La discriminación daña el cuerpo y acelera el envejecimiento, según la ciencia

La discriminación no solo deja cicatrices emocionales: también se inscribe en el cuerpo. Un estudio científico con personas LGBTQ+ demuestra que el estrés crónico del estigma provoca un desgaste biológico medible y acelera el envejecimiento, incluso en personas jóvenes.

Por Enrique Coperías, periodista científico

Un nuevo estudio distingue por primera vez la identidad de género, la orientación sexual y el sexo biológico como dimensiones independientes para evaluar la carga alostática, el desgaste fisiológico asociado al estrés crónico.

Un nuevo estudio distingue por primera vez la identidad de género, la orientación sexual y el sexo biológico como dimensiones independientes para evaluar la carga alostática, el desgaste fisiológico asociado al estrés crónico. Foto de RDNE Stock project

La discriminación no solo duele: deja huella en el cuerpo. No es una metáfora ni una exageración retórica, sino una constatación biológica cada vez mejor documentada por la ciencia.

Un nuevo estudio científico internacional aporta ahora pruebas contundentes de que vivir expuesto de forma crónica al estigma y la exclusión social acelera el desgaste fisiológico del organismo y puede hacernos envejecer antes de tiempo.

«Los datos muestran claramente que la discriminación no es solo una cuestión de justicia social: estamos ante un problema de salud pública con consecuencias biológicas medibles», subraya Nevena Chuntova, autora principal del trabajo del Centro de Sexo, Género, Alostasis y Resiliencia, en Canadá.

Qué es la carga alostática y cómo afecta al cuerpo

La investigación, publicada en la revista Psychoneuroendocrinology, analiza cómo la discriminación interseccional, o sea, la que se acumula cuando convergen varias identidades socialmente marginadas, se traduce en una mayor carga alostática, un indicador que mide el desgaste biológico que el estrés crónico provoca en distintos sistemas del cuerpo.

El trabajo se centra en personas con diversidad sexual y de género (LGBTQ+), un colectivo especialmente expuesto a este tipo de estrés sostenido a lo largo de la vida.

👉 «La carga alostática refleja el precio biológico que pagamos cuando los sistemas del cuerpo se ven obligados a adaptarse una y otra vez al estrés», explican los autores.

A corto plazo, esas respuestas son necesarias para sobrevivir; a largo plazo, cuando se activan de forma repetida, terminan desregulando funciones clave como el metabolismo, el sistema cardiovascular, la respuesta inmunitaria y los equilibrios hormonales.

Vivir bajo el peso de la discriminación, como la que sufren algunas personas 2S/LGBTQIA+, no solo pasa factura emocional: también envejece el cuerpo. La ciencia confirma ahora que el estrés del estigma se acumula en la biología y acelera el deterioro físico. Foto de RDNE Stock project

Voluntarios bajo la lupa de la biociencia

El equipo de investigación, liderado por el psiquiatra y neurocientífico Robert-Paul Juster, del Instituto Universitario de Salud Mental de Montreal, en canadá, reclutó a 357 personas adultas de la región metropolitana de Montreal, que fueron distribuidas en siete subgrupos según su identidad de género y orientación sexual.

A todos los participantes se les extrajeron muestras de sangre y se les realizaron mediciones biométricas para construir un índice de carga alostática basado en dieciséis biomarcadores, desde el colesterol, la insulina y la hemoglobina glicosilada hasta la presión arterial, la inflamación sistémica y niveles de DHEA-S, una hormona relacionada con el envejecimiento.

Además, los participantes completaron cuestionarios validados sobre experiencias de discriminación a lo largo de la vida y hábitos de salud, como el consumo de tabaco, alcohol y drogas, la calidad del sueño y la actividad física.

El objetivo era doble: por un lado, comprobar si la discriminación se asocia con un mayor desgaste biológico y, por otro, analizar si ese efecto se explica, al menos en parte, por conductas de riesgo adoptadas como estrategias de afrontamiento.

Diferencias biológicas según género y orientación sexual

«Este estudio es el primero que distingue la identidad de género, la orientación sexual y el sexo biológico como tres dimensiones independientes para evaluar la carga alostática —destaca Juster—. Estamos ante un descubrimiento científico importante que valida las experiencias de las personas 2S/LGBTQIA+».

Y los resultados no dejan lugar a la duda.

🗣️ «Nuestros resultados muestran que, tras controlar la edad, tanto las grandes experiencias de discriminación a lo largo de la vida como las microagresiones cotidianas se asocian de forma positiva con la carga alostática —explica Chuntova. Y añade—: Esto significa que estos dos tipos de eventos discriminatorios contribuyen de manera independiente a la desregulación fisiológica, creando una carga acumulativa para la salud y un envejecimiento acelerado».

Es decir, no solo cuentan los eventos traumáticos puntuales —un despido, una agresión, una exclusión explícita—, sino también la suma de microagresiones, miradas, comentarios y obstáculos diarios que acompañan a muchas personas durante toda su vida.

Por qué la discriminación envejece antes de tiempo

Uno de los hallazgos más llamativos del estudio es que ese efecto persiste incluso al controlar la edad cronológica. «Esto sugiere que la discriminación no solo se suma al envejecimiento natural, sino que puede acelerarlo», indican los investigadores. En otras palabras, dos personas de la misma edad pueden presentar perfiles biológicos muy distintos en función del estrés social acumulado.

