¿La gente miente más de lo que creemos? Científicos descubren que sobreestimamos la deshonestidad de los demás
Creemos vivir rodeados de tramposos, mentirosos y oportunistas, pero la realidad parece mucho más optimista. Un estudio con más de 8.000 voluntarios apunta a que la mayoría de las personas es bastante más honrada de lo que imaginamos y que tendemos a desconfiar de los demás mucho más de lo necesario.
Por Enrique Coperías, periodista científico
Aunque solemos pensar que vivimos rodeados de personas mentirosas, el estudio revela que la mayoría de la gente actúa de forma honrada incluso cuando podría mentir para obtener beneficios sin ser descubierta. Foto de Emiliano Vittoriosi en Unsplash
¿Es cierto que los seres humanos confiamos demasiado poco en los demás? Un amplio estudio internacional acaba de descubrir que la mayoría de las personas tiene una visión sorprendentemente pesimista de la honradez ajena.
En realidad, la gente miente bastante menos de lo que creemos, pero nuestra percepción distorsionada puede afectar a la confianza social, las relaciones personales e incluso a las políticas públicas.
Cuando pensamos en la naturaleza humana solemos movernos entre dos extremos:
✅ Por un lado, la idea de que las personas son esencialmente buenas y honestas.
✅ Por otro, la sospecha de que, si tienen la oportunidad de beneficiarse sin ser descubiertas, la mayoría hará trampas.
Una nueva investigación publicada en la revista Journal of Experimental Social Psychology sugiere que tendemos a inclinarnos más hacia esta segunda visión, y que lo hacemos de forma sistemática.
Cómo se realizó el estudio
El trabajo, realizado por Jareef Martuza, Helge Thorbjørnsen y Hallgeir Sjåstad, investigadores de la Facultad Noruega de Economía, analizó una cuestión aparentemente sencilla: ¿creemos que los demás son tan mentirosos como realmente son, más honestos o menos honestos? La respuesta, tras examinar miles de decisiones reales, es contundente: las personas sobreestiman de forma consistente la frecuencia con la que otros mienten y engañan.
Para averiguarlo, los científicos reunieron datos de once experimentos diferentes realizados entre 2022 y 2024, con más de 8.100 participantes en total. En todos ellos los voluntarios podían mentir de forma anónima para obtener una recompensa económica. Pero había un detalle crucial: además de tomar su propia decisión, debían estimar qué porcentaje de los demás participantes actuaría de forma poco ética en la misma situación.
El resultado fue llamativo. En promedio, los participantes creían que la deshonestidad era 13,6 puntos porcentuales más frecuente de lo que realmente era. Es decir, la mayoría imaginaba un mundo bastante más lleno de mentirosos del que mostraban los datos.
🗣️ Según los autores, «las personas sobreestiman sustancialmente el comportamiento deshonesto de los demás en comparación con los niveles reales de deshonestidad». La tendencia apareció una y otra vez en contextos distintos, lo que indica que no se trata de un fenómeno aislado ni de una peculiaridad de un único experimento.
El sesgo de desconfianza: una visión demasiado pesimista de la naturaleza humana
Uno de los aspectos más interesantes del estudio es que la realidad resultó bastante más optimista que las creencias de los participantes.
En muchos de los experimentos se utilizó una versión del llamado juego del dado. Los participantes podían afirmar que habían acertado el resultado de una tirada para ganar dinero extra, sin que nadie pudiera comprobar si decían la verdad. Desde el punto de vista experimental, era una oportunidad perfecta para medir la integridad de los voluntarios.
La mayoría de las personas esperaba que una gran proporción de participantes mintiera. Sin embargo, los datos mostraron que aproximadamente siete de cada diez actuaban de manera honrada. En otras palabras, la honradez seguía siendo la norma incluso cuando mentir resultaba rentable y prácticamente imposible de detectar.
Martuza, Thorbjørnsen y Sjåstad comprobaron además que el sesgo pesimista era extraordinariamente común. Cerca del 64 % de los participantes sobreestimó la falta de honradez de los demás en al menos cinco puntos porcentuales, mientras que solo una cuarta parte la subestimó.
Curiosamente, las personas que tal vez habían actuado de forma deshonesta tendían a exagerar aún más la deshonestidad ajena. Esto encaja con una vieja idea de la psicología: quienes hacen trampas pueden convencerse de que «todo el mundo lo hace», y utiliza esa creencia para justificar su propia conducta. Aun así, el efecto también aparecía entre quienes se habían comportadode forma digna, por lo que esta explicación no basta por sí sola.
La investigación demuestra que tendemos a exagerar la frecuencia con la que los demás mienten. Cerca de dos tercios de los participantes sobreestimaron significativamente el nivel real de deshonestidad de otras personas. Foto: İdil Ceren Çelikler
Qué consecuencias tiene pensar que los demás mienten más de lo que realmente mienten
Los autores señalan que investigaciones previas ya habían detectado algo parecido en otros ámbitos. Las personas suelen infravalorar la disposición de los demás a ayudar, donar sangre o actuar en favor del medioambiente. También tienden a exagerar el egoísmo ajeno y las motivaciones interesadas de quienes les rodean.
