Túneles en blanco y negro, escenarios de colores y luces envolventes: un estudio con cincuenta personas explora los recuerdos de estas vivencias extraordinarias. Sus reconstrucciones abren una nueva vía para investigar la percepción y la memoria, aunque todavía no permiten explicar qué provoca estas experiencias cercanas a la muerte.
Por Enrique Coperías, periodista científico
Del recuerdo al papel: ilustración conceptual de los túneles y espacios luminosos que algunas personas describen en sus experiencias cercanas a la muerte. Crédito: IA-DALL-E / RexMolón Producciones
Un túnel oscuro. Una claridad que parece envolverlo todo. La sensación de contemplar el propio cuerpo desde fuera. Las experiencias cercanas a la muerte (ECM) tienen un repertorio de imágenes reconocible, pero describirlas plantea una dificultad: ¿cómo contar con palabras un lugar que parece carecer de suelo, un espacio que se ensancha sin moverse o una luz que ocupa todo el campo de visión? Un equipo de investigadores ha buscado una vía complementaria para acercarse a esos recuerdos: pedir a quienes los conservan que los dibujen.
El trabajo, publicado en la revista Frontiers in Psychology, ha analizado reconstrucciones gráficas de cincuenta personas que pasaron por este misterioso trance. Lo firman France Lerner, de la Universidad de Haifa, en Israel; Paulo Cezar Rocha dos Santos, del Instituto D’Or de Investigación y Educación, en Brasil; y Guillaume Tahar, del Guangdong Technion, en China. Sus resultados apuntan a una relación entre la geometría del espacio recordado y sus colores, especialmente al comparar formas semejantes a túneles con determinados espacios curvos.
➡️ «Este diseño de dos métodos pretendía captar características de las experiencias extracorporales y cercanas a la muerte que podrían no transmitirse únicamente mediante relatos verbales», explican los autores en el artículo. El objetivo consiste en describir con mayor precisión cómo se organiza lo que las personas recuerdan haber percibido: dónde estaban, qué límites tenía el entorno y hacia dónde sentían que se desplazaban.
Qué son las experiencias cercanas a la muerte
Aunque su nombre las sitúa en el umbral de la defunción, las experiencias cercanas a la muerte (ECM) se han descrito en circunstancias diversas: paradas cardiacas, accidentes, desmayos o situaciones percibidas como una amenaza extrema. Son vivencias subjetivas de gran intensidad que pueden incluir una sensación de paz, la impresión de abandonar el cuerpo, el paso por un túnel, encuentros con familiares fallecidos o una revisión de episodios de la propia vida.
Algunas personas incluso aseguran que el tiempo se detuvo o que todo parecía más real que la realidad cotidiana. Sin embargo, no existe un guion único: también hay experiencias angustiosas.
Los primeros estudios y su popularización
El estudio de las ECM tiene una historia más larga de lo que podría parecer. En 1892, el geólogo suizo Albert Heim publicó una recopilación de testimonios de personas que habían sobrevivido a caídas, con descripciones de una extraordinaria rapidez mental y recuerdos que parecían desplegarse en segundos.
Pero la gran popularización de este fenómeno llegó en 1975 con la obra Vida después de la vida, del médico y psiquiatra estadounidense Raymond Moody, que reunió relatos de supervivientes y difundió la expresión moderna. En 1983, Bruce Greyson, psiquiatra y coeditor de The Handbook of Near-Death Experiences (2009), presentó una escala de dieciséis preguntas para caracterizar estas experiencias de manera sistemática y facilitar su comparación científica.
¿A qué se deben?
Diferentes investigaciones apuntan a que estas vivencias podrían surgir de una combinación de mecanismos: cambios en el riego sanguíneo y la oxigenación del cerebro, acumulación de dióxido de carbono, alteraciones en la liberación de neurotransmisores y respuestas psicológicas ante una amenaza extrema. También se investiga cómo intervienen las redes que construyen la percepción del cuerpo y del entorno. Estas hipótesis intentan explicar cómo pueden surgir imágenes, emociones y sensaciones tan intensas en condiciones excepcionales; todavía no existe una explicación demostrada que abarque todos los episodios.
Una dificultad central consiste en establecer cuándo se produjo la vivencia respecto a la pérdida de conciencia, la reanimación y la recuperación. Habitualmente, los científicos trabajan con lo que la persona recuerda después, sin disponer de un registro simultáneo que permita vincular cada escena con un estado cerebral concreto. Por eso, la intensidad y la aparente realidad del recuerdo no demuestran que la conciencia haya continuado después de la muerte irreversible.
Un fenómeno que cala en la cultura
Su impacto ha desbordado los laboratorios. El túnel, la luz y el regreso han pasado a formar parte del imaginario popular, y el cine ha explorado esa fascinación en películas como Línea mortal (Flatliners, 1990), sobre unos estudiantes de medicina que provocan paradas cardiacas para investigar qué ocurre al borde de la muerte. La ficción transforma así estos relatos en una aventura sobre el más allá, mientras que la investigación trata de distinguir la experiencia vivida de su interpretación.