El análisis por grupos revela además importantes diferencias internas dentro de la diversidad sexual y de género. Las personas situadas en el espectro masculino —incluidos hombres cisgénero y hombres trans— muestran, de media, niveles más elevados de carga alostática que las personas del espectro femenino. En particular, los hombres trans presentan los valores más altos del conjunto de la muestra.

🗣️ «Tanto la identidad de género como la orientación sexual predijeron de forma significativa la carga alostática, siendo las personas del espectro masculino y los hombres de minorías sexuales quienes presentaron los niveles más altos», resume Chuntova.

Según los autores, este patrón no puede atribuirse a un único factor. «No sabemos hasta qué punto influyen las exposiciones sociales, la socialización de género, los efectos hormonales o combinaciones complejas de todos ellos», advierten. El estudio trata el sexo asignado al nacer como una categoría social, no como una variable biológica pura, precisamente para evitar interpretaciones simplistas.

El papel de la orientación sexual

También emergen diferencias relevantes según la orientación sexual. Los hombres bisexuales y gays —tanto cis como trans— presentan niveles de carga alostática significativamente más altos que las mujeres heterosexuales, lesbianas o bisexuales. Este resultado coincide con investigaciones previas que apuntan a que los hombres bisexuales ocupan una posición especialmente vulnerable, al sufrir estigmatización tanto desde entornos heterosexuales como desde comunidades gays.

En el caso de los hombres gays, los investigadores subrayan un posible fenómeno de envejecimiento acelerado asociado al estrés minoritario.

«Aunque controlamos estadísticamente la edad, la exposición prolongada a la discriminación podría estar produciendo un deterioro biológico que no se refleja completamente en los años vividos», explican los investigadores, en línea con el concepto de weathering, el envejecimiento biológico acelerado por el estrés, ampliamente estudiado en otras poblaciones sometidas a desigualdad estructural.

Las mujeres muestran perfiles de carga alostática más homogéneos y bajos

Por el contrario, las mujeres, independientemente de su orientación sexual, muestran perfiles de carga alostática más homogéneos y bajos.

«Este patrón se ha observado de forma consistente en la literatura científica y sugiere que las mujeres pueden disponer de estrategias de afrontamiento más eficaces o beneficiarse de una mayor aceptación social de la diversidad sexual femenina», señalan los autores, aunque insisten en que esta aparente protección no debe confundirse con ausencia de discriminación.

Uno de los aspectos más interesantes del estudio es lo que no encontró. Contra lo que planteaba la hipótesis inicial, los hábitos de salud no explican la relación entre discriminación y carga alostática.

A pesar de que la discriminación se asocia con peor calidad del sueño y mayor consumo de tabaco, estas conductas no median el impacto biológico del estigma.

Robert-Paul Juster, profesor de Psiquiatría y Adictología en la Universidad de Montreal, ha liderado el estudio que demuestra que la discriminación crónica deja una huella biológica medible en el cuerpo.

Robert-Paul Juster, profesor de Psiquiatría y Adictología en la Universidad de Montreal, ha liderado el estudio que demuestra que la discriminación crónica deja una huella biológica medible en el cuerpo. Foto: Amélie Philibert / Universidad de Montreal

Más allá de los hábitos: el impacto directo del estigma

«Contrariamente a la creencia extendida de que la discriminación afecta a la salud principalmente a través de la adopción de conductas de riesgo —como fumar, el sedentarismo o el consumo de alcohol y drogas—, este estudio revela un vínculo directo entre la discriminación y la alteración fisiológica —subraya Chuntova. Y añade—: En otras palabras, la discriminación crónica parece alterar directamente los sistemas biológicos de las personas, actuando como un factor de estrés que se mete literalmente bajo la piel, independientemente de cualquier cambio en el comportamiento».

Desde el punto de vista conceptual, el trabajo refuerza la importancia de la interseccionalidad como marco analítico. En lugar de sumar identidades como si fueran factores independientes, el estudio utiliza un índice de discriminación que capta cómo operan simultáneamente distintos ejes de desigualdad.

👉 «La discriminación no se vive por partes; se experimenta como un proceso dinámico que atraviesa toda la biografía», explican los autores.

Discriminación, ciencia y salud pública

Las implicaciones van más allá del ámbito académico. Si la discriminación deja una huella biológica medible, combatirla no es solo una cuestión de derechos, bienestar psicológico o salud mental, sino también de salud pública.

«Demuestra que el impacto del estigma en la salud es un estrés que literalmente queda incrustado en el cuerpo», afirma Juster.

Envejecer más rápido no es una elección individual cuando el entorno social empuja en esa dirección. El cuerpo, como demuestra este estudio científico, recuerda lo que la sociedad hace sentir todos los días. Y ese recuerdo, literalmente, pasa factura.▪️

  • Información facilitada por la Universidad de Montreal

  • Fuente: Nevena Chuntova, Inès Ait Abdelmalek, Karine Lavallée-Rodrigue, Emma-Rose Thériault, Ryan Hogan, Ziad Guenoun, Jasmine Boulette, Ahmed Jérome Romain, L. Zachary DuBois, Robert-Paul Juster. Intersectional stigma, health behaviors, and allostatic load among sexual and gender diverse people. Psychoneuroendocrinology (2026). DOI: https://doi.org/10.1016/j.psyneuen.2025.107708

Siguiente
Siguiente

Engranajes sin dientes: ingenieros crean mecanismos que giran gracias solo a fluidos