bien no sea beneficioso para el cerebro, sino que en esta muestra la mayoría de los niños consumía ya varios de esos alimentos con regularidad, lo que reducía las diferencias entre ellos y dificultaba detectar efectos estadísticos claros.

Ofrecer a los niños una dieta sana favorece su normal desarrollo cognitivo.

Ofrecer a los niños una dieta sana favorece su normal desarrollo cognitivo. Foto: Geert Willemarck

La dieta insana puede amplificar desigualdades ya existentes

Donde sí emergió una diferencia marcada fue en la interacción entre dieta y vulnerabilidad biológica temprana. Los niños que habían sufrido déficits de crecimiento en sus primeros dos años —peso, talla o perímetro craneal por debajo de lo esperado— mostraron un impacto mayor del consumo de ultraprocesados.

En ellos, la reducción media del coeficiente intelectual se acercó a los cinco puntos, más del doble que en los niños sin esos déficits.

Este hallazgo sugiere que la alimentación infantil no actúa de forma aislada, sino en interacción con otros factores del desarrollo. Los niños que parten de una situación nutricional o biológica más vulnerable pueden ser especialmente sensibles a los efectos de una alimentación de baja calidad. En otras palabras, la dieta podría amplificar desigualdades ya existentes.

Efectos de los ultraprocesados en la neurogénesis, la sinaptogénesis y la mielinización

Desde el punto de vista biológico, los investigadores plantean varios mecanismos plausibles. Durante los primeros años de vida se producen procesos intensivos de neurogénesis, sinaptogénesis y mielinización que requieren un aporte adecuado de nutrientes esenciales: proteínas, ácidos grasos esenciales, hierro, zinc o vitaminas. Una dieta pobre en calidad nutricional puede interferir en estos procesos.

Recordemos que la neurogénesis es el proceso por el que se forman nuevas neuronas en el cerebro, especialmente intenso durante el desarrollo prenatal y los primeros años de vida. La sinaptogénesis consiste en la creación de conexiones (sinapsis) entre esas neuronas, lo que permite que el cerebro procese información y aprenda.

La mielinización, por su parte, es el recubrimiento de las fibras nerviosas con mielina, una sustancia que acelera la transmisión de los impulsos eléctricos y mejora la eficiencia del sistema nervioso.

Modificaciones en la microbiota intestinal

Además, los alimentos ultraprocesados se han asociado con la inflamación sistémica, el estrés oxidativo y las alteraciones en la microbiota intestinal. Estas modificaciones pueden afectar al llamado eje intestino-cerebro, un sistema de comunicación bidireccional que influye en el desarrollo y funcionamiento del sistema nervioso. Alteraciones en ese eje durante etapas críticas podrían repercutir en la función cognitiva.

👉El estudio se suma a una literatura científica que, en los últimos años, ha comenzado a explorar el vínculo entre dieta y cognición infantil. Investigaciones previas en el Reino Unido, los Países Bajos o Australia habían encontrado asociaciones similares entre patrones alimentarios poco saludables en la primera infancia y menores puntuaciones de inteligencia en edades posteriores.

Sin embargo, la mayoría de esos trabajos se había realizado en países de altos ingresos.

Limitaciones del estudio

La novedad del estudio brasileño radica en su contexto: un país de renta media donde coexisten problemas de malnutrición y un rápido aumento del consumo de alimentos ultraprocesados. En muchas regiones del mundo, la transición alimentaria ha introducido estos productos en la dieta infantil a edades cada vez más tempranas, desplazando a los alimentos frescos y nutritivos.

En Brasil, como en otros países latinoamericanos, los alimentos ultraprocesados están ampliamente disponibles y son baratos, duraderos y fáciles de consumir, lo que facilita su incorporación en la dieta familiar. Estudios previos ya habían documentado su presencia habitual en la alimentación de niños menores de dos años, pese a que las guías nutricionales recomiendan evitarlos en esa etapa.

Los autores del trabajo advierten, no obstante, que sus resultados deben interpretarse con cautela. La investigación es observacional y no permite establecer una relación causal definitiva: no se puede afirmar que los ultraprocesados reduzcan directamente el coeficiente intelectual.

Otros factores no medidos, como la dieta materna durante el embarazo o la propia inteligencia de los padres, podrían influir en parte de la asociación observada.

Aun así, la consistencia de los resultados tras múltiples ajustes estadísticos refuerza la hipótesis de que la calidad de la dieta en los primeros años influye en el desarrollo cognitivo. Y aunque el efecto estimado pueda parecer pequeño, los investigadores subrayan que incluso cambios modestos en la media del coeficiente intelectual pueden tener consecuencias relevantes a escala poblacional, especialmente en los extremos de la distribución.

Implicaciones para la salud pública y la educación

Más allá de los números, el estudio plantea una pregunta incómoda para las sociedades contemporáneas: ¿qué significa crecer rodeado de alimentos ultraprocesados diseñados para ser baratos, duraderos y altamente palatables, pero pobres en nutrientes? En un momento en que los ultraprocesados se han convertido en un elemento habitual de la dieta infantil, sus posibles efectos sobre el desarrollo cerebral añaden una dimensión nueva al debate sobre su regulación.

La infancia temprana es una ventana de oportunidad única. Durante esos primeros mil días de vida —desde la gestación hasta los dos años— el cerebro establece las bases de su arquitectura futura. Lo que ocurre en ese periodo puede tener efectos duraderos, para bien o para mal. La evidencia acumulada sugiere que la nutrición es uno de los pilares de ese proceso.

Sun duda alguna, los alimentos ultraprocesados se han convertido en el nuevo tabaquismo para la salud pública. En España, su consumo se ha disparado hasta triplicarse en las últimas tres décadas, según un análisis de la evidencia científica publicado en The Lancet.

En última instancia, la cuestión trasciende la elección individual de las familias. La disponibilidad, el precio y la publicidad de los alimentos condicionan las decisiones cotidianas. Si la dieta de los niños puede influir en su desarrollo cognitivo, como sugieren estos datos, la alimentación infantil deja de ser solo un asunto doméstico para convertirse en una cuestión de política pública. Porque en el cerebro en formación de cada niño se juega también una parte del futuro colectivo.▪️(14-febrero-2026)

PREGUNTAS&RESPUESTAS: Niños y alimentos ultraprocrocesados

🍕 ¿Los alimentos ultraprocesados afectan al cerebro infantil?

Diversos estudios científicos sugieren que una dieta rica en ultraprocesados en los primeros años puede asociarse con un menor desarrollo cognitivo y peores resultados en pruebas de inteligencia.

🍕 ¿Qué alimentos afectan al desarrollo cognitivo de los niños?

Dietas con alto contenido en azúcares añadidos, grasas saturadas y productos ultraprocesados se han relacionado con peores indicadores cognitivos, mientras que las dietas ricas en frutas, verduras, proteínas y micronutrientes favorecen el desarrollo cerebral.

🍕 ¿Por qué la alimentación en los primeros años es tan importante?

Durante los primeros años el cerebro se desarrolla rápidamente y necesita nutrientes clave. Una dieta de baja calidad nutricional puede interferir en procesos fundamentales del neurodesarrollo.

  • Fuente: Heller G. T., Flores T. R., Carpena M. X., Hallal P. C., Domingues M. R., Bertoldi A. D. Dietary patterns at age 2 and cognitive performance at ages 6-7: an analysis of the 2015 Pelotas Birth Cohort (Brazil). British Journal of Nutrition (2026). DOI: 10.1017/S000711452610628X

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