Para quienes las cuentan, las consecuencias pueden durar años: algunas personas describen menos miedo a morir y cambios en sus valores y prioridades. Otras necesitan tiempo para integrar lo ocurrido. Esa huella personal constituye otro objeto de estudio, incluso cuando el origen de la experiencia sigue abierto.
Comprender estas vivencias exige, como primer paso, encontrar formas de describirlas y compararlas con precisión. Ese es el propósito del equipo de Lerner: combinar los relatos con dibujos que permitan reconstruir cómo recuerdan las personas los espacios que percibieron y el lugar que sentían ocupar en ellos.
En el estudio, el 78,6% de las escenas con formas semejantes a túneles se recordaban en blanco, negro o gris. Una luz intensa no implicaba necesariamente percibir colores. Imagen de recurso. Foto de Elīna Arāja
Cómo se investigaron los dibujos de 50 personas
Los participantes fueron reclutados a través de la Asociación Internacional para los Estudios de las Experiencias Cercanas a la Muerte. De 101 voluntarios iniciales, 97 superaron los umbrales de dos escalas de evaluación y 50 completaron el procedimiento. Tenían una edad media de 52 años y el 70% eran mujeres.
Las sesiones se realizaron por videollamada, con la ayuda de un investigador, y duraron entre una hora y media y tres horas. Para empezar, cada participante dividió su recuerdo en escenas, como si reconstruyera las secuencias de una película.
Después consultó un catálogo de figuras facilitado por los propios investigadores y eligió las que mejor representaban los espacios que recordaba. Podía adaptarlas a su experiencia: cambiar la curvatura, girarlas, modificar sus proporciones o añadir detalles. Sobre el dibujo, unas cruces indicaban dónde sentía que estaba y unas flechas señalaban sus movimientos.
Si ninguna figura encajaba con el recuerdo, podía dibujar otra libremente. También podía indicar que su experiencia no incluía ningún espacio.
El catálogo facilitaba la comparación de los dibujos, aunque también podía orientar las reconstrucciones. Para reducir la sugestión, los investigadores evitaron mencionar palabras como túnel, luz o paisaje celestial durante la tarea.
A esa posible influencia se suma la del investigador, que conocía las hipótesis del estudio. Las videollamadas no se grabaron, por lo que no es posible revisar de forma independiente si su manera de preguntar o guiar a los participantes afectó a las respuestas.
Qué patrones de formas y colores encontraron
Los participantes reconstruyeron 112 escenas. De ellas, 108 encajaron en cuatro familias geométricas; las restantes correspondieron a tres espacios diferentes y una ausencia de representación espacial. Una misma persona podía aportar varias escenas, por lo que estas cifras no equivalen al número de participantes.
Túneles sin colores y espacios curvos coloreados
La diferencia más clara apareció al comparar las formas cónicas o delimitadas por dos líneas con los arcos circulares o elípticos más pronunciados. En las primeras predominaban el negro, el blanco, el gris y la luminosidad sin otros colores. En las segundas eran más frecuentes los colores.
La geometría de los recuerdos cercanos a la muerte
Las formas semejantes a túneles se recordaban sobre todo sin colores, mientras que ciertos espacios curvos aparecían mayoritariamente coloreados. Esta tabla recoge las 108 escenas clasificadas en las cuatro familias geométricas del estudio.
| Forma del espacio recordado | Escenas analizadas | Escenas con colores |
|---|---|---|
| Formas cónicas o delimitadas por dos líneas | 28 | 6 (21,4%) |
| Arcos circulares o elípticos más pronunciados | 31 | 27 (87,1%) |
| Arcos de curvatura suave, casi planos | 20 | 13 (65,0%) |
| Contornos elípticos completos | 29 | 17 (58,6%) |
Cómo leer los datos: las cifras cuentan escenas reconstruidas, no personas. Una misma persona podía aportar varias escenas. Los porcentajes se calculan sobre el total de cada fila. Los resultados son exploratorios.
Fuente: Lerner y colaboradores, Frontiers in Psychology (2026) .
Así, el 78,6% de las escenas cónicas carecía de colores distintos del blanco, negro o gris, frente a un 87,1% de escenas coloreadas entre los arcos más pronunciados. Una luz intensa, por tanto, no implicaba necesariamente una experiencia llena de colores.
«En los distintos análisis estadísticos, el contraste cromático más consistente fue entre A y B», escriben Lerner y sus colegas, en referencia a las formas cónicas y los arcos más pronunciados. La precisión importa: algunas diferencias con las demás categorías dejaron de resultar concluyentes al aplicar ajustes estadísticos. Tampoco obtuvieron pruebas sólidas de que una determinada geometría estuviera asociada con experiencias más intensas según las escalas empleadas.