Esta tendencia se relaciona con lo que algunos psicólogos llamancinismo ingenuo: la inclinación a creer que los demás son menos morales, menos altruistas y menos honestos de lo que realmente son.
Lo interesante es que el nuevo estudio descarta algunas explicaciones habituales. Por ejemplo, en investigaciones anteriores las creencias sobre la honradez se analizaban en situaciones estratégicas, donde desconfiar podía protegernos de posibles engaños. En este caso, los participantes estimaban el comportamiento de personas anónimas que no podían afectarles de ninguna manera. Aun así, seguían siendo excesivamente pesimistas.
Cuando la desconfianza cambia nuestra visión del mundo
Martuza, Thorbjørnsen y Sjåstad no se limitaron a medir el error de percepción. También quisieron averiguar qué consecuencias tiene.
En un segundo experimento informaron a casi mil personas de los resultados reales. Les explicaron que en torno al 70 % de la gente se comporta de manera honrada y que, por término medio, solemos exagerar la deshonestidad ajena. Después evaluaron cómo cambiaban sus opiniones sobre los demás.
El efecto fue inmediato. Quienes recibieron esta información mostraron niveles más altos de confianza, consideraron a los demás más justos y más dispuestos a ayudar, y adoptaron una visión menos cínica de la sociedad.
En palabras de los autores, corregir las creencias erróneas sobre la honradez «puede mejorar las expectativas prosociales más amplias sobre otras personas». Es decir, cuando descubrimos que la mayoría es más honesta de lo que imaginábamos, tendemos también a pensar mejor del resto de sus comportamientos.
Los científicos descubrieron que quienes creen que la sociedad es más deshonesta de lo que realmente es suelen apoyar más medidas de vigilancia, supervisión y control para prevenir posibles engaños. Foto: Bob_Cubitt
De la psicología a las políticas públicas
Las implicaciones no terminan en las relaciones personales.
En otra parte de la investigación, los científicos analizaron las opiniones de directivos y gestores de empresas. Descubrieron que estos profesionales también sobreestimaban considerablemente la frecuencia con la que otras personas engañan, tanto en experimentos de laboratorio como en situaciones reales, como el fraude en seguros, los robos en el trabajo o la manipulación de gastos.
Además, cuanto más pesimista era su visión de la honestidad humana, mayor era su apoyo a medidas restrictivas destinadas a prevenir comportamientos deshonestos: más vigilancia, más supervisión y más controles.
Los autores resumen así una de las conclusiones más relevantes del estudio: «Los directivos sobreestiman la deshonestidad de los demás, y esa sobreestimación predice un mayor apoyo a medidas restrictivas de la libertad».
Pero hay más. Cuando esos mismos responsables recibían información objetiva sobre los niveles reales de honradez, disminuía de manera significativa su respaldo a políticas basadas en la vigilancia y el control intensivo.
Según los investigadores, corregir estas percepciones erróneas «redujo de forma significativa el apoyo a políticas organizativas restrictivas de la libertad».
Un mundo menos cínico de lo que parece
La principal conclusión del trabajo es tan sencilla como provocadora: la mayoría de nosotros vive en una realidad psicológica más pesimista que la realidad social objetiva.
Creemos que la mentira es más frecuente de lo que realmente es. Pensamos que nuestros semejantes son menos honestos de lo que muestran los datos. Y esa percepción equivocada puede influir en nuestra confianza, nuestras relaciones y las decisiones que tomamos como ciudadanos, trabajadores o responsables de organizaciones.
Paradójicamente, el estudio sugiere que uno de los mayores problemas no es que la gente mienta demasiado, sino que creemos que lo hace mucho más de lo que en realidad ocurre.
Y quizá esa sea una buena noticia: el mundo puede seguir teniendo sus tramposos, pero parece que está bastante menos lleno de ellos de lo que imaginamos.▪️(7-junio-2026)
PREGUNTAS & RESPUESTAS: Mentiras y Honradez
🎭 ¿Las personas mienten más de lo que creemos?
No. El estudio muestra precisamente lo contrario: solemos creer que los demás mienten más de lo que realmente lo hacen.
🎭 ¿Cuánto sobreestimamos la deshonestidad de otras personas?
De media, los participantes sobreestimaron la frecuencia de los comportamientos deshonestos en 13,6 puntos porcentuales.
🎭 ¿La mayoría de las personas actúa honestamente?
Sí. En los experimentos analizados, aproximadamente el 70 % de los participantes se comportó honestamente incluso cuando podía obtener beneficios mintiendo.
🎭 ¿Por qué pensamos que los demás son más deshonestos?
Los psicólogos creen que existe un sesgo cognitivo que nos lleva a desconfiar más de lo necesario y a imaginar una sociedad más egoísta y menos honesta de lo que realmente es.
🎭 ¿Puede afectar esta percepción a la sociedad?
Sí. La investigación demuestra que una visión excesivamente pesimista de la honestidad humana reduce la confianza social y aumenta el apoyo a medidas de vigilancia y control.
Fuente: Jareef Martuza, Helge Thorbjørnsen, Hallgeir Sjåstad. Beliefs versus reality: People overestimate the actual dishonesty of others. Journal of Experimental Social Psychology (2026). DOI: https://doi.org/10.1016/j.jesp.2026.104904.