La posición del observador también cambia
Algunas personas recordaban estar rodeadas por una envoltura de luz; otras, desplazarse por espacios estrechos que después se ampliaban. En 32 de los 50 participantes había algún componente extracorporal, entendido como la impresión de separarse del cuerpo o regresar a él. Los otros 18 no lo describieron. La sensación de salir del cuerpo no es, por tanto, un componente universal de estas experiencias
La sensación de separarse del cuerpo apareció en los relatos de 32 de los 50 participantes. Esta vivencia subjetiva puede formar parte de una experiencia cercana a la muerte, pero no es universal. Imagen de recurso. Foto de Meshack Emmanuel Kazanshyi
Qué limitaciones tiene esta investigación
El tiempo transcurrido obliga a interpretar los resultados con cautela. La mediana desde las experiencias hasta la participación en el estudio era de 15,1 años: aproximadamente la mitad de los relatos correspondía a vivencias todavía más antiguas.
Además, aunque 42 participantes describieron situaciones que amenazaban su vida, los investigadores no comprobaron sus historias clínicas. Los ocho restantes situaron la vivencia en circunstancias que no consideraban potencialmente mortales. El estudio examina recuerdos y descripciones subjetivas, sin registrar la actividad cerebral durante los episodios.
«Los hallazgos actuales siguen siendo de naturaleza descriptiva, fenomenológica y retrospectiva», advierten los autores. Falta comprobar si los patrones se repiten en muestras independientes y si son específicos de estas experiencias. No hubo un grupo de comparación que reconstruyera sueños u otros estados con el mismo procedimiento, de modo que algunas semejanzas podrían deberse a cómo recordamos y dibujamos espacios extraordinarios.
Qué aportan otros estudios recientes sobre el cerebro y las ECM
Otras investigaciones recientes intentan abordar el fenómeno desde el cerebro.
El modelo NEPTUNE, una explicación que combina varios procesos
En 2025, una revisión encabezada por Charlotte Martial, de la Universidad de Lieja, en Bélgica, propuso en Nature Reviews Neurology el modelo NEPTUNE. Este plantea que estas vivencias podrían surgir de una combinación de cambios en el riego y la oxigenación cerebral, alteraciones de neurotransmisores y respuestas psicológicas ante una amenaza extrema.
El modelo integra evidencias de distintas líneas de investigación. Es una propuesta explicativa, sin que se haya demostrado que un único mecanismo explique todos los episodios.
Un estudio español analiza el cerebro mientras recuerda
En España, un estudio preliminar publicado en 2026 en Resuscitation Plus, encabezado por José Alonso Ruiz, de la Universidad Católica de Murcia, examinó con resonancia magnética funcional a quince personas mientras evocaban estas experiencias.
Se activaron regiones implicadas en la memoria autobiográfica, que permite recordar episodios de la propia vida, y en el procesamiento de información sobre uno mismo. El alcance es concreto: muestra qué ocurre al recordar. No establece qué actividad cerebral acompañó al episodio original ni verifica la realidad externa de su contenido.
Los dibujos permiten explorar cómo las personas recuerdan espacios, presencias y movimientos difíciles de describir. Sin embargo, estas reconstrucciones no permiten establecer qué mecanismos cerebrales originaron la experiencia. Foto de Frankie Cordoba en Unsplash
El siguiente paso: reconstruir estas experiencias en tres dimensiones
El equipo de Lerner está desarrollando una herramienta de reconstrucción tridimensional para comparar espacios recordados durante ECM, estados meditativos y experiencias inducidas por sustancias.
Esta comparación podría ayudar a identificar rasgos compartidos y diferencias. Por ahora, los dibujos convierten recuerdos difíciles de expresar en características comparables, manteniendo la distinción entre la vivencia, su recuerdo y su explicación científica.▪️ (5 de noviembre de 2026)
Experiencias cercanas a la muerte: cuatro preguntas clave
Túneles, luces y sensaciones extracorporales: qué se sabe de estas vivencias y qué preguntas siguen abiertas.
¿Qué revelan los dibujos de experiencias cercanas a la muerte?
Revelan patrones en la geometría y los colores de los espacios recordados. En este estudio, las escenas cónicas eran mayoritariamente acromáticas —en blanco, negro o gris—, mientras que ciertos espacios curvos contenían más colores.
¿Por qué algunas personas recuerdan un túnel y una luz?
Su explicación sigue en investigación. Se estudian posibles cambios en la percepción, la oxigenación y la actividad cerebral. El análisis de los dibujos describe esos recuerdos, pero no demuestra qué mecanismo los produjo.
¿El estudio demuestra que existe vida después de la muerte?
No. Analiza recuerdos comunicados por personas vivas y no permite establecer que la conciencia continúe después de la muerte irreversible.
¿Una experiencia cercana a la muerte siempre incluye salir del cuerpo?
No. En esta investigación, 18 de los 50 participantes no describieron ningún componente extracorporal.
Estudio principal: Lerner y colaboradores, Frontiers in Psychology (2026) .
Fuente: Lerner F., Dos Santos P. C. R. and Tahar G. The perceptual geometry and chromaticity of near-death experience spaces. Frontiers in Psychology (2026). DOI: 10.3389/fpsyg.2026.1760389
